martes, 7 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 8 - El Camino de Santiago

Encontró trabajo en las oficinas de Turismo en el Ayuntamiento de Santiago.  Era año Jacobeo y por tanto los peregrinos llegaban sin cesar hasta la Catedral para sellar la tarjeta que les acreditaba como haber hecho el Camino.  Recibió el encargo de desplazarse hasta Burgos, y allí recoger un grupo de extranjeros que lo harían desde la capital castellana. Era un grupo pequeño de unas ocho personas, pero la habían contratado como guía, porque desconocían la ruta y el idioma, por tanto irían mas seguros si una persona natural del país les guiaba.


Para llegar a tiempo del Jubileo,debían andar de cinco a seis kilómetros diarios, hacer noche donde les pillase la noche y al día siguiente, al alba, seguir la ruta.  Todos los integrantes del grupo eran gente joven de diversas nacionalidades, pero dio la casualidad, que entre ellos había un chico escoces  de Lowlands, simpático y extrovertido que durante todo el camino cantaba baladas acompañándose de una armónica.  Eran diversos los motivos por los que los peregrinos hacían el Camino.  La mayoría de ellos, se buscaban así mismos, otros por alguna promesa, o  por volver a recorrerlo desde otra ruta, y alguno que otro movido por la curiosidad que despierta en las gentes venidas desde cualquier lugar del planeta.

Edwin Cameron, que así se llamaba el chico escocés, era de los que acudían por conocer el paisaje y establecer relaciones  de amistad con otras gentes de distintas latitudes, por tanto, al no tener la motivación que el resto de las personas de su grupo, iba en cabeza al lado de Marian, quién les guiaba.  Tenían charla amigable en voz baja, para no perturbar la concentración del resto del grupo.  Por él supo que  con la ultima rebelión  jacobita, se perdieron muchas costumbres de los clanes, aunque aún perduraba la elección del señor del clan, que se hacía periódicamente.  Para ello debían reunir algunos requisitos, para que esa tradición ancestral no perdiera su fundamento.



Marian omitió su breve amistad con James.  Dedujo que si los clanes se conocían, si no le daba información sobre él, no corría el riesgo de que  supiera de su existencia.  No era amiga de ir contando su vida privada a nadie, ni siquiera  sus amigos más íntimos habían sabido de sus andanzas por Escocia y sus derivaciones.  Y pasaron los días, y al fin llegaron a Santiago, y ante la fachada de la catedral, la emoción les embargo  El órgano retumbando en las naves  y el botafumeiro perfumando de incienso de punta a punta, emocionaba aunque no fueras religioso.  Pero tenían que cubrir la ultima etapa y era ver al Santo y por último sellar su recorrido.

Al terminar todo, decidieron hacerse una fotografía del grupo.  La hizo Marian, pero también ellos la querían integrar, por tanto fue otro peregrino quién hizo varias, en distintas posiciones, y una, a ella sola,  a Marian.  Como despedida comieron todos juntos en un restaurante, y brindaron por su "hazaña" y de lo bien que lo habían pasado bajo la dirección de su guía, dándole todas las explicaciones cada vez que entraban en algún lugar de la ruta.  Se despidieron allí.  Al día siguiente tomarían un avión y cada uno de ellos llegaría a su destino.  Al cabo de tantos días de convivencia, Marian les echaría de menos, pero eso ya lo sabía.  Edwin la abrazó al despedirse:

- Muchas gracias Marian.  Este viaje ha sido uno de los que más me ha gustado, y espero que algún día, si vuelves a mi país, te pongas en contacto conmigo.  Me encantará enseñarte Highlands, y llevarte al territorio en donde aún se conservan los restos de nuestra pasada gloria antes de pertenecer a Inglaterra. No olvides estar en contacto conmigo.  Volveré y te buscaré. Adiós.

Marian le vio alejarse en dirección a su avión. ¡ Si supiera que ya había conocido las Highlands y a uno de los señores de un clan ! ¿ Por qué lo había ocultado ?  No tenía sentido hacerlo, pero lo había hecho.  No hubiera tenido nada de particular.   O acaso es que no quería saber nada de él.  No quería saber si seguiría siendo jefe del clan, o si cedió en las pretensiones del mismo y se habría casado con la chica propuesta.  No quería ni mencionar su nombre.  Le resultaba doloroso hacerlo, y por ese motivo no había comentado con nadie, su aventura del último día.

Y lentamente fueron pasando los días, y los meses. Sus rutas turísticas eran por las cercanías, ya que durante el invierno, los peregrinos descendían en número.  Un día llegó a casa con el ánimo bajo, y aunque estaba acostumbrada a la lluvia por ser el clima natural de Santiago, no terminaba de acostumbrarse a ella.  Necesitaba sol para levantar su ánimo.  Después de ponerse cómoda. se sentó frene a su ordenador y conectó una página de facebook, sobre turismo de Escocia. Sentía nostalgia, o quizá fuera que ese viaje , por los motivos que fueran, había dejado huella en ella. Dio un repaso, abrió su correo y encontró a varios de sus compañeros de ruta en el Camino.  La hicieron sonreir.  Todos le daban las gracias por su profesionalidad y algunos de ellos, aseguraban que en su próxima visita a España la buscarían. Y decidió conectar con Skype.  Hacía muchos días que no se conectaba; quizá algún amigo quisiera charlar con ella durante un rato.

No había nadie conocido, así que decidió que lo apagaría, pero antes de hacerlo, recibió un anuncio de que Edwin estaba conectado y la mandaba un mensaje.  Se puso en contacto con él y su charla, lo que en principio iba a ser un repaso, se convirtió en una conversación de una hora.

- Me he alegrado mucho de hablar contigo.  Estaba algo deprimida con tanta lluvia.  ¿ Llueve por allí?
- ¿ Que si llueve ? a cántaros.  Tenemos programada para este fin de mana una reunión de todos los primos de los clanes que vivimos cerca para una despedida de soltero.  Se nos casa uno  de mi clan- le dijo Edwin
- ¿ A qué clan perteneces?
- Al Agnew.  Mi madre se casó con uno de este clan, aunque me gusta más el MacDonald que es al que pertenecía mi madre, ahora ya no
-¿ El MacDonald dices?
- Si ¿ por qué me lo preguntas? - En ese momento recordó que no quería que supiera  que conocía a James, así que se buscó una excusa para eludir la pregunta. - Simplemente curiosidad.  Al pronunciarlo he recordado al señor de las hamburguesas
- Ja, ja, ja,  Cierto, pero te aseguro que no tienen nada que ver.  Mi familia, por parte de madre, son terratenientes.

Marian se dio cuenta que la conversación tomaba unos derroteros que no quería tomase, así que decidió despedirse lo antes posible.

-Oye, podemos conectarnos otro día ¿ te parece ? - le dijo Edwin
- Desde luego, me encantaría.  Así me cuentas que tal os fue en la despedida de soltero de tu primo.
- Nos juntaremos quince primos. Vamos a pasarlo genial.  Hace mucho tiempo que no estamos todos juntos.  Cada uno de nosotros  contará sus experiencias vividas durante todo el tiempo que no nos hemos visto.  Yo por supuesto les hablaré del Camino, y llevaré la foto del grupo para que les conozcan.
- Me parece estupendo.  Y ahora  voy a cortar la comunicación, me entra aviso de otra llamada.
- Perdona, te he entretenido demasiado
- No seas tonto.  Me ha encantado hablar contigo
- Bueno pues entonces hasta otro día.
-Adiós, Edwin.  Cuídate y no bebas mucho.
- Adiós Marian.

¿ Por qué no se había dado cuenta de no pronunciar el nombre de los MacDonald? ¿ Iría  James a la reunión ?.  Malhumorada, cerró la aplicación y también el ordenador.  Encendió el televisor y puso el canal de los Simpson.  No es que fuera un programa de su predilección, pero no le gustaban los concursos, ni tampoco las películas viejas que ponían.  Al menos los personajes amarillos, con un poco de suerte, le harían reir.

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