domingo, 3 de enero de 2021

Doctor O´Reilly - Capítulo 20- Aidan, Kyra, Stella y ....

 La estabilidad reinaba entre ellos. Todos los fines de semana acudían a la casa de sus suegros, ahora también considerados como tal por Kyra, para pasar el día con ellos y con la niña. Todo era normal, y el cambio experimentado por Aidan era el tema de conversación entre Arthur y Molly. Era lo que necesitaba, y aunque no fue fácil, al fin las piezas han encajado perfectamente.

Aidan se mostraba cada vez más cariñoso y enamorado de Kyra, y ella de él. Los momentos amargos pasados les habían hecho reflexionar y comprendieron que sólo el amor puede alcanzar las cotas de poder que otro sentimiento no tiene. Con frecuencia la agasajaba con algún regalo y ella lo recibía de la única manera que sabía agradecer a su marido: abrazándole y diciéndole " te quiero ".

- Es la única manera en que puedo expresar los sentimientos que tengo por ti. No hay palabras, así que pienso que las más sencillas son las más sinceras. Te quiero Aidan , desde el mismo día en que te encontré. Me estás haciendo la mujer más feliz del mundo y agradezco al cielo que te pusiera en mi camino.

- ¡ Oh Kyra ! . Nunca creí poder alcanzar de nuevo la felicidad, pero a tu lado todo es sencillo, hasta nuestras disputas, porque eres cabezota, pero mi adorable cabezota.

Imaginemos como terminaban esas declaraciones de amor. Stella crecía entre el amor de sus padres. Tenía una infancia feliz, pero como todos los niños, con infinitas evoluciones. Había algo en su cabecita que deseaba aclarar con ellos y era  que todos los niños de su escuela, a sus madres les llaman mamá, y ella lo hace por su nombre ¿ por qué?

Kyra pensó que había llegado el momento de responder a sus dudas.  Cuando por la tarde llegó Aidan del hospital y mientas la niña jugaba, Kyra habló con él para que la explicase el por qué los niños llaman a sus madres de una manera y ella a la suya de otra.

- Cariño ¿ por qué no se lo has explicado tú ? Merece ser tu hija también por derecho propio.  Ha de conocer que hicimos un pacto por ella, aunque la que peor lo pasó fuiste tú; te has ganado el derecho a que te llame mamá, pero sin olvidar que la suya biológica  es la imagen que refleja la foto de su mesilla de noche.

- Por mi parte siempre sabrá quién fue su madre, pero me encantaría que así me llamase. La quiero de verdad y tu lo sabes

- Más a mi favor debiste decírselo.

- No me corresponde, Aidan. Tu eres su padre

- Y tú su madre, caramba. ¿ Hasta cuándo vas a tener dudas? Pocas personas hubieran hecho el sacrificio que hiciste por ella. Que luego ha resultado fascinante, pero ¿ y si hubiera ocurrido todo lo contrario? Para que no te sientas violenta, lo haremos entre los dos, y que ella decida cómo desea llamarte.


Y así lo hicieron. Stella se echó en los brazos de Kyra y en los de su padre, y desde ese momento la llamó mamá, y cada vez que lo hacía a Kyra se le ensanchaba el corazón. Empezaron juntas a dar vueltas por la habitación simulando que bailaban un vals, sonriendo y cantando, ante el asombro de Aidan que no cabía en sí de satisfacción.

De repente, Kyra tuvo que agarrarse  a la niña. Un fuerte mareo la sacudió al dar una vuelta en el baile, y Aidan tuvo que ir rápido a su lado para que no cayera.

- ¿ Qué te pasa ?

- Me he mareado al dar una vuelta

- ¿ Seguro ?

- Estás asustando a la niña. Seguro, no te preocupes. Estoy bien

Pero sí se preocupó tenia miedo de que pudiera pasarle algo malo. Desde que perdió a su otra mujer, cualquier cosa le sobresaltaba y esa noche, al acostarse, a penas durmió para estar pendiente de ella. Cuando se despertaron, la ordenó tajante:

- Vístete, vamos al médico

- Pero ¿ qué dices? Estoy perfectamente

- He dicho que vamos al médico.

Y el tono de Aidan no dejaba lugar a dudas, y la recordó otro tiempo, así que decidió obedecer. Presentía cuál había sido la causa de ese mareo, pero él tenía razón: mejor que el médico lo confirmase. Y lo confirmó: serían padres nuevamente. Desde ese momento se extremaba en los cuidados a su mujer. Era aún más cariñoso con ella. Sus miradas eran de inmensa ternura, pero también de preocupación, hasta que no llegase el bebe a este mundo, no estaría tranquilo. Sabía el riesgo que entraña un alumbramiento, a pesar de que en esta época no se le concede tanta importancia como en realidad tiene. Y temía el post parto y todo lo concerniente a un nacimiento le intranquilizaba, máxime tratándose de su familia.



Vivía en constante preocupación por ello, hasta que los nueve meses se cumplieron y llegó al mundo un bebe precioso y Aidan estuvo a punto de echarse a llorar de la emoción. ¡ Cómo se podía ser tan feliz, cuando hacía tiempo lo daba todo por perdido !  Misterios de la vida, de ese sino que cada uno de nosotros tiene marcado desde antes de nacer.

Y hasta aquí ha sido la otra parte de la historia, la vivida por él, tan dubitativo, tan temeroso y tan enamorado.


                                                   F    I    N

Autora :  rosaf9494quer

Ilustraciones:   Internet

Editada:  Diciembre de 2020

Primera parte: Kyra y el Doctor O´Reilly

Editada: Enero de 2021

DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS


Doctor O´Reilly - Capítulo 19 - Amor sin fisuras

  Tenia que explicárselo, necesitaba hacerlo, y el sentimiento  que le produjo y que no admitía, hasta que día a día se dio cuenta de que era algo más que la tutora de su hija. el sentimiento por ella le ahogaba, la necesitaba a su lado y sin embargo al mismo tiempo la rechazaba porque pensaba que faltaba a la memoria de la que fuera su esposa. Y que la noche de bodas, le impulsó algo más grande que  una simple obligación de la cláusula del contrato. Fue el darse cuenta de que la amaba y la necesitaba en ese momento y al buscarla, se encontró con un torrente de ternura y deseo. Pero al mismo tiempo, el recuerdo se adueño de su cabeza y dijo cosas que son innombrables.

-Te quiero más que a nada y a nadie. Y deseo que seamos una familia normal. Pienso que es justo y lo merecemos. Sé que ha sido toda mi culpa  y ese sentimiento de negación que me invadió. El sábado quiero que vayamos los tres a la cabaña, y allí borrar de una vez los días pasados.  Nunca, excepto mi primera esposa, ha estado nadie más que yo, y allí te prometeré mi amor inquebrantable, sin fisuras, sin malos recuerdos. Sólo los felices que de ahora en adelante seguro que seremos.

 Y juntos , abrazados , amanecieron.

 La mayor sorpresa se la llevó Stella, que a la hora de levantarse no fue  Felicity quién lo hiciera, sino Kyra. Se lanzó a su cuello besándola. El padre lo presenciaba, como el abrazo que Kyra la dió. Si alguna duda aún quedase, con esa explosión de cariño se desvanecería totalmente. Las dos mujeres más importantes de su vida, se querían y allí estaba él para ratificarlo.

- ¡ Has venido ! - la decía la niña sonriente y feliz.

- ¡ Claro, mi amor ! Tú me esperabas y papá también ¿ Cómo no podía venir?

Los tres se fundieron en un único abrazo, formando un círculo sin fisuras. Los malos ratos habían marcado sus tiempos y era hora de pasar página.  Nunca más ocultar sentimientos, ni reproches, sólo comprensión y cariño. Habían pasado una etapa durísima que no querían recordar. Le pondrían un broche de oro definitivamente.

Organizaron el pasar esos dos días en la cabaña, Aidan necesitaba cerrar sus cuentas y debía ser allí, con su hija y su  mujer como testigos. Primero pasarían por el cementerio y depositarían un gran ramo de flores ante su tumba. Así lo quiso Kyra, aunque Aidan tenía reticencias. Debía hacerlo; era una página que necesitaba poner el final y debía ser ella, quién lo hiciera.

Y allí ante su tumba,  Aidan y Stella retirados de ella, Kyra la habló mentalmente, prometiéndola que siempre le haría feliz, y que cuidaría de su hija a la que adoraba. Que Aidan, a pesar de parecer un hombre fuerte, era noble y muy vulnerable: "cuida de ellos". Ese fue su broche final.

Pasarían el día fuera. Dormirían en la cabaña y al día siguiente regresarían los tres a casa, como una familia auténtica.  Tanto Kyra como Stella, acompañaban con grandes voces la música que Aidan ponía para el viaje. Él no cantaba, no podía, porque al verlas tan unidas, con tanta complicidad, reia alegre y hasta le parecía mentira que, el día anterior a esta misma hora, ni siquiera presintiera  lo que cambiaría su vida nuevamente.  Pero esta vez de alegría, y reconciliación. Al fin había encontrado la paz en su interior.

Su luna de miel, había sido horrible, cruel y amarga, por tanto la debía un viaje y un anillo de compromiso que no la había dado. Tan sólo las alianzas brillaban en los dedos de ambos, Unas alianzas que al contemplarlas, tan sólo unos días antes, les herían como puñales, pero ya se había terminado. Nuevamente había triunfado el amor incondicional y la paz regresaría a su casa.  Hoy ponían punto final y abrirían un nuevo libro con las páginas en blanco aún por escribir, pero el prólogo había sido de lo más prometedor.

De vez en cuando giraba su cabeza y miraba el perfil de su mujer, que radiante cantaba a pleno pulmón, a veces tapando la pequeña voz de Stella. Era como si necesitara echar fuera todo lo que la había  herido durante esos días horribles que vivieron.


 Estaría siempre agradecida a su amigo, que la acogió cuando más lo necesitaba.Se refugió, en un principio en casa de James, y a él contó el relato de su vida. El amigo no dijo nada, no la reprochó nada, a pesar de que la advirtió de lo disparatado de esa boda. No quiso aumentar más su tristeza. Estuvo solamente unos días; necesitaba aislarse y sobre todo pensar. Y para ello debía ausentarse de allí, de la tentación de volver a él

Debía hacerle reaccionar, y la única manera que se le ocurría, era que notara su ausencia y reflexionara. Pero para ello debía estar fuera de la ahora su casa, siquiera por unos días. Que se diera cuenta de que la había hecho daño, aún sin querer, pero que merecía amor y respeto, y no ser un cuerpo para desahogar su sexualidad.

Se refugió en el campo, del que ni siquiera recordaba el nombre. Y pasó todo ese tiempo encerrada entre las paredes de la pequeña pensión en la que vivia. Y no cargó su teléfono, de manera que tampoco tenía conexión con ellos.  No quería saber nada de nada, por mucho que la doliera. Imaginaba la incertidumbre de él, pero la había hecho daño y sería difícilmente perdonable. No al menos durante el tiempo en que se las tuviera que ver solo. A ver si de una vez reaccionaba de que él no había tenido culpa del accidente que mató a su mujer. Y que ella estaba allí, que le quería, pero él siempre estaba permanentemente ausente, aunque estuviera a su lado.

Bien,  había explicado el por qué procedió de esa forma, y ella le perdonó. Esperaba que nunca más se repitiera la historia, que se hubiese curado de una vez y para siempre, y que comenzando una nueva etapa en sus vidas, echaran al olvido las incertidumbres pasadas. Ahora deberían tener la prioridad de Stella; hacerla ser nuevamente la niña encantadora que consiguió que fuera. Era una empresa algo difícil, ya que la niña había adquirido unas costumbres muy rebeldes; había cambiado no sólo en edad, también en carácter. Kyra confiaba que todo, poco a poco, se tornara normal, al menos como antes lo era. Ahora contaba con la comprensión y ayuda de él. Ya no tendría motivos para sus ausencias y ella se encargaría de recordárselo.

Hicieron un viaje, ellos solos, como compensación por no haber tenido luna de miel, quedando Stella con los abuelos, que también se veían más felices contando con la presencia de su nieta con mayor frecuencia que antes. Lentamente, y poco a poco, iban recobrando la calma y la felicidad. Aidan era un esposo cariñoso, y delicado cuyo amor la expresaba siempre que tenía ocasión.
Pero no todo era una balsa de aceite. Ambos esposos tenian un carácter fuerte y a veces chocaban, pero el enfado duraba lo que una mirada de él, o una caricia de ella.

Aidan hacía las guardias correspondientes en el hospital, pero durante ellas, siempre encontraba un momento para llamar a su casa y charlar, siquiera un minuto, con Kyra. Ella siguió trabajando en el instituto y en la casa se respiraba calor de hogar entre todos ellos. El servicio estaba relajado y tranquilo, pues ellos también sufrieron las consecuencias del desencuentro tenido.  Felicity se convirtió en una amiga, más que ama de llaves de Kyra. Nada les faltaba, y al fin habían recobrado la paz que necesitaba cada uno de ellos.

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Autora: rosaf9494quer

Edición Enero 2021

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sábado, 2 de enero de 2021

Doctor O´Reilly - Capítulo 18 - El regreso

 Como cada día, una costumbre adquirida: una ducha caliente, larga, muy larga para que le ayudase a conciliar el sueño que seguía resistiéndose. Pero ni eso hacía que durmiese. Tras vueltas y vueltas en la cama, pensamientos siempre negativos e incertidumbre constante, formaba parte de su guion diario. Era más de media noche cuándo al fin, parecía que el cansancio se hacía dueño de su cabeza y de su cuerpo. Poco a poco iba entornando los ojos hasta conseguir cerrarlos y al fin dormir, al menos por dos o tres horas.


Todos los días igual, todos los días el  mismo ritual. Pero aquella noche fue diferente. No sabía si era muy tarde o muy temprano, pero algún sonido extraño al que no estaba acostumbrado, se escuchó en el silencio de la noche. Estaba adormilado, porque desde que ella se fue, su sueño no era profundo, sino que cualquier ruido, por ligero que fuera,  le despertaba.

No prestó demasiada atención a ello, pero sabía que no volvería a quedarse dormido. Ni siquiera le importó qué era lo que lo había producido. Seguramente alguna cortina por una ventana abierta, habría tirado cualquier objeto y ese habría sido  el motivo de su desvelo. Aídan así permaneció en la cama tratando de volverse a dormir.

Pero los ruidos persistieron. Cierto que eran muy leves, pero no se desvanecían. En un primer lugar pensó que podía ser Stella que se había levantado adormilada. Fue hacia su habitación, pero la niña estaba profundamente dormida. ¿ Qué hacía, se levantaba ya o intentaba nuevamente dormir? Fue hacia el apartamento de Kyra, que desde que ella se fue, era ahora el suyo. Miró el reloj y comprobó con desagrado que eran las cuatro de la madrugada. Demasiado pronto para levantarse y, si así lo hiciera, al menor ruido que se produjera, alarmaría al personal. Aunque no durmiera, sería mejor volver a la cama. Cogería algún libro que Kyra tuviera y trataría de leer durante un rato.  Se solía levantar a las siete, así que aun le quedaba mucho tiempo.

La pequeña biblioteca de ella, seguía tal y como la dejara. Pasó el dedo índice por los lomos de los libros y entre ellos escogió Cumbres borrascosas. Le hizo sonreír el título: tan borrascosas como su propia vida.

Acomodó la almohada tras su espalda y se sentó con la espalda apoyada en ella y los pies extendidos. Quizá con un poco de suerte, la lectura le trajera de nuevo el sueño.


Ya no se  escuchaba nada, pero percibió unos pasos ahogados, como de unos tacones de mujer, e iban en su dirección. El corazón se le desbocaba, ¿ sería ella que ha vuelto. Pero a estas horas? ¿ De dónde vendría? Siguió escuchando, y oyó que los pasos subían e iban en  dirección a la habitación de la niña. Escuchó el leve chirriar  abrir la puerta sigilosamente. No podía ser otra persona más que Kyra que volvía a casa. Tardó un instante en volver a salir quien quiera que fuese, y de nuevo el andar  sigiloso y esta vez se acercaba, se acercaba hacia donde él estaba. No tenía la menor duda, se trataba de Kyra. No se atrevía a moverse, no quería asustarla, pero al mismo tiempo se moría de ganas por verla y abrazarla. Sentía una impaciencia tremenda, pero optó por permanecer en la cama como estaba.

Y al fin, el picaporte de la puerta giró y su silueta se dibujó a la tenue luz de la lamparita. Kyra asombrada por lo que estaba viendo, no acertaba a decir palabra alguna. Se le quedó mirando con los ojos muy abiertos, y exclamó:

- ¿ Se puede saber qué haces aquí?

Él saltó de la cama y antes de que pudiera reaccionar, se vió estrechada por unos fuertes brazos y unos abrasadores labios que la besaban. No sabía qué decir ni qué hacer. Estaba como paralizada. Lo que menos esperaba es que él estuviera en su habitación, en su cama.  La sangre corría a raudales por sus venas sin poder hablar ni rechazarle.

¡ Qué bien se estaba entre sus brazos! ¿Sería verdad que deseaba que volviera? No quería hacerse ilusiones. Había sufrido mucho con lo ocurrido y no quería que de nuevo la rompiera el corazón.

Aidan tenía los ojos brillantes, mirándola intensamente. Acariciaba su rostro y se daba cuenta de que ella no le rechazaba. "Es demasiado bonito para ser verdad"- se decía. Seguramente aún estaba sorprendida y por eso no reaccionaba. Tenía que aprovechar su confusión para abrazarla, besarla, decirla cosas hermosas, porque quizá no tendría otra oportunidad.


- ¿ Me puedes decir qué es lo que haces en mi apartamento?

- Desde que me abandonaste estoy aquí. Me sentía más cerca de ti. Yo te debería haber hecho esa pregunta, pero ¿ sabes qué? Con tal de tenerte no me importa a lo que hayas venido. ¿ Significa que vamos a hablar?

- ¿ No es eso lo que querías?

- Con toda mi alma. He de explicarte todo; muchas cosas de las que ni yo mismo me había dado cuenta. Estaba muy confundido, pero ya he puesto mis ideas en orden y quiero que estés aquí, donde te corresponde. porque eres mi mujer y esta es tu casa y tu familia. Sé que tienes mucho que perdonarme, pero quién te habló de esa manera no era yo. Era mi sentido de culpa, me reprochaba que yo pudiera ser feliz, habiendo sido el culpable de la muerte de otra persona.  No tenía derecho a serlo. Y lo había sido, y mucho, contigo, pero no me lo perdonaba. No era cierto todo lo que te dije. Tú eres la única que ocupa mi alma.
Me he confesado con ella, en el lugar en donde está y sé que ella no sólo no me ha reprochado nada, sino que ha bendecido nuestra unión

- Sigues desvariando ¿ Cómo va a bendecir nada, si la pobrecilla no vive?

- Lo sé. Ella me guió hacia ti. Me lo dijo en sueños, pero sé que es cierto. Créeme por favor

- No lo sé Aidan. He de pensarlo y no creo sean horas para hacerlo. Estoy cansada y supongo que tú también. Ahora ve a tu habitación. Tengo que dormir siquiera un par de horas.

-¿ Dónde has estado? ¿ De donde vienes?

- Lejos de aquí, a muchos kilómetros. Hace horas que vengo conduciendo

-Por favor Kyra, sellemos ya la paz entre nosotros. Te necesito a mi lado. No sabía lo que te quería hasta aquél aciago día. Te prometo que no volverá a repetirse nunca jamás. La casa está vacía sin ti. La niña está triste y está volviendo de nuevo a su rebeldía. Te necesito, te necesitamos aquí, porque eres el timón de nuestras vidas.


- Cállate ya, de una vez. Vas a hacerme llorar.. Anda acuéstate de una vez, yo dormiré al otro lado.

- ¿ Quieres decir que nos acostemos los dos, juntos, en esta cama?

- Si, pesado; en mi cama. Bueno en la tuya, en tu apartamento porque todo esto es tuyo

- No mi amor, en todo caso es nuestro.

Y lo que tenía que pasar, pasó. Era muy fuerte la tensión vivida y grande el amor que se profesaban. Había pasado por una prueba durísima y cada uno de ellos había aprendido la lección. Necesitaba hablar con ella, explicarla sus sensaciones para de una vez sellar la paz y que nunca, nunca volviera a ocurrir algo tan horrible como lo que habían vivido.

Ninguno de los dos quería dormirse, no podían. Había sido todo tan rápido, que no creían que hubiera acabado esa agonía sentida. Pero era Aidan a quién correspondía hablar, explicarse, y aunque ella ponía su mano en la boca para que no lo hiciera, él lo necesitaba y comenzó poco a poco a desgranar lo pasado en sus últimos seis años. Pasar de la felicidad más absoluta a la desesperación más grande. Las dificultades de criar a su hija, y el dolor que le desgarraba. La búsqueda incesante de una mujer para darle una nueva madre a su pequeña. Y la irrupción en su vida de ella.


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Autora: rosaf9494quer
Edición: Enero 2021
Ilustraciones: Internet



Doctor O´Reilly - Capítulo 17 - Ausencia

Insistió una y otra vez . Sabía que era ella, pero estaba claro que con él no quería nada. La emoción le ahogaba y no sabía qué decirla para que convencerla de que todo sería diferente.

-Sólo quiero saber si has recogido a la niña

- Por favor Kyra.  Háblame. Necesito hablar contigo

- No Aidan, nosotros ya lo tenemos todo dicho, y si algo  quedara pendiente , existe un acuerdo en el que está todo muy especificado.

Necesito mi espacio, así que de momento no regresaré. Sé que estoy infringiendo  uno de los artículos del contrato, no me importa, puedes demandarme. Recoge a la niña y dile cualquier excusa. No tengo nada más que decirte. Adiós.

- Espera no cuelgues. Te pido perdón, te lo pediré mil veces si es necesario, pero, por favor, escúchame

No tienes ni idea la lucha interior que he tenido durante todo el tiempo desde que te conocí. Sé que es difícil de explicar. Deja que lo haga. Veámonos en un terreno neutral si así lo deseas, pero tienes que escucharme y si después no quieres saber nada de mí, lo admitiré. Pero por favor, dame una oportunidad.

Al otro lado no se escuchaba nada, sólo ligeramente la respiración de alguien que estaba¿ nerviosa, indecisa, llorando?  Transcurrían los minutos,  Aidan no sabía si es que había cortado la comunicación o que se lo estaba pensando. Al fin Kyra respondió:

- Está bien, escucharé lo que tengas que decirme. Te volveré a llamar cuando esté dispuesta a ello, pero de momento no. No puedo verte, lo siento.

- Está bien, estoy dispuesto a esperar todo el tiempo que sea necesario, pero por favor no me dejes. No nos dejes. No sé qué le voy a decir a la niña.

- Ya se te ocurrirá algo.  Eres muy ingenioso para ciertas cosas. Y ahora sí me voy. Adiós.

Se quedó mirando el teléfono como si él tuviera todas las respuestas. Al menos había aceptado volver a verse, pero ¿ cuándo ? A pesar de todo, respiró tranquilo en cierto modo. Su matrimonio estaba en juego, su amor destrozado, pero ella estaba viva y a salvo, eso le tranquilizó un poco.  Tenía que pensar en qué decirle a su hija cuando llegase a casa y no encontrara a Kyra. En estos difíciles momentos no se le ocurría nada; su mente trabajaba a mil por mil, pero todo lo que se le venía a la cabeza se repetía una y otra vez. Seguía sin saber dónde estaba y cuanto tardaría en verla. Sabría que en cuanto viera a Molly o a Arthur las preguntas serían el plato del día, y necesitaba dar una respuesta.

No quería desvelar su intimidad habida en aquella noche. Eso era cosa de ellos , ni tampoco contar el motivo de su espantada; eso era a solucionar entre ellos dos. No sabía qué decir y tenía que dar alguna explicación y a su hija ¿ qué iba a decirla? No quería mentirle, pero estaba claro que no tenía edad para decir la verdad, así que se inventaría una excusa, aunque a ella no le valiese.

Molly abrió la puerta. Le abrazó y con la mirada le interrogaba, aunque no con palabras. Tenía un aspecto horrible. En su rostro se reflejaba el cansancio. Estaba desaliñado, con la barba crecida más de la cuenta y demacrado. Se asustó al pensar que el disgusto había sido de los que hacen época y que él había sido el causante. No le preguntó, sino que le dijo:

- Anda pasa. Te haré una taza de té. La niña se está preparando para ir a la escuela

-Yo la llevaré.

- ¿ Sabes algo de Kyra?

- Si, me ha llamado, pero sigue sin querer verme. Me he disculpado, la he suplicado que me dijera dónde estaba, pero no lo he conseguido. Sé que me escuchará si es que llegamos a vernos, pero no volverá conmigo de eso estoy seguro

- Son cosas vuestras en las que no debo intervenir, ni quiero saber, pero... no debisteis casaros. No conforme tú estabas. No tuviste en cuenta que ella es una mujer joven, preciosa y que está loca por tí. ¿Cómo era posible aceptar tal despropósito? No podía salir bien, y es una lástima porque merecéis ser felices. Tú eres un buen hombre y ella adora a tu hija, razón suficiente. Pero también está en la flor de la vida ¿ cómo pensaste que iba a ser una mujer florero? ¿ Cómo no pensaste en tí también? Sabes que te queremos como a un hijo. A mi hija la adorabas y la hiciste feliz, pero eso terminó, y por el bien de todos debes volver a vivir. Enamorarte, casarte, si, pero como es debido y no con un contrato de por medio. Incluso volver a tener hijos. Eso es lo normal. Te quiero Aidan y me alegraría que volvieras a enamorarte y fueras feliz. Si yo que he sido su madre lo veo de esta forma, la lógica, ¿ cómo tú no te diste cuenta de ello?

- Me dí, Molly, me dí y fue esa misma noche, pero al día siguiente insinué que no podría querer a nadie más.

- ¡ Por Dios Aidan ! ¿ Qué esperabas ?

- No lo sé Molly, no lo sé. 

- Está bien, cálmate. La niña está a punto de bajar. Creo que debe quedarse con nosotros unos días hasta que salga alguna luz por algún lado. Buscaremos un pretexto.

Y llevó a su hija al colegio, pero él no tenía ánimos para ir a trabajar. No podría, en su estado , enfrentarse a ningún paciente. Regresó a su casa, vacía y sola y se encerró en su despacho. No deseaba encontrarse con ningún empleado porque sin duda se preguntarían por lo sucedido, y no estaba en condiciones ni de dar explicaciones ni de poner excusas.  Llamó al director del hospital y dijo que estaba enfermo.  En ese aspecto no tuvo ningún problema. Su jefe sabía que nunca había faltado al trabajo y que hacía más guardias de las debidas, y además se había casado y tenía días libres por luna de miel. Y el buen hombre pensó: " Qué extraño, debería estar de viaje con su mujer y no pensando en el trabajo".

Así pasó una semana y otra. Ninguna novedad, ninguna respuesta en positivo. Cada vez más desesperado, pero seguía con la rutina de siempre más por su hija que por él. Sabía que  Kyra había sido una presencia positiva para su hija, y un conflicto para él. Pero todo seguía igual. Recordó las veces que había ido a recoger a la niña al colegio porque le avisaron de su conducta, y que en una de esas veces, se encontró con ella, y ahí volvió a empezar la historia, ahora terminada. Porque no creía que tuviera solución.

Hasta su carácter con los enfermos había cambiado. Se había vuelto más escueto, y sonreía en contadas ocasiones. Stella cada vez se impacientaba más y preguntaba casi a diario cuándo iba a llegar Kyra. Felicity la daba una versión, y su padre otra, de manera que la niña hacía sus conclusiones y eran que no volvería nunca más que se había marchado lo mismo que hizo su mama de verdad.

Todo en esa casa era negativo. Ya no se escuchaban ruidos, ni risas de la niña, ni pisadas apresuradas de los tacones de Kyra, ni siquiera la voz del médico.  Daba la impresión de que estuviera deshabitada, aunque no fuera así.

Y comenzó a hacer las guardias de siempre, hasta tres seguidas. Nadie se explicaba la fortaleza que tenía, pero él aguantaba porque no quería estar en su casa, y en el trabajo despejaba su cabeza. Fue imposible evitar que los compañeros, hasta los más cercanos, se extrañaran de su comportamiento. Un comportamiento que nunca había tenido, y hacían sus cábalas, pero ninguno acertaba, y es que era todo muy surrealista para dar con lo que ocurría en realidad.

Y así se sucedían los días  esperando una llamada que nunca llegaba. Otra semana más había transcurrido y definitivamente había perdido la esperanza. Llegaba cansado de las guardias, agotado física y anímicamente. Stella le esperaba para cenar, pero tampoco quiso tomar alimento. La leyó el cuento diario, y al dormirse la niña, él se encerró en su habitación. No quiso tomar ni tan siquiera un vaso de leche. Sólo quería dormir, dormir, dormir y con suerte no despertar.


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Autora: rosaf9494quer

Edición: Enero 2021

Ilustraciones: Internet

Doctor O´Reilly - Capítulo 16 -Alarma

 Enfiló la carretera y a más velocidad de la debida se dirigió a la cabaña. Allí podría gritar a los cuatro vientos todo su fracaso. Allí estaría en  el aire la presencia de ella , y la pediría ayuda y perdón a un mismo tiempo por haber olvidado en su noche de bodas otra noche con ella. Y abrió su corazón a voces en plena Naturaleza.  Estaba solo en el mundo, en aquel lugar perdido. Y gracias a la soledad del lugar gritó, lloró, se desespero y la pidió de rodillas que le ayudase.

No sabía cómo, pero abrió su corazón ante la presencia inexistente de quién fuera su mujer. Llanto, desesperación, furia...  Y pensó abiertamente que Kyra hubiera sido la única esperanza para él. Qué no sabía cómo había sucedido pero que la amaba tanto como la amó a ella. 

- Pero la he perdido. ¿ Por qué lo hice. Por qué  pronuncié esas palabras hirientes para ella? Jamás la consideré una mujer que no fuera ella misma, no se parece a ninguna otra, y la quiero, la quiero con toda mi alma y la he perdido. Sé que te prometí ante tu tumba no volver a enamorarme de otra persona. Pero no he podido evitarlo; me ha vuelto a pasar y en ambos casos he sido yo el culpable. Tendré que vivir toda mi vida con esta losa sobre mí. Perdí a dos mujeres excepcionales. Si no fuera por Stella, no me importaría morir en este preciso momento, porque no puedo vivir así. No atiende mis llamadas, no sé donde está. Sé que estará sufriendo y eso es lo que más me duele, de nuevo yo tengo la culpa.  No puedo más, no puedo más.

Lloraba, lloraba sin parar como una criatura. Hincadas las rodillas en el suelo, escondiendo la cara entre sus manos y maldiciendo su mala suerte. La vida estaba siendo injusta con él. Había amado a dos mujeres  y había sido correspondido por ellas, pero la vida se las había arrebatado.  Sería su castigo.

Poco a poco el llanto se iba calmando, pero no la angustia. Se tumbó en la hierba que rodeaba la cabaña, boca abajo, hundiendo la cara en la tierra, y se quedó dormido.

 Sentía una infinita paz, y en su delirio se repetía: " he muerto y al fin la tranquilidad ha vuelto a mi". En un duermevela, quería despertar y no podía, una luz cegadora lo invadía todo y entre ella, apareció la silueta de un rostro muy conocido por él: 

" Aidan, para de lamentarte. No te sientas culpable, porque no has hecho nada malo que no estuviera destinado a ocurrir. Era mi destino, pero estoy bien y cuido de vosotros. ¿ Crees acaso que fuiste tú quién hizo que Kyra estuviera en casa con la niña? ¿ Crees acaso que ella te quiere así por las buenas? Me pediste ayuda y te la he brindado

No vuelvas a repetir lo de esta mañana. La has herido y no se lo merece, porque ella daría la vida por ti y por nuestra hija. Búscala y dile cuánto la amas y sé un buen padre y mejor marido. De esta forma descansaré tranquila"

¿ Qué había sido eso? Estaba tumbado en la hierba y era de noche  ¿Cuánto tiempo había durado el sueño? Y aunque era agridulce, le gustó recordar el rostro de su antigua mujer. Pero también  algunas palabras entre cortadas y la recomendación de que fuera un buen marido. ¿ Significaba eso que le había perdonado? Se lo preguntaba al viento, pero nadie le respondió. Se levantó lentamente.  Ni siquiera entró en la casa; se montó en el coche, lo puso en marcha  y  desanduvo el camino que le había llevado hasta allí. Llamó a Molly, pero no había cobertura hasta unos kilómetros más adelante.

Estaba ansioso por tener noticias. Quizás ella esté ya en casa. Sus manos se aferraban al volante con tanta fuerza que los nudillos de las manos se le ponían blancos, pero ni siquiera se daba cuenta. Transcurridos esos kilómetros, paró en el arcén y marcó el número de sus suegros. Le respondió la voz ansiosa de Molly:

- ¿ Dónde estás ? ¿ Estás bien?

- ¿ Sabes algo? ¿ Ha vuelto a casa?

- No Aidan no ha vuelto ni ha llamado. Haz el favor de volver, antes de que la niña se dé cuenta de que algo ocurre. Siquiera por ella, hazlo Aidan.

- Si, ya voy para allá. Dentro de aproximadamente una hora estaré con vosotros. Y no te preocupes no me pasa nada.

Colgó sin dar más explicaciones. Lo único que deseaba es que le hubiera dicho que ella había regresado, y no lo hizo, así que todo daba igual. Recogería a su hija y de nuevo empezaría de cero.

Cuando llegó a casa de sus suegros, la niña ya estaba dormida y no quisieron despertarla. No quiso tomar nada, sólo necesitaba estar solo. Y se marchó después de dar un ligero beso a su hija.

Por ella comenzó todo, pero ha terminado por él. Y había sido la segunda vez y quizá la definitiva. Hacía un año que la echó de casa por llegar tarde, y aquél recuerdo fue amargo y supo que la necesitaba. Ahora lo comprendía todo. Se suponía que era un tipo inteligente, pero en cuestión de mujeres estaba visto que no sabía nada. Agasajaba a las que no le importaba y apartaba de su lado a quienes le querían.  Verdaderamente no merecía ser feliz. Y tampoco le importó demasiado si su felicidad consistía en hacer daño a quienes amaba.

No quería dormir. Bajó al salón y tomó la botella de whisky. echó en un vaso una cantidad más que respetable y casi la bebió de un solo trago. Buscaba aturdirse hasta caer redondo al suelo. El silencio, la soledad de la casa le pesaba enormemente. Hacía  sólo un par de días, había tenido vida., y sin embargo ahora, todo era quietud y silencio. Apuró el resto que le quedaba y se echó otro tanto. Buscaba emborracharse, perder la consciencia y dejar de sufrir. Eso era lo que quería. No subiría a su habitación, no resistía ver la cama vacía. Pero si lo haría en la de Kyra. En ella había sido inmensamente feliz. Había sido suya sin restricciones. Subió tambaleando las escaleras y al entrar en el departamento de ella, su aroma, su perfume le saludó. Y como hiciera la noche de bodas, recorrió la estancia, y se volvió a fijar en todos los rincones. Entró en el dormitorio, que había sido testigo de su placer.
La cama estaba deshecha, con la ropa revuelta y encima de todo ello, la bata y el camisón que llevara Kyra cuando él entró. Lo cogió y se lo llevó a la cara besándolo y llorando sobre ello.
Sólo había transcurrido una noche, pero parecía una eternidad. Y en una sola noche había sucedido lo peor que le ocurriera después de la muerte de su primera mujer. Había perdido a otra a la que había hecho que creyera de nuevo en el amor, pero eso ya era agua pasada.
Se tumbó en la cama, en el lado en el que durmiera Kyra y abrazado a su ropa y llorando, vió amanecer un nuevo día. Un nuevo día de desespero  e impotencia. ¿ Debería llamar a la policía? La cabeza le estallaba. Miró la botella y casi estaba vacía. Su estómago, acostumbrado a no beber, lo tenía del revés, pero nada de eso tenía importancia. Todo le daba igual: hoy tampoco iría al hospital. Le daba lo mismo que fuera despedido, eso no tenía importancia en relación por lo que estaba pasando.
Pensó en su hija: tendría que ir a buscarla, y hoy se incorporaría el personal de la casa. No quería que le vieran en ese estado. Tampoco sabía qué decirles por la ausencia de su mujer. Todo le daba igual, que sacaran las conclusiones que quisieran, le eran totalmente indiferentes.

Una nueva mañana comenzaba, la misma rutina de siempre, pero comenzó a pensar en que quizá ella sufriera un accidente y posiblemente estuviera herida en alguna carretera sin nadie que la auxiliase. Se daba puñetazos en la cabeza aumentando más su dolor. No quería ni pensar en que de nuevo la historia se repitiese.

Sonó el teléfono, pero nadie respondió. Sabía que era ella y la llamó con desesperación:

- Kyra, Kyra, por favor vuelve a casa. Todo ha sido un error por mi parte. Te quiero, te quiero. Por favor vuelve.


RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR / COPRIGHT

Autora: rosaf9494quer

Edición: Diciembre 2020

Ilustraciones:  Internet


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