La infiel - Capítulo 7 - Recuerdo en soledad

Y fue a visitar a su esposo, que permanecía somnoliento de puro aburrimiento.  Entró sin hacer ruido.  Encendió una lámpara de la mesita de noche, para que no le molestara , pero él, al sentirla, se despertó:

- Ah, ya estás en casa.  Has tardado mucho. Ya es de noche.
- Lo siento. tardé más de lo que pensaba, pero ya está todo solucionado.  Comienzo la semana próxima
-¿ Podrás con todo ? Deseo disculparme por mi reacción absurda de esta tarde Lo siento; hoy no es uno de mis mejores días. Te veo , bonita, joven, sana... Y yo aquí postrado
- Te pondrás bien, no te preocupes. Has de tener paciencia; las cosas están siendo demasiado lentas, pero no podemos hacer otra cosa.


- No, Elva, se que eso no pasará.  Pero la parte sana de mi cuerpo piensa, desea, y sin embargo la otra parte no responde
- Te lo acabo de decir: paciencia, ya responderá.
- ¡ Maldita sea, no soy tonto! No estás entendiendo nada
- Si, Frederick, estoy entendiendo todo, pero tendrás que aguantarte, lo mismo que yo. ¿ Crees acaso que en todos estos años no he deseado nada? Soy una mujer joven y dormía contigo todas las noches, pero  ¿sabes? llegó un día en que me di cuenta de que no significaba nada para tí. Que otras ocupaban mi sitio, y entonces, aprendí a reprimir mis deseos y a no necesitarlos.  Haz tu lo mismo; sólo es cuestión de auto disciplina.  Y ahora lo siento, he de irme a trabajar.  En la cocina tenéis la cena.  Olivia se encargará de ti.Ahora trata de dormir; mañana te encontrarás mejor. Hasta mañana, que descanses.

Frederick la miraba  extrañado.  Nunca le había mencionado nada de sus necesidades, pero estaba claro que tenía razón en lo que había dicho.  No había sido justo con ella.  La había despreciado por otra mujer,. No estaba siendo justo.  Le había pedido algo natural entre un matrimonio, pero ella había pasado de puntillas por el tema.  Ya no le necesitaba.  Lo había dicho claramente: había aprendido a vivir sin relación matrimonial. ¿ Cuándo había descubierto que su mujer es hermosa ? ¿ Ahora? ¿ Cuando ya no puede zascandilear con otra? ¿ Pretendía que ella le auxiliase ahora?  Tenía razón en sus reproches; tendría que aprender a renunciar al sexo definitivamente, puesto que ella no estaba en ello, y a él le era totalmente imposible buscarlo por sí mismo.


Esta vez el trayecto en autobús era más largo.  Iba con tiempo suficiente para ir en este medio de transporte.  El subway era más rápido, pero ella quería dilatar al máximo sus recuerdos, recrearse en ellos.  Sería su secreto.  Algo que nadie imaginaba,  ni siquiera sospechar.  Sólo ellos dos conocían el encuentro maravilloso, increíble que habían tenido.  ¿ Cómo sería la vida de James fuera del hospital?  Se dio cuenta de que poco sabía de él, sólo lo que Sheryl le había contado.  Pero no conocía su situación actual: si tenía novia, amante,...  Le había dicho que la amaba, que se amaban, y al menos por parte de ella, así era.  Había encontrado en él el consuelo y la comprensión que le hacían  falta, sin darse cuenta que por la compasión  iría por un camino más espinoso: el amor.  Algo extraordinario en la vida de una persona, pero desesperante si no eres correspondida o, como en su situación, tendría que ser  oculto a la vista de todos.  Entornó los ojos y reclinó la cabeza en el cristal de la ventanilla. Y volvió a sentir sus labios cálidos y posesivos en la boca de ella, las caricias de su mano recorriendo su rostro y su entrega total y absoluta de parte de ambos. ¿ Cómo había ocurrido? No fue nada planeado, ni buscado, sólo surgió.  Ella lo necesitaba, necesitaba esa demostración de amor incondicional, pero ¿ y él ?  Era un hombre guapo, inteligente, caritativo y apreciado por todos.  ¿ Se debió por su fracaso sentimental?  Creyó que había pasado el tiempo suficiente para que se hubiese enamorado nuevamente.Pero en su cabeza iba y venía la palabra compasión  ¿Daba lástima?  Nunca había comentado con nadie su falta de sexo marital, ni siquiera a Sheryl,  , su confidente lo sabía; pero era muy posible que todos lo imaginaban, dada la minusvalía de su marido.


La había dicho que la amaba. Pero quizá fue compasión por todo lo que sabía de ella. No importaba; la compasión denota tener un buen corazón y James lo tenía.  No fingía cuando la hizo suya.  Constantemente  decía que la quería, y pronunciaba su nombre con veneración. No.   Todo era cierto: se habían enamorado.  No importaba cuándo, ni cómo, ni por qué, sólo había ocurrido.  Posiblemente fuese su salvación de la locura.

La voz del conductor la sacó de sus pensamientos, avisándo que llegaba a la parada solicitada.  Nuevamente había que volver a la cruda realidad.  A toparse de bruces con la vejez, y las dolencias que la aguardaban en esa casa, y en la suya propia. Pero apreciaba a la señora que cuidaba, porque la demostraba cariño y ternura, algo que tanto necesitaba, aunque sintiera una pena infinita por aquella mujer mayor, que debió ser joven y bonita, y que en cambio ahora necesitaba de todos.  Se deprimió aún más al pensar en ella. Pero había tenido una vida joven  amada por su marido y querida por sus hijos.  En cambio Frederick, sólo contaba con el cariño de su hija, porque ella, su esposa,  ya no sentía, ni tenía capacidad para amarle.

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