lunes, 1 de mayo de 2017

La infiel - Capítulo 8 - Tu rostro persigue mis sueños

Pasaron varios días y siguieron sin verse.  Elva debutó como cooperante voluntaria, labor que, por experiencia propia, desempeñaba sin ningún esfuerzo.  Sabía que al menos las personas angustiadas por la situación de su familiar, eran escuchadas y comprendidas.  Al menos podría darles algún consejo, y hasta orientación de cómo actuar, algo que ella no tuvo, y aprendió sobre la marcha. No quiso ir en su busca, ni preguntar por él.  Lo de ellos no podía ser, y cuanto antes pusieran el remedio, antes se ahorrarían sobresaltos.

James había tenido guardias y por tal motivo se tomó unos días de vacaciones.  Los aprovecharía para ir a visitar a sus padres, y allí en la soledad del campo, reflexionaría detenidamente sobre todo lo que estaba pasando en su vida.  Ni siquiera tuvo comunicación telefónica con ella.  Por el compañero de Recursos Humanos, supo que desempeñaba su cometido a las mil maravillas, pero ni siquiera hizo intención de verla.  Elva seguía con su rutina voluntariado, casa, anciana y vuelta a empezar.  Pero algo había cambiado.  Cuando se sentía triste, se aislaba y al menos tenía algo agradable en lo que pensar, en James.


Para los padres del doctor Mulligan, fue una tremenda alegría y sorpresa recibir a su hijo; hacía tiempo que por motivos de trabajo no les había visto.  Todo eran preguntas sin darle tiempo a las respuestas.  El padre se mostraba muy satisfecho, sin embargo la madre escudriñaba su rostro y tenía la impresión de que Jimmy, como ella le llamaba, no era el mismo de hace unos meses.  A veces, cuando estaba distraído , ella le observaba y veía melancolía en su mirada, que perdía en algo imaginario.  Se hacía mil cábalas y al final llegó a la conclusión de que se había vuelto a enamorar, pero por causas desconocidas para ella, no le marchaban bien las cosas.

Una tarde que el padre había ido a jugar al golf con sus amigos, quedaron a solas madre e hijo, y poco a poco, sin siquiera darse cuenta, llevó la conversación hacia la dirección correcta.  Quería saber lo que le ocurría a su hijo, sutilmente lo consiguió.  James contó la historia de Elva y la situación que ambos tenían. La madre no sabía que aconsejarle, desde luego reprobaba que ella estuviera casada y quisieran tener una relación, por injusto que fuera todo:

- Si al menos el marido estuviera sano... Pero en esas condiciones, la verdad no me parece ético que tengáis algo tal y como están las cosas.  Ya sé que es cruel.  Que ella es joven y que ha sido una víctima de todo este desgraciado asunto, pero francamente, no estoy de acuerdo con vosotros.  No comparto ni la relación, ni las dudas. ¿ Ella está conforme?
- No lo creo, mamá.  Si hubiera sido así, le hubiera abandonado cuando ocurrió todo.  Supo desde el primer momento, que él iba con una mujer y no era ella..  Su matrimonio no funcionaba dese mucho antes, pero al quedar inválido, no quiso abandonarle y desde entonces siguen lo mismo. Yo la quiero; no sé como me he enamorado de ella, te juro que no lo sé. Probablemente al conocer su desgracia y al verla tan joven bonita y tan desgraciada...
- Cuidado Jimmy. No confundas la piedad con el amor, porque a la larga te llevarás un desengaño.  Ya te ha ocurrido una vez, no vayas a por la segunda.


James guardó silencio sopesando lo que su madre le había dicho.  Sabían que poca gente estaría de acuerdo con su relación, pero su madre lo había expresado claramente: si ella lo desaprueba, ¡ qué no hará Olivia !  ¡Que no dirán las malas lenguas! Tenía miedo por ella, porque normalmente, la peor parte se la llevan las mujeres  ellas son las causantes de todo, ellas no han dado al marido lo que necesitaban etcétera, etcétera, etcétera.  No se paraban a pensar en los motivos y que en la mayoría de los casos, los culpables eran los hombres.  Se levantó y dijo a su madre que iría a dar una vuelta.  Había ido en busca de algo que despejase su cabeza y no sólo no había encontrado solución, sino que además no estaba de acuerdo con la recomendación dada.

Por el bien de Elva, no la llamaría y trataría de no verla, aunque trabajando ambos en el mismo hospital, sería difícil no coincidir alguna vez.  La mostraría indiferencia.  No importaba que ella creyese que había sido un juego.  Le dolía que así lo interpretara y sabía que la haría daño, pero posiblemente  se le pasara el dolor, al que estaba acostumbrada, y asimilara que era lo más conveniente para los dos.  Otra solución es cambiar de trabajo.  No se le ocurría ninguna otra medida a tomar.

Y regresó al cabo de dos días a su casa de la ciudad.  A su trabajo en el hospital, en definitiva a la rutina.  Pero una idea bullía en su cabeza, y creyó sería la mejor solución para ambos.  El estar cerca de Elva, el tener a su alcance el poder verla, el hablar con ella... era algo que les haría más daño que beneficio.  Decidido, escribió una carta a Estados Unidos: haría un Máster en Obstetricia, se pondría al día en los últimos adelantos en esta especialidad.  Quizá se decidiera por la rama onocológica en la mujer.  No sabía muy bien.  Pero lo que sí tenía claro, que sería la única forma de alejarse de ella, y con suerte olvidarla.

Depositó en Correos la solicitud, y de ser aprobada partiría a principios de Septiembre.  El máster duraría un año aproximadamente.  Confiaba que en ese tiempo todo se normalizara.  Cuando se acostó esa noche, no hacía otra cosa más que dar vueltas a la decisión que había tomado.  El corazón se le rompía cada vez que pensaba en no volver a verla.  Veía su sonrisa a cada momento, en cada objeto que tocara, en cada paisaje que viera.  Todo era ella. Hasta sus noches estaban repletas de pesadillas  en las que la veía  reír feliz, como debió ser, antes de que la vida se cebara con ella.  Le dolía el alma tener que tomar esa decisión.  Las palabras de su madre, siempre ecuánime, retumbaban en su cabeza, y pensó que posiblemente tuviera razón.  Vivían en una sociedad llena de prejuicios y si la hicíeran frente serían , sería Elva, estigmatizada por haberse enredado en una relación estando su marido inválido.  No se pararían a pensar lo que produjo esa invalidez, ni en que ella era muy joven cuando renunció a todo.  Sería una "puta" que abandonaba su casa por tener un amante.


Pasó su mano por la frente para ahuyentar ese pensamiento.  Quería ante todo protegerla, de todos y de todo.  De Olivia, la primera, porque sabía que la chica, al enterarse renunciaría a su madre, y eso la mataría. No.  había tomado una buena decisión, al menos sería él solo quién sufriría por no estar a su lado.

Hablaría con ella cuando todo estuviera a punto para su partida.  No quería que pensase que no la quería, sino que su marcha era por todo lo contrario, porque la quería demasiado para verla a diario, y sin embargo estar tan alejados.  No soportaba el que ella le evitase, que estuviese siempre triste, desmejorada y que nunca sonriese.  Sabía que era feliz con la ayuda que prestaba a la gente que requería sus consejos, pero también la había visto envejecer prematuramente, no le correspondía por la edad que tenía.  Sabía que iba a ser duro y que ninguno sería feliz, pero confiaba en que el tiempo todo lo cura y ellos, conseguirían la paz que ahora no tenían.

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