martes, 8 de diciembre de 2020

Doctor O`Reilly - Capítulo 15 -Toda tuya, pero no mio

 El corto pasillo que le separaba del departamento de Kyra, deseaba que fuera interminable. Los escalones que habría de subir hasta su puerta, deseaba que fueran tan altos que no pudiera acceder a ellos. Pero nada de eso era ni lógico ni real. Tragó saliva y abrió la puerta que daba acceso a la sala y después a la habitación, en donde Kyra dormía.

Lo miraba todo como si no lo conociera, como si fuera la primera vez que entraba allí. Recorrió la sala observándolo  todo. Encontró sus zapatos tirados en el suelo. La chaqueta de su traje de boda también arrojada sobre un sillón. Pero en general todo era muy de Kyra. Reinaba en el aire el perfume de ella .

Abrió la puerta de su habitación, todo estaba en calma, ni siquiera se escuchaba el rumor de su respiración. Estaba en posición fetal y tapada hasta el cuello. La imaginó protegiéndose ¿ de quién, de él? Nunca la dañaría, al menos a sabiendas, porque estaba seguro que sí lo haría, y sería ese mismo día.

Tenía que cumplir con la misión que le había llevado hasta allí. Dudaba si dar media vuelta y volver a su habitación, pero algo le impulsaba a permanecer en esa entrada , observándola, mientras una voz en su interior le empujaba hasta el lecho. Y lentamente, como si fuera un condenado dirigiéndose al cadalso, fue hasta la cama, y allí suavemente para no despertarla, se introdujo a su lado.

Su pensamiento era eso, tumbarse a su lado, sin más. Pero eso era irracional, y de repente algo cambió y suavemente, acarició su cabello con la punta de los dedos. Era suave, después pasó la mano, a penas perceptible, por sus hombros y su rostro, y sin poder resistirse, pasó su brazo por la cintura de ella. que al notar un contacto, estiró sus piernas abandonando la posición primera que había mantenido.

Ronroneó suavemente, tal si fuera un gatito pequeño y él sonrió. La miraba fijamente  a la tenue luz de una bombilla pequeña de la lamparita de su mesilla de noche. ¡ Es  tan linda, tan inocente ! Un  ahogo de ternura le invadió, a tiempo que ella se despertó y se giró en la cama frente a él. Al principio se sobresaltó, pero no pudo decir nada, porque él tapó su boca con la suya en un largo y tierno beso.

No podía ser real, pero estaba sucediendo. No soñaba: él estaba allí abrazándola, besándola, acariciándola, haciéndola suya. Era impetuoso, como un sediento que tomara agua por primera vez.  ¿Estaría creyendo que era su otra  mujer? No lo soportaría si fuera eso; prefería que no la tocara a pensar que yacía con su primera esposa.

Pero el caso es que se mostraba ardiente, ansioso de su cuerpo, de su cara, de su piel, y eso no podía ser fingido. Era amor, deseo, ímpetu de un hombre por una mujer, y esa mujer era ella. No pronunciaba su nombre, tampoco decía que la quería. Sólo suspiraba y alguna que otra vez jadeaba un poco. Pero a ella no la importó. Era rotundamente feliz.. Había derretido el hielo que había sido hasta entonces el doctor O´Reilly.  Ella había ganado. Su noche de bodas resultaba perfecta y tal como había deseado desde hacía tiempo.

Ella también le abrazaba refugiada sobre su pecho, y así uno junto al otro, al fin, rendidos por el esfuerzo, se quedaron dormidos.  Ella con una sonrisa de triunfo en su cara, él con una mirada sobre ella, pero impasible sumido en sabe qué pensamiento.

Las luces del día se colaban a través de las cortinas cuando el encanto se rompió definitivamente. Kyra permanecía dormida. Aidan deshizo su abrazo, y con cuidado se apartó de ella. Pero por tenue que fuera el movimiento, ella no estaba acostumbrada a dormir con nadie, y se despertó dándose cuenta de lo que había ocurrido durante la noche. Se desperezó, mientras él contemplaba su cuerpo desnudo fijamente.

- Es temprano¿ Adónde vas?

- Al hospital; hoy trabajo

-¿ Cómo ? Ni siquiera lo dijiste. Yo contaba con que...

-Lo olvidaría. Fue un día de fuertes emociones encontradas - respondió 

La hablaba con tanta frialdad, sin siquiera volverse hacia ella mientras se ponía el pantalón del pijama que se quitara al acostarse.  Ella se incorporó de golpe cubriendo su desnudez. No podía creer lo que estaba escuchando y viendo. Había entendido que, al menos, ese día lo tenía libre, pero no era así, sino que se vestía para ir a trabajar.

Se puso una bata y fue hacia él, antes de que abandonara la habitación:

-¿ Me puedes decir qué te pasa ?

- Nada. He de ir a trabajar sólo eso

- ¿ Así sin más? ¿ Que queda de la noche pasada? ¿ A qué se debían tus caricias, tu posesión?

- Simplemente cumplí con una de las cláusulas del contrato. Debía cumplir como marido, y lo hice, así de fácil.

-¿ Te das cuenta de lo que me estás haciendo? Me estás tratando como a una de tus conquistas: cena, teatro y cama. Y después adiós muy buenas. ¿ Crees que merezco este trato? Muy bien, vamos a seguir todos las reglas del contrato: no volverás a ponerme las manos encima ¿ lo oyes? Y no te preocupes, que si necesito a un hombre, lo encontraré y no serás tú desde luego. Ve a trabajar, o a la cabaña, a confesarte con tu mujer de que te has acostado esta noche con quién no lo merecía, porque siempre será ella la que reine en tu cabeza y en tu corazón.

Aidan se quedó clavado  en la puerta.

 ¿ Qué había hecho? ¿ Ella creía lo que no era cierto? ¿ Pero por qué? Por su culpa, porque de nuevo sus demonios habían invadido su cabeza. Pero no había sido su primera mujer la que había estado con él, había sido Kyra, únicamente ella ¿ Por qué cree que pensaba en otra? Era ella únicamente quién avivó sus sentidos, su necesidad de tenerla ¿ Por qué no se lo ha dicho? 

-Tiene razón soy un bruto y un estúpido. La maravillosa noche pasada la he arruinado, y ahora me desprecia. Eso es lo que he conseguido.

Fue a su dormitorio, se vistió y salió con destino al hospital, como un día cualquiera, pero no lo era. Había tocado el cielo con las manos y al mismo tiempo descendido a los infiernos nuevamente. Su vida estaba destrozada otra vez, y además no sabía lo qué hacer.

Durante todo el camino no conseguía borrar la imagen de Kyra desesperada ante la situación que se había planteado. Era de dolor infinito, de desgarro, de frustración y de fracaso como mujer. Otra herida más abierta. Todo lo que tocaba lo convertía en dolor, y siempre con las personas que más amaba. Porque al fin había comprendido durante esa noche, que lo que sentía por ella no era deseo ni siquiera necesidad de estar con una mujer. Era amor, puro y llanamente. Se había enamorado de ella y la quería con todas sus fuerzas. Y ahora descubría que toda esa trama del contrato era por tenerla a como diera lugar, porque su cabeza estaba sumida en un laberinto entre una y otra, y no veía con claridad lo que debía haber entendido desde el mismo momento en que la conoció.

-Ahora es demasiado tarde para rectificar. Lo que acabo de decirla, ha firmado para siempre la sentencia de muerte entre nosotros. Si hubiera alguna pequeña posibilidad de encauzar mi vida, acabo de hacerla mil añicos. Soy torpe, desconsiderado, y absurdo.

No podía incorporarse a trabajar en tal estado, paró el coche para llamar por teléfono al hospital. Sabía que la excusa que iba a dar sería tema de chanzas, pero no le importó. Era demasiado grave lo que le estaba ocurriendo como para pararse a pensar en lo que otros pensaran.. Dió marcha atrás y de nuevo regresaría a su casa. Hablaría con Kyra la pediría perdón una vez más, haría lo que ella le pidiera, pero no la perdería. No podía perder una vez más,  a la mujer que amaba.

Entró como una exhalación en su casa. Subiendo las escaleras de dos en dos y llamándola a gritos, pero sólo el silencio encontró. Kyra había salido y no sabía  dónde. De pronto recordó que tenía que ir a buscar a Stella. Llamó a su suegra y después de hablar con ella, supo que Kyra la había llamado por teléfono y le había dicho que no iba a recoger a la niña

" Discúlpame, Molly. He de salir de aquí. Tengo un tremendo dolor de cabeza. Aidan está en el hospital ¿ querrías tener la bondad de avisarle?  Yo no puedo.  Gracias. Ya nos veremos"

- ¿ Qué ha pasado Aidan? ¿ Qué le has hecho?

-Nada que no debiera hacer. Necesito saber dónde está.

- No lo sé, no dijo nada.

- Está bien. Avísame si vuelves a hablar con ella. La llamo y no responde a mis llamadas

-¡ Dios mío ! ¿ Qué ha pasado?

- Ahora no puedo explicarlo.  Cuida de Stella, por favor. Llámame en cuanto sepas algo. Yo he de salir ahora

- ¿ A dónde ? -respondió Molly

- Tú sabes a donde voy. Luego te llamo.

Y sin más cortó la comunicación. Tenía que ir a la cabaña, tenía que hablar con ella. Y tenía que contactar con Kyra, pero ¿ cómo ? El teléfono decía que estaba fuera de cobertura. ¿ Estaba apagado ?

Se volvería loco si no la localizase. Jurando y perjurando, puso el coche en marcha con dirección al único lugar en que podría hablar con ella y pedirla que le ayudase. No podía perderla a ella también.


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Autora: rosaf9494quer

Edición Diciembre 2020

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lunes, 7 de diciembre de 2020

Doctor O´Reilly - Capítulo 14 - Enlace

 Verdaderamente todo había resultado perfecto y a sus suegros, Kyra les había encantado.  No estaba descaminado cuando la eligió. Pero el verdadero resultado se vería más adelante, en la vida de cada día. Y a eso es a lo que tenía miedo. Era alguien de fuertes convicciones, pero había temas de su día a día, que mejor ni tocarlos, no creía que pudiera resistirlos.

Y llegó el día del enlace. Felicity, ayudaría a Kira y a Stella, que también estaba excitada. Sin embargo para Aidan, no estaba resultando nada fácil.  Estaba solo en su habitación. El resto del servicio se estaban arreglando también y después irían hacia el Juzgado. 

No podía evitar la comparación entre un día y otro. Quería borrarlo de su cabeza pero por muchos intentos que hiciera, no lo conseguía.  Deseaba que el día fuera eterno y que la noche no llegara nunca. ¿ Se estaba arrepintiendo?  Aún tenía tiempo de dar marcha atrás si fuera ello. No, no  lo deseaba. Pensaba en Kyra, únicamente en ella, y le atormentaba que su noche de bodas fuera tan diferente a tantas otras. Pero, lo de ellos no había sido normal, por tanto esa noche tampoco lo sería.

Aún tenía tiempo de salir corriendo. Pero tampoco era eso lo que deseaba.  Terminó de arreglarse poniéndose la corbata y después la chaqueta y listo. Él mismo conduciría su coche.  No había nada especial que indicase que aquello era una boda. Apenas habían invitado a nadie: los empleados de casa, sus suegros, su adjunta en el hospital y James, amigo íntimo de Kyra que la llevaría al juzgado. Nada más. La ceremonia, duró veinte minutos. No hubo votos, sólo   la puesta de los anillos que llevó Stella, y un leve beso al final.

Para la niña supuso todo un acontecimiento: se unían las dos personas más importantes de su vida, aunque ella no sabía ni lo que aquello representaba ni lo que vendría después. En su mente infantil, sólo había un pensamiento único. Kyra no volvería a marcharse. Esa era  su única preocupación. y para ella era suficiente.

Después todos se encaminaron al restaurante que para tal efecto, Aidan había contratado  en un reservado sólo para ellos. El menú fue especial como especial sería la ocasión. Buen vino y champán para brindar junto con la tarta, que era también de lo más anormal.

Molly les observaba de vez en cuando mientras comían y le disgustaba las muestras de tensión que se adivinaba entre ellos. Ella, Arthur y los desposados, eran los únicos que sabían lo que había debajo de esas caras. Aidan miraba, a la su ya esposa, de vez en cuando, muy de pasada. Ella, pálida, seria, a veces  reía  sin venir a cuento, pero todos interpretaron que sería de nervios.

A pesar de ignorar el contenido del acuerdo matrimonial al que acababan de asistir, les notaban demasiado tensos para la ocasión.  Había resultado una comida como muchas de las que se suelen celebrar entre amigos. Tan sólo a la hora de partir la tarta y brindar, Aidan la atrajo hacia él besándola discretamente. ante el jolgorio de todos.  Brindaron con champán y al mirarla, Aidan vió en los ojos de ella, que estaban enturbiados y que no tardaría en esconder alguna lágrima. Todos lo interpretarían como emoción, pero él sabía que no era así, que lo que escondían era una pena infinita.

Tampoco él estaba para bailes. Sin querer, y tratando de no recordar, estableció la comparación entre su primer enlace y éste frio y casi sin alegría. Y recordó su primera noche de casado, cuando ella se entregó a él y él a ella. ¿ Cómo sería la de hoy? No quería ni pensarlo: llegarían a casa y cada uno de ellos irían a sus habitaciones. El a la suya y Kyra a su apartamento distante de su habitación, afortunadamente, -pensó.

La niña se iría con los abuelos hasta el día siguiente en que la recogería Kyra. Él,  al hospital, ni más ni menos. Ese sería su día después que, como todos los siguientes, estaría marcado por un contrato.  Un simple papel señalaría su vida de ahora en adelante. Quizá debieron pensarlo mejor, con más detenimiento, haber consensuado ciertos detalles, pero ahora ya todo estaba hecho y no había vuelta de hoja. Todo terminaría, es decir, comenzaría como estaba escrito.

La casa estaba solitaria, vacía, sin ruidos que alterase la calma antes de la tormenta. Kyra subió las escaleras y él a su habitación. No tuvieron ni una sola palabra, y sus rostros estaban tensos. ¿ Se acostumbrarían? Difícilmente se podía vivir de esa forma, con esta tensión, que ni siquiera habían tenido en sus discusiones. Habían pasado un día intenso, interminable, o quizá demasiado corto, según para quién. Sintió el cerrar de la puerta de ella, y Aidan en medio de su habitación, miraba el entorno como si fuera la primera vez que lo viera. Y miró  la cama, vacía, sola, impoluta, y así seguiría.

Estaba desazonado, fue al vestidor y sacó un pantalón de pijama; siempre dormía así, y esta noche no era un excepción. Colocó la americana en el galán de noche y volvió a bajar al salón. Allí se sirvió un vaso de whisky y retornó a la habitación. Estaba inquieto, desazonado. Algo no marchaba bien en su interior.

Sentado en un sillón apuraba sorbo a sorbo el whisky, sin prisa, lentamente, y cuando lo hubo consumido, entró en el baño y se dio una ducha caliente, muy caliente, dejando resbalar el agua por su cuerpo. Necesitaba ese respiro. Necesitaba estar tranquilo, porque al día siguiente debía trabajar; ahora no quería pensar en eso; tenía cosas más urgentes que atender.

Pero su cabeza no paraba de revisar el día que habían vivido. Y se centraba en la carita inocente y de alegría de su hija. Por ella haría cualquier sacrificio, todo lo que fuera necesario; era una forma de compensar la pérdida de su madre. Al mismo tiempo, y no sabía el por qué estaba enfadado con Kyra ¿ por qué con ella? Era la más perjudicada de los tres. Estaba en plena juventud, en pleno desarrollo como mujer, y lo había arrinconado todo por seguirle.  No tenía la menor duda de que le amaba, pero él... No podía; la apreciaba, pero no era suficiente y tampoco deseaba cambiar eso.  No viviría tranquilo si lo hiciera, aunque reconociera su sacrificio, porque lo había hecho. No debía sentirse como un mártir porque no lo era. Sólo él había sido el artífice de tamaño disparate. No podía culpar a Kyra ni a nadie; sólo él tenía la culpa de todo.
Por más vueltas que daba, nada sacaba en limpio, solamente el culparse a toda costa de algo que se reprochaba y de lo que no había sido el autor. Y esta noche más que nunca, recordó el cuerpo de su mujer, en la calle, inanimada, y con sangre por todo su cuerpo. No podía quitarse esa imagen de la cabeza, pero también la imagen de Kyra, sonriendo, llegaba hasta su memoria. Si hubiera podido dividirse en dos, lo haría. Lentamente se secó despacio, como demorando algo que le impulsaba pero  no sabía qué. se puso el pijama, se calzó las zapatillas, y lentamente salió de la habitación camino de la de Kyra.

El silencio reinante en la casa era aplastante. Sólo se escuchaba el tic tac del reloj de pared de la biblioteca. Creyó que era muy tarde,  de madrugada.  Ella estaría ya dormida, no obstante haría lo que tenía decidido.


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Autora: rosaf9494quer

Edición: Diciembre 2020

Ilustraciones: Internet (Cincuenta sombras de grey)

Doctor O´Reilly - Capítulo 13 - Exámen

 El teléfono sonaba insistentemente en casa de Kyra, que de mal humor se incorporó en la cama y atendió la llamada. En el visor del teléfono estaba el nombre del interlocutor, y supo de quién se trataba. Ella hizo un gesto como diciendo " por favor son las siete de la mañana". Aunque la hizo gracia y  la gustó, contesto escueta para que se diera cuenta que no estaba loca por él, cuando era todo lo contrario, y contaba hasta los minutos para reunirse nuevamente.

- ¿ Quién ? - respondió alzando la voz

- ¿ Cómo que quién, esperas otra llamada?

Ella se tapó la boca con la mano para no soltar la risa:

- ¡ A las siete de la mañana , por amor de Dios ! ¿ Qué demonios quieres ahora ?

No quería nada en especial, sólo escuchar su voz y saber que estaba ahí y decirla que estaba contento, tanto como hacía tiempo no lo estaba. Deseaba saber si ella estaba igual de nerviosa que él. Hoy era un día importante: conocería a sus suegros y su opinión contaba mucho para Aidan. Quería a esa pareja que se habían quedado solos después de la muerte de su única hija, y procuraba que Stella no perdiera  su  contacto : era su única familia y el recuerdo vivo de quién fuera su hija, y ambos lo necesitaban.

- Sólo quería hacerte alguna recomendación: Sé tú misma. Son personas normales y muy cariñosas, les caerás bien, aunque si saludas como lo has hecho ahora conmigo, creo que se llevarán una impresión horrible de ti.

-Aidan, estoy nerviosa y preocupada. He dormido fatal esta noche y dentro de unas horas voy a enfrentarme al examen más duro que pasaré en mi vida. Acababa de conciliar el sueño, y vas y me llamas... ¿ Cómo quieres que esté?

- Lo siento, pero es algo nuevo también para mí. No quería molestarte, perdóname

- Perdonado estás. Y ahora déjame dormir

- A las doce. Sé puntual - la dijo cortando la comunicación.

Ella se echó a reír en cuanto colgaron. Había sido una broma, pero él se lo había tomado en serio. Tan en serio que hasta las doce en punto no tocó el timbre de la puerta, a pesar de que permaneció dentro del coche desde menos cuarto. Así de estricto y contundente era el doctor, seguramente debido a la disciplina impuesta por su trabajo. Estaba inquieto, nervioso, pero contento. Todos sus planes se cumplirían en breve espacio de tiempo. El mismo lunes pediría a su abogado que realizase todas las gestiones en el juzgado para casarse  a la mayor brevedad posible. Deseaba hacerlo  cuanto antes, salir de esta constante angustia que mantenía desde hacía un año.

La ansiedad que sentía, no era solamente por el estado de Stella, que él mantenía para justificarse así mismo. No quería reconocer que su sangre joven y fuerte y durante tanto tiempo en calma, hervía en sus venas  por una sola persona. Aunque se lo negase, aunque no deseaba admitirlo era la verdad pura y dura. Lo definía como atracción, que también lo era, pero la base era más sólida que todo eso. Se puede sentir atracción ante un paisaje, un color, un cuadro, pero ante una mujer, y si era bella, la atracción daba paso a otro sentimiento: el enamoramiento. Y es lo que no quería, es decir, lo negaba, que ese fuera el motivo de que haya durado tanto tiempo sin relación alguna durante el último año.

Se negaba que estaba enamorado de Kyra, aunque a veces, cada vez que le daba por pensar en la nueva situación que vivirían en un escaso tiempo, sabía lo difícil que le iba a ser cumplir la promesa que le hiciera ante su tumba. Y mantenía una lucha constante entre el si quiero, pero no puedo. Era absurdo, lo sabía, que una mente inteligente como era la suya, se enrocara en eso tan anti natural como el amar a una mujer, máxime si se convirtiera en la suya, en la madre de su hija, aunque no naciera de ella.

Ese pensamiento a veces le amargaba la vida, pero automáticamente trataba de desecharlo de su cabeza.  Iría paso a paso y la rutina sería la forma de vida que tomaría desde el principio, aunque también sabía que por eso precisamente, por verla constantemente, necesitaría un suplemento extra matrimonial, y justo eso, es lo que no quería.

No quería hacerla de menos, pero ¿ qué solución tenía? Pues lo normal, la más sencilla, amar y desear a su mujer que por eso no ofendía a nadie.

Ese era su debate constante y le proporcionaría en el futuro algún disgusto que otro, precisamente por su empecinamiento en faltar a su palabra dada. Pero ¿ a quién se la había dado?  Sus suegros le habían dicho miles de veces que buscara otra mujer, que la niña lo necesitaba.  Y ellos eran los padres. Pero la  mente de ellos,  no estaba enquistada en algo imposible de cumplir. Lo de él era una forma de sentir el duelo y no había nada ni nadie que lo apartarse de esa forma absurda de pensar.

Al llamar a la puerta, su sonrisa partía su cara en dos, y ante él tenía a la mujer más bonita que deseara. Estaba vestida con un traje de chaqueta, sencillo pero de buen corte. Llevaba el cabello suelto, pero retirado hacia atrás en una coleta con un pasador de carey. Un ligero maquillaje en el que resaltaban aún más sus preciosos y expresivos ojos. Si no estuviera enamorado de ella, se enamoraría en ese preciso instante. 

Había comprado una caja de bombones para obsequiarla. Sabía que la gustaba a rabiar el chocolate y pensó que sería una buena forma de limar asperezas.  Se la comía con los ojos pero ninguno de los dos se daba cuenta de eso. Si estuviera alguien ajeno a ellos, lo vería  de inmediato, pero ellos, enquistados cada uno en su postura, en lugar de dar rienda suelta a sus sentimientos, lo ocultaban, como si eso fuera posible.

Paró el coche ante la puerta de la mansión de sus suegros. Kyra no se lo había imaginado así y se achicó un poco al darse cuenta de que, eran gentes de poder adquisitivo muy alto y que el examen que  harían sería exhaustivo. Contaba a su favor con Aidan y Stella, que eran incondicionales de ella. Pero también pensaba que si tenían algo en su contra, sería  un cierto impedimento, además de los que ya tenían.

La primera que salió a recibirles delante de sus abuelos, fue Stella, que al ver que su padre venía con Kyra, corrió desenfrenada hacia ellos. El abrazo entre la alumna y la tutora, fue lo suficientemente expresivo, para que los abuelos, se miraran uno al otro con miradas de complacencia. Saludaron efusivamente a su yerno y lo mismo con quién sería la futura mujer de Aidan.

Les pasaron a un salón y enseguida dispusieron un aperitivo para entrar en una conversación intrascendente. Kyra estaba bastante cortada, y de vez en cuando Aidan apretaba su mano para infundirle confianza. Los abuelos lo miraban todo con lupa, pero disimuladamente. Tardo en incorporarse a la charla de la familia bastante rato.  Sólo quería desaparecer del mapa.  Sabían que examinaban todos sus gestos y sólo pedía que pudiera estar a la altura de lo que ellos esperaban.

Poco a poco y con algún sorbo de vino que otro, los nervios de todos se fueron calmando. A Stella se la veía contenta y parlanchina, muy distinta al comportamiento que había tenido en los últimos tiempos, y  de eso también tomaron nota los abuelos y su padre. Que mirándose se lo transmitían.


Kyra seguía nerviosa y deseando que terminara la visita, pero más templada que cuando llegó.  Se dio cuenta perfectamente que  Molly, la suegra, deseaba estar a solas con ella, por eso aceptó la invitación a visitar su cenador en el jardín en el que tenía mucho interés y parecía ser su entretenimiento, al haber encontrado en el estudio de las flores y plantas, su última afición.

Arthur y Aidan, pasarían al salón a tomar el café de sobremesa y a charlar de algo importante para ellos. La niña dormiría la siesta y de este modo, podrían hablar con más libertad. Y fue el abuelo quién inició la charla.

- Bien, hijo mío, porque para nosotros has sido y serás siempre un hijo. Como bien sabes no tenemos más que a vosotros, y por tanto nos preocupáis enormemente. Siempre te hemos aconsejado que deberías formar de nuevo una familia, no sólo por la niña, sino también por ti, porque la necesitas. La sorpresa ha sido grande cuando nos lo has notificado, pero también nos sorprendió la letra pequeña de ello. ¿ Estas seguro de lo que vais hacer? El matrimonio es algo muy serio y es de esperar que para siempre. No debes hacerlo sólo por Stella, porque ahora es pequeña, pero el tiempo pasa veloz y cuando quieras recordar, ella tendrá su vida y tú estarás solo.  No puedes refugiarte en tiempos pasados, muy felices, cierto, pero que no volverán.
Eres un buen hombre y mereces ser feliz, y creo que con Kyra lo serás y mucho. Parece una chica excelente y además preciosa. Y por si todo esto fuera poco, adora a tu hija y la niña también, Pero Molly me ha dicho algo en lo que estoy en contra totalmente y pienso que a tu futura esposa tampoco le agradará. Ya sabes a lo que me refiero. ¿ En verdad crees que mi hija si pudiera veros daría el visto bueno? Creo que no. Ella te quería, y adoraba a su hija, que a penas pudo disfrutar, y lo que desearía es que fueras feliz, pero en todos los sentidos y no sólo porque la niña adore a su profesora.  Respetaré lo que decidas y siempre seréis bien recibidos en esta casa. Y ahora he de decirte que Kyra me ha gustado tanto física como en su comportamiento. Así que no me queda más que darte un abrazo y mi enhorabuena.

Se les hacía tarde y se despidieron de los "abuelos" que volverían a verse el día del enlace. Cada uno de ellos guardaron silencio referente a las conversaciones sostenidas con cada uno. Pero Aidan fue más explícito y se le veía contento. Kyra también lo estaba y suspiraba aliviada de haber pasado esa prueba. Ya todo sería más sencillo.

Le interrogó con un gesto y la mirada, no dijo ni una sola palabra, pero él adivinaba lo que quería saber. Mirándola de soslayo y sonriente dijo:

- Te los has metido en el bolsillo. Sé que van a adorarte lo mismo que Stella.

-¿ Qué van a adorarme lo mismo que Stella?- se dijo en silencio-. Yo quiero que seas tú el que me adore. Y esta respuesta no me satisface en lo más mínimo. Claro que ya lo sabía, lo que me ocurre es que cada paso que damos  se torna en esperanza para mí, pero la pareja es cosa de dos, y parece ser que la única que siente entusiasmo soy yo. Todo esto lo sé, pero...

Él conectó la radio y escogió una melodía romántica. Era la primera vez que lo hacía. Ni en su casa escuchaba música, hasta el punto que pensó que no le gustaba. Le miró y le vio que canturreaba bajito la melodía. Que su frente estaba distendida y en su boca había un amago de sonrisa.  La primera vez que le veía tan eufórico. Si,  eufórico, algo tan natural en otra persona, pero que en él era todo un acontecimiento. Y ese optimismo también abrió un rayo de esperanza en la vida de Kyra.

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Doctor O`Reilly - Capítulo 12 - Propuesta

 Se acercó casi con miedo y la dio un beso en la mejilla. El roce con su piel, el aroma de su perfume, le hicieron cosquillas  en el estómago en contra de su voluntad.  Debía permanecer sereno y firme. Se jugaba mucho en esta entrevista y ella era un contrincante digno de tenerse en cuenta. No sólo estaba en juego su pretensión personal, sino la felicidad de su hija que no tenía culpa de nada y estaba ajena a lo que él tramaba.

Permanecían uno frente al otro taladrándose con la mirada, sin hablar, sólo mirándose. El silencio lo rompió el médico:

- ¿ Me dejas pasar ?

- Si, si, claro.  Perdona no sé en que estaba pensando

- Pues seguramente en lo mismo que yo. No nos engañemos, me siento atraído por ti, por tu carácter, por lo segura de ti misma que eres, y porque eres una mujer preciosa. Si a eso añades que eres el delirio de mi hija, pues ata cabos.  Estoy muy nervioso. Es la primera vez que una mujer se me resiste, pero no es por ese motivo, precisamente, sino porque en ello me va la vida y el bienestar de mi hija. Te has convertido en una pieza clave para mi vida

- Aidan, pongamos las cosas en su justo término. Pero pasa. Estamos en la puerta.

Ambos estaban nerviosos y se reflejaba perfectamente en la forma de comportarse de ambos. Kyra delante, Aidan grabando su figura en su memoria. Le condujo hasta un salón sencillo, con pocos muebles, juvenil y sin pretensiones. Nada que ver con su salón, pero precisamente eso  era una de las cosas que le atraía  de ella: la sencillez y verdad que siempre expresaba.

- ¿ Quieres tomar algo? - le preguntó sonriendo

Con los nervios que Aidan tenía no le apetecía nada, pero tampoco quería desairarla y respondió escueto:

-Vengo de casa de mis suegros de una comida familiar, así que desearía un vaso de agua, por favor.

Ella le sonrió más ampliamente. Le conocía bien y sabía que estaba nervioso ante la trascendente conversación que iban a tener. Pensó que más adelante probablemente tomaría un whisky.  Ella también lo estaba, pero había tomado una decisión y el tener esa certeza, hacía que estuviera más segura del terreno que pisaba.

Al verle tan frágil, tan inusual en él, se hubiera tirado a sus brazos y le hubiera abrazado, porque ella sabía a qué se debía esa visita, esa petición y en que consistía, y pese a todas las trabas que el contrato tuviera, sabía que le diría que sí . Que aceptaba lo que él dispusiera, que renunciaba a todo lo que más ansiaba, pero al menos, aunque siguiera siendo la tutora de Stella, podría verle y hablar con él e incluso discutir. 

Su falta de empatía hacia ella, y sus trabas sexuales, no eran nada comparable, a la angustia que había vivido durante un año por no poderle ver. Por no haber podido rebatir sus órdenes, y también su amabilidad, porque había veces que le odiarías y otras le amarías profundamente, y eso justamente es lo que la ocurría a ella.

Era como un niño perdido despertando a la vida. Le miraba y notaba que su corazón se derretía, y daría cualquier cosa porque el beso de la mejilla se lo hubiera dado con pasión y no por cumplir , como ritual en la buena educación. Se enamoró de él casi en el preciso instante de su primera riña, pero ella guardaba dentro de sí ese secreto, porque a medida que le iba conociendo más, sabía que nunca ese hombre magnífico, amaría a otra mujer que no fuera su difunta esposa. 

Mientras estuvo a su servicio, había días en que hubiera dado media vuelta y se hubiera marchado de su casa, y sin embargo otras era tan amable y obsequioso que le amaba profundamente. Había estudiado detenidamente la situación que se la planteaba si le decía que si. Que aceptaba esa cláusula arbitraria, y que la cambiaría  si fuera posible renunciando a todos los derechos que él pudiera adjudicarla. Que todas las riquezas y reconocimientos del mundo entero, no tendrían valor al lado de sentirse amada y deseada, siquiera por una noche entre los brazos del doctor 
O´Reilly, que la poseía cada vez que pensaba en él. Y que por esa razón perdería autonomía con gusto, por las comidas, o las cenas, o alguna que otra charla en el salón viendo televisión, o narrando un cuento a Stella antes de dormir, porque de esa forma se sentía esposa, aunque después de eso, cada uno se dirigiera a una habitación distinta. Sí, sabía donde se metía y lo 
aceptaba no de buen grado, pero sería la única manera de tenerle.

Y volvió a pisar la Tierra, cuando la voz de él se escuchaba solemne, preocupada, pero decidida.

- Te vuelvo a hacer la misma pregunta que formulé hace un año ¿ Quieres casarte conmigo? Todo lo que yo posea será tuyo. Tendrás todos los derechos del mundo a tu disposición, pero tan sólo hay algo que estará vedado. Podrás y podré hacer la vida que cada uno como queramos. Siempre y cuando no dejemos en evidencia a la otra parte. Dispondrás de una asignación mensual para tus gastos, para lo que tú quieras, siendo el mantenimiento de nuestro hogar por mi cuenta. Seguirás siendo la orientadora de Stella y la llevarás y recogerás del colegio a diario, excepto si tienes algún compromiso de tu parte con amigos, o simplemente ese día, por la causa que sea no puedas ir a llevarla o recogerla, en tu lugar lo haría Felicity.

-Que podrás como señora de la casa, organizar las comidas y todo en cuanto se refiera al hogar. Recibir amistades etcétera. Todo lo que una ama de casa hace habitualmente. Quizá tengamos que asistir juntos a algún acto referente a mi trabajo, eso si te apeteciera. No deseo forzarte  a realizar lo que no quieras.
Tan sólo hay algo que no tendremos, y no saltaremos bajo ningún concepto: relaciones sexuales entre nosotros. Dormiremos en camas separadas y podrás elegir la habitación que gustes, menos la mía.


Sé que te pido demasiado, porque a mi mismo me lo exijo, pero ya lo sabías . He traído una copia del "contrato". Analízalo concienzudamente y si aceptas lo firmas. Yo ya lo he hecho. Nos casaríamos en cuanto los trámites estuvieran listos y si aceptas, el lunes iniciaría las licencias y demás. Quiero que lo aceptes, necesito que lo aceptes, pero también entenderé que lo rechaces.
Si decides ser mi esposa, nos casaríamos en el espacio más breve que pudiéramos. Yo seguiría trabajando y tú puedes hacer lo que desees: trabajar o permanecer en casa.  Y esta es mi proposición.
- Dame ese duplicado - dijo ella seriamente

- Estúdialo primero. No firmes sin saber lo que haces. Va a ser para siempre, y aunque lamentaría que lo rechazaras, lo entendería. Es algo muy fuerte para una mujer joven y hermosa como eres tú, pero de momento es lo que hay.

- ¿ De momento? ¿Quieres decir que hay una posibilidad que  se reviertan las cosas?

- Hoy por hoy, no. Pero tampoco puedo asegurarte que sea así para siempre.

- Dame el bolígrafo-. Y con la cara algo triste, estampó la firma en ese contrato sui géneris seguramente único en el mundo, y única ella por admitirlo.

- Ahora si, por favor dame un whisky si tienes - la dijo él  suspirando aliviado.


¿ Qué he hecho? Se preguntaba ella mientras disponía todo para la copa; ella también necesitaba otra. Se consolaba así misma diciéndose que estaba segura que con el tiempo él se olvidaría de esa maldita cláusula y todo sería como es debido. En el aspecto sexual, no le conocía, bueno en muchos aspectos era desconocido para ella. Pero le creía un hombre ardiente; era joven y llevaba bastante tiempo viudo, y aunque saliera con alguna mujer de vez en cuando, era todo muy diferente a tenerla al lado siempre que quieras y como quieras.  Eso era su única respuesta que se repetía mil veces como para convertirla en realidad.  Ya no había vuelta atrás: había dado su palabra de acatamiento y cumplimiento del contrato, en esa firma.

Cuando Aidan terminó su copa, se levantó la besó y la dio las gracias.

- Mañana estate lista a las diez. vendré a buscarte, charlaremos nosotros solos de lo que se te ocurra, y a las doce iremos a recoger a Stella y conocerás a mis suegros. Quiero que te conozcan.

- ¿ Y por qué a las diez? Si son las doce cuando...

- Porque deseo estar contigo todo el tiempo que pueda. Cuanto más nos veamos, más nos conoceremos, y la vida será más fácil - respondió como siempre cortante y seguro de sí mismo

Eran órdenes más que peticiones. ¿ Adónde había ido la inseguridad que sintiera cuando llego a la casa? Debiera acostumbrarse a esa forma de solicitar las cosas, pero eso ya lo sabía de antes, y además sería lo menos sacrificado en todo este extraordinario embrollo en que se habían convertido sus vidas por mor del doctor O´Reilly y sus sentidos de culpa.


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Autora: rosaf9494quer
Edición: Diciembre 2020
Ilustraciones: Internet

domingo, 6 de diciembre de 2020

Doctor O´Reilly - Capítulo 11 - Un teatro, un encuentro

 Estaba sentado en el salón tratando de ver la televisión. Hacía frio y se pronosticaba lluvia. Estaba  deprimido, al igual que el tiempo. Miraba la pantalla, pero lo que veía en ella no le animaba. Pusieron un programa de humor que no le hacía reír en absoluto. En uno de los cortes para la publicidad, dieron un reportaje de una obra de teatro que tenía bastante éxito; era de humor y garantizaban risas a raudales. Justo lo que él necesitaba. Stella pasaría ese fin de semana con los abuelos. Él iría a la mañana siguiente a comer con ellos. La relación con sus suegros era excelente. Le querían y él a ellos. Eran los padres de su mujer y además, eran unas excelentes personas. 

La casa se le venía encima. Al no estar la niña, había dado el día libre a sus empleados, y no había nadie en la casa, sólo él. Buscó en su agenda una dirección.¿ Qué iba a hacer él solo en casa? Encontró el número que buscaba y por tanto a la persona que necesitaba:

-¿ Diga?-.  Escuchó la voz que buscaba al otro lado de la línea. Se identificó y la invitó al teatro, a cenar y a algo más. Ella se mostró algo reticente. Deseaba hacerse de rogar, pero al fin lo pensó mejor y se dijo que bien valía la noche con un ejemplar como Aidan O´Reilly. Aceptó rápidamente y quedaron citados a mitad de camino de las casas de ambos. Su hogar era sagrado para él, y no lo pisaría ninguna mujer que no formara parte de él y Emma sería  una amiga ocasional necesaria.

Ya estaba vestido para la ocasión. El teatro estaba céntrico, pero iría con tiempo al lugar en donde habían quedado citados con el fin de aparcar el coche. Veinte minutos más tarde, se presentaba Emma.  Le disgustaba profundamente que la gente fuera impuntual y ella lo era en extremo. Aunque no le gustó la demora, no la dijo nada y pensó que puede que lo hiciera para hacerse de rogar.  Él rio entre dientes porque demasiado sabía que estaba loca de contenta con que la hubiese llamado, pero hizo caso omiso de ello.

Era la hora adecuada para la cena, después de tomarse un cóctel. Tenían tiempo para acudir después al teatro. Comentaron lo que cada uno de ellos sabía acerca de su argumento que les pareció jocoso. Necesitaba distracción, y al menos olvidar sus preocupaciones durante unas horas. Después de la función, tenía reservada una suite en un hotel cercano al teatro y allí rematarían la noche.

Y resultó ser cierto que la obra era ligera y muy cómica, con lo que el teatro se llenó de carcajadas casi toda la función.  Dos filas o tres delante de ellos, había una pareja entre otras que llamó su atención. Ya habían avisado de que la función empezaría en unos instantes, pero aún en penumbra, el perfil de la mujer, le resultaba conocido, y sintió algo extraño en el estómago. ¿ Sería una casualidad, u obsesión ? 

Se distraía a ratos  de lo que se representaba, y desviaba su mirada hacia la pareja de delante. No parecían novios, se reían y alguna vez que otra se miraban riendo, pero nada hacía sospechar que estuvieran comprometidos.  Aleteaba dentro de él algo parecido a la esperanza. No podía ser posible, no podía ser verdad que justo ahora, cuando más deprimido estaba, la viera para ahondar más en su herida.

La obra había terminado, y en el teatro había el consabido murmullo de los comentarios de los espectadores. Aidan cedió el paso a su pareja para que saliera primero, pero antes de hacerlo se volvió a contemplar a la pareja que había tenido en unas filas delante de ellos. Casi salían detrás suyo. Por un momento ella se giró y se cruzaron las miradas. Era una casualidad absoluta e inesperada, pero hizo que su corazón aleteara con esperanza. Ella siguió impasible como si hubiera visto a un extraño. Pero él no lo era, y sabía perfectamente quién era. Pensó que aún estaba dolida, y aunque fuera rencorosa, la prefería a cualquier otra.
Esperaban guardando un orden para salir. La tenía a menos de un metro, entonces susurró a su compañera "ahora vengo", y salió de la fila para ponerse a la altura de Kyra y su acompañante.

La tocó suavemente el hombro, y ella volvió la cabeza. No la dio tiempo a nada; él hablaba todo el rato dándole instrucciones:

- Tenemos que hablar y es urgente

- ¿ Le pasa algo a Stella?

- No, ella está bien. Es algo privado nuestro

-¿ Es lo que pienso? Si es eso no insistas

- He de proponerte algo. Mañana hablamos

Y tal y como apareció se perdió de nuevo. Pero la noche no fue igual para ninguno de los dos. Anuló la reserva del hotel achacando que no se encontraba bien, y dejó a su acompañante en  su casa. Una luz de esperanza se abría alocada en su cabeza. Al menos la había visto, siquiera fugazmente. Había pasado mucho tiempo desde la última vez. No parecía que el chico que la acompañaba tuviera más familiaridad que el de ser un amigo; seguramente sería ese amigo que la acogió al despedirla.

Al llegar a su casa estaba impaciente por hablar de nuevo con ella, y a poder ser una conversación más larga. En su móvil aún conservaba su numero de teléfono. Lo apuntó también en una agenda, pero el del móvil no quiso borrarlo, es como si la tuviera más cerca, con él permanentemente. Marcó su número y la voz de ella fue como música para él

-¿ Diga ?

- ¡ Hola, soy yo !

- Ya te he reconocido. ¿ Qué quieres?

-Tenemos que hablar

-Eso ya me lo has dicho antes, No insistas si es lo que imagino. Mi respuesta es no

- Espera, no cortes. Las cosas han cambiado. Es un trato más equitativo. Escúchame antes de decir nada. Mañana estoy libre . ¿ Podemos hablar?

-Eres muy pesado. Por mucho que hayan cambiado las cosas serán más o menos lo mismo, y no me interesa.

- Por favor. Escúchame primero y después si no te conviene, cortamos.

- Está bien. Dónde nos vemos y a qué hora

- Pasaré a buscarte, a las tres. La conversación será larga, así tendremos más tiempo para discutir lo que sea

-¿ Vamos a discutir?

-No necesariamente, pero lo cierto es que en nuestros encuentros siempre terminamos así. ¿ Te parece que hablemos en tu casa o en la mía? Es trascendental lo que he de proponerte y no quiero que nos interrumpa nadie. Es demasiado importante para mí. Mañana como con mis suegros ¿ te parece que vaya a tu casa a la hora indicada?

- De acuerdo. A las tres te espero.

La puntualidad era una de sus normas, así que a  la hora fijada, en punto, el timbre del apartamento de Kyra sonaba repetidas veces. Estaba impaciente. No sabía lo que resultaría de esa cita, pero ansiaba frenéticamente que aceptara su proposición. Pero también había un escollo sobre el que no cabía discusión alguna : sus relaciones de pareja.  Creía que esa cláusula era inadmisible, y más en un temperamento como el de Kyra, pero era imposible para él quitarla, al menos de momento. Quizá con el tiempo fuera borrada no sólo del pacto matrimonial, pero también de su cabeza y eso precisamente era lo que le preocupaba. 

¿ Por qué razón podía hacer el amor con una mujer sin reprocharse nada y si fuera su esposa no lo admitiría? Sería antinatural, navegar contra corriente. Una tentación demasiado grande para estar a su lado y no sentir  una invasión de sentidos. Kyra era una mujer preciosa y creía que temperamental, y él la desearía, de eso estaba seguro. Y precisamente por eso, es que debía permanecer esa cláusula.  Sería la penitencia que debía cumplir.
Y creyó tener la explicación: una amante era transitoria, no le quitaba el puesto a nadie, pero una esposa suplantaría a la que había sido suya hasta su fallecimiento  y eso no lo admitía. ¿ Sería así siempre? Sus mismos suegros le aconsejaban una y otra vez que debía organizar su vida, por él y por Stella que la encontraban desorientada y perdida.  Era demasiado pequeña para entender la vida de los mayores. Sólo sabía que había encontrado a alguien que la entendía perfectamente y que ya no estaba. Y que todas las sustitutas que le había puesto su padre las rechazaba de plano

-¿ Qué mayor dato que ese ? - le recriminaba su suegra.

-Todo eso lo comprendía, pero era superior a sus fuerzas. Sabía que Kyra ocupaba una parte importante en su vida, pero lo achacaba a la empatía que había tenido con Stella. No admitía de ninguna manera que sintiera nuevamente que el amor había llamado y entrado en su vida. No le quitaría el lugar a su esposa por nada del mundo. Y si se acostaban en una misma cama, se lo quitaba cada vez que lo hicieran.  Eso era como un puñal clavado en su alma; el sentido de culpa siempre estaba presente.

Tragó saliva, carraspeó, y espero un instante, antes de pulsar el timbre de la casa de Kyra. Sabía que no sería una conversación fácil.  En el bolsillo interior de su chaqueta, guardaba doblada una copia del contrato pre matrimonial. Si aceptaba, quedaría todo solucionado esa misma tarde. Si así no fuera, la desgana por seguir luchando, ganaría la batalla.


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Autora: rosaf9494quer
Edición : Diciembre 2020
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Doctor O´Reilly - Capítulo 10 -¿ Qué le llevo a tener ese carácter tan chocante?

 Para comprender el por qué de ese tipo de vida, tan extraño e inusual, retrocederemos hasta la primera parte de esta historia. En ella se detalla lo ocurrido y el largo camino emprendido. Y dice así:

Aidan O'Reilly, el solitario doctor que había enamorado a más de una enfermera, pero ninguna de ellas obtuvo ni siquiera una mirada.  Todos conocían la verdad sobre ese comportamiento taciturno y reservado.  Esa manera de ser cortante y seco en su tratamiento con los subalternos, y sin embargo era compasivo y cariñoso con sus pacientes.  Atendía a las familias de los enfermos con toda la paciencia del mundo, dándoles toda clase de explicaciones para dejarles tranquilos, referente a la recuperación del allegado que estaba ingresado.  Sin embargo, para él mismo, no tenía tregua. Su única alegría era estar con su hija que ya tenía cinco años y se cumplían cuatro de la desaparición de su mujer, continuamente recordada. 

En la fecha del aniversario de su fallecimiento, con la niña de la mano, acudía al cementerio donde reposaba y depositaba un ramo de flores.  Stella no recordaba siquiera el rostro de su madre, a no ser por la fotografía que tenía a la cabecera de su cama.  A menudo su padre le hablaba de cuando ellos eran más jóvenes, cuando se casaron y cuando llegó al mundo.  Pensaban tener cuatro o cinco hijos, pero el destino quiso que sólo ella  alegrara su hogar.

Y se acercaba un nuevo aniversario, y como tenía por costumbre, organizaba sus guardias de forma que pudiera estar unos días fuera de casa, en la cabaña, que apenas disfrutaron en vida de ella.  Allí se recreaba en recordar las horas felices que vivieron juntos. Clamaba con desesperación su ausencia y lloraba.  Se habían casado muy enamorados, por eso fue un gran mazazo cuando le avisaron al hospital del trágico accidente sufrido por su mujer.  No podía creérselo, era un error.  Ella no podía haber muerto.  Pero cuando llegó al lugar de los hechos, comprobó con horror el rostro ensangrentado de ella y su cuerpo inerte tirado en la calle, cubierto con una manta.  Trataba de desasirse de los brazos de los agentes que trataban de  evitar que se acercara a verla. 

Sentado en la sala de la Morgue, repasaba mentalmente los días vividos  cuando unieron sus vidas, su luna de miel, apasionada, la llegada al mundo de su pequeña y...  el horror vivido en esa mañana.  Llevaba todo el día allí sentado, y nadie pudo hacerle desistir de ello.  Habían vivido juntos muy poco tiempo, y su pequeña hija, un bebe, ya sin madre. ¿ Qué iba a hacer ?  Se mesaba los cabellos, pero no derramaba ni una sola lágrima, se habían secado en sus ojos.

Se centró totalmente en su trabajo, en facilitar la vida de las personas y aliviarles en sus dolencias.  Trabajaba más horas de las debidas, con tal de no estar en su casa.  Sabía que tenía un bebe al que atender y sentía una inmensa piedad por aquella criatura que era su hija, a la que no le dio tiempo a disfrutar de su madre.  Y recordaba una y otra vez, la alegría que sintieron cuando les fue confirmado el embarazo de ella.

El tiempo había pasado, pero él seguía sin encontrar una salida a su vida.  Deseaba darle un hogar estable a su hija, que no estuviera tan sola cuando él trabajaba, pero la sola idea de meter en su cama a otra mujer, le crispaba.  Nadie ocuparía el lugar de ella, nunca.  Pero en este aniversario, algo había cambiado.  Un día, de hacía poco más de un año, lo que debería haber sido un servicio rutinario, se convirtió en algo especial  que cambiaría su vida . En urgencias requerían su presencia para atender a una paciente con una fuerte intoxicación alimentaria.

No había vuelto a saber de Kyra;  ni siquiera habían coincidido en algún sitio. No se desenvolvían en los mismos círculos.  Ella en la docencia, él en la medicina.  Posiblemente esté  casada y esperando algún bebé.  ¿ Se habrá  olvidado de Stella?  En verdad quería a su hija, y hubiera sido perfecto que su proposición de matrimonio  no la hubiera tomado a broma.

Pero la idea era descabellada: casarse con alguien y no darle más espacio que el de educadora.  No era justo para ella, ni para él.  La relación con Moira había fracasado.  Sencillamente no se entendía con su hija, que la rechazaba de plano.  Stella seguía recordándola, aunque cada vez menos, acostumbrada sin duda a su permanente ausencia.

Era el quinto  aniversario, y decidió, por el bien de su hija, dar un giro a su vida.  Sentía la ausencia de su mujer, pero el dolor no era tan desgarrador como al principio, y la idea de volver a organizar su vida y la de Stella, comenzó a abrirse paso en su cabeza.  Lanzaba al aire sus lamentos, hablaba con la fallecida como si pudiera escucharle buscando una respuesta a todo lo que estaba viviendo.  Una imagen giraba y giraba a su alrededor:  Kyra. 
 ¿ Por qué ella ?  El poco trato que habían tenido, era siempre de enfrentamientos.  Sus caracteres chocaban por cualquier cosa, no era lógico, pero también recordaba lo cariñosa y paciente que se mostraba con la niña, y por ella haría cualquier sacrificio.  Era hora de que al menos ella fuese feliz.

Poco a poco comenzó a abrirse paso en su cabeza una idea que desde hacía tiempo le rondaba. No se habían vuelto a ver. No sabía nada de ella, y sin embargo la recordaba con demasiada frecuencia, disculpándose él mismo por ello. Pero cada vez que miraba a su hija y recordaba a las dos juntas, jugando y como se reían, se fijaba en su cabeza la misma idea.

La buscaría establecería contacto con ella. Felicity era su amiga, así que debe saber algo sobre ella. ¿Se habrá casado? Seguramente; quizá con aquél amigo que la acogió en su casa cuando la despedí. Y si no fuera así ¿ cómo se presentaría de nuevo a ella? Tendría que ofrecerle algo más que el contrato que tenía preparado.  Ella no era una mujer cualquiera que pudiese interesarla lo que a otras  interesaba.  Ella era de todo o nada. Y en ese todo entraba un apartado del que no estaba dispuesto a dar. ¿Se conformaría con ser sólo esposa de puertas afuera, o tendría que incluir las relaciones sexuales, por otro lado lógico en un matrimonio? 
Pero en ese apartado es donde la duda estaba presente. Por un lado le atraía como mujer, era bella y suponía que bastante sensual. ¿ Estaría él dispuesto a renunciar al placer? ¡ Desde luego que sí ! Él solo se preguntaba, y él solo se respondía. No faltaría a la memoria de su mujer por nada del mundo, ni siquiera por Kyra. Reconocía que se sentía bastante atraído por ella, extraordinariamente atraído. Pero no faltaría a su palabra por mucho que le costase.

Tenía que frenar su imaginación que con demasiada frecuencia le gastaba bromas pesadas. Al fin y al cabo era un hombre y desde hacía tiempo no había estado con  ninguna mujer. Y Kyra siempre estaba ahí, en su pensamiento. Se mostraba seductora, sensual; le iba a ser muy difícil dar la espalda a la belleza que ella tenía, y mirarla simplemente como la cláusula de un contrato.

Lo estipularía claramente: nada de relaciones sexuales. Serían como socios de un negocio: ella tendría el cariño de Stella, y él...
Seguro que diría que no, pero podría remediarlo añadiendo un apartado:
"Si cualquiera de los cónyuges tuviera necesidades físicas, tanto uno como el otro, sería lícito  obtenerlas de su pareja. Podrían hacer libremente su vida independiente uno del otro, con la salvedad de que en público se mostraran como lo que son ante la ley: marido y mujer, aunque en la intimidad sean simplemente socios"

Una parte le decía que no, que no sería posible,. Pero por otra era la única condición que pondría. A cambio tendría a su disposición una cuenta bancaria en la que sería ingresada una cantidad mensual a convenir y la libertad de obtener fuera lo que no tuviera con su esposo,  ó en el caso de él, de su esposa.
Lo leyó infinidad de veces, y cuanto más lo releía, más difícil veía que cualquiera de ellos dos lo respetase. ¿ Y si eso ocurriera?

- Pero no puede ocurrir, de ninguna manera.

Pero al mismo tiempo su conciencia le repetía una y otra vez que no solamente estaba él, que cumpliría con el pacto. Pero ella es una mujer bella, seductora y, además las mujeres cuentan con armas a las que los hombres no se resisten. ¿ Qué harías si ella te provocara?

No quiso seguir leyendo. No hacía falta que ni su conciencia ni nadie le dijera lo que ocurriría si se diera ese caso.


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Autora; rosaf9494quer

Edición: Diciembre 2020

Ilustraciones: Internet (5o Sombras de Grey)


Doctor O´Reilly - Capítulo 9 - Una broma de mal gusto

 Sin lugar a dudas era una broma de mal gusto. Kyra se le quedó mirando durante unos instantes para romper a reír a continuación.¡ Se había vuelto loco ! ¿ Se burlaba de ella? Mientras reia le miraba  y en el rostro de Aidan no había ni un asomo de burla, pero el cuadro era de lo más cómico: la niña gimoteando, él, vestido como para operar y ella retorciéndose de risa. Algunos de los transeúntes les miraban extrañados.

- Si, acepto - le dijo ella mientras seguía riendo

Al médico se le iluminó la cara ¡ Lo había conseguido! Era una batalla que daba por perdida y sin embargo... Pensó que ella era imprevisible. No terminaba de entender lo que estaba sucediendo. En su cabeza recordaba la escena de la despedida y la cara de ella roja por la vergüenza y furiosa al mismo tiempo. ¡La había despedido!, y ahora la pedía que fuera su mujer.


 No lo podía entender, algo no  cuadraba. No lo controló, fue una reacción inmediata: avanzó hacia ella y la besó fuertemente. Lo entendió cuando ella, al parar de reír le dijo que era una broma.

- ¿ Crees en serio que me casaría contigo? Para ser tan inteligente eres flaco de memoria. Hay una serie de cosas que lo dificulta y parece ser que tú no lo consideras importante, pero yo sí. Primero me despediste sin razón y de muy malas maneras

- Lo sé, fue un error. ¿Quieres que me disculpe por ello? Está bien, lo siento. Metí la pata.

- ¿ Así sin más? Pero hay algo más extraño aún y eso no es admisible. Te debates constantemente entre tu hija, buscar su felicidad, y eso es lógico. todos la buscamos.  Deseas unirte a alguien, pero sigues pensando en tu primera mujer a la que adoras, y es comprensible. Pero ¿ cómo crees que una mujer pueda aceptar esa solución? Desde luego yo no lo admito. Así que no, definitivamente tendrás que buscarte otra.

-¿ Por qué has dicho que si? ¿ Te burlas de mi ?

-No en absoluto sigo tu ritmo. No has hablado en serio ¿ verdad?

- Nunca he hablado más en serio. Pero ya veo que no me crees. Está bien dejémoslo aquí.

En cuestión de segundos había pasado de la felicidad más absoluta, a la decepción más desesperante. Estaba ceñudo, y lo cierto es que no era para menos. La niña agarrada a cada uno de ellos llorando y queriendo arrastrarlos hasta el coche. Él con el entrecejo fruncido y Kyra con cara de asombro.


 No sabía por qué lo hizo si fue el gesto de disgusto de él, el llanto de la niña que seguía agarrada fuertemente, o fue por ella misma, por los sentimientos descubiertos hacia ese hombre en lucha constante con lo que creía un deber y la renuncia permanente a encarrilar la vida de nuevo. Todo se mezclaba en su cabeza y su  amor por aquellas dos personas que tenía delante viviendo su propia tragedia. 

Miró la carita mojada por el llanto de la niña y sus ojitos suplicantes, que se conformaba con que  Kyra se metiera en el coche, ignorante de que era algo más que llevarla a un determinado lugar.

Era encerrarse en una vida de la que ni siquiera podría disfrutar de la familia. Y mucho menos de, si lo llegara a ser, un marido que no la quería, que lo hacía por conveniencia y que cada vez que se acostaba con otra mujer, pensaba únicamente en la suya muerta.

 ¿Era eso lo que quería? Y allí estaba, ceñudo, frente a ella, con la puerta del coche abierta esperando que ella aceptara dejarla en el lugar que le indicara. Y entonces algo cambio dentro de ella.

- Lo lamento, ha sido una broma de mal gusto. Pensé que lo decías en broma tu también. No puedo aceptar tu forma de ser y pensar. No resultaría.

- Está bien, como quieras. Y ahora ¿ entras en el coche o no?

- No, llamaré a un taxi

- Está bien. Tú misma.- respondió él furioso

La niña no paraba de llorar tendiendo sus brazos hacia ella, y a Kyra se le rompió el corazón, otra vez. Ni siquiera se estrecharon las manos, ni se dijeron adiós. Aidan puso el coche en marcha y se alejó de allí. En cuestión de minutos había tocado el cielo con las manos y había vuelto a los infiernos. Su destino siempre sería el mismo: tratar de ser feliz, para un instante después sumergirse en la desesperación más absoluta.

Su mente era un caos. Siempre en constante debate. De un lado su corazón tiraba de un extremo y de otro su pena, su compasión. Creía tener derecho a ser feliz y había comprendido que Kyra era con quién deseaba serlo. Pero al mismo tiempo la culpa, siempre la culpa y ese absurdo pensamiento de que si era feliz, obraba mal. 



Miró por el espejo retrovisor y vió que su hija seguía llorando, y eso le dolió más que la broma gastada por Kyra. Nunca lo había hecho hasta ese día, pero tenía tanta rabia y frustración dentro de él, que no pudo evitarlo y con cara de pocos amigos gritó a su hija que se callara de una vez.  Era la primera vez que la gritaba y causó tanto impacto en ella, que calló de inmediato, transformando su lloro en  hipo.

¡ Cómo había sido tan bruto ! Gritar de ese modo a su hija sin darse cuenta que ella también la quería y lo estaba pasando mal desde que la vió. ¡ Cómo no había sido más consciente de eso!  Buscó un sitio en donde aparcar el coche y lo hizo. Salió del vehículo y se sentó en el asiento de atrás junto a su hija que no se atrevía a moverse.

Se le rompía el alma al verla en ese estado, y la abrazó con todas sus fuerzas tratando de que olvidase el mal trago. Ambos necesitaban calmarse. Siguieron abrazados durante un rato hasta que Stella se tranquilizó al hacerle una pregunta y que con todo el dolor de su corazón hubo de mentirla:

- Papi, ¿Kyra volverá a vivir en casa, me querrá siempre?

- Cielo, Kyra te querrá por toda la eternidad. No creo que vuelva a casa; tiene que cuidar a otros niños

-Pero yo la quiero y la ví primero

- Lo sé mi vida, yo también la quiero, pero no depende de nosotros.

"Yo también la quiero", era la primera vez que lo decía en voz alta y le salió espontáneamente, no por decir. Acudió a su memoria el rostro de ella y tuvo que ocultar su cara en la de la niña para que no se diera cuenta de la decepción que sentía y la rabia contenida. 

Ni siquiera había presentido, al levantarse en ese día, que iba a verla, a proponerle ser su mujer, recibir el sí, y el no, en cuestión de minutos ¿ qué digo de minutos? en segundos. Por un momento, la felicidad había invadido su cuerpo, pero la decepción aún era más terrible y mayor con la negativa. Puso la primera marcha y salió de allí rumbo a su casa. Dejaría a la niña al cargo de Felicity y después volvería al hospital en donde le esperaba una operación de riesgo. Eso, para rematar el día.

No volvieron a verse. Cada uno siguió con el ritmo de vida que llevasen. Stella no se integraba en el colegio. Eran constantes las llamadas al orden a la niña y las quejas al padre por la directora. Su carácter era cada vez más difícil. Tenía que encontrar una solución. Echó la vista hacia atrás y buscó en su agenda de contactos algún nombre que aceptase sus reglas  del juego.  Desde la última vez que vió a Kyra no había vuelto a pensar en ello, pero la niña cada vez tenía peor carácter, así que recurrió a su primera fórmula, digamos que buscar "una madre" de alquiler.


Hojeando la agenda se topó con un nombre:  Moira. Se conocían desde hacía tiempo, y era la única que aceptaba "su contrato", pero....Como todo en la vida, nada se consigue fácilmente : la niña no la toleraba y ella tampoco a Stella. Muchas veces cenando los tres, la niña sacaba a relucir el nombre de Kyra, ante la mirada fulminante del padre y la desentendida de la que pudiera ser su madrastra.


Aidan carraspeaba y miraba de soslayo a una y otra. Y de esta forma tan peculiar iba pasando el tiempo sin hallar una solución para el tremendo problema del médico.  No había vuelto a saber nada de Kyra, y únicamente cuando estaba solo en su habitación, abría su mente  a su recuerdo.

Moira hablaba de boda y se hacía urgente que él aclarase en qué condiciones sería su esposa. No esperaba que las rechazara, porque en realidad lo que ella buscaba era la posición de Aidan, tanto económica como socialmente. Para conseguirlo pasaría por todo, hasta con el recuerdo de su mujer muerta y de una niña inaguantable.

Decidieron convivir al menos durante una corta temporada, para ver si era tolerable la vida familiar para cada uno de ellos. Ni el padre ni la hija estaban precisamente alegres: echaban de menos otra cara, otra forma de tratar a Stella, en definitiva Kyra estaba más presente que nunca. Moira no paraba a penas en casa. En cuanto dejaba a la niña en el colegio, ella se reunía con las amigas hasta la hora de la comida si es que Aidan acudía, si no era así, no se verían hasta la noche si no tenía guardias.

Pero el detonante que hizo saltar por los aires todo el plan del médico fue una tarde que no era esperado llegase a casa a esa hora. Nada más entrar escuchó el llanto de la niña, y la voz airada de Moira. En la puerta del salón estaba Felicity con cara de angustia. Quiso intervenir en la discusión y Moira la echó de la habitación.

Aidan abrió la puerta de golpe y vió como su hija era zarandeada por la que pretendía ser su madrastra. Con el rostro congestionado, la tomó de un brazo y la sacó de la habitación, mientras Felicity entraba y abrazaba a la pequeña.

Del brazo fuertemente tomada por el médico, la subió hasta su despacho con la cara congestionada. No lo toleraría, y si esto ocurría antes de la boda, no quería ni pensar lo que sería después. No estaba dispuesto a ello: nadie pondría la mano en su hija y mucho menos una buscavidas como era Moira. Escuetamente, pero firme la dijo:

- Coge tus cosas y desaparece de mi casa y de mi vida. Ahora.- Ella salió corriendo sin protestar. 

O´Reilly, apoyó su cabeza encima del escritorio y con sus manos en ella, sollozó quedamente.

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AUTORA: rosaf9494quer

EDICION: Diciembre 2020

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sábado, 5 de diciembre de 2020

Doctor O´Reilly - Capítulo 8 - Y el mundo sigue andando

 Y por mucho que lo sintiera y la echase de menos, los días pasaban y los meses también. No deseaba volver a experimentar con otras tutoras; sabía que ninguna llegaría a su altura. Tampoco hubieron más cenas de amigas con pretensiones de ser algo más. Como último recurso metería a su hija en un internado de mediodía. Pero de momento iría a un jardín de infancia, como ella le recomendó en su día. Procuraba llevarla cada mañana y la recogería Felicity por las tardes, Le daría la merienda y la llevaría al parque si hiciese buen tiempo. Pero nada era igual, y Stella lo acusaba; no tenía la misma espontaneidad de antes.  Pero no había otra alternativa.


Kyra buscaba de nuevo trabajo, a poder ser en lo mismo en el que había sido despedida.  Cada mañana salía temprano y recorría los anuncios, y con el periódico en la mano, entraba en alguna cafetería y desayunaba repasando la sección de empleos.

Había encontrado algunos, pero en todos era lo mismo: necesitamos referencias. Y justo es lo que no quería hacer. Había pasado  dos meses desde que la despidiera. Había alquilado un apartamento pequeño y de momento iba saliendo adelante, pero el dinero se acabaría pronto, y no quería pedir ayuda a Jimmy a pesar de que él se lo ofreciera, una y mil veces. Y la invitaba los fines de semana para pasarlo juntos. Unas veces a comer, otras al teatro, en fin, ella ponía excusas y no siempre aceptaba la invitación. No quería hacerle concebir esperanzas.Prefería no salir con él;  no podía ser que el pensara otra cosa,  porque ese hueco en su corazón ya estaba ocupado, muy a su pesar, y no lo estaba precisamente por él.

Repasó mentalmente sus finanzas y comprendió que tendría efectivo, después de pagar el alquiler de su casa, para comer una semana, aproximadamente. Y no  la quedó más remedio que llamar a la casa del médico  y pedir un favor a Felicity.

-¿ Cómo estás ? - la saludo el ama de llaves cariñosamente

- Bien estoy bien. Necesito me hagas un favor. Tengo que  encontrar trabajo,  y no lo obtendré si no entrego referencias. Como fue todo tan precipitado no pedí el certificado. ¿ Lo pedirías por mi al administrador?

- Desde luego. No hay problema. Cuando colguemos haré la gestión y te volveré a llamar . Quedamos te lo entrego y nos tomamos un café y me cuentas cómo te trata la vida.


Y no fue difícil. El administrador se lo confeccionó en el acto. Sabía que había sido un despido en un arranque de nervios y totalmente inmerecido, pero el jefe era el jefe y quién pagaba.  Por mucho que le objetara, Aidan no quiso saber nada. Lo hizo y se lo entregó a Felicity, con sus saludos más especiales.

- Una lástima, comentó al ama de llaves. La niña estaba mejor antes, pero...

Volvió a ponerse en contacto con Kyra y quedaron citadas para el día siguiente a la hora de recoger a la niña para regresar a casa.

Estaba impaciente por ver a la niña.La quería de verdad; se vió obligada a dejarla por las circunstancias impuestas por el padre. Llegó al jardín de infancia con tiempo suficiente. Estaba nerviosa y le parecía que el estar esperando a las puertas de la escuela, podría verla  antes. Miraba el reloj insistentemente y Felicity no llegaba.

- ¡ Qué extraño ! -, se dijo-. Ella es muy puntual. ¿ Será que no ha venido al colegio por estar enferma? No es posible; seguro que es el tráfico.

 Pero el tiempo pasaba y el ama de llaves no venía. Daba paseos arriba y abajo por ver si de este modo se calmaba. Se detuvo en uno de sus paseos. Un coche que identificó rápidamente se detuvo a las puertas de la escuela. Se escondió detrás de un árbol para no ser vista. No se equivocaba. Del coche descendió Aidan O´Reilly, con el pijama de quirófano y rápidamente se introdujo en el colegio .

-¿ Qué pasará ? El corazón parecía salírsele del pecho. ¿ Por qué Felicity no se lo comunicó? Algo había ocurrido; una caída, un empujón, cualquier accidente entre los niños de su edad. 

La impaciencia la consumía, así que decidió entrar y averiguar si había algo que conectase a Stella con la llegada de su padre. Justo cuando iba a subir los primeros escalones. la puerta se abrió y en ella aparecieron O´Reilly y Stella. No tenía donde esconderse, y por otro lado, los pies no la obedecían.

La niña la vió en el acto y salió corriendo abrazándose a las piernas de Kyra. El médico la vió también y clavó sus ojos en ella, recorriendo su silueta de arriba abajo. Por un instante sus ojos se cruzaron.

- ¿ Qué haces aquí?- la dijo a modo de saludo.  

Parecía estar, una vez más enfadado con ella, pero esta vez no tenía motivo. La calle es de todos los ciudadanos y sólo había sido una casualidad que se encontraran. Sentía la presión en sus piernas que ejercía Stella, y acariciaba su cabeza mientras se miraban ella y su padre.

- Respondiendo a tu pregunta. Necesito mi acreditación. Llamé a Felicity y quedé con ella para dármela. Pero veo que se debieron complicar las cosas ya que estás aquí con ropa de trabajo.

- Tu recomendación no sirvió de nada. Es la tercera vez que vengo a buscarla en menos de quince días. Se pelea con sus compañeros, les esconde sus pinturas..., en fin todos los días me llaman para ponerme sobre aviso.

- Lo siento. Está preciosa y más alta.

- Vuelve a casa - la dijo de repente

Ella no podía creérselo. ¿ Había entendido bien?

- ¿ Me lo está diciendo ahora? ¡ Y de qué forma ! No tiene arreglo. ¡ Qué difícil es este hombre!, se decía así misma

Él la miraba expectante, pendiente del movimiento de sus labios, pero ella estaba impasible. No se había creído la petición que la había hecho. Y sin embargo era más cierta que la luz del día. Pero él tampoco estaba muy seguro si era acertado. La última vez que se vieron la plantó en la calle con lo puesto, y ahora, al cabo del tiempo, la dice que vuelva. Sigue siendo él. No cambia y no estaba dispuesta a pasarlo por alto.

Tenía que regresar al hospital. De buena gana permanecería allí, a su lado durante toda la eternidad, pero había salido justo para hablar con la profesora de Stella, y tenía una operación pendiente.  Tenía unas palabras que quemaban su boca y que no dejaba que salieran por temor a lo que después sucedió: ella no las creería.  Pero es difícil frenar los sentimientos cuando son verdaderos y los de él lo eran.

Stella no se soltaba de la mano de Kyra. La ofreció dejarla en el sitio que le indicara, pero ella estaba deseando terminar con ese fortuito encuentro, así que no aceptó. Stella comenzó a llorar y a apretar con más fuerza su mano. Y Aidan abrió la boca para que salieran las palabras que tanto le quemaban:

- Cásate conmigo.


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Edición_ Diciembre 2020

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Doctor O`Reilly - Capítulo 7- Despido improcedente

 Tamborileo en la puerta y ante él apareció la cara sonriente de Kyra. Se asustó un poco por si la niña hubiera enfermado durante su ausencia, pero la frase cortante del médico despejó sus dudas.

- A mi despacho. Ahora.

Sin esperar, dió media vuelta y bajó las escaleras como alma que lleva el diablo. ¿ Qué había pasado? Alarmada le siguió todo lo deprisa que le dejaban sus zapatos de alto tacón. No quería ni pensar si hubiera pasado algo malo. Pronto salió de dudas. O´Reilly abrió la puerta, y esperó a que ella entrase para cerrar tras ella.  Las fosas nasales de su nariz se inflaban y desinflaban a un mismo tiempo. Estaba enfadado, muy enfadado. Pero ¿ por qué? Por ella no sería, ya que no había estado en todo el día. Pero se equivocaba. Si  era ella el motivo de su enojo.

-¿ Puede explicarme si estas son horas de venir?

- Perdón...Pasan cinco minutos de las doce

- La contraté para que atendiera a mi hija,. pero dudo mucho que a estas horas lo  pueda hacer 

- ¿ La ha ocurrido algo? ¿ Se ha puesto enferma?

- Afortunadamente no. Pero ¿ y si hubiera sucedido ?

- Estoy segura que la habría atendido usted o llevado a urgencias.
Quedó bien claro en el contrato que en mi día libre no tenía hora ni de entrada ni de salida, aunque fuera de madrugada. Tengo vida privada además de trabajar aquí. Así que no sé a qué viene este enfado tan desmesurado

-La contraté porque la necesito aquí y ese fue el acuerdo, por tanto no ha cumplido con lo pactado y no tengo más remedio que despedirla

-¿ Cómo ? ¿ Se ha vuelto loco? No he faltado ni un solo segundo a mi contrato.  Pero sea.  Mucho ha tardado en hacerlo, ya que desde que pisé esta casa, desde el primer día, tenía ganas de despedirme. Ea, pues ya lo ha hecho.

- Mañana tendrá lista su liquidación y la indemnización correspondiente

- No Aidan O´Reilly. Guárdese su dinero. Me voy ahora mismo. Le recomiendo que tenga tacto cuando mañana Stella pregunte por mí y le diga que me ha despedido en mi día libre.

Y allí se quedó él dándose cuenta de lo inconveniente que había sido su reproche. Era una mujer libre y en su contrato esa cláusula se especificaba claramente. ¿ Qué demonios le había pasado? Sabía perfectamente la respuesta:

 -Estaba celoso. Si Aidan,  estás celoso. Te enfureciste cuando viste que el hombre que la acompañaba la abrazaba con cariño y se besaban a modo de despedida. Eran unos besos castos en la mejilla. Entérate de una vez que tus complejos no  interesan a nadie y has de reconocer que has metido la pata soberanamente.

Reaccionó al sentir el portazo en la puerta de entrada. Nuevamente se asomó para ver la calle y vió que Kyra llevaba una maleta y paraba a un taxi.  Entonces se dio perfecta cuenta el motivo y por qué. Pero ya no estaba aquí. Se había marchado sin dejar dirección alguna, lo que significaba que no volvería a verla. Tendría que enfrentarse a la mañana siguiente a la reacción de la niña; No quería mentirle, pero vería cómo suavemente la diría que Kyra ya no estaría con ella.

No podía dormir y tenía sensaciones encontradas. Sentía pena y al mismo tiempo alivio. Tenía miedo de lo que estaba sucediendo dentro de él, y le asustaba el desarrollo de todo ello. Estaba empezando a darse cuenta de lo que Kyra representaba, y se negaba en redondo a tener esos sentimientos. No los merecía y los rechazaba de plano.  Pero al mismo tiempo la rabia le abrasaba por dentro porque, aunque se lo negara así mismo, sabía a que obedecía todo lo que estaba viviendo. Y se revelaba en los dos sentidos.  Había prometido no volverse a enamorar, pero ¿ a quién se lo había prometido? a él mismo. Primero pensó que era por la manera de tratar a su hija, pero después descubrió que no era sólo agradecimiento, sino algo más profundo que había surgido sin buscarlo, pero que ahí estaba. Había empezado a sentirlo, y a un mismo tiempo tendría que decirle adiós.

La preocupación tomaba ahora su lugar ¿ Adónde iría a estas horas ? ¿Llevaba suficiente dinero? ¿ Por qué había sido tan bruto al tratarla de esa manera? Ella había dicho la verdad, no tenía ningún derecho a despedirla; nunca había traspasado los límites del contrato. ¿ Dónde iría a parar?

Se arrepentía pero no había remedio. Era orgullosa y acababa de demostrarlo al tirarle a la cara la indemnización que por derecho la correspondía. ¿ Por qué siempre la emprendía con ella? Un psicólogo se lo aclararía en el acto, y él también creyó saberlo, sólo que se revelaba contra lo inexplicable. Se revelaba ante  la flaqueza de lo que había prometido para siempre. Pero una cosa es lo que uno propone y otra lo que la vida dispone. Y el destino había dispuesto que estaban hechos el uno para el otro, pero que una de las partes se revelaba contra ello. No lo admitiría, nunca. Él también tenía su orgullo.

- Pero orgullo ¿de qué?-, se decía. Un imbécil es lo que he sido. Y ya no hay remedio. Puedo dar mil vueltas al molino, pero lo hecho hecho está y ella no volverá nunca.

No se equivocaba. A pesar de tener sentimientos encontrados, estaba dolida  por la incomprensible actitud de él. Llamó a su amigo Jimmy desde el teléfono y le explicó que estaba en la calle, en mitad de la nada y que de puro nervios no atinaba lo qué hacer. No sabía donde había un hotel en donde, al menos, pudiera pasar esa noche. Estaba bloqueada ante la situación planteada que, por inesperada la había sorprendido.

- Ven a mi casa inmediatamente. ¿ Qué ha sucedido ? ¡ Pero si acabo de dejarte ! Tú misma me dijiste que estabas dentro del horario, es decir que tenías carta blanca para volver a casa.

- ¡ Claro ! Pero se ha vuelto loco. Es una historia muy larga y ahora, francamente, mi cabeza no está  para dramas.

- Dime dónde estás. Salgo a buscarte.

Y James, su fiel amigo, salió en su busca y se la llevó a su casa. Allí le contaría la larga historia hasta llegar a ese día. Sin darse apenas cuenta, habían pasado toda la noche, y ella narrado a su amigo lo que Felicity la contara. Jim comprendía la actitud de él. Se reconocía así mismo, pero ante la alteración de ella, optó por guardar silencio. Sabía que seguirían hablando durante la mañana siguiente. Ya era domingo, así que tendrían todo un día para calmarse y tratar de orientar la situación más favorablemente.

Él sería  sin duda un hombre sensato, pero los sentimientos le habían jugado una mala pasada. Ella no se daba cuenta de lo que les inspiraba y por eso se obcecaba y no veía lo que tenía delante el porqué  el médico actuaba de esa manera.  Se reconocía en él, por eso estaba tan seguro de lo que sucedía. No la diría nada porque ella también respiraba el mismo aire, aunque no fuera consciente de ello.


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Edición: Diciembre 2020

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Doctor O´Reilly - Capítulo 6 - Un día de libranza

 Miró el reloj y comprobó que era de madrugada. Kyra se rebulló un poco al notar el calor de la manta, pero sin soltar la mano de la pequeña, algo que hizo sonreír con ternura al médico. Qué era lo que le sucedía. Se había jurado una y mil veces que jamás volvería a fijarse en una mujer, y sin embargo ahora, no podía despegar los ojos de ella,  de su rostro, que dormía apacible.

Kyra miró rápidamente en dirección a la cama de la niña que seguía durmiendo en la misma postura.  La habitación estaba en penumbra, tan sólo alumbrada por una tenue luz de la lamparita de la mesilla de Stella con unos muñequitos que giraban sin cesar. Se dio cuenta que sobre sus rodillas había una manta abrigándola.  Ella no la había puesto, pero enseguida se dio cuenta de  que había alguien enfrente de ella que la observaba con detenimiento. Era él, que había regresado de sabe Dios dónde. Le preguntaría a Felicity a dónde iba durante tantos días y regresaba tan triste y desmejorado. Suponía que sería algo relacionado con su mujer, pero no imaginaba la cruda realidad.

La indicó que salieran fuera de la habitación para no despertar a la niña. En el pequeño pasillo que unía a todas las habitaciones de esa planta hablarían y así ella no se despertaría:

- ¿ Ocurre algo ? Me he asustado cuando he abierto los ojos y le he visto

- No, tranquila, no ocurre nada. Sólo quería preguntarle si durante mi ausencia ha habido algo anormal en Stella.

-¡ Oh no !, nada en absoluto. Se ha portado bien, como siempre. Es una niña preciosa y muy buena. Sólo que ...

-Solo que...

-Le ha echado mucho de menos, especialmente hoy, y no sé por qué. No ha querido cenar y a duras penas conseguí calmarla. La leí dos cuentos, hasta que al fin el sueño la rindió.

- Las rindió...

-¿ Cómo dice ?

- No importa. He querido decir que ambas se durmieron.

-¡ Ah, ya ! Perdón por el despiste

- Vaya a descansar, yo me quedo  con ella. Duerma cuanto quiera. No madrugue. No empiezo a trabajar hasta mañana por la noche, así que esté tranquila.

- Bien. Si me necesita no dude en llamarme. Buenas noches

- Buenas noches - respondió él viéndola dirigirse a su apartamento.

Si la necesitase. ¡ Pues claro que la necesitaba ! Y cada vez se reafirmaba más en que sería una madrastra increíble.  No le gustaba esa palabra, tenía connotaciones ásperas y no de cariño y comprensión. Una vez ella desapareció de su vista, dio media vuelta y entró de nuevo en la habitación de su hija. Cuando entrase más la mañana llamaría a su floristería y solicitaría que enviasen un ramo de rosas blancas a su propia casa, pero con un nombre en el sobre Kyra. Y en su interior una tarjeta que dijera:  "Gracias" O´Reilly.

Cuando saliera de cumplir las guardias, la concedería el día de permiso que la correspondía por su suplencia mientras estuvo fuera. Que ella lo eligiera; debía ser condescendiente porque se mostraba en extremo cariñosa y había conseguido que la niña recobrara la alegría que por edad la correspondía. Eso era impagable. Su comportamiento no había variado desde el primer día que entró a trabajar  y seguía comportándose de igual modo respetuosa y educada. Estaba claro que las primeras horas de su permanencia en esa casa, no habían sido fáciles para ella, pero se supo ganar el aprecio de todos.

Kyra se metió en la cama después de despedirse de O´Reilly y al instante se quedó dormida. Era ya medio día cuando se despertó sobresaltada. Miró el reloj alarmada y de inmediato, tras ducharse, se vistió y bajó las escaleras corriendo. Llamó en la biblioteca y no había nadie. Fue en busca de Felicity y ésta la hizo entrega del ramo que habían enviado de la floristería en nombre del médico.  Se quedó sorprendida, pero era la ocasión propicia de sonsacar a su amiga lo que le ocurría al doctor.

Felicity la contó la triste historia del médico y el horrible accidente que costó la vida a su mujer dejándole en la más absoluta desolación y a una bebe de un año huérfana, y el cambio tan radical que sufrió desde entonces. Se le había agriado el carácter no siendo el mismo de antes. 

 Entonces comprendió muchas cosas, al tiempo que sentía una pena inmensa , no sólo por él, sino por la niña que ni siquiera recordaba a la madre. Se le puso un nudo en la garganta. y miraba las rosas de otra manera. Había conocido el porqué de sus ausencias y de algunos días su soledad.  Stella era el retrato vivo de su madre, de ahí que nadie quería que rozase su fotografía.

Tardó dos días en volver a verle. Le dio las gracias por las flores y al tiempo le pidió el día libre. 

- La dije que lo tomara cuando quisiera. Durante esta semana tengo trabajo sólo por la mañana y el fin de semana libre, así que usted elige

- Si no le importa el próximo sábado.  Es el cumpleaños de un buen amigo mío y va a celebrarlo con una comida familiar.

- ¿ Es muy amigo? - la preguntó

- Si, desde hace años. Hicimos juntos el bachillerato.  ¡ Ya ha llovido desde entonces!-contestó ella

- Bien Kyra. Tómese el día libre - respondió

Pero ella notó un cambio brusco entre sus amables palabras del inicio de la conversación, y la frase final, escueta y cortante, dando por terminada la conversación.

De acuerdo con el contrato de trabajo que tenía firmado, podía llegar de noche hasta las doce. Sería un día perfecto James, su amigo la quería mucho y no sólo como amiga. Pero había quedado claro entre ellos que sólo les uniría la vieja amistad. Se arregló con esmero y eligió uno de los vestidos que más la favorecían. Casi nunca salía y si lo hiciera, siempre era con él. Y la gustaba la reunión que iban a tener: un par de amigos comunes y ella. Antes de acudir a casa de Jimmy, le compraría un regalo; quizás un libro.

La reunión fue perfecta. Necesitaba un día como el que habían pasado. Había estado relajada en todo momento. Sabía el terreno que pisaba y no había tensión entre ellos. Era muy distinta a la acumulada cada vez que O´Reilly la llamaba para darla algún encargo. Se les había ido el día sin darse cuenta y ya eran las doce. Debía regresar a la cruda realidad.

James la acompañaría e irían dando un paseo.  Hacía una noche espléndida y ellos estaban contentos. Frente a la casa se despidieron, dándose un beso en las mejillas, y quedando para repetirlo otro día.  La vio entrar y él llamó a un taxi para regresar a su casa.

Tras el ventanal de su despacho, unos ojos inquisitivos esperaban a que ella estuviese en su apartamento, y hacia allí se dirigió con no muy buenas intenciones.


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Autora: rosaf9494quer

Edición. Diciembre 2020

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viernes, 4 de diciembre de 2020

Doctor O´Reilly - Capítulo 5 - Una cabaña en el bosque

 En carretera, y aunque  faltasen varios kilómetros hasta llegar a la cabaña, Aidan O´Reilly comenzaba a sentir la misma sensación de siempre. Dolor, incertidumbre, soledad y desesperación. ¿ Nunca conseguiría mantenerse en paz? ¿ Nunca olvidaría la terrible sensación de culpa? Si hubiera llevado el coche al taller para el arreglo del airbag, probablemente su mujer estaría aún viva, y no tendría estos debates consigo mismo sobre lo que es correcto hacer y volver a empezar de nuevo. El tiempo pasaba, pero él, al llegar la fecha del aniversario, se sentía más derrumbado. 

En lugar de estar con su hija, estaba devorando kilómetros, porque únicamente en la cabaña encontraba la paz sin dejar de buscar las respuestas que nunca llegaban.


La había dejado al cargo de Kyra, que estaba resultando eficaz y competente.  Demostraba su cariño hacia Stella, y lo más importante la niña hacia ella. Quizás estaba mirando muy lejos, y lo tenía muy cerca. Pero era descabellado. Sólo sabía de su vida por el currículo presentado para optar al puesto de tutora, nada más. Era muy bonita, así que no sería de extrañar que tuviera pretendientes a montones, pero el caso era que nadie la llamaba nunca. Bueno eso que se supiera, porque hoy día con los móviles tienes acceso a cualquier hora y en cualquier lugar.

-Es una idea descabellada. Yo tengo un fin, y no me importaran lo medios, pero no con ella. No merece atarse a un hombre que no la quiera, que sólo mire asegurarse el bienestar de su hija. Además no creo que le caiga muy bien. Siempre se muestra inquieta cuando está en mi presencia. Además mis condiciones son bastante especiales. No, ni siquiera lo intentaría.

 Después de tanto divagar, al fin se encontró en el sendero que llevaba hasta la cabaña. Allí se sentía libre. Eso era lo que pensaba, pero en realidad estaba prisionero de un recuerdo irreversible, preso de sus propias culpas, porque no las tenía. El remordimiento le hacía ver errores donde no los había. Estaba proyectando un futuro no muy lejano con el único propósito de proteger a su hija, era lo único que le importaba. Él creía no merecer felicidad alguna, no mientras ella estaba sepultada  y él viviendo.  No habría más una esperanza para él.



Pensando así, sin embargo, no le importaba unirse a otra nueva mujer a sabiendas que no la amaría, y de eso no sentía remordimiento, porque siempre ponía por delante la felicidad de Stella. Pero daba la casualidad de que la niña con quién era feliz era con una sola persona y justo él la rechazaba. Reunía todas las condiciones que él mismo se había impuesto para llegar a estar nuevamente unido a una mujer, y a decir verdad, eran demasiado estrictas, porque en esa especie de contrato que firmarían ambos, prevalecería una cláusula de difícil cumplimiento.

Serían marido y mujer, pero ninguna relación sexual. Cada uno de ellos podrían tener la vida que les apeteciera, incluido relaciones con otra persona, pero no, con quién se había casado. Era arbitrario y nada común. Por eso no encontraba a nadie, a pesar de ser un gran partido como pretendiente. Y se movía en un círculo vicioso, porque siempre volvía al mismo punto de partida y a la misma persona. Ella sería la "madre" perfecta para Stella, pero sería muy difícil mantenerse alejado. Y había una segunda parte: su opinión. La opinión de Kyra que creía no fuera favorable a ese especie de acuerdo que truncaría su vida. Totalmente descartada.

No reconocía que poco a poco se estaba sintiendo atraído por la tutora, aunque sus relaciones jefe-empleada, seguían lo mismo. Aunque ella no estuviera relajada en su presencia y a veces le mirara con ojos extraños.

- No sé si tiene a alguien en su vida, pero sólo espero que nos abandone cuando mi hija tenga la suficiente edad como para no necesitar tanto una madre. No seas iluso, va a necesitarla siempre.¿ Crees acaso que la vida para ella va a ser fácil? La pondrás el mundo a sus pies, pero no sólo son cosas materiales las que complace a una persona. Están las afectivas y tú, so pena de que te jubiles, tienes mucho carrete por delante. Además quién te dice que dentro de unos años, cuando ella vuele por si misma, te encuentres totalmente solo y necesites una mujer que te acompañe. Será demasiado tarde. Así que desecha esa idea descabellada.



Abrió la puerta y siempre le recibía el mismo aroma, que él identificaba como el que usaba su mujer, pero eso era lo que él quería creer, porque lo cierto el olor correspondía a un ambientador que utilizaba la señora que cuidaba de la casa, al final de su limpieza. Pero en su soledad, él así lo creía. Por eso le gustaba venir siempre, aunque no fuera la fecha del aniversario de su muerte o de su casamiento.

Allí pasaron horas felices. Allí buscaron tener continuidad, y allí pasaron las vacaciones y el embarazo. Recuerdos muy intensos como para poderlos olvidar. Aún la fecha de su desaparición estaba cercana. No podía hacerlo, no podía meter en su cama a otra mujer ostentando en título de esposa. por muy buena y bonita que fuera.

El, además de perder a su mujer, perdió el sentido de la belleza. Todo lo encontraba feo y oscuro y es que le faltaba la luz principal de su vida. Cuando tuvo a Stella entre sus brazos se sintió que era feliz completamente. ¡ Infeliz! no sabía la pesadilla que la vida le guardaba poco tiempo después.

Pero algo iba cambiando a medida que pasaba el tiempo y conocía mejor a Kyra.  Se resistía a admitir que la chica le interesaba. Y además se mostraba hosco en su presencia: quería que le odiase, pues de este modo justificaría ese sentimiento que, sin saberlo, sin darse cuenta, se abría paso en su corazón.

No era justo con ella. No tenía motivos para enfadarse con la persona que mejor atendía a Stella, que según él era el motor de su vida. Lo normal era que le fuera indiferente. Que la tratara con el debido respeto como jefe ante una empleada, pero no tenía que ser brusco ni mal educado con ella, porque de ese modo sólo conseguiría asustarla. También pensaba que Kyra estaba en la flor de la vida, eso suponiendo que no estuviera enamorada de alguien, y por lo tanto ni pensar en que  aceptase tan descabellado asunto. Ella tenía que poner todo de su parte ¿ y él? Era una mujer joven en plenitud y en algún momento su cuerpo reclamaría lo que, además por ley, la correspondía ¿ Estaría él dispuesto a dárselo? ¿Lo admitiría si buscaba ese desahogo en otro lugar fuera del hogar?


¿ Estaría dispuesto a que le pusiera los cuernos? Seguro que no. Pero el caso era que él mismo había redactado ese contrato prematrimonial, con los derechos y obligaciones. Y había una cláusula muy específica: " cada uno puede hacer su vida sin ridiculizar al otro. Nada de relaciones sexuales, ni reclamaciones ..." Si él podía hacerlo, ella también.  Además era una mujer muy segura de sí misma, aunque delante de él se muestre insegura. Pero no admitiría tal dislate. De manera que ella no sería candidata en nada.

Encendió la chimenea y se hizo un café. La casa estaba destemplada al no estar habitada, pero era confortable y se encontraba a gusto en ella. Nunca había traído a nadie, ni siquiera a su hija. Era su rincón sólo para él. Nadie más tenía derecho a profanar ese santuario.
Su voz interior, cada vez le sermoneaba con más frecuencia:

- Debes ir al médico. A un psiquiatra. muchacho, no estás bien. Vas a volverte loco. Estás en un continuo sin vivir entre una y otra y debes elegir y tratar de olvidar .  Volver a tu vida normal, de lo contrario siempre estarás con las dudas y posiblemente termines neurótico. Tienes una responsabilidad para con los pacientes a los que atiendes. Les debes atención porque su vida depende de tí, pero estás muy perdido en otros asuntos. Debes aclararte, de lo contrario nunca encontrarás ni la paz ni la felicidad.

Y entre tanto desasosiego pasó la semana sin conseguir aclarar nada. Recogió su ropa y regresó a casa, a su otra casa. Era mediodía, no tenía hambre, así que se puso en marcha; ya comería algo por el camino, o tomaría un bocadillo cuando llegase. 
Ya era de noche. La casa estaba en silencio. Entró sigilosamente. Lo primero que hizo fue ir a la habitación de su hija. Seguro que Kyra también dormiría. Abrió la puerta despacio para no despertar a la niña y se quedó mirando el cuadro que tenía ante él.
Efectivamente Stella dormía plácidamente. Su manecita agarraba la de Kyra, que junto a su cabecera, en un sillón, también dormía. La escena le enterneció y se confirmó en que ella era la idónea para hacer de madre. Buscó una manta y se la puso sobre las rodillas, después cogió otro sillón y se puso al otro lado de la cama de su hija.

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Autora: rosaf9494

Edición:  Diciembre 2020

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