sábado, 10 de julio de 2021

El día que nunca existió - Capítulo 27 - Carta de libertad

 El inspector se despidió. Alejandro y Danka, intercambiaron una mirada en la que expresaban su alivio y, también temor de que todo fracasase. Sabía que el riesgo de ser expulsada del país estaba latente, ya que figuraba como turista con un determinado plazo ya extinguido. Tendría que abandonar el pais y a él cuando más le necesitaba.

No se quejaba. Siempre le estaría agradecida porque sin duda la había salvado de una vida  que ella ni buscaba, ni deseaba. Se temía que fuera inminente y no había nada para poder recurrirlo.

Poco a poco Alex se recuperaría, pero ella no estaría allí para verlo. Besó suavemente sus labios y siguió al policía que la esperaba en la puerta para llevarla directamente al aeropuerto. Con su hijo en brazos, echó una última mirada antes de que la puerta de la habitación de Alex, se cerrara tras ellos.

Por muchas gestiones que hiciera Alejandro de nada sirvieron. Primero tendría que regresar a su país, y después ser reclamada nuevamente, pero esta vez con toda la legalidad.

Tenía muchas horas por delante para pensar en todo lo acontecido y, en lo que al final ha desembocado. Lo que más la dolía era la separación de él. Postrado en la cama del hospital, inconsciente, sin saber que ella ya no estaría ahí cuando despertara. Ni ella ni su pequeño.


 Probablemente sería lo mejor, ya que si estuviera consciente, todo sería más difícil. Durante ese tiempo, habían vivido en una burbuja, pensando que todo sería realizable.  Pero, en realidad, era descabellado, y así ha terminado.

— Adiós, amor.

Fueron las palabras que dirigió a Alex que permanecía sedado. Alejandro la observaba apenado. ¡Qué triste situación ! Después de lo que habían luchado por poder estar juntos. Por protegerla...

 En cambio, los autores del delito, serían puestos en libertad en un plazo relativamente corto, después de depositar una importante fianza que, a buen seguro  compensarían con otra expedición de muchachas inocentes, pero no en ese lugar. No importaba. La geografía es amplia y habrían más lugares que abastecer de carne humana. Y probablemente no tendrían la suerte como en  la casa de Margueritte, sino otra en la que se les explotaría sin miramientos de ninguna clase.

Alejandro tenía miedo, por si durante el trayecto, se metieran con ella y fueran capaces de alguna fechoría como castigo. Habló con el inspector que llevaba el caso:

— No se preocupe señor Jiménez. Yo mismo la acompañaré hasta su casa. He  contactado con la policía de Praga y estarán al tanto. Parece ser que iban tras sus pasos. No van a salir tan bien parados como ellos piensan. En ese intermedio tendrán tiempo para efectuar las gestiones si es que van a reclamarla. Por nuestra parte no habrá malos informes, porque en realidad ella se vió involucrada sin saber nada y en nada intervino.

— ¿Y Margueritte?


— Todos conocemos "su trabajo". Pero en todos estos años ha incumplido la ley de su negocio. Además hemos comprobado que en verdad habían firmado un contrato por el "alquiler" de la mercancía, sin especificar qué. Ella cumple con las normas legales establecidas. No quiero decir que esté de acuerdo  con lo que se gana la vida. Permanecerá encerrada durante un tiempo. No hay pruebas de que ella estuviera al corriente de todo y de hecho trató de defender a su hijo con sus propios "gorilas". Tarde, es cierto, pero lo intentó. Es un asunto feo y escabroso, pero de los que tenemos  montones a diario. Todo saldrá bien, no se preocupe.

¿Tranquilo? ¿Cómo podía estar tranquilo con todo lo pasado y con la certeza de que todo ha sido inútil? No quería ni pensar cuando Alex se despierte y compruebe lo que tanto temía: la extradición de Danka y con ella la de su bebe.

De nada habían servido las gestiones que realizara para reconocer al niño. Debía hacerlo ante una autoridad y Alex, no estaba en condiciones de hacerlo aún.

La pidió su dirección y todos los datos con que pudiera localizarla en su país. Estaba seguro que, en cuanto Alex se repusiera, iría a buscarla. Se casarían por poderes si fuera necesario, aunque tardaran meses en reunirse. Aunque también pudiera ocurrir que, precisamente por la tardanza, no lo consiguieran al haberse olvidado de la aventura que les tocó vivir. Todo eso ya se vería. Lo importante es que Alex se recobre. Que todo lo vivido no haya repercutido en su salud¡ La veía tan frágil y perdida...!

También se ocuparía de Margueritte. Era parte de su familia, aunque resultara la hija díscola  que tiró por otros derroteros. Sabía que si su mujer viviera, le insistiría en buscarle un abogada que la defendiera.  

En el fondo no era mala persona, a pesar de con lo que se lucraba, que no aprobaba. Pero al menos cuidaba de sus chicas tanto sanitaria como laboralmente.

 Sabía que tenía predilección por Alex, que probablemente fuera un resto de lo que, en otro tiempo, sintiera por el padre. Quién sabe si aún perduraba. Era su sobrino, aunque él no lo supiera. Era la parte oculta de la familia que nunca quiso saber de ella.


Llamó a su abogado para que se ocupara del caso de Margueritte y, puesto que la habían confiscado sus bienes, también correría con los gastos de la fianza que le diera la libertad. Sabía que a su mujer la hubiera gustado hacerlo, si viviera para verlo. Era su hermana, y con errores y desaciertos, era sangre de su sangre.

Por la tarde, el mismo policía que la había acompañado al aeropuerto, le puso al corriente de que Danka había embarcado y protegida por un policía checo que iba camuflado como un viajero más. Al menos hasta que llegase a Praga, iría segura. Después, sería la policía checa la encargada de tenerla a buen seguro. Estaban muy interesados en seguir ese tema, ya que no era la primera vez que vendieran a alguna chica joven. Esta vez sí les pillarían, ya que los testigos estaban decididos a declarar  a la policía  cómo había ocurrido todo. No querían que su pais se viera envuelto en tráfico de personas


Tenían un piso franco esperándola y, a su padre que, había sido trasladado  y, la aguardaba con inquietud y deseoso de abrazarla y conocer a su nieto. Todos eran gastos sufragados por Alejandro. Los policías que los protegerían, eran detectives privados contratados a tal efecto, además de la policía. No querían que nada fracasara por falta de previsión Sólo faltaba que Alex se pusiera bien.

Y poco a poco Alex se iba recuperando.

 Su rostro iba lentamente volviendo a su fisonomía normal. Se levantaba y daba largos paseos por los pasillos del hospital. En un par de días sería dado de alta. Estaba malhumorado. Lo que menos esperaba al volver en sí, es que ella se hubiera marchado, llevándose a su pequeño con ella. Se sentía culpable y, no quería pensar en que estuviera corriendo algún peligro.

Por más que su padre le hablara de los planes establecidos por la policía de ambos paises, ya que a ambos les interesaba atraparlos, no estaba tranquilo. Inquieto, a penas hablaba. En cuanto estuviera recuperado del todo y pudiera viajar, partiría de inmediato a la república Checa y la buscaría hasta debajo de las piedras.

Le preocupaba su estado y todas las alteraciones que se habían visto obligados a vivir. Sabía por su padre haberse  despedido de él cuando fue trasladada al aeropuerto.  El tiempo pasaba rápido, pero aparentemente, nada cambiaba.

Como suponían Yuri estaba en libertad provisional, tras haber pagado una fianza suculenta. También sería extraditado a su pais, por no tener permiso de residencia, tan sólo de turista. Permanecería en Estados Unidos, hasta celebrarse el juicio, y eso suponiendo que ganara, que no estaba tan claro.

Margueritte también, y a su salida, supo quién había pagado su fianza  Se dirigió al hospital. Tenía que ver a su cuñado y a su sobrino. De haber sabido la relación de ambos jóvenes, otra cosa hubiera sido.

Ahora estaba en deuda con Alejandro y tendría que volver a empezar de nuevo cómo ganarse la vida. Ya no tenía ni la misma belleza, ni el mismo empuje que cuando se inició como madame. Nunca imaginó volver a verse en esa situación. Pero lo que mal comienza, mal acaba. Sentía los despidos de todos sus empleados, a los que apreciaba al cabo de tantos años juntos. Todo eso se lo debía al ruso y a su poca precaución.

Pero todo eso era secundario. Conservaba la vida, que no era poco. Y encontraría la forma de salir adelante como siempre había hecho. Ningún miembro de su familia había salido perjudicado, excepto Alex por la paliza, pero Danka, ahora sí, la llamaba por su auténtico nombre se vería perdida, con una responsabilidad sobre sus espaldas, de criar a un hijo siendo tan joven e inexperta, y haber vivido una aventura totalmente inesperada.

Confiaba en que su cuñado lo arreglase y, pronto ambos jóvenes volvieran a reunirse en paz y con tranquilidad. Disfrutar de su hijo, y olvidarse de una vez de todo este episodio.


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