La infiel - Capítulo 10 - Confesión

Cuando entró a ver a Frederick, trató de ocultar su llanto, su pena  ante él.  Los gritos proferidos por Olivia le había despabilado la somnolencia, y al verla preguntó extrañado lo que ocurría:

- Tengo que hablar contigo, Frederick
- ¿ Qué ha ocurrido? ¿ Por qué gritaba de ese modo Olivia ? ¿ A quién insultaba de esa forma ?
- A mi.  Me gritaba y me insultaba a mi.  Hubiera dado cualquier cosa porque no te enteraras, pero ha ocurrido algo que no se puede ocultar, y ese ha sido el motivo.  Quiero que me escuches con mucha atención, y créeme que lamento herirte, pero ocurrió y no hay vuelta atrás.  Conocí a un hombre que me dio el calor humano que tu no me dabas y, sin buscarlo, sin siquiera saber cómo, el amor llamó a mi puerta nuevamente .  .


Y poco a poco, le fue contando cómo sucedió todo, omitiendo lugares y nombres.  Él la escuchaba con los ojos muy abiertos, sin pronunciar palabra.  Al final del relato, no pudo contener su emoción y rompió a llorar.   Frederick, trató de asimilar todo lo narrado, y comprendió que su mujer no era responsable de lo ocurrido, que había sido él y sus desatenciones, quienes habían propiciado todo. Que la soledad, y después su invalidez, habían sido un caldo de cultivo, para aquella mujer noble que en su día le amó, y que él, necio, no lo había sabido cultivar.  No, no era responsable.  No tenía nada que perdonar, muy al contrario era ella la que le debía perdonar. Y se dio cuenta de las noches y días de frustración que Elva había vivido en plena juventud, y el saber que el accidente ocurrió por el motivo que había sido, y que nunca, de sus labios, había salido queja alguna.Y que se quería divorciar de ella para casarse con otra, cuando sucedió todo.  , Y que a pesar de conocer la historia, ella no le abandonó, siempre estuvo a su lado compartiendo su padecimiento.  Tomó una de sus manos y se la llevó a los labios.  Elva sorprendida no podía creer  la reacción de su marido, cuando esperaba que la echase de casa.

- ¿ No me vas a echar?
- ¿ Echar ? ¿ Dónde, a la calle?. ¿ A tí ? No, Elva. No has sido tu la culpable, sino yo.  Yo sembré todo esto, y lamento que hayas tenido que pagar por ello.  Pero dime ¿ el padre ...?
- No Frederick, el no lo sabe y nunca lo sabrá .  Se fue a otro lugar por no tener que cometer más errores.  Ni él ni yo, quisimos herirte. ¿ Podrás perdonarme?
-¿Podrás perdonarme tu ?

Y por primera vez en muchos, muchos años, Elva se abrazó a su marido llorando.  Patrick trataba de apaciguarla y acariciaba su cabeza para  calmarla.  En ese momento entró la hija dispuesta, y sin miramientos hacia su padre, de arrojar a su madre fuera de allí, pero fue Frederick, con las pocas fuerzas que aún tenía, quién alzando su brazo, detuvo a Olivia antes de que se aproximase a la madre.


- Quieta Olivia, ni se te ocurra pronunciar palabra alguna.  Esta casa es de tu madre, y soy yo quién tiene que pedirle perdón y no al revés.  Ella seguirá siendo mi mujer, y así será mientras viva.  Si no lo aceptas, siempre podrás vivir con tus abuelos hasta que seas lo suficientemente mayor para vivir sola o como quieras. Esas son mis condiciones,, pero ella no se moverá de aquí. La necesito y siempre ha estado a mi lado, siempre. No la he dado nunca el amor que ella buscaba y merecía, y sin embargo lo regalé a manos llenas a otras mujeres. Y no voy a decirte mas, porque eso es algo que corresponde a tu madre y a mí.  No necesitas saber más..

Olivia no se marchó, pero tampoco habló a su madre.  Eran dos extrañas viviendo bajo el mismo techo..Abandonó sus trabajos cuando el embarazo era demasiado evidente.  Temía que de seguir en el hospital algún compañero de James pudiera decirle algo, y no quería truncar su vida; con la suya ya era suficiente.  Pero necesitaban el dinero, y buscó un trabajo de dependienta, hasta que se presentó la hora del parto. La anciana a la que cuidaba, había fallecido.  Todas esas circunstancias se sucedían en su vida, sin embargo la actitud de su hija en nada había cambiado.

Y llegó el momento del parto y nadie pudo acompañarla hasta el hospital.  Olivia se quedaría con su padre, a su cuidado.  Llevaba días que había empeorado, y por otro lado, Olivia seguía en sus trece: " no querré nunca a ese bastardo o bastarda, lo que sea.  No será nunca mi familia"


Tomó un taxi y apremió al chófer porque la criatura tenía prisa por llegar. Y una vez más recordó a James, al padre de la criatura que se abría paso en la vida.  El era pediatra-  Hubiera sido maravilloso que estuviera a su lado, pero nadie, más que el médico y las enfermeras estarían con ella.

Y nació una niña preciosa, sana y fuerte, que al tenerla en los brazos, no pudo evitar emocionarse.  Tan sólo una enfermera secó su sudor en el momento de dar a luz. Ninguna otra mano querida, sujetó la suya mientras se esforzaba por colaborar en el parto. La única cara conocida, era el ginecólogo que había llevado su embarazo. Solas su hija y ella. Y recordó a Olivia, su otra hija, el fruto de su primer amor de juventud, el fruto de su matrimonio fracasado.  Pero su deber estaba con su padre enfermo y también solo.

Tres días estuvo en la clínica y en un taxi regresó a casa.  Entró en la habitación de Frederick.  Allí estaba Olivia leyendo a su padre el periódico del día.  Se quedó muda al ver a la madre; no la esperaba. Al ver la cara de Frederick, la dió un vuelco el corazón.  Estaba con los ojos cerrados, como dormido, pero no lo estaba.  Acababan de ponerle un calmante y le mantenía semi inconsciente durante horas.  Sabía que era cuestión de tiempo el desenlace de su marido.  Tenía signos en el rostro de que estaba por llegar.  Su hija no parecía darse cuenta de que estaba a punto de perderle.  A penas la miró.   Ni la preguntó por su hermana, ni siquiera se había interesado por el sexo del nacido.  nada, la más absoluta indiferencia, que la recordaron a su padre, a otros tiempos.

- Ve a descansar - la dijo - Yo haré la guardia

Olivia se levantó y salió de la habitación.  Por un lado la hubiera preguntado cómo se encontraba, pero eso significaría que aprobaba la venida al mundo del fruto de una infidelidad hacia su padre.  No, no quería saber nada.. Elva depositó el capazo de la pequeña encima de su cama, y también dejó el bolsón con lo necesario para atenderla. por la noche.  Ella se sentía débil, cansada y apoyando la cabeza en la cama de su marido, se quedó dormida.

Unas manos acariciando su cabeza, la despertó de un sueño pesado e incomprensible. Levantó la vista y vio a Frederick que la miraba y sonreia.

- ¿ Cómo estás? ¿ Ha ido todo bien? Muéstrame a la criatura
- Ha sido niña, Frederick.  Mírala - Y levantándola del capazo le mostró a su hija que dormía plácidamente.
- Es tan bonita como tú - la dijo sonriendo-.  Y ahora voy a dormir.- Giró la cabeza y suspiró débilmente.

Elva dejó a la niña en su capazo y acarició la cara de Frederick; no notó su respiración.  Le agitó suavemente y comprendió que por fin había alcanzado la paz. Se habían terminado los dolores y los padecimientos.  Frederick había muerto tranquilo y sereno.  Corrió al cuarto de su hija y llamó a la puerta para despertarla

- Olivia, Olivia, despierta.  papá...

Olivia abrió la puerta espantada.  Sabía lo que iba a decirla. Dió un grito de dolor y corrió a la habitación de Frederick.  Estaba inmóvil, quieto, tranquilo, con la tranquilidad que da la muerte.  Miró a su madre con los ojos muy abiertos buscando ¿ qué ?  Pero Elva supo que necesitaba unos brazos que la acogieran y allí estaban los suyos para abrazarla.  La joven se refugió en ellos y ambas lloraron amargamente.  Todo había terminado para Frederick, y comenzaba otra lucha para las dos.

Elva llamó inmediatamente a su médico, no para que le ayudara, sino para que certificase su fallecimiento, y comenzar los trámites amargos de su sepelio.  No tuvo problemas en nada, puesto que era un enfermo de larga duración y sobradamente conocida su dolencia. . Avisaron a la funeraria, y antes de que llegaran, quiso quedarse a solas con Frederick.  Luego no tendría oportunidad de hacerlo.


Y a pesar de que sabía que no la escuchaba, Elva se confesó con él, y recordó cuando se conocieron y lo enamorada que estaba de él, hasta que a los pocos meses de casados, se dio cuenta de que Frederick lo que quería era una esposa para figurar y ganar relevancia.  Fue un choque para ella, pero así comenzó todo. Entre llantos le confesó que nunca le había sido infiel a pesar de que conocía sus amoríos, hasta  que llegó a su vida alguien que la valoró como mujer, y se sintió arropada y comprendida.

-Ahora, ya has pagados tus errores.  No hay lugar para quejas ni reproches.  Sólo deseo que encuentres la paz que te ha faltado en estos años, que descanses tranquilo y que protejas a Olivia, y si acaso, también a mi otra hija, porque ella no tiene culpa de nada.  Te quise Frederick, y a pesar de nuestro distanciamiento quise permanecer a tu lado porque así son los votos que hice. Ve tranquilo y vela por nosotras.

Besó su frente, y Frederick Shephard, descansó tranquilo, y así lo reflejaba su rostro dormido.

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