La infiel - Capítulo 9 - La despedida

Y la respuesta llegó al cabo de dos meses.  Había sido aprobada su solicitud y el máster comenzaría a mediados de Septiembre.  Cuando leyó la respuesta, se sentó pensativo: ya era inevitable la partida.  Ese fin de semana lo tenía libre, de modo que iría a casa de sus padres para despedirse de ellos.  A su regreso hablaría con ella.  Aún estaba a tiempo de renunciar, de seguir como hasta ahora.  Dudó, pero su decisión era firme.  Cogió su chaqueta y fue hasta el banco para hacer la transferencia por la que abonaba su máster.

Paso a paso fue cumpliendo el plan que se había trazado.  Dejó para rl último trámite, su entrevista con Elva.  La vio en el jardín con un paciente.  paseaban, y desde lejos la contempló durante unos instantes, después se acercó a ellos y  de saludar al enfermo, pidió permiso un momento para hablarle a solas.  La tomó del brazo y la llevó aparte


- ¿ Ocurre algo ? - le preguntó ella
-Si...  Bueno no ocurre nada, sólo que me voy de viaje y quería que lo supieras.  Me has estado evitando durante todos los días, pero no quería irme sin decírtelo.  Va a ser un viaje largo, en el tiempo

Ella guardó silencio.  Le miraba sin decir nada.  Sin preguntarle el motivo de su partida, ni a qué lugar del mundo se trasladaba.  No quería saber nada porque tenía miedo de, al saberlo, hacer un día las maletas e ir en su busca.-

- ¿ No dices nada? ¿ No deseas preguntarme nada?
- No.  Es tu decisión; sólo quiero saber si la has tomado por lo nuestro
- Si, es por eso.  Porque es muy difícil nuestra situación, la tuya en particular. ¿ Puedo pedirte algo?
- Tu dirás
- Pasa al menos un día conmigo, por favor.  No quiero irme y que sea ésta nuestra despedida, tan fria ¿Podrás arreglarlo ?

Ella le miró largamente, al tiempo que pensaba que era lo que más necesitaba y deseaba del mundo. Su cabeza trabajaba buscando algún pretexto para estar con él, para decir algo que fuera congruente y no levantara sospechas de nada, porque si llegase a saberse, su sacrificio no habría servido de nada. Y respondió:

- Sí.  Ya me las arreglaré.  Encontraré alguna excusa  convincente.


La apartó detrás de unos setos y allí la besó largamente.

- ¿ Cuando ? - preguntó
- Mañana.  Será mañana. Esta noche no puede ser.  Tendría que haber avisado en casa de la señora para que me buscasen sustituta.  Lo diré esta noche y cuando salga por la mañana iré en tu busca ¿ Dónde nos vemos?
-Ve a mi apartamento.  Decidiremos  donde ir
- Está bien -  Ella se alzó para llegar hasta su boca, y le beso suavemente.  Después giró sobre sus pasos y fue a reunirse con el paciente.

Y ambos contaron los minutos, los segundos.  Y ambos desearon que aquella noche terminase pronto.  Y ella se arregló con esmero y al mirarse en el espejo comprobó lo desmejorado que tenía el rostro.  Que era más delgado de lo acostumbrado, pero nada de eso importaba ahora.  Iba a reunirse con él, con su amor y sería su despedida, y probablemente no volverían a verse jamás.

Tomó el autobús y después otro, hasta llegar al domicilio de James, que la aguardaba con impaciencia.  Su encuentro fue desesperado; sabían lo que representaba aquel encuentro y la frustración  de los días no vividos.  Pero ahora todo quedo relegado, y no desperdiciaron ni un segundo. Durante ese día y su noche, se acariciaron, se besaron, se tocaron, se miraron y se poseyeron con locura, como si fuese el último día de sus vidas, y en realidad así sería.  Pero, aunque todo ese tiempo lo vivieron con intensidad, había sido demasiado corto, y llegaba a su final.  Debía regresar al hospital, a su casa y enfrentarse a la rutina y al trabajo.  La tregua había terminado.  Por eso el último beso, la última caricia, el último abrazo, fue desgarrador para ambos, y ambos lloraron juntos su gran amor vivido y su separación.

James no quería que fuese al aeropuerto a despedirle, por eso no le dijo a dónde se dirigía; de este modo no averiguaría la hora del vuelo.  Hubiera sido demasiado doloroso el decir adiós.  Lo que no sabía es que, Elva a cada avión que escuchaba en el aire, pensaba que quizá,  en ese,  iba él, y no podía evitar que un estremecimiento sacudiera su cuerpo.



Cuando llegó a su casa, después de estar ausente ese día por estar con James, fue recibida con acritud por su hija, pero no tanto por Frederick, que se mostraba últimamente un poco más cariñoso con ella.  Se mostraba más considerado.  No sabía si porque al final se había dado cuenta de su proceder o porque las fuerzas le iban faltando.  La dio lástima y hasta, por una fracción de segundo, se arrepintió de su aventura, aquella noche con James. Y de nuevo su recuerdo, su tortura en el último momento al decirse adiós.   Había dejado marchar al amor de su vida, al único hombre al que había amado sin reservas. Al que vio partir sin que supiera que por un instante,  pensara en hacer su equipaje y huir con él a donde quiera que fuera su destino..

La dijo que no la escribiría, que no la llamaría, que no sabría nada de él, aunque James sí tendría noticias  de ella., quedando encargado su amigo, el doctor Foster en comunicarle todo referente a Elva. No deseaba perturbarla más de lo necesario, y al menos de momento sería mejor así , para que sus sentimientos no la traicionasen.

Y así pasaron dos meses y Elva sabía lo que estaba ocurriendo en su organismo, en su cuerpo.  James había dejado su semilla, y que poco a poco fructificaba dentro de su vientre.  Aún no se notaba nada, pero pronto tendría que decir cómo había sucedido.  Y el problema no era su marido, que la mayoría del tiempo permanecía medio dormido por los calmantes aplicados, sino  Olivia.  Temía su reacción, y buscaba sin cesar una respuesta a la pregunta que haría.  Tampoco podía contar con James; no sabía donde estaba, a qué pais había marchado, cuál era su teléfono. Nada, no sabía nada de él.  Y sus amigos más íntimos decían que tampoco, aunque lo dudaba.  Debía enfrentarse ella sola, una vez más a lo que ocurriera.

Y a los cinco meses, su cuerpo comenzó a cambiar, y las muestras exteriores comenzaron a hacerse patentes, aunque trataba de vestir con trajes holgados, pero Olivia sospechó que algo había pasado para ese cambio en su madre.  Comenzó a hacer cábalas y a pensar.  No había faltado de casa, a no ser que el trabajo que decía desarrollar fuese mentira.  Con excusas llamó a casa de la señora de por las noches, y le confirmaron su asistencia. Se puso en contacto con Sheryl y por ella supo que estaba con pacientes como voluntaria.  Luego entonces era verdad lo que ella decía, pero ¿ entonces? ¿ su padre ?  No podía ser, estaba inmovilizado de medio cuerpo hacia abajo, y "eso " también estaba inmovilizado.  ¡ Tenía un amante! . Pero ... ¿ quién ?  ¿ cómo ?  ¿ desde cuando ?   esperó al día siguiente, cuando Elva regresó de su trabajo nocturno, para llevarla aparte y abordar el tema directamente.  Pillándola por sorpresa respondería con la verdad.  No quería darle tiempo para urdir una mentira.


Pero Elva no mintió, no buscó excusas.  Estaba preparada para ello, durante más de dos meses lo había pensado, y tomó la decisión de no esconderse en una mentira, sino escudarse en la verdad, pero lo que no confesaría sería el nombre, ni el lugar, ni cómo se fraguó ese amor incondicional, asumiendo el riesgo que corría de quedarse embarazada.  No se desharía de la criatura, sería su compensación, sería carne de su carne. Un ser que le recordaría día a día que todo fue verdad, que no fue un sueño de una mujer desesperada, sino que fue un amor verdadero y sacrificado.

Y así se lo comunicó.  Y los gritos de Olivia se escucharon en toda la casa. Y los insultos, y los desprecios, fueron los que más la dolieron porque no estaba preparada.  Sabía que sería difícil y que no lo aplaudiría, pero la llamó adúltera, infiel y otra palabra más gruesa que no quería ni escuchar, porque no era cierto y era hiriente, además en boca de su hija.  Sabía que todo eso ocurriría y asumió el riesgo.  Y sería ella misma la que se lo confesase a su marido. Y habló con él, mientras su hija encerrada en su habitación no quería estar en el mismo lugar que ella.

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