Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Capítulo 24 - Angustia, confesión y alivio

 Ese día salió antes del trabajo. No esperaría a Anderson que tenía una reunión con un cliente a última hora de la tarde.  Estaba en la recta final del embarazo,  Sólo le faltaban quince días para salir de cuentas.  Estaba deseando de que llegase el momento, y a la vez lo temía.  Todo era nuevo para ella, mejor dicho para ellos. Ni siquiera contaba con la presencia de su madre, ya que llegarían en las fechas cercanas a su salida de cuentas.  Tenía ganas de verles y darles un abrazo.  Desde la boda no les había visto, pero ahora que ella misma iba a ser madre, comprendía mejor el inmenso cariño que se siente por un hijo, y comprendes muchas cosas, que antes de ser padre,  no entiendes.

Se tumbó en el sofá y puso los pies en alto para que le bajase la hinchazón de los tobillos.  Se sentía bastante pesada y torpe.  Los calambres  y los lumbagos la martirizaban a menudo, pero pronto pasaría todo y tendría a su hijito en los brazos, y esa sería la mayor compensación de todo,.

Un fuerte timbrazo en la puerta hizo que se levantara, no sin esfuerzo,  y se encaminara hacia ella

- ¿ Quién podrá ser ?- se preguntaba -.  Pero pronto descubrió a la visita  que había interrumpido su ligero descanso
- ¡ Oh querida, cómo estás ya !  Debes estar agotada

Era Sara ¿ Cómo sabía donde vivían ? Los ojos abiertos de para en par por el asombro, y de su boca no acertaba a salir ni una sola palabra

- No creí causar tanta sorpresa.  Me acordé que estabas encinta y decidí comprar algo para el bebe.
- ¡ Sara ! No... no esperaba a nadie... Pero... pasa, por favor
- ¿ Estás sola ? Anderson  no debería dejarte sola estando tan adelantada ¿ Para cuando lo esperas?
- Todavía me queda. Mi marido no tardará en llegar
- ¡ Me encantará saludarle ! Hace días que no nos vemos



La curiosidad y su sospecha hicieron que formulase aquella pregunta, que no debió hacer, ya que con ello facilitaba el terreno a su enemiga.

- ¿ Os veis con frecuencia?
- Bueno...  yo diría que si... Aunque, claro, no todo lo que quisiéramos
- ¿ Qué quieres decir con eso?
- Nada, querida.  Es una forma de hablar
- Sara perdóname y no lo tomes como una descortesía, pero no me encuentro muy bien.  Creo que deberías irte
- ¡ Adela !  Eso es una grosería
- Interprétalo como quieras, pero deseo que te vayas de mi casa.  No eres bien recibida
- ¿ Por qué ? ¿ Acaso temes que si me ve, tu marido, desee volver de nuevo conmigo? ¿ Tan insegura estás?  Recuerdo que él me comentaba que tenías bastantes fallos en tu autoestima
- Lo que yo tenga o deje de tener, no es asunto tuyo.  Tómalo como quieras, y si te enfadas mejor.  No eres bien recibida, te lo he dicho ya. Sal por favor - Se dirigió a la puerta y abriéndola obligaba a Sara a salir de allí
- Espera, creo que olvidas algo- dijo mientras recogía el regalo, que sin abrir permanecía encima de la mesita
- Puedes quedarte con ello- replicó furiosa Sara
- No querida.  Mi hijo no necesita tus regalos. ¡ Ah ! y deja en paz a mi marido

Sara salió dando un portazo.  Adela tuvo que sentarse. Las piernas se negaban a sostenerla. ¿ ´De dónde había sacado las fuerzas para echarla ? No  hubiera imaginado jamás  hacer semejante cosa, pero ahora, precisamente su hijo, le estaba dando fuerzas .  Sentía que le tenía que defender.  Que tenía que defender a su familia, aunque corría el riesgo de que Anderson se enterara y regañaran por ese motivo.   Sara había insinuado que se veían con frecuencia.  Quizá hubieran vuelto a intimar, aunque en realidad lo dudaba, pero no le importó. Su crónica inseguridad, se había borrado en un momento, cuando se sintió agredida y humillada por esa arpía, y lo que era peor para ella, no iba a consentir que nadie hiciera daño a su hijito, aunque ahora él no se diera ni cuenta.



Anderson llegó tarde.  La reunión se había prolongado más de lo debido, y cuando ya estaba dispuesto a marcharse, una llamada de teléfono le retuvo un rato más. Adela supo en cuanto entró, que llegaba de malhumor. Lo notó en su forma de saludarla, en su frio beso que depositó en la mejilla.  Ella le miraba de reojo, esperando su reacción de un momento a otro.  Lo que no sospechaba era el motivo de su mal genio.  Adela permaneció tumbada en el sofá, mientras Anderson daba paseos de un lado a otro de la habitación, como queriendo reprimir su cólera.  Al fin no pudo aguantar más, y de forma inesperada estalló

-¿ Me puedes decir a qué viene todo esto? ¿ Te he dado algún motivo para  que te comportes como una cria? Debes madurar.
- Te ha llamado ¿ verdad ? Dime lo que te ha contado, por favor.  Mucho me temo que su versión no coincide con lo que en realidad ha ocurrido. Pero ¿sabes  que ? no me interesa. Insinuó algo que tú estás corroborando y ahora entiendo muchas cosas.
- ¿ Qué es lo que entiendes?
- Nada, Anderson, nada.  Sólo sé que algo ha fallado entre nosotros desde hace tiempo.  Esa mujer es mala y tu la estás  defendiendo frente a mi, cuando en realidad yo soy la que está pasándolo mal  No importa.  Ya está todo aclarado. Podréis veros todo lo que deseéis. Yo no voy a ser ningún impedimento



- ¿ Qué  quieres decir con eso?
- Creo que debemos guardar distancia. Es hora de que vaya a visitar a mis padres.  Quizá así veamos las cosas más claras, aunque yo lo tengo bastante definido.
- Debes haberte vuelto loca. Estás casi para dar a luz y piensas en hacer un viaje en avión de más de dos horas.  No te entiendo, francamente no te entiendo.  ¿ En qué  momento lo has decidido ?
- Ahora.  Ha sido ahora, y has sido tú con esta conversación.  Ella no ha dejado de importarte nunca, aunque no te dieras cuenta. ¿ Por qué, entonces, te uniste a mi?
- ¡ Vaya pregunta más tonta !  Te he querido siempre, siempre, y tu lo sabes.  Al menos deberías saberlo.  Todo esto es una locura.  No me interesa esa mujer para nada, es más, la quiero fuera de nuestras vidas


- Eso justamente fue lo que hice, y por lo que estamos teniendo una nueva pelea.  Siempre por ella. Te recuerdo que no es la primera que tenemos por su causa. Pero algo tengo que agradecer de su visita de esta tarde: me ha curado la inseguridad. La ha borrado de mi vida de un plumazo. ¿ Y sabes por qué?  Porque con su actitud, con sus palabras, supe que quería meter cizaña en nuestra relación, y sentí que debía defender a mi familia, a nuestro hijo, y sin más la eché de casa.  No sé qué es lo que te ha contado, pero francamente no me interesa en lo más mínimo. Tú ya has tomado la determinación por ella, y así será.  No te preocupes por nosotros.  Soy capaz de sacar al bebe adelante yo sola.  No vas a tener ninguna atadura, pero no voy a consentirte, ni a ti ni a nadie que intervenga en mi casa, en mi matrimonio. Necesito poner distancia de por medio, ya te lo he dicho.  He de pensar muy bien lo que voy hacer, se me acaba el tiempo.  Te lo he repetido en más de una ocasión: soy una persona que pasará por la vida sin pena ni gloria, no dejaré ninguna huella, hasta ahora, porque ahora sí dejaré, al menos una vida que recordará a su madre el día que ya no exista.  Con un poco de suerte quizá tenga el color de mis ojos, o de mi cabello, o sea algo tímido como yo. Quizá tenga algún rasgo que me recuerde, y entonces mi vida no habrá sido tan vacía, tan inútil. Y ahora discúlpame, tengo que hacer mi maleta
-¿ Te has vuelto loca?.  Rematadamente loca. No vas a ir a ninguna parte.  Esta es tu casa. Soy tu marido. Yo te quiero más que a nada, y no la estoy defendiendo   a ella, estoy defendiendo a mi familia, a ti y a nuestro hijito ¿ es que no te das cuenta?  La conozco mejor que tú y se de lo que es capaz.  Efectivamente me llamó cuando ya venia a casa. Fue bastante desagradable, porque estaba hecha una furia y me dijo cosas desagradables de ti, y entonces decidí que no se lo iba a consentir y fui a verla, para decirle cara a cara, el desprecio que me  infundía y que por encima de todo eres mi mujer. No se lo que te ha dicho, pero no nos hemos visto desde el día de las fresas.  Ni siquiera hemos hablado por teléfono.  Pero sé que es una artista en el doble sentido.  Sabe perfectamente cómo decir algo en el momento que a ella le interesa, y es lo que ha hecho contigo. Y sí,  estoy furioso contigo porque no me has dicho todo lo ocurrido, que pienso,  es de hace tiempo. Eres mi mujer y llevas a mi hijo en tu vientre ¿ crees acaso que es por arte de magia?  Deberías saber que cuando hemos hecho el amor, ha sido eso,  amor, y no otra cosa.  Han habido muchas mujeres en mi vida, tu ya lo sabes porque yo te lo dije, pero desde  que comenzamos nuestra relación, ninguna, óyeme bien, ninguna,  se volvió a meter en mi cama.  Tú has sido la única en mi vida desde hace mucho  tiempo.  A estas alturas creí que ya lo sabrías, pero no.  Ha tenido que venir esa intrigante a abrir una brecha tan profunda en nuestras vidas, como pensar  en abandonarme.  ... Perdona, pero soy yo quién piensa que no me amas lo suficiente para compartir mi vida.  Que todo ha sido un espejismo de mis ansias por tenerte cerca.  Nunca imaginé que llegaríamos a esto
- Pero yo te quiero... no deseo abandonarte, solo...   que ella me dio a entender... bueno ya puedes imaginar lo que me dio a entender


- ¿ Por qué no me lo dijiste ? Directamente, sin ambages. Nos hubiéramos evitado todo este jaleo
- Pero además...  tu has estado muy frio conmigo desde hace días.  No eres tan cariñoso como antes.  Llegas a casa de malhumor, apenas hablamos . Lo entiendo, estoy pesada y poco atractiva.  Pero eso ya lo sabías...  Te he decepcionado, lo sé, pero...  yo hago lo que puedo
- ¿ Que ? Precisamente ahora es cuando estás más bonita ¿ no te das cuenta? Eres tu la que me esquivas Hablé con Michael porque noté tu distanciamiento, y me dijo que les sucede a algunas mujeres  al quedarse embarazadas. Hay algunas que hasta odian a sus maridos porque les culpan de lo que les está ocurriendo
- Yo no te odio, ni te culpo de nada.  Yo te quiero y estoy feliz de tener a este bebe, pero precisamente porque te quiero mucho, me duele todo esto.  Me siento que no represento nada para ti.
- ¡ Por Dios ! Somos un par de estúpidos enfrascados en un problema inexistente. Eres todo para mi  ¿cómo has podido pensar eso?  Anda ven aquí.  Abrázame y zanjemos de una vez este embrollo en el que nos hemos metido nosotros solitos, sin ayuda de nadie.  Olvida por favor todo lo ocurrido. Olvida a Sara.  No creo que vuelva a aparecer más por aquí, y si eso ocurre, dímelo.  No me ocultes nada. Que no volvamos a tener malentendidos entre nosotros.

Adela se refugió en los brazos de su marido, que la besaba insistentemente tratando de calmar el llanto que sacudía su cuerpo.

Nuevamente, a la mañana siguiente, volvió a salir el sol en sus vidas.  El estaba más cariñoso con ella, que lo había estado en los últimos tiempos.  Conocía la causa del distanciamiento de su mujer, y creía había disipado todas sus dudas respecto al amor que sentía por ella.  Adela sonreía incesantemente y acariciaba la mejilla de él, mientras ponían la mesa para desayunar.  Anderson acariciaba el vientre de ella, transmitiendo con esa caricia el amor que sentía por el pequeño, que  no tardaría en llegar al mundo.

Los días siguientes fueron de paz entre ellos, y Adela dejó de trabajar para esperar la próxima llegada de su hijo.  Lo tenía todo preparado para el acontecimiento y esperaba con ilusión la llegada de sus padres en un par de días.  Lo tenía todo dispuesto, tan solo le faltaban algunas cosas en la despensa y pensó que debía ir al supermercado para terminar sus compras.  Anderson le había dejado a la puerta del establecimiento .  Mandaría a un empleado del hotel a recogerla y la dejaría de nuevo en casa.  No quería que cargase peso, inclusive no deseaba que saliera de casa.

- Avísame si te encuentras rara. Hazlo inmediatamente- le dijo él cuando se despidió de ella- Te quiero, Dely, ¿ lo sabes?
- Claro que lo se.  Anda que vas a llegar tarde al trabajo.  Estoy bien, estoy bien.  Aún quedan unos días para que llegue- dijo pasando su mano por la tripa.

Pero en realidad no se encontraba muy bien.  Había notado que su vientre había bajado.  Su rostro había cambiado de expresión y se encontraba cansada.  No quería preocupar a su marido, y por eso había ocultado su preocupación.  Pensaba que la llegada de  su hijo era inminente



- Espera un poquito, chiquitín, sólo un par de días, a que lleguen los abuelos

Hizo sus compras y el empleado la dejó en casa y la ayudó a colocar las cosas en  su sitio. Tras ofrecerle una taza de te, el muchacho regresó al hotel nuevamente.  Ella se quedó sola y se tumbó en el sofá del salón. Se encontraba extraña.  Decidió llamar a su marido.  Su estado no era el normal de todos los días.  No era que se sintiera molesta ni cansada, era una sensación diferente

- ¿ Estás bien ? - la voz ansiosa de Anderson respondió enseguida a su llamada
- Lo siento Andy.  No, no estoy bien.  No se que me ocurre, pero creo que la llegada...
- Voy para allá- Anderson no la dejó terminar la frase

Tardó poco más de veinte minutos en llegar a su casa.  Entró nervioso, impaciente y preocupado.

-Dely, Dely - llamaba  a voces al no encontrarla en el salón
- Estoy en el baño- respondió

Anderson fue en su busca preocupado decidido a acudir al médico, después de ponerse en contacto con él

- Cariño ¿ llega ya ?
- Creo que si...  He manchado un poco
- Vámonos, ahora.  Michael ya está avisado.  Le he llamado antes de salir del hotel.  Nos espera en la clínica
- ¡ Oh Dios mio !
- ¿ Que ocurre, que pasa ?
- Espera , espera...  Estoy haciendo pis
- ¿ Estás rompiendo aguas?
- Creo que si. ¡ Oh Dios mio !
- No te asustes. Tranquilízate. No voy a dejarte sola. Váyámonos ya, por favor
- De acuerdo, vamos



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