jueves, 20 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 10 -Cena para dos

Estaba nuevamente en casa. Retrocedió en el tiempo, y giró la cabeza en dirección a la cama vacía de su hermana.  No la producía dolor dormir alli, al contrario le daba paz y serenidad.  Recorrió con la mirada todos los objetos ordenados encima de la cama, en alguna estantería  o sobre algún mueble.  Tenían el sello de Ada, o sería quizá su falta lo que les hacían más especiales.  Recuerdos de la niñez de las chicas, que su madre no había querido regalar a nadie, máxime después de la muerte de su hija mayor.  Se sentía cansada, posiblemente fuera la paz que allí se respiraba, lejos del ajetreo y contaminación de Londres.  Poco a poco fue entornando los ojos, hasta que la venció un profundo sueño, del que sólo se despertó sl escuchar unas voces en el piso de abajo..



Eran Arnold y el niño. ¿ Qué hacer, bajar o fingir que seguía durmiendo?  Despacio se abrió la puerta y la carita sonriente de su sobrino, se asomó cautelosa por si estaba dormida, algo que ella fingió para gastarle una broma.  El niño se acercó sigiloso hasta la cabecera, y Ada abrió un ojo, y al verlo se lanzó sobre su tía, y ambos juguetearon a hacerse cosquillas, riendo como si ambos fueran de la misma edad.  Se peinó un poco y bajaron para saludar a Arnold que esperaba  charlando con sus suegros.  Desde el piso de arriba, podía escuchar perfectamente sus voces y la explicación que él daba a sus padres referente a su visita

- Íbamos hacia el pueblo y al pasar frente a vuestra casa, ví el coche de Alexa, y el niño comenzó a palmotear y a pedirme que pasásemos a veros.  Y aquí estamos.  En ese momento alzó la vista y vio a Alexa que tomando la mano del niño, bajaban por las escaleras.  Se levantó cortés para saludarla, y ambos se dieron dos besos en las mejillas como hacían siempre.

- Quiero quedarme a comer aquí, papa- dijo el niño mirando a su tía
- Lo siento, cielo, pero ya hemos quedado y has de venir conmigo
- Pero es que no quiero ir. Los mayores os ponéis a hablar y yo me aburro
-He dicho que no puede ser, mañana si lo deseas te quedarás, pero hoy no puede ser-.  Alexa le miró extrañada de tan tajante respuesta. Algo importante debía traerse entre manos para requerir la presencia del niño:

-"Seguramente querrá que se conozcan, y es normal y natural, sólo que al pequeño Arnold, no le hace ninguna gracia."   Lo pensaba para si, sintiendo una punzada de desilusión.  El niño comenzaba a llorar, y para consolarle, le dijo:

-Arnold, tu ya eres mayor, y los chicos mayores acostumbran a cumplir la palabra que dan.  Si papa ha dicho que os están esperando, has de ir. Vamos a hacer una cosa, si papa nos da permiso. A vuestro regreso te quedas a dormir aquí ¿ vale ?

Arnold la miró como agradeciendo la oportunidad de que su hijo no fuese enfadado, pero también ¿habría otro motivo por el que se alegraba?  Posiblemente si, pero no quería pensar en ello.  Tenía derecho a tener sus aventuras; su madre acababa de explicarle que salía con una chica, seguramente iban a reunirse con ella, de modo que tendrían la noche para ellos solos.  ¿ Cómo había sido tan tonta?  Encima se lo servía en bandeja, en lugar de luchar por él, se lo cedía a otra chica.  Había perdido la cabeza, no le cabía la menor duda.  Pero fue el propio Arnold quién cortó el hilo de sus pensamientos

-Pasaré a buscarte a las siete. Cenaremos fuera de casa y charlaremos tranquilamente.  Hacía mucho tiempo que no venías por aquí- le dijo dirigiéndose a Alexa
- Tienes razón. pero el trabajo me quita mucho tiempo
- Bien, pues esta noche me lo cuentas todo.  Ahora vamos un poco justos de tiempo.  Despídete Arnold, luego volveremos.- El niño ante la perspectiva de que volvería por la tarde, pareció conformarse, y dando la mano a su padre, salieron más tranquilos para reunirse con quién se hubiera citado.

Y fiel a su promesa,  se presentó nuevamente con el niño.  Se había cambiado de ropa . Se puso un traje impecable que le sentaba igual que a un modelo,  y ahora se le veia más atractivo.  Ella  un elegante vestido y juntos salieron dispuestos a pasar una agradable velada.  La madre, al verlos, sonrió, pero no hizo ningún comentario.  Arnold se sentía deslumbrado por Alexa: estaba muy distinta, guapísima, pero tenía algo en la mirada que le hacía que no fuera ella. Tenía los ojos apagados y no brillantes y luminosos como siempre.  Sentía curiosidad por saber de su relación con Arthur, porque de ello dependían muchas cosas.  No se atrevía a preguntarle abiertamente,  Lo dejaría para la cena, acompañándose por un buen vino a ver si se les soltaba la lengua a ambos.

Tenían una mesa reservada en el mejor restaurante de la ciudad.  Un lugar íntimo y agradable, que se prestaba a una noche de confesiones íntimas.  Después de saber que lo suyo con Arthur había terminado, Arnold comenzó hablando de sus planes de futuro que no estaban con la chica con la que había estado saliendo.

- Es muy complicado, mi hijo no la quiere.  Creo que se ha fijado un modelo en su cabeza y ninguna le parece bien, tan sólo una es de su complacencia y de la mia también, pero ella no sabe nada- Ella le escuchaba en silencio mirándole a ratos, y otros bajando la cabeza.

Se le notaba nervioso, inquieto como si temiera pronunciar el nombre de la elegida, y esa confesión causaba un profundo dolor en el corazón de Alexa.  Estaba claro que  no pensaba en ella, que ni siquiera se imaginaba lo que pudiera sentir por él. Y callaba evadiéndose a ratos de la conversación, pensando en sus cosas o simplemente no queriendo escuchar lo que tenía que decirla. ¿ Por qué la había elegido como confidente?  No lo entendía.  Durante una temporada habían estado algo tirantes, por eso es que ahora con su confesión no sabía a dónde quería ir a parar

- ¿ Me estás escuchando? - Fue la voz de él la que la sacó de sus pensamientos- ¿ Bien qué tienes que decir?

Ella parpadeó inquieta.  Le había dicho algo, trascendental a todas luces, y no sabía lo que era. Justo en ese momento salió del planeta Tierra para huir a ¿dónde ? ¿ Qué sería lo que le dijera y que ella no prestó atención ? ¿ Cómo rectificar ahora sin saber a qué se refería ?

- Perdona Arnold, se me ha ido el santo al cielo ¿ qué me estabas diciendo?
- Nada, es igual. Está visto que no te interesa- respondió él
-No, en serio. Si me interesa, de verdad.  Todo lo vuestro me importa. Es que tengo un problema entre manos y... sin querer... me he puesto a pensar en ello. Lo siento, perdóname
- No te preocupes.  No era importante

Pero sí lo era por el tono de su voz y el cambio de gestos en su rostro. Presentía que había sido algo trascendental, al menos para él y justo en ese momento se había evadido de su presencia.  Tuvieron un lago silencio.  Estaba claro que ese no era el programa que él había imaginado para esa noche, pero ella torpemente lo había echado todo a perder.  No se lo perdonaría nunca.  De repente presintió que tenía algo que ver con ella, con aquella cena. Con aquel cambio de indumentaria más elegante, y un pensamiento cruzó raudo por su cabeza ¿ Y si la estaba pidiendo que fuera su esposa?  Había pedido disculpas y él no había dicho nada, así que se lo jugaría todo a una carta:

- Si quiero - Lo dijo tan claro y tan rotunda, que Arnold se la quedó mirando extrañado de su reacción
- Si quieres ¿ qué Alexa? - No, no había sido lo que había imaginado.  No se le ocurría otra forma para que volviera a contarle aquello que la decía cuando no prestó atención
- No sé lo que me estabas diciendo. Eres un cabezota y no quieres repetirlo.  Te he pedido perdón y aún así sigues en tus trece No sé qué más puedo decir.  Creo que debemos retirarnos, puesto que las cosas no han surgido como estaban previstas.
- ¿ Quieres irte a casa?
- Si, lo quiero. No debí aceptar tu invitación.  Me estás haciendo cómplice de algo que a duras penas soporto, y sin embargo deseo ayudarte, pero no sé qué nos pasa que nuestra complicidad se ha esfumado, desde hace tiempo. Posiblemente sea yo la culpable, o quizá lo seas tu, no lo sé, pero no me siento cómoda. Así que si, quiero irme
- Está bien - Y alzando la mano llamó la atención del camarero para que trajera la cuenta.

Tenía el presentimiento de que estaba relacionado con ella y se hubiera dado de bofetones por haber sido tan inoportuna.  Había estropeado, sin querer, una noche que se anunciaba especial.  Caminaron en silencio, pero él la tomó de la mano, algo que ella agradeció y alivió en algo su frustración.

- Perdona - le dijo Arnold - He  sido muy descortés contigo. No he tenido en cuenta que tú también tendrás tus problemas, máxime ahora que has roto con Arthur

Ella sin poderse contener por más tiempo, estalló llena de ira por la actitud de él que seguía sin darse cuenta de lo que representaba para ella, y que en lo que pensaba era precisamente, que había elegido a otra mujer para ocupar el lugar de su hermana, y no era precisamente ella.

- Eres torpe Arnold, y además estás ciego.  No entiendes nada ¿ Crees acaso que eres tú solo el que tiene problemas, el que está sufriendo?  Pues entérate, llevo años sufriendo por ti.  Mi vida ha estado marcada por tí y he tenido que guardar silencio siempre.  Y ahora... no quieres decirme de lo que estabas hablando porque yo he sido una estúpida y me evadí de mi problema por unos instantes.  Ese ha sido mi fallo. Está bien.  Sigue tu camino y no vuelvas a dirigirme la palabra mientras vivas.  No quiero volver a verte nunca más; déjame tranquila seguir adelante.

Pero algo ocurrió en ese momento que no entendía, porque él rompió a rer a carcajadas, algo que la enfurecía áún más.

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