viernes, 21 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 11 - ¿ Me quieres? Te quiero

Notaba que cada vez se exasperaba más al verle reír sin sentido ¿ Qué hacían en mitad de la calle? Él riéndose de ella y cada vez mas enfadada, a punto de echarse a llorar ante la pasividad de él.  Unos instantes fue lo que duró la escena, pero Alexa creyó que había sido toda una eternidad. A paso ligero, abandonó la escena, y sintió unos pasos detrás de ella y una fuerte mano que la agarraba del brazo obligándola a detenerse.  Ahora era Arnold el que estaba enfadado

- ¿ A dónde crees que vas?, la increpó de repente
- A mi casa
- Conmigo has venido y conmigo regresarás. Creo que esta absurda  conversación ha durado demasiado.
-¡ Claro ! a ti te parece absurda, porque te lo pasas en grande.  Siempre te han divertido las disputas entre Ada y yo.  para tí era un trofeo, pero maldita la gracia que a mi me hace



- No tenía ni idea de lo que pasaba entre vosotras, ella nunca dijo nada.  Y lo que menos podía imaginar es que yo fuera el protagonista de vuestras batallas.  Está bien, te repetiré lo que estaba diciéndote, mientras tú viajabas a no se sabe qué lugares de la estratosfera. ¿ Te quieres casar conmigo ?
. ¿ Qué ?
- ¿ Que si te quieres casar conmigo? No sé cuándo, ni en qué momento, dejé de verte como mi cuñada para pensar en tí de otra manera. No se te oculta que adoré a tu hermana, y siempre estará en mi vida y tendrá un lugar en mi corazón.  Pero ahora has desembarcado tú en mi mundo, y es de ti de quién vuelvo a estar enamorado. Mi hijo te adora, necesita una madre, y nadie mejor que tú que llevas su misma sangre. Yo también necesito una mujer a mi lado con quién conversar, hacer planes de futuro, en fin, volver a crear una familia, y ahí entras tú.
- O sea, vas a utilizarme
- ¿ Por qué eres tan retorcida ?  Te lo acabo de explicar. No necesito una mujer, que por otra parte ya hubiera elegido hace tiempo.   No. Te necesito a tí, te lo acabo de decir. Y no deseo una sirvienta, si es a eso a lo que te refieres, te necesito porque te quiero, porque deseo compartir mi vida contigo. No le des más vueltas, eso es así de simple. Ahora necesito que me digas si o no, porque llevamos un rato dando vueltas en el mímo círculo, y puesto que, según has dicho, llevas años pensando en mi, sabrás lo que deseas, y yo quiero saberlo aquí y ahora.
- No lo sé
-¿ Qué no lo sabes?
- No, no lo sé.  Todo ha sido muy rápido
- ¿ Rápido ?  Según dices llevas años pensando en mi. Bien pues aquí estoy; te ofrezco mi amor y el de mi hijo.  Formar una familia contigo y compartir lo bueno y lo malo que la vida nos depare.  Entenderé que todo lo que has dicho ha sido en un arranque de furia, no te preocupes.  Sería demasiado bueno que algo me saliera bien en la vida.
- Te han salido muchas cosas bien, no te quejes.  Has sido amado profundamente por una buena mujer, tienes un hijo que te adora, y una familia que te quiere ¿ No es suficiente?
- No, no lo es.  Porque por fin he salido de mi aislamiento  y me he vuelto a enamorar de una persona que he tenido cerca todo este tiempo y he sido tan torpe que no lo he visto. No,  no me parece suficiente. Quiero más, y en ese más estás tú. A tí es a quién quiero a mi lado.
- Está bien...
-¿ Qué quieres decir con está bien ? Oye, eres algo complicada
- Te estoy diciendo que si. Que yo también te quiero; te lo he repetido: desde que era una niña. Hablas de sufrimiento.  Claro que el mio no se puede comparar con la pérdida de Ada, pero no tienes ni idea de las noches en las que he llorado porque tú no te dabas ni cuenta de mi existencia. Pero en fin, todo eso ya pasó. Y ahora... bésame antes de que me arrepienta.

Y se besaron y abrazaron como dos chiquillos jóvenes y enamorados.  Arnold la  estrechaba contra si, como si fuera a escaparse y ella abrazaba su nuca como para que ese beso no se acabara nunca.  Ni en sueños había tenido una escena semejante.  Ni siquiera lo había ideado porque sabía que su amor era imposible.  Que él ni siquiera la veía, que era invisible a sus ojos.  No quería saber más.  deseaba vivir ese momento y que no terminase nunca.  Al fin emocionados e incrédulos por lo que acababa de pasar, se separaron jadeantes.  Ninguno de los dos se atrevía a hablar.  Él para no hacerle una proposición que pudiera espantarla. Era pronto aún, tendría que dejar madurase la idea en su cabeza.  Ella deseaba recibir esa proposición, pero no hablaría, no le pediría nada. Tendrían que hablar primero con el niño, porque él sería quién dijera la última palabra. ¿ Y si decía que no ? No quería ni planteárselo; Arnold había hablado con mucha seguridad, conocedor de primera mano de lo que su hijo pensaba.  Por fin al cabo de un rato en el que sólo se miraban, fue él quién hablo primero

- Tenemos que volver a casa.  Si por mi fuera estaría toda la noche contigo andando, o sentados en un banco del parque, pero has de descansar, que para eso es que has venido.  Además debes volver a Londres.
- No me importaría estar toda la noche despierta.  Es cierto, se me había olvidado Londres.  He de pensar en lo que voy a hacer

-¿ Tienes que hacer algo ?
- Creo que debo hablar con Arthur.  El conoce mi historia y es un buen amigo. Y en segundo lugar renunciaré a mi trabajo.  No quiero separarme de vosotros ni tampoco estar medio día en la carretera, así que les llamaré y les diré que renuncio.
- Pero no puedes hacer eso. Es lo que te gusta
- Es cierto Arnold, me gusta mi trabajo, pero lo primero es la familia y quiero atenderos yo. Lo deseo fervientemente. Si encuentro un trabajo para hacer desde casa, lo haré, pero si no es así lo tengo decidido: renuncio a todo, menos a vosotros.  Sois mi prioridad.
- ¿ Cuándo lo has decidido ? Porque esta tarde aún no sabíamos nada
 -Lo acabo de decidir ahora, mientras nos besábamos.  Lo he deseado durante demasiado tiempo, y ahora que lo tengo no voy a renunciar a ello.  Estoy muy segura de lo que voy a hacer.

Volvieron a besarse y lentamente, cogidos de la mano, emprendieron la vuelta a casa.  Ambos sentían una necesidad ardientemente, pero ambos sabían que antes de nada tenían que recibir la bendición y beneplácito de Arnold junior.

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