domingo, 23 de abril de 2017

Dos hermanas - Capítulo 13 -Tú y yo

Y acudió al colegio  a ver jugar a Junior.  El niño la divisó cuando ella buscaba a Arnold, y la hizo una seña con la mano y una amplia sonrisa, que derritió el corazón de Alexa.  Se sentó junto a  él, y Arnold tomó su mano depositando un beso en ella. La miraba con infinita dulzura, agradeciendo ese gesto para con su hijo. ¿Conseguiría disipar las dudas?¿ Podrían al fin ser una familia?  Los chiquillos estaban alborotados, el equipo de Junior había ganado el partido, y cuando se reunió con sus padres, se abrazó a Alexa y la dio dos besos, al tiempo que la decía

 -Has sido mi talismán - Ella rompió a reír feliz abrazando a su sobrino. Arnold contemplaba la escena pleno de satisfacción.  Parecía que las cosas comenzaban a arreglarse.



Para celebrar el triunfo, decidieron acudir a comer a un restaurante, era la primera vez que lo hacían los tres juntos, ellos solos, como una familia.  El niño no dejaba de mirar los rostros de su padre y de su tía, y las miradas y sonrisas que se dedicaban.  Le hacía gracia la actitud de los mayores ¿ Por qué se manosean tanto las manos? Nunca había visto a su padre con una demostración de amor tan a la vista de todos.  Recordaba muy vagamente  cuando salían con su madre.

- Papá siempre le cogía las manos y se las besaba. Creo que mamá estaría feliz de vernos- Y sonrió.

Al regreso a casa, pararon en el domicilio de Alexa.  Como  había comentado por la mañana, iban a dejar que el niño  pasara la noche con ellos. La diferencia estaba en que había sido él quién expuso la idea.  Ella guardó silencio recordando la recomendación de su madre. Había llegado el momento, aunque ignoraba las intenciones de Arnold. Él buscó la aprobación a la idea con la mirada y ella le respondió con un movimiento de cabeza, mientras Junior entraba en casa diciendo a gritos a sus abuelos que habían ganado el partido.  Tomaron un café con ellos y pasado un rato, fue Arnold quién les anticipo que se irían


- Espero que no os moleste que haya pensado en  dejaros esta noche a Junior dormir aquí. Tenemos mucho que hablar y que pensar, para decidir sobre nuestras vidas
- No tienes que decir nada.  Es mi único nieto le queremos y nos quiere. Y vosotros solucionad lo que tengáis que hacer y no preocuparos de nada. - Y dicho ésto, la madre dirigió la mirada hacia su hija, y con un guiño sonrió dando su aprobación

Y cogidos de la mano, salieron de allí para dirigirse a casa de Arnold. Tenían que hablar, despejar las dudas que aún quedasen y si todo salía bien, fijar una fecha para su enlace, proyectar el futuro, y Alexa solucionar su trabajo en Londres.  Regresaría a la capital al día siguiente, por la tarde.  Querían apurar al máximo su separación, y aunque no lo expresaran, ambos pensaban en lo mismo: lo difícil que iba a ser  seguir el ritmo diario, hasta volverse a ver.

Alexa estaba algo cohibida y ni siquiera se atrevía a sentarse en el salón de la casa de Arnold. El la ofreció si deseaba tomar algo, y ella lo  rechazó. Estaba deseando, y a la vez temía comenzar a hablar. Arnold la miraba expectante a que ella rompiera el hielo, y al cabo de un instante ocurrió:

- Verás- comenzó diciendo -Sabes todo de mi, y yo creo saber de tí, pero esta situación que vivimos, me es totalmente desconocida..  Nunca había pensado que ésto pudiera ocurrir, y no sé cómo actuar. Mis dudas no son tanto tuyas como mías.  Quizá no esté a la altura de las circunstancias. Una cosa es ser tía, y otra muy distinta ser esposa y madre.  Tendré que acostumbrarme a tu papel de marido, que nunca imaginé, a pesar de desearlo con todas mis fuerzas.  Esas son mis dudas.  Pero nunca dudé de que no debía convertirme en tu mujer porque lo he deseado siempre.  Te ruego me perdones si con mi actitud te he hecho daño, porque no era esa mi intención
- Lo entiendo. Yo tuve mis dudas también cuando todos me insistían en que debiera buscar una mujer y crear de nuevo una familia.   .  Cuando me  decidí , no dormía, a penas comía. No estaba tranquilo. Ha pasado tiempo desde que ella se fue, pero la echaba de menos y me parecía un delito,  faltar a su memoria.Tampoco me veía casado nuevamente, por muchas reflexiones que me hiciera respecto a Junior.    Pero surgiste tú y todo quedo relegado. Ahora sé muy bien lo que quiero y eres tú Y lucharé por tenerte, y esperaré si me lo pides, porque deseo que nos casemos.  Sé que me amas y que yo te correspondo. Has visto la reacción de Junior cuando apareciste en el partido ¿ qué más quieres?.
- Todo eso lo sé, pero...  Sólo te pido tengas paciencia conmigo. Quiero que me comprendas lo que voy a decirte. Durante todos estos años has sido mi cuñado, hasta que hace unos días me propusiste casarnos.  No es que no lo desee, no es que no te quiera, sólo que es muy extraño para mi el simple hecho de dormir juntos.  Sé a qué hemos venido, pero...no sé qué me pasa...
-¿ Quieres irte? Si es eso lo que deseas, te llevaré de nuevo a casa. ¿ Cómo no voy a darte tiempo?  Lo entiendo.  Entiendo tus razonamientos, pero olvida de una vez que soy tu cuñado, borralo de la cabeza y deja que yo te haga olvidar
- ¿ Pero cómo ?
- ¿ Me das tu permiso?
- No te entiendo Arnold, permiso ¿ para qué ?
- Voy a seducirte, para eso quiero tu permiso.  Deseo facilitarte las cosas. Que pierdas el rubor conmigo. Somos un hombre y una mujer que se aman y van a casarse.  Todo viene por sí solo

Ella le miró de frente y avanzó hacia él, que reflejaba en su rostro la incertidumbre por la respuesta de ella. Le besó y le abrazó, y Arnold supo en ese instante que sería su mujer.  Correspondió a su abrazo y a su beso, y acarició su cabello y besó su rostro, y sin palabras la tomó en brazos.  La miró y ella dijo sí con la cabeza: ambos sabían lo que eso significaba.  Habían aclarado sus dudas, sus temores, ahora tenían que conectar de otra forma, y así ambos lo entendieron.


Ella se mostraba tímida.  Era la primera vez que ocurría ésto.  Hasta ahora había sido su cuñado, pero ahora, en ese momento cambiaba de plano para convertirse en un futuro marido, y en un amante en la actualidad.  No era una mojigata, ni la primera vez que mostraría su cuerpo a un hombre, aunque no lo había hecho más que con Arthur, pero Arnold, era diferente.  Era el amor de su vida y estaba tan nerviosa como la primera vez que hizo el amor.  Arnold se daba cuenta de la lucha interna de ella y trataría de estar tranquilo para que ella también lo estuviera.  Hacía tiempo que no había estado con ninguna mujer; era joven y tenía enfrente a la chica de la que se había enamorado.  La situación para él era complicada.  No deseaba que se desmadrase.  Ejercería todo el control que pudiera. Comenzó por besarla y acariciar su cara . La miraba fijamente como convenciéndose que estaba allí a su lado y que dentro de poco le pertenecería, se pertenecerían ambos.

Ella respiraba con dificultad y correspondía a sus caricias, y poco a poco todo fue por el camino normal entre dos seres que se aman y que han luchado por llegar hasta aquí, hasta el momento de la culminación de su amor.  Se entregaron mutuamente, con plenitud de amor, dejando atrás todo su pasado, el de los dos. Su nueva vida había comenzado en ese preciso instante, en que formaron un solo cuerpo y ambos se amaron hasta la extenuación.

Con sus manos enlazadas, se miraban y sonreían.  Ya no había nubes en el horizonte, sólo sol y un nuevo presente y un nuevo mañana.

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