Dos hermanas - Capítulo 2 - Duelo

Y después siguió todo el protocolo a cumplir:  el desfile de gentes con su pésame.  Llanto de la madre, abatimiento del padre , soledad y angustia de Arnold abrazado a su hijo que no dejaba de preguntar por su madre, lo que incrementaba aún más su desesperación.  No podía soportar toda aquella angustia, y se refugió en el cuarto que Ada y ella  compartian  cuando eran  jóvenes.  Repasaba con la punta de los dedos sus cosas: sus libros,  sus muñecas de niña, sus pósters en la pared, y la fotografía de Arnold en su mesita de noche.  Sentada en una esquina, a los pies de la cama, pudo dar rienda suelta a su dolor.  Había perdido a la única hermana, a la que  siempre creyó  afortunada, sin pensar que había abandonado la vida en  juventud,  plenitud de amor y de vivencias por llegar.


Se sintíó culpable por ello, y recordó sus palabras de despedida. Tendría que acercarse a él y tratar de consolarle, cuando ella  misma necesitaba de consuelo, de unos brazos que la  protegieran, de esos brazos que no la pertenecían.  Le buscó por toda la casa.  Lo halló en el jardín con el niño en brazos que se había quedado dormido.  La ternura la invadia en oleadas, y su  corazón se desbocaba al verle.  Pero también le  remordía la conciencia

- ¿ Cómo es posible que en estos momentos piense sólo en él?  Es en mi hermana, pobrecilla, que se ha ido tan joven y dejando a un hijo tan pequeño en quién he de pensar.  Arnold, pasado un tiempo, habrá de casarse, para volver a dar un hogar a su hijo, aunque no esté enamorado, aunque recuerde permanentemente a su esposa fallecida,, que a penas hace unos horas que  reposa en el cementerio.

Se dirigía hacia el lugar en donde se encontraba Arnold que lloraba desconsoladamente mientras apretaba a su hijo contra su pecho.  Ni siquiera se había dado cuenta de que Alexa estaba a su lado, hasta que notó una mano sobre su hombro.  Entonces giró la cabeza y la vio. La miró intensamente pidiendo ayuda para el dolor que le desgarraba.  ¿ Cómo iba a seguir viviendo sin ella?

Le escuchaba con inmensa tristeza por la pérdida de su hermana, pero también por su propia tristeza.  Tenía que cumplir con su encargo, pero no sabía si tendría fuerzas para seguir adelante con esa farsa, fingiendo que todo era normal, cuando distaba mucho de serlo.  Arnold, levantó su mano y apretó suavemente la de ella, con una mirada agradecida de estar allí.  Es la hermana de su esposa y la consideraba como una hermana pequeña.  Pero esa adolescente,  a sus ojos, era todo una mujer, con unos sentimientos que la rompían el corazón al ver cómo sufría el hombre al que amaba,  por la pérdida de su hermana.  De esa hermana, a la que siempre envidió, creyendo que el día que estaban viviendo no llegaría nunca.

- Sube y acuéstate un poco.  Estás destrozado.  Necesitas ser fuerte por el pequeño.  Te hará muchas preguntas que habrás de contestar para no crear confusión en su cabeza.  Envidio a los niños, que en su inocencia no son conscientes de lo que les ocurre, de la tremenda desgracia que acaba de vivir.  Yo te disculparé ante nuestros amigos. También tengo que llamar a la oficina.  Dejé un trabajo a medias para que lo terminara Arthur y no se cómo van las cosas
- Voy a seguir tu consejo, acostaré al niño y me echaré a su lado.  No tengo ganas de hablar con nadie, y fingir una tranquilidad que no tengo.

Le tomó del brazo y los tres se dirigieron al piso de arriba, hacia el que fuera dormitorio de Ada cuando aún era soltera.  Arnold acostó a su hijo, y Alexa le dió un analgésico.   Ella salió de la habitación. Bajó hasta la planta baja y se dirigió al despacho de su padre.  Marcó el número de la oficina y fue el mismo Arthur quién respondió a su llamada.

- ¿ Cómo estáis? Imagino el panorama.  No te preocupes por nada.  Tómate el tiempo que sea necesario

Arthur era no sólo compañero de Alexa, era también su jefe inmediato y co-propietario de la agencia de publicidad.  Comenzó a trabajar allí cuando terminó su carrera, e inmediatamente conecto con él.  Era un tipo simpático que se enamoró de Alexa en cuanto la vió.  Ella rechazó cualquier muestra de acercamiento por su parte , dejando muy claro desde el primer momento que su corazón estaba ocupado desde hacía tiempo, y que ello la imposibilitaba tener otra relación, aunque no especificó que el amor que sentía era por su cuñado.

- Te lo agradezco Arthur, os lo compensaré cuando regrese, pero ahora me es imposible.  Mi cuñado está destrozado, el niño no entiende nada y mis padres... bueno ¿ qué voy a contarte ?.  Sabíamos que podría llegar el momento, pero siempre nos quedaba la esperanza de que cualquier fármaco o su propia naturaleza pudiera con la enfermedad, pero no ha  sido  así.  Estoy destrozada; he de guardar una compostura que no tengo
- Oye, oye, no te derrumbes.  Son momentos difíciles, pero eres fuerte y lo superarás.
- Nunca he vivido una situación como esta. ¡ Es horrible !
- Mañana terminamos con el trabajo.  Me pondré en camino hacia allí.  necesito darte un abrazo
- ¡ Oh Arthur ! En verdad lo necesito.  Necesito tener cerca a un buen amigo como tu
- Bien, pues mañana me tendrás allí

Y fiel a su promesa, y a última hora de la tarde se fundía en un abrazo con Alexa, ante la mirada de Arnold que miraba sin ver.  Mantuvieron un rato de charla con todos los componentes de la familia, mientras el niño jugaba a los pies de su tía, ignorante de todo cuanto su familia estaba viviendo.  Él veía en Alexa la representación de su madre, aunque no se parecían nada en absoluto, pero no debió ser así como él lo sentía, porque no se despegaba de ella ni un minuto.

Arthur agarraba la mano de la muchacha cariñosamente, para infundirle valor y apoyo, y porque sus propios sentimientos hacia ella querían mitigar la angustia que su rostro reflejaba y que no sabía lo qué hacer para consolarla , y a esas personas con el dolor reflejado en sus caras.  Le daba infinita tristeza el joven viudo, pendiente de su hijo, queriendo a toda costa desempeñar el papel de padre y madre, y que el niño notase lo menos posible, su pérdida.

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