La celta que llegó de lejos- Capítulo 6 - Los Clanes

Y la mansión MacDonald se llenó de gentes venidas de todos los lugares  de Escocia.  Todo parecía arrancado de un libro de siglos pasados, y ella era como un jarrón chino: bonita pero sin hallar su lugar. James atendía a sus invitados y de vez en cuando la buscaba con la mirada.   Marian, estaba  ansiosa por conocer a la enamorada de él, no la veía por ningún lado.  Siempre tenía  un corrillo de muchachas a su alrededor, coqueteando, pero ninguna de ellas parecía interesarle.

Por fin pudo deshacerse de sus admiradoras, y llegó hasta donde estaba ella, sola.  Todos parecían ignorarla, y de vez en cuando miraban en su dirección como preguntándose ¿ quién es esta muchacha?.  Nadie, excepto James, la conocía y tampoco podía hablar con ninguno de ellos, ya que todos hablaban en gaélico.  Cuando se acercó el anfitrión, la tomó de la mano y se la llevó cerca de donde él estaba

- James, creo que debo irme. Todos se preguntarán quién soy.  No conozco a nadie, ni puedo entablar una conversación con nadie. Soy una extrajera intrusa y eso hace que me sienta bastante incómoda, así que voy a retirarme.  Vosotros tendréis cosas importantes que solucionar y yo estorbo
- No te vas a ir a ningún sitio.  Eres mi invitada y esta es mi casa.  Y si hay alguien a quién no le guste, pues ahí tiene la puerta.
-No te pongas así.Soy una extraña entre vuestros asuntos y sois vosotros los que tenéis que hablar. Por cierto ¿ dónde está tu prometida?
-¿ Qué prometida?
-Me dijeron que van a exigirte tu casamiento.  Pensé que...
-Pues pensaste mal.  Lo siento, no he debido contestarte de esa forma. Lo lamento

En ese momento se acercó un integrante del Clan y murmuró bajito a James, algo que no le gustó, y tomándola de la mano, se dirigió al centro de la habitación e hizo callar a todos, sin soltarla.

- Por favor, silencio.  Tengo algo que comunicaros. A mis oídos ha llegado la noticia de que esta noche vais a proponer algo que me concierne directamente, por lo tanto seré yo quién lo decida. Si no estáis de acuerdo, mi señorío está a vuestra disposición desde ahora mismo. Y además, como sé que estáis impacientes por conocer quién es la señorita que me acompaña, os diré que es la descendiente de Lua y Kendric, que ha llegado hasta nosotros para conocer qué fue de sus antepasados.  Está invitada en mi casa, y por si alguien no está conforme con las explicaciones, os diré que es de nuestra raza, aunque de otro país.  Su nombre es Marian, y desciende de Breogán.  Y ahora disfrutad de la noche, que para discutir sobre jefaturas, tendremos tiempo.-  Y con ella de la mano, se acercó al grupo encabezado por la persona de más edad, del clan MacLea y tío de James.


Cada vez se sentía más incomoda.  Sospechaba que algo no iba bien y  ella estaba involucrada,  aunque so supiera porqué ni por quién.  Se entabló una discusión en voz baja entre su tío y él, en gaélico, con lo cual sólo pudo deducir que había algo que no les gustaba a ninguno de los dos.  En un descuido se desasió de la mano de Jame, y salió apresuradamente rumbo a la habitación.  Era el momento oportuno de marcharse de allí.  Buscaría un hueco en  el hostal, pero no podía quedarse  y crear la incomodidad que estaba viendo.  Se quitó la ropa con que se había vestido perteneciente a la madre de James, y con unos vaqueros y un jersey salió sigilosamente de allí.

Como imaginaba, no había sitio libre en el hostal.  No podía volver a entrar en casa de James, porque posiblemente estuvieran enfrascados en los asuntos de la Reunión convocada a tal efecto.  Si al menos tuviera el coche, podría resguardarse en él, pero estaba tirado en la carretera, o cuando mucho en algún garaje. 

Con suerte los pubs si permanecían abiertos dado la cantidad de forasteros que habían acudido al acontecimiento, así que optó por entrar: al menos estaría al resguardo de la noche y de algún borracho.  Estaba cansada.  Miró el reloj y comprobó que era la una de la madrugada, apoyada en sus brazos, reclinó la cabeza y se quedó dormida.  No sabía el tiempo que llevaba en esa posición, cuando una mano fuerte, pero suavemente,  movió uno de sus brazos, despertándola

- Te dije que no te movieras
- Oh, James.  No podía permanecer allí, compréndelo. Discutíais algo que no me concernía, y mucho me temo que más de uno pensaba lo mismo.
- ¿ Y crees que éste es el mejor lugar para dormir?
- No tenía otro. O esto o la calle.  Estaba cansada. Al menos aquí no hace frío
- Esta bien. Volvamos a casa y acuéstate
. No James.  Eres muy testarudo y me haces pasar por momentos muy violentos.


James la miraba fijamente, a veces, entreabriendo los labios como queriendo decir algo, pero no terminaba de hacerlo.  Y por fin, tomó la decisión de aclararle el motivo de sus discusiones con los distintos miembros del clan

- Quieren que me case e inmediatamente tenga un heredero. Por mucho que les he hecho ver que ya no estamos en siglos pasados, no atienden a razones. Así que he renunciado a todo si el precio es unirme en matrimonio a alguien que no ame
- Luego entonces, es verdad - dijo Marian
- Es verdad a medias. Ellos me habían buscado a una muchacha, bonita, si, pero de la que no estoy enamorado. Así que no voy a unir mi vida a alguien por una tradición que está fuera de lugar en la época en que vivimos.
- ¿ Buscas mi apoyo? No puedo decir nada.  No participo de vuestras costumbres que me parecen ancestrales, pero son vuestras normas. Un matrimonio es para siempre, y cuando es feliz es una maravilla, pero cuando es a la fuerza es un infierno.  Creo que debes hacer lo que tu corazón te dicte.
- Mi corazón me dicta casarme contigo
- ¿ Cómo has dicho ?
- ¿ Quieres unir tu vida a la mía ?
- James MacDonald, lo de nuestros antepasados parece ser que salió bien, pero es otra época, otras personas, y otras formas de pensar. Y yo..., yo...
--No me amas ¿ no es así ?
- Me gustas.  Me has gustado desde que te vi la primera vez, pero es bien cierto que me intimidas aún. Tienes un carácter muy fuerte y no nos conocemos bien. No sabes nada de mi, aparte de que soy descendiente de Lua.  Pero ignoras si en mi país ha quedado algún chico que espera mi regreso. Y yo no sé nada de ti.  Imagino que habrás tenido tus amores, y que posiblemente aún los tengas.  No nos conocemos.  Es todo muy arriesgado.  Por otra parte están los clanes y dudo mucho que si esta noche no han querido hablar conmigo, tampoco querrán saber nada de mi, y mucho menos tenerme como pariente
- O sea me está rechazando en toda regla ¿ no es eso ?
- No te estoy rechazando, pero hay cosas que no lo hacen posible.  Dentro de nada regreso a España, y nos habremos olvidado de todo este asunto.
- Tu te habrás olvidado.  Ten por seguro que yo no
- Pero eso no es posible.  Hasta hace dos días te costaba dirigirme un saludo y ahora de repente me pides que me case contigo.  No te entiendo, James, no os entiendo.
- ¿ Vamos a pasarnos toda la noche discutiendo?  Creo que podríamos hacer mejores cosas
- Prefiero no entenderte
- ¿ Te asusta ?
- Si me asusta.  Me asustas tu. Así que por favor dejemos esto ya de una vez.  No me voy a acostar contigo si es eso lo que insinúas


- No lo estoy insinuando.  Te lo estoy pidiendo
- Interpreto que es el whisky quién habla por ti.  Así que no me daré por aludida. No soy de esas  ¿sabes? Ni he buscado en todos estos días conquistarte.  Creo en las amistades sinceras, pero veo que soy una ilusa.  Te rogaría que volvieras con los tuyos

James, volvió a mirarla y salió del pub sin decir nada. Todo había quedado claro entre ellos.  Sólo había pretendido irse a la cama con ella, con la extranjera.  Se le hizo un nudo en la garganta y reprimió las lágrimas que pugnaban por salir. Ahora estaba todo decidido: tenía que marcharse en cuanto amaneciera.  Ni siquiera recogería la ropa que había dejado en la habitación.  No quería volver a verle.

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