lunes, 6 de febrero de 2017

La celta que llegó de lejos - Capítulo 7 - El regreso

Wester Ross, quedaba lejos. Visto desde el avión, todo el territorio se veía como una mota de polvo.  Era como si no hubiera vivido durante más de quince días en ese territorio hostil para ella.  ¿Qué habrían decidido los clanes ? ¿ Conseguirían casarle ?  Y algo parecido a una punzada en su pecho, sintió,  al pensar en ello.  En un par de horas estaría en casa, y lo vivido en Escocia le parecería un sueño, como si no hubiese vivido la magia de ese país.

Las preguntas,  los abrazos,  se sucedieron.  Al fin caras amables y cariñosas:  su familia. Todos la preguntaban cómo le había ido, y omitiría el contar las hosquedad de los primeros días; disfrazaría la experiencia para que todo fuera más amable.  Y  después de un montón de explicaciones, al ir a mostrarles las fotos, se dio cuenta de que la máquina se había quedado en aquella habitación que hospitalariamente le brindó James.  ni siquiera recogió su ropa por salir apresuradamente de allÍ, antes de que le diera por ir en su busca.


 Cogió la documentación y la maleta sin deshacer y salió. Las voces subían desde la planta de abajo, y aunque no entendía de lo que discutían, por el tono de voces, comprendió que eran muy acaloradas, lo que dedujo de que a James no iba a irle nada bien en sus planes.  Nunca tendría la oportunidad de enterarse, puesto que ella no tenía en mente repetir la experiencia y él tampoco vendría a España, con lo cual, sería una anécdota a olvidar, y cuanto antes mejor.

Aquella noche, cuando se acostó, echaba de menos el calor de la chimenea de su habitación en la mansión, y el silencio aplastante del entorno.  Ya de madrugada, pudo conciliar el sueño, mezclado con paisajes verdes, castillos en ruinas y cabellos color de fuego.  Se levantó con la cabeza embotada, pero nada que un calmante no aliviara.  Después de asearse, bajo al comedor, en donde algunos huéspedes, aún desayunaban.  Se sentó en un rincón, y fue Maruxiña la que le sirvió un café acompañado de unos bollos hechos en casa.  Y se deleitó con ese sabor tan conocido y especial, después de haber tomado, durante tantos días huevos para desayunar.  Y su imaginación voló hacia él.  No quería recordar, no quería pensar, pero era persistente el recuerdo. Habían pasado pocas horas y aún estaba algo descolocada con el cambio del paisaje

Decidió que tenía que buscar trabajo.  Había pasado una semana desde que regresó, y ya estaba bien d holgazanear sin nada que hacer.  Además la ayudaría a no pensar en las Highlands, ni en él.  No entendía esa obsesión por aquel total desconocido.  Seguramente a esas horas ya estarían preparando el acontecimiento de su boda.  El Clan, era todo para él, y por ello haría cuanto le ordenasen que hiciera.  Y de repente, se dio cuenta que le echaba de menos.  Que echaba de menos las montañas, su verdor, el paisaje frondoso de sus bosques y de nuevo hasta su mente le llegó la imagen de él montado a caballo en su primer encuentro,  en su primer saludo. Y un pellizco la dio a entender, que en realidad James le gustaba, y mucho.  Que no sería fácil borrarle de su vida.  Pero también pensó que cuando trabajase y tuviera otras responsabilidades, y menos tiempo libre, el recuerdo se iría difuminando y retomaría la tranquilidad y monotonía de la vida que había tenido antes de conocerle.


Y aquella noche, cuando James  subió a la habitación y vio que se había marchado sin despedirse de él, dio un puñetazo a la pared, como si ella tuviera la culpa de todo.  Había tenido una agria discusión con los señores de los clanes y sus exigencias eran firmes. ¿ Cómo era posible que aún prevalecieran esas costumbres tan ancestrales?  Ahora la vida de las personas se rigen por otros parámetros y no por los que dictan un puñado de hombres. Pero la realidad era que desde siempre habían seguido esa costumbre y ahora no sería una excepción.

Había subido con la esperanza de verla, y para darse un respiro.  Sabía que estaba a punto de perder los nervios, y no quería hacerlo.  Buscaba en vano una solución.  Renunciaría a todo, no le importaba, pero no se uniría a una mujer que no amase, y Saoirse no era santa de su devoción, aunque ella no tuviera la culpa de lo que le pasaba.

Comprobó que se había llevado la maleta, pero no la ropa que habían planchado y arreglado y que se había mojado con la lluvia. Sobre la cama, estaba el traje de la madre de James, colocado y en orden. También observó que la máquina de fotos  estaba sobre la mesa, y comenzó a ver las imágenes con la esperanza de que hubiera alguna de ella.  No la había, pero él ´estaba  en casi todas. ¿ Por qué no se esperó ? Siguió revisando sus cosas por si encontraba algo que le indicara su dirección, su teléfono, o donde vivía.  Estaba decidido ir a buscarla aunque fuese al fin del mundo.  Se había enamorado como un chiquillo, a pesar de todos sus esfuerzos para que no ocurriera, pero fue la primea vez que la vio, cuando llamó su atención sin imaginar siquiera quién era y a qué había llegado a esas tierras.  Encaminó sus pasos lentamente hasta el piso de arriba y se posicionó delante del retrato de Lua y Kendrick.  Al menos el parecido con Marian era un consuelo para recordar su rostro.

Hasta él, llegó su tio Ewan, hermano de su madre y con el que tenía más confianza. Le dio una palmada en la espalda y le dijo

- Vamos chico.  Te ha dado fuerte. Tenemos que bajar, ya han deliberado y creo que te darán un plazo, pero con alguna objeción. así que baja, y acabemos con ésto de una vez.

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