Keira y el Dr. O'Reilly - Capítulo 15 y último - Una gran familia

La noche era eterna, la espera larga. Keira no podía dormir, así que comenzó a trazarse una especie de ruta de trabajo.  Y pensaba:

- Su guardia finaliza a las ocho de la mañana.  Mientras da los partes, se cambia y charla con el siguiente turno contando las incidencias de la noche, serán las nueve, aproximadamente cuando salga. Debería llega a casa a las nueve y media.  Bien, a las ocho comenzaré a prepararme.  He de estar seductora para él. ¡ Dios mio ! Ni en mil años hubiera imaginado los sentimientos que guardaba para mi. Ni la lucha constante al sentirse responsable de algo de lo que no  tenía culpa alguna. Y yo creyendo que le era indiferente. Debió buscar ayuda y se hubiera ahorrado tanto tiempo de sufrimiento por lo irremediable. Bueno, basta ya de pasado. Ahora hemos de pensar en el presente.

Y pensando, pensando, al fin pudo conciliar algo de sueño. Un sueño intranquilo en el que mezclaba las imágenes de su boda, su primera noche juntos y la fotografía de la fallecida.  Ésto último hizo que se despertara. Y como si de un aviso del más allá se tratara, miró el reloj y comprobó que ya eran las ocho y debía ponerse en macha.  Se dio un baño de sales para relajarse.  El olor a rosas invadió su olfato y sonrió divertida. Se secó el cabello con rapidez, se había entretenido demasiado.  Buscó entre su ropa el camisón más seductor, se perfumó y se metió en la cama nuevamente.  Se haría la dormida cuando él llegara.


Y no tuvo que esperar mucho, cuando oyó unos pasos rápidos que subían la escalera que conducía a los dormitorios.  Primero escuchó el abrir de una puerta y cerrarla en un segundo.  A continuación unos pasos ligeros que llegaban hasta su habitación

- Aquí está, ha llegado- se dijo

Y efectivamente, la puerta se abrió dando paso a un Aidan sonriente  que miraba a la bella durmiente.  Se metió en la cama y suavemente, aproximó su cuerpo al de ella, que no pudiendo contenerse más se giró y se abrazó a su cuello.  Los besos y las palabras de amor, brotaban de los labios de ambos.  Eso era el paraíso. Aidan tenía prisa, prisa por besarla, por acariciarla, por hacerla suya.  Eran como dos adolescentes que tienen por primera vez una relación amorosa.  Y en cierto modo, así era.

Después de la explosión de amor y deseo, ya calmados, tomados de la mano, Aidan la preguntó:

- ¿ Por qué te has acostado en esta habitación?  Esta no es la nuestra
- No me dijiste nada, pensé que no te gustaría que me tomase esa libertad sin consultarte.
- ¿ Aún no me crees?  Pensé que había quedado claro ayer. Esta habitación es para la Keira tutora, pero ahora eres mi mujer.  No es para ti, no es  para nosotros.  Por cierto, mañana vendrán con unos muebles.  Sólo tendrás que indicarles dónde van
-¿ Unos muebles? No me habías dicho nada, ni sé tampoco dónde van
-Es un nuevo dormitorio y van en la habitación que será de los dos.  Todo nuevo, como nueva será nuestra vida de ahora en adelante

Y Stella cogida de la mano de Keira, que reclinaba su cabeza sobre el hombro de Aidan, contemplaban el resultado de la nueva decoración del dormitorio, totalmente reformado.  Sería un nuevo comienzo, pasando una página amarga..

Y poco a poco, paso a paso todo volvía por su propio peso a la normalidad. Aidan estaba mas sereno, más sonriente, más tranquilo.  La complicidad con su esposa era perfecta. Se conocían más y mejor, y  la niña se había vuelto más revoltosa, más juguetona, más alegre.  Un día, mientras esperaban la llegada de Aidan, Stella hizo una pregunta  a Keira que no supo responder.

- ¿ Quieres ser mi mama? Todas las niñas en el colegio me preguntan si lo eres y yo no sé qué decir.  ¿Puedo llamarte mami ?


- Verás tesoro. Sabes que tu mamá verdadera está en el cielo con las estrellas y desde allí te cuida y te protege.  Me encantaría que me llamaras mami, porque te quiero muchísimo y nada me alegraría más, pero creo que eso se lo debes preguntar a papa.  El quería mucho a tu mamá y posiblemente no le agrade mucho que me lo llames a mi. Si te diera su permiso por supuesto que serías mi hija del alma.  Ven aquí y abrázame.  Te quise desde que te vi por primera vez y siempre te querré.

Cuando llegó su padre se lo preguntó de improviso y él, sorprendido, tardó unos segundos en reaccionar.  No esperaba una pregunta así en una niña tan pequeña.  Keira salió de la habitación al escucharlo.  No quería influenciar a nadie con su presencia, y sabía que para Aidan era muy incómodo.  Pero se equivocaba, él estaba desando  que fuera su madre, pero no quería presionar a la niña tomando él la iniciativa.  Sabía de los sentimientos que unían a las dos, y que sería una alegría enorme para Keira, pero debía ser Stella quién adoptase esa decisión.  La tomó sobre sus rodillas, y aproximadamente le dijo las mismas palabras que empleara Keira. La niña interpretó que daba su aprobación y lo mismo que un rayo, salió corriendo en busca de Keira, mientras repetía unas palabras que emocionaron a su padre

- Mami, mami, mami

Keira alarmada, creyendo que lloraba por haber sido contrariada, salió en su busca y ambas se abrazaron, cuando Stella de un salto se agarró a su cuello besándola en las mejillas.  Era la primera vez que la abrazaba y la llamaba mama. No podía reprimir el llanto de emoción que ahogaba su garganta. Giró la vista en dirección a Aidan y le vio emocionado también, contemplando la escena. Habían luchado por esa niña.  Ella fue el motivo de su unión, aunque escondieran sus verdaderos sentimientos, pero Stella fue el motor de todo, el ángel que guió sus pasos.  Las dos corrieron hacia donde estaba Aidan y los tres se fundieron en un abrazo.

Aidan se vestía con rapidez la ropa de quirofano, pero esta vez no era el médico sino un ayudante de su mujer. Keira estaba dando a luz y debía estar con ella en el paritorio.  Nunca había vivido una situación igual, ya que la llegada al mundo de Stella, le pilló trabajando en una operación grave, y fue Molly la que estuvo junto a su hija.  Pero en este parto ayudaría a su mujer, aunque no sabía si podría resistirlo. Él , acostumbrado a ver tantas cosas en los quirófanos, temblaba como una hoja cada vez que a Keira le venía una contracción.  Fueron seis largas horas de parto agotador las que duró el viaje a la vida de su hijo, de su segundo hijo. ¡ Le había deseado tanto, necesitaban ese hijo para reforzar su unión !, y el día que su amigo ginecólogo les confirmó la noticia, no pudo resistir tanta emoción y cuando llegaron a casa abrazó a su mujer y se puso a llorar como un chiquillo.  Después, cogidos de la mano, anunciaron a Stella que iba a tener un hermanito.  La niña daba saltos de alegría imaginando que ella ayudaría a su mami a atender al pequeñajo, como ella le llamaba.



Por fin, con un último empujón salió Arthur O'Reilly. Llorando a todo pulmón, algo que hizo sonreír a sus padres.  Aidan secaba el sudor de la frente de Keira y emocionado le daba la gracias por tantas cosas buenas que había llevado a su vida, una vida condenada a una oscura soledad, pero que ella llenó de luz.

Por expreso deseo de Keira, quiso poner ese nombre,  del abuelo materno,  como compensación a la hija que perdieron.  Cuando Aidan salió con él en brazos para mostrárselo a los abuelos y a Stella, una emocionada Molly, se abrazó a él y les dio las gracias por ello.

-Dale las gracias.  No me engañé con ella.  Os ha hecho felices a ambos y por tanto también lo somos nosotros. Bendito sea el día que la encontrataste y entró en nuestras vidas.

A los tres días Keira salió del hospital llevando en brazos a Arthur junior y cogida de la cintura por su marido.  Todos los empleados de la casa,  más los abuelos y James, les dieron la bienvenida con alegría y emoción.  Todos recordaban de la forma tan rocambolesca en que se había iniciado lo que les había llevado a formar una familia con un amor inmenso entre ellos.  Nadie daba un centavo por el resultado de ese matrimonio absurdo.  Todos temían una hecatombe, pero es sabido que el amor todo lo puede y ellos supieron encontrar el rumbo de sus vidas. ¡ Cómo imaginar que terminaría en este acontecimiento, lo que comenzó con un médico salpicado de vómito por una chica en urgencias y que la casualidad reunió un tiempo después.


Dos años más tarde se volvería a repetir la misma situación Aidan junior y  Belinda O'Reilly, llegaron juntos de la mano. Ya eran familia numerosa: tenían cuatro hijos

Desde las estrellas, una joven madre, muerta prematuramente, sonreía al ver que su pequeña,  por fin había encontrado a una mamá que la sustituía. Ella  hizo que el destino tomara parte en esa partida, y esas almas se encontraran para unirse. ¡ Bien hecho, familia ! Es todo lo que dijo antes de que su cara sonriente se difuminara en el vacío.

 Y así fue la historia de una joven tutora y de un serio y ceñudo doctor que unieron sus vidas de una forma extraña, pero que supieron formar una maravillosa familia en la que reina el amor entre ellos y en cuantos les rodean.



                       F    I    N

Autora:  1996rosafermu
Editada:  En  2016
Fotografías:  Archivo 1996rosafermu

DERECHOS DE AUTOR  RESERVADOS


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