jueves, 12 de enero de 2017

Matrimonio por contrato - Capítulo 7 - Phoebe, adiós

No había dejado de amar a su mujer, sólo que Phoebe ya no era la misma.  Él se encontraba joven y su virilidad no había sufrido merma, al menos es lo que él pensaba, pero si era más lento en llegar al climax.  No le importaba si la chica de turno fingía.  Quería creer que no, que aún era capaz de dar placer a una mujer. Una noche, al regresar a casa, la criada le dijo que la señora no se encontraba bien y había permanecido en cama toda la tarde.  Subió dando zancadas las escaleras y entró en la habitación donde Phoebe dormía con alta fiebre.  Ella abrió los ojos al entrar   y le miró fijamente  , con una mirada que él jamás olvidó.  En ella le expresó sin palabras que estaba al tanto de sus andanzas.


Y  no supo negarlo.  Sólo pudo pedirla perdón y prometer no volver a hacerlo.  El médico no se explicaba lo que la ocurría.  Aparentemente no tenía nada, pero no mejoraba y al contrario, se deterioraba cada vez más,  A penas comía y ya no sonreía.  A veces Steve  la miraba mientras dormía y se preguntaba ¿ qué había sido de aquella joven feliz,  enamorada e impulsiva que era, con la que había compartido su vida ?   ¿Por qué ?  ¿ Qué le ocurría ?  El médico no le daba una respuesta, no sabía qué decir, y aconsejó ingresarla en un hospital a fin de hacerle diversas pruebas y acertar con el diagnóstico.

Ella se negaba asegurando que mejoraría.  El luchaba  porque sabía que la estaba perdiendo, y aunque no quería separarse de ella, terminó por dar su autorización.  Sentía una fuerte opresión en el pecho. Sólo de pensar que ella estuviera tan enferma que no quisiera vivir.  La víspera de ser ingresada, en la soledad de su habitación, cuando el matrimonio ya estaba acostado, Phoebe pidió a su marido que le hiciera el amor. El se sorprendió y sintió una llama de esperanza. Y la besó y acarició como hacía mucho tiempo no hacía.  Y ella le acarició a él y volvió a ser la esposa, y la amante que tanto echaba de menos.  Y tuvieron una relación intensa, como si de nuevo hubieran recobrado la juventud. Y él la pidió perdón por su infidelidad y ella tapó sus labios con su mano, cuando el comenzó a llorar.

La quedaban pocas fuerzas, pero las quería para gozar con su marido de lo que había sido su vida conyugal de antaño.  Y fue sensual y provocativa y sedujo a su marido nuevamente y llegaron al clímax más intenso que Steve recordaba desde su luna de miel.  Agotados se quedaron dormidos como entonces piel con piel y abrazados . Él besó su frente y ella sonrió y entornó los ojos.



La ambulancia que la transportaría al hospital había llegado, y Phoebe ayudada por Steve, se había vestido con un bonito camisón y una elegante bata. El cepillaba su cabello, ahora salpicado de  gris, pero seguía siendo hermosa, a pesar de las profundas y violáceas ojeras que rodeaban sus ojos.  Cuando la hora estaba cercana, agarró las manos de su marido y le obligo a sentarse frente a ella. Le miraba intensamente, como si viera su rostro por primera vez.  Se aproximó a él y le besó en los labios, y le dijo.

-Steve, mi amor, voy a dejarte.  Mi tiempo se agota, lo sé, por eso quiero pasarlo a tu lado, lo que me quede, sea poco o mucho, pero por favor no me ingreses.  Quiero morir en casa contigo a mi lado, y con nuestros hijos.  No en una fría cama de hospital
- Qué disparates estás diciendo. Vas a ponerte bien, y no te dejaré; yo estaré contigo siempre cogido de tu mano.  Sólo serán unos días, y después te traeré de nuevo a casa.
- No cariño, si me llevas al hospital, sé que no regresaré. Quiero que sepas que he sido la mujer más feliz del mundo. Que te he querido con todas mis fuerzas y que adoro a los chicos, y que estoy muy orgullosa de la familia que tú y yo creamos
- Calla, calla, por favor. No hables así.  Me rompes el corazón. Te quiero, te quiero, .  Sin ti no soy nada. Tu me das la fuerza; volverás a estar fuerte y nuestras noches serán como las de ayer. Fuiste increíble, mi amor.


- Cierto, lo pasamos bien ¿ verdad ?
- Mas que bien.  Eres una amante muy experimentada
- Mi marido me enseño. Y ahora discúlpame, voy a echarme un rato. Estoy cansada, ayer fuiste un chico muy juguetón

Una débil sonrisa salió de su boca acompañada por la de su marido, que aunque tenía el corazón roto, tenía que disimular cante ella.  " se me va, se me va ", pensaba para sí, mientras la besaba en los labios tiernamente..  Cuando llegó el médico le contó lo expresado por ella, y el doctor moviendo negativamente la cabeza, le dijo

- No la ingrese, señor Durham.  Su mujer se está muriendo, no hay nada qué hacer
- No, Dios mio, no ¿ Qué es lo que tiene. La llevaré a los mejores especialistas del mundo. Se curará
- No puedo imponer mi criterio, pero mi opinión es que la deje aqui y avise a sus hijos lo antes posible..

No podía creer lo que estaba viviendo. Aún era joven ¿ que le había ocurrido ? No podía perderla. No se separaba de su lado. Cogía su mano, besaba su frente, acariciaba su rostro, y ella poco a poco dejó de sonreir al contacto de sus caricias.  Los hijos llegaron y abrazados a su padre lloraron amargamente los cuatro.  No podían creérselo. Hacía tiempo que no gozaba de excelente salud ,pero llegar al final, era demasiado inconcebible para ellos.

Tres días después de que sus hijos llegasen, Phoebe exhaló el último suspiro en brazos de Steve, que roto de dolor se resistia a abandonar su cuerpo inerte.  Miraba su rostro, besaba sus labios aún ténues y acariciaba su cara .  La llamaba bajito suavemente como si estuviera dormida y temiera despertarla. Era una pesadilla no era real nada de lo que estaba ocurriendo.


Phoebe fue enterrada  en un lugar del jardín que ella más amaba y no lejos de su casa. El jardinero plantó unos rosales que ella había cuidado con esmero hasta que cayó enferma.    Steve  al regreso del funeral, se metió en el dormitorio, lo cerró con llave y no salió de allí en unos días.  No dejaba entrar a nadie, ni que nadie tocara nada.  Todo quedaría como ella lo dejó. Y lloraba, lloraba amargamente pidiéndola perdón, enloquecido dando paseos por la habitación y mesándose los cabellos.


- Yo he sido el causante. Yo he tenido la culpa. Ha muerto de tristeza y yo he sido el causante de ello.

Gritaba desesperado, y por muchos intentos que sus hijos o sus fieles sirvientes tratasen  de hablar con él, fue todo inútil. Ni de noche ni de dia dejaba de lamentarse, de llorar de desesperarse.  Al fin un día, dejó de gritar y salió de la habitación Había envejecido en pocos días . Su mirada se había vuelto dura como cuando era joven y hasta parecía que su espalda se había encorvado. Fue Sean fiel mayordomo, con tristeza al verle, quién  consiguió llevarle hasta el comedor y que al menos tomase un té.

- ¿ Sabes Sean ? Yo la he matado
¡ Jesús señor, qué cosas dice !
- Ella se ha muerto de pena.  No quería vivir porque pensaba que ya no la quería. ¡ Dios mio le hubiera dado mi vida mil veces! Pero sé que le llegaron rumores de que yo ya no la amaba y estaba enamorado de una joven .  Era un capricho, nada mas.. Y en parte tenían razón, pero nunca dejé de amarla.  Las malas lenguas se encargaron de hacérselo pensar y perdió el interés por vivir. Y yo sigo aquí, para mi castigo, purgando las cosas malas que la hice vivir.



Y fue Sean el depositario de su gran secreto. De su primera noche con ella, algo que nunca se había perdonado, aunque Phoebe jamás volviera a mencionarlo.  El mayordomo ya anciano, le escuchaba en silencio atónito por lo que decia y que nunca hubiera imaginado.

- Deseo que cuando ya no esté transmitas a mis hijos y nietos todo lo que te he contado.  Ese será mi purgatorio. Está todo escrito en un diario,  en uno de los cajones de mi armario.  El día que yo falte dáselo a mi familia, por  favor.
- Señor, esas son cosas de ustedes dos.  No hay necesidad de que nadie se entere
- Fue la  familia, la de ambos,   quienes nos   indujeron  a hacer lo que hicimos, pero al mismo tiempo, les agradezco que lo hicieran porque he vivido al lado de la mujer más extraordinaria que existió sobre la tierra.  A la que amé mas que a mi vida, y la que me regaló el amor mas puro que jamás ha existido.  Deben saberlo, y deben conocer a la clase de familia a la que pertenecen.  Tuvimos que aislarnos de ellos, porque no nos hubieran dejado vivir en paz
- Señor, ella no murió por lo que usted la hiciera. Estaba enferma, pero es cierto sabía los cuchicheos que sus cuñadas hacían correr de ella principalmente, por eso dejó de asistir a fiestas, a reuniones,  todos los eventos, con cualquier excusa para que fuera usted solo, porque a ella ya nadie la invitaba. Pero no fue porque ella no fuera honesta, que lo era, sino porque habían difundido patrañas tanto de usted como de ella
- ¿ Y por  qué no me lo habéis dicho antes?
- Ella no quiso jamas que usted se enterara.

Y salió como loco a casa de su hermano mayor, y aporreando la puerta, sin llegar a entrar. organizo tal escándalo que el periódico de Bibury, estuvo hablando durante dias de ello.  Su hermano y su mujer, tuvieron que irse a Londres a vivir durante un año, hasta que se diera todo por olvidado.

A partir de aquel día Steve ya no fue nunca el mismo.  Hablaba poco, dejo de recibir visitas.  Nunca quiso hablar con sus cuñadas y poco con sus hermanos. Tan sólo Patrick hijo de su primogénito Richard, pasaba largas temporadas con él.  Incluso cuando teminó de estudiar vivía casi permanentemente con el abuelo. A penas salía de casa.  Daba largos paseos por el jardín de su mansión e iba a diario hasta la tumba de Phoebe y allí se sentaba  encima de su lápida y emprendía largos parlamentos con la difunta y hasta a veces pareciera que ella le acompañaba, pero sólo eran ilusiones del anciano..


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