Matrimonio por contrato - Capítulo 6 - Paris, mon amour

Y realizaron el tan ansiado viaje de novios.  Y fueron a Paris, y recorrieron toda la ciudad y hacían el amor cada noche.  Y sus encuentros eran una explosión de amor y sensualidad. Y cada día Steve  se mostraba más enamorado de su mujer, y su amor por ella no tenía límites. Y Phoebe era inmensamente feliz. Y bajo las enseñanzas de su marido, llegó a ser una amante increíble, que en cada encuentro amoroso sentían transportarse al infinito placer de ser uno del otro.  Más de un mes duró ese viaje maravilloso, imborrable en sus vidas, que fue el principio del extraordinario amor que llegaron a sentir el uno por el otro.


Steve  había decidido, que los días de holganza habían terminado. Habló con su padre y le pidió trabajo, que no dudó en conceder, pues es lo que estaba deseando para su hijo.  Junto a sus hermanos tomó las riendas del negocio familiar, y al tener una vida estable y feliz, las ideas brotaban en su cabeza y bajo su dirección, el negocio se incrementó en beneficios y en ampliación.

Habían pasado tres meses de su retorno a Bibury, cuando Phoebe le anunció que iban a ser padres. No se podía ser más feliz ni amar mas a una mujer, a su mujer.  Se sentía orgulloso de ella y de la vida tan feliz que llevaban. Sin perder el trato con la familia,  tampoco frecuentaban con exceso a sus respectivos padres. Todo el tiempo libre lo querían para ellos solos, para recuperar el tiempo perdido durante su primera etapa.

En su segundo aniversario de boda, la regalo  un cottage en el suroeste de Londres, y allí acudían con frecuencia, sobretodo los fines de semana.  Huían de las reuniones protocolarias que por su cargo en los negocios, a veces se veían obligados a frecuentar, no sin ser reprochados duramente por la familia..  Nunca iba solo, siempre acudía a las reuniones familiares o de amistades  de la mano de Phoebe, su mejor consejera.  Pero en el cottage se sentían libres, eran ellos mismos.  No tenían que cubrir apariencias ante nada y ante nadie. Cuando querían se besaban, jugaban, corrían, y hacían el amor sin tapujos, tal cual  lo sentían. A Steve,   la mirada fría y acerada de hace tiempo, se había tornado dulce y tierna, y ella siempre sonreía.  Quería gritar a los cuatro vientos que su marido la amaba y que era inmensamente feliz.



Pasaron los nueve meses de embarazo y nació el primero de sus hijos al que puso por nombre Richard, el primero de tres. Le siguieron Madelaine y Sean. Ya eran familia numerosa.  Una noche, después de que los niños estuvieran dormidos, ellos ya acostados, Steve  abrazó a su mujer y le dio las gracias por haber creado esa fabulosa familia, y ser una esposa tan buena como era ella.  Se lo repetía muy a menudo.  Quería a cada momento de su vida en común.que supiera lo agradecido que le estaba y que nunca olvidaría cada minuto de su vida con ella.

 Y la besaba  y ella le correspondía y vivían una eterna luna de miel  como olvidando y  disfrutando del primer año de su matrimonio tan frío y anormal.  Y los hijos crecieron, estudiaron y se casaron, y les hicieron abuelos. De nuevo estaban ellos solos, jóvenes aún, pero ya mayores.  Los temas de conversación, ya no eran los mismos.  Sus relaciones sexuales se habían ralentizado, y Steve  comenzó a salir con frecuencia al club, mientras Phoebe se quedaba en casa sola o en la de cualquier amiga.  Los padres de ambos ya habían muerto, y con los hermanos la relación era fría y distante.  Nunca entendieron la estrecha unión del matrimonio,y el  que nunca se hubieran  separado. Y comenzaron a criticarles, pensando que esa unión marital, les restaba amistades de renombre que darían esplendor al apellido familiar.  Las cuñadas sacaron a relucir la amistad de ella con el doctor Spencer de hacía años, y a difundir algo que nunca había existido.  Hasta que un día llegó a oidos de Phebe, y no sólo eso, sino que Steve tenía una amante bastante más joven que él.  En cambio ellos seguían teniendo sus amigos de solteros que frecuentaban a menudo, y ellas  hacían lo mismo por el otro lado.


 Alguno de los hermanos tuvo romances extra matrimoniales, y su cuñada nada supo, o fingió no enterarse.  El caso era que nada trascendiera más allá de los muros de las casas, fingiendo una familia solvente y perfecta, cuando en realidad no lo era y la envidia por el matrimonio de Phoebe y Steve, era lo que les movía a las insidias.  Las habladurías de su propia familia, hacían daño a Phoebe, , no por lo que dijeran de ella, sino por el temor de que si fuera verdad lo de Steve.  Más de una vez había propuesto a su marido irse  a vivir a otro lugar, algo que él había rechazado.

 Nunca le dijo el motivo y las dudas que tenía para ello.  Poco a poco la fueron dando de lado; tampoco le importaba en exceso, pero las invitaciones a eventos o reuniones, se fueron haciendo más escasas., pero nunca le comentó a Steve la verdadera razón.

La fortuna heredada de los padres se había incrementado grandemente por el trabajo y la colaboración de todos, pero aún les pareció insuficiente y siguieron amasando dinero.  Steve, decidió que tenía suficiente para vivir con holgura ellos y sus hijos, y se retiraba de la dirección.  De ahora en adelante se dedicaría a vivir con su mujer y a  viajar por el mundo.


Su amor era grande pero reposado, sin los excesos de la juventud, pero respondiendo cada vez que era solicitado por  cualquiera de ellos.  Pero esa complicidad, también se espació.  Steve se había convertido en un hombre de fuerte personalidad, apuesto y simpático que aún podía encandilar a cualquier mujer.  Phoebe en cambio, al llegar a la madurez, comenzó a resentirse en su salud, y es que el último embarazo había tenido sus dificultades y desde entonces las fuerzas la iban abandonando. Y el tempo siguió su andadura y Steve  llegó a esa edad difícil para los hombres en la que se resisten a dejar de ser jóvenes, y de nuevo comenzó a visitar un burdel.  Al principio por curiosidad por saber si las cosas seguían como cuando era joven.  Y todo, era  lo mismo, porque el sexo es y será siempre igual.  Se encaprichó con una chica joven que supo engatusarle y sacarle el dinero como quería.

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