domingo, 8 de enero de 2017

Matrimonio por contrato - Capítulo 3 - El contrato

¿ Cómo era Steve Durham ? Apuesto, elegante, conquistador, mujeriego y algunas veces borracho. Era muy conocido en el reducido círculo de  Bibury.  Todas las jovencitas casaderas bebían los vientos por él.  Todas trataban de que se fijase en ellas, y él sabedor de ésto, a todas halagaba, pero ninguna era su ideal de mujer.  Frecuentaba algún burdel que otro, y le gustaba una chica  que por nombre  llevaba Dori, trabajadora del sexo muy solicitada, también por él.  Aunque sabía, que por la profesión de ella, nunca podría aspirar a tener alguna relación formal. Su familia sería capaz de echarle de la ciudad, si llegaba a sus oídos que estaba encandilado con una "puta".  Sería mejor dejarlo así, y disfrutar de sus esporádicos encuentros como lo que eran: prosituta y cliente.


Totalmente diferente, no sólo por relación a su sexo, sino también por carácter, era Phoebe . Tímida, pero un espíritu libre y soñador.  Un pajarillo al que cortaron las alas nada más nacer, destinando su vida a ser la esposa de alguien relevante.  No se le conocían amores ni devaneos, aunque ella, en secreto, estaba loca por un mozo de cuadra de su casa desde que cumplió los doce años.  A los quince se fijó por primera vez en Steve, mientras asistían a una verbena instalada en una pradera de la localidad. Una sonrisa de él, la bastó para que su primer amor, quedase relegado al olvido.

Cuando Durham habló con su hijo con referencia a su unión con la hija de los Flanagan, las voces y la discusiones llegaron hasta Londres.    Furioso negaba una y otra vez esa unión, que no se produciría mientras el viviese.  Thomas Durham, dio un puñetazo en la mesa y cayó las voces del chico que no sabía cómo deshacerse del embrollo en que su padre le había metido. Aunque no convencido, si aplacó su genio, cuando el padre le razonó el por que de ese beneficioso casamiento para ambas familias

- Sólo será  de cara al exterior, para cubrir las apariencias. Podrás entrar y salir a tu antojo, como lo haces ahora, pero con la diferencia de que las fortunas serán dobles y tu influencia no tendrá fin.  Phoebe  es una chica muy aparente para tu posición: educada, bonita, pertenece a buena familia, y nunca ha tenido novio.
- Pero padre, un casamiento es algo más que cubrir las apariencias,. Hay una vida en común, y precisamente porque es una buena chica, no quiero engañarla, ni tampoco deseo que sea mi esposa
.- Hijo mio, la mayoría de nosotros nos casamos de la misma forma, y luego ya ves... todo ha resultado perfecto. Nos amamos, hemos tenido hijos sanos y fuertes, y hemos aumentado nuestro capital. Así se proyecta un buen futuro.  Ya lo verás con más claridad


- Pero... padre...  Unirme a una mujer sin quererla... No, no deseo hacerlo.
- Pues habrás de cumplir. He dado mi palabra y eso es sagrado. Firmaremos un pacto ante un notario y todo será legal ante la vista de todos, aunque sigas echando tus escapadas hasta casa de Lily cada vez que se te antoje.  Ella te dará hijos y así sucesivamente. ¿ Creías que no estaba enterado de tus andanzas con las putas? Ya ves que me entero de todo.  Tengo buenos amigos que me informan y, francamente, te estás haciendo un nombre poco recomendable para lo que tengo en mente hacer contigo.
- Pues esos buenos amigos, no dirán nada, porque ellos tampoco están lejos del lugar.  No me extraña que se callen.
- Creo que ya lo hemos aclarado todo ¿ Qué me dices ? Tendrás una asignación grande para que hagas y deshagas a tu antojo lo  que quieras. Sólo tendrás que fingir que estás enamorado de ella y acudir a misa los domingos y pasear tomándola de la mano pata que todos  vean que estáis felices y contentos.  Lo que luego hagas en tu habitación con ella, es cosa tuya.

Con Phoebe  no hubo problema alguno. En el transcurso de los días y,  siguiendo los consejos de sus amigas, se había enamorado de Steve, así que el anuncio de su próximo enlace, distaba mucho de ser  motivo de disgusto, muy al contrario, acepto inmediatamente.

Y una mañana acudieron al despacho del notario Mr.Saphire con los padres y dos testigos, para sellar el compromiso que les mantendría unidos.  Estamparon su firma en el  lugar señalado y él, una vez cumplimentado todo, salió del despacho malhumorado y deprisa, sin dirigir siquiera una mirada a su prometida, que desilusionada por ello, bajó la vista.

Meses después se convirtieron en marido y mujer sin que su situación sentimental hubiera cambiado en ninguno de los dos.  Los padres decidieron que, para que todo fuera más fácil, se trasladaran a vivir a Londres, siquiera por una temporada. Quizás al verse  solos en la gran ciudad, sin el arropo de la familia, y sin las tentaciones demasiado cercanas de él, se refugiaran el uno en el otro, y por fin fueran un matrimonio normal.

Poco tardó Steve  en hacerse amigos y socio de una tertulia de gente de su edad, en la que las únicas discusiones que habían eran referentes a la cantante de moda en las variettes o  en alguna actriz que comenzase a despuntar.  Desde un principio,  habló muy claro con la que ya era su esposa,



- No se te ocultará que lo nuestro ha sido un matrimonio de conveniencia, ni tuya ni mia, sea dicho de paso, sino de nuestros padres. Tú supongo que te opusiste a ello, y yo tampoco lo quería, pero aquí estamos. Quiero dejar claro desde ahora mismo que no tendremos ningún tipo de intimidad, que dormiremos en habitaciones separadas, y que sólo cubriremos las apariencias cuando sea estrictamente necesario. Tu puedes hacer tu vida y yo haré la mía, a la que estoy acostumbrado y a la que no renunciaré.Sólo te pido discreción, porque de lo contrario seríamos el hazme reír de todos. No tendremos noche nupcial ni nada parecido, así que no te extrañe que venga tarde a dormir. De momento eso es todo.

Esa fue su noche de bodas: el planteamiento de lo que sería su vida de ahora en adelante.Estaban en un hotel y no hubo entre ellos ni un beso, ni una caricia ni nada que hiciera pensar, que al menos no eran enemigos. Ella vestida con su traje de novia, no dijo nada, con la cabeza baja, sintió cuando se cerró la puerta tras de Steve. Esa sería su vida en adelante.  Una esposa comparsa cuando la situación lo requiriese y entre tanto, dos extraños viviendo bajo el mismo techo sin siquiera dirigirse la palabra.

Y así transcurrieron los meses, hasta doce.  Nada había cambiado, muy al contrario, Phoebe se sentía presionada constantemente por su madre que no hacía más que preguntarle si al fin habían consumado su matrimonio.  Ella cada vez se sentía más avergonzada, porque además le insinuaban que si no había ocurrido después de un año de casados, era sin duda por el poco atractivo que ella debía tener en la cama.  Se limitaba a escuchar con la cabeza baja y ocultando sus verdaderos sentimientos de frustración como mujer y esposa, porque ella si estaba locamente enamorada de él, pero él seguía ignorándola.

Ese día se cumplía el primer aniversario de su boda, y como extraordinario la llevó al Coven Garden a una representación de ópera, pero seguían distantes, excepto en público en que él la obsequiaba con algún beso en la mano o en la frente; todo para que las lenguas viperinas estuvieran calmadas.  Pero poco a poco, él cambiaba el concepto que tenía de su mujer, la respetaba y admiraba por la paciencia con que llevaba todo, a sabiendas de que era presionada por la familia para que le diera un hijo, pero ella nunca ni se quejó, ni argumentó nada que justificase la ausencia de embarazo.

Cuando ella estaba distraída bordando alguna de sus labores y él leía la prensa, la observaba y se fijaba en el rostro de su mujer. Era joven y bonita, pero siempre con la tristeza reflejada en el rostro.  A veces sentía lástima de ella, porque vivía por mandato de los demás,a pesar de que a veces mostraba su malhumor.



Al salir del teatro la dejó en casa y él pretexto una reunión y se marchó en busca de alguna aventura, a las que ella,  ya se había acostumbrado.  Entró en su casa seguida por la mirada de él, y subió hasta su habitación. Esa noche estaba nerviosa, alterada, quizá recordando la fecha del "sacrificio". Se acostó y comenzó a llorar.  Estaba sola en aquella inmensa cama y su marido posiblemente se estaría corriendo una juerga con cualquier mujer, y haciendo algo que debería hacer con ella.  El llanto poco a poco se fue calmando y se quedó dormida.

Posiblemente por la cena, más copiosa que de costumbre, la despertó una sequedad fuerte en la boca y sed, mucha sed. Encendió la lámpara de su mesita de noche y comprobó que no había subido su jarra con agua.  Le daba pereza ir hasta la cocina a por ella, pero era mucha la sed que sentía y a costa de desvelarse, optó por ir a saciar la sed que cada vez era mayor.

Dio la  luz del pasillo y a oscuras, entró en la cocina. Bebía su refrescante agua, cuando al girarse, vio  que no estaba sola en esa estancia.  Sentado frente a un vaso de whisky, estaba Steve que la miraba detenidamente.  Ella dio un respingo, se asustó y el vaso se le cayó de las manos, haciéndose añicos en el suelo.

- No te muevas - le ordenó él- No comprendo la manía que tienes de andar por la casa descalza y como ahora medio desnuda
- No estoy medio desnuda. Tengo un camisón puesto. Pensé que estaba sola y el personal está acostado.  No creí que importase. Ya me voy
- He dicho que no te muevas.  Podrías cortarte con los cristales.- Steve se dirigió hacia la entrada de la cocina en donde estaba la llave de luz, y procedió a encenderla. Cuando volvió junto a ella, comprobó que tenía un pie sobre un trozo de cristal y lo tenía manchado de sangre,
- Te has cortado. Te dije que no te movieras
- Y no lo hice, sólo que ya me había cortado. No te preocupes, ahora cuando suba lo curaré
- ¿ Descalza y herida? ¿ Es así como vas a ir ?
- Pues tu me dirás...
- Está bien-. Y tomándola en brazos la condujo hasta la habitación de él, ya que el botiquín estaba en su cuarto de baño.  La sentó en la cama y tomando su pié, examino la herida.
- Hay que desinfectar. Quieta aquí,. Voy por alcohol y algodón.
-

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