Como te quise, te quiero - Capítulo 9 - Dos extraños frente a frente

Cuando comprobó que era una hora razonable, el abogado llamó a Declan para comunicarle lo acordado con Ciara

-No te he querido llamar antes, la diferencia horaria ya sabes... Bueno ocurre lo siguiente: Ella no ha firmado porque quiere que eliminemos las cláusulas de la pensión y de gananciales. Su decisión es firme y amenaza con no firmar si no atendemos  su petición. Me ha dejado asombrado. Nunca me he encontrado con un caso de divorcio que la mujer no quiera compensaciones.
-Ya -  respondió él . Es que mi mujer  es especial. Insiste todo lo que puedas, no quiero que quede desprotegida.
-Pero ¿ y si no cede?
-Pues si no cede, suprime las cláusulas. Que firme el documento, pero no lo curses.  Iré para Navidad y hablaré con ella. Comunícame el resultado, pero no lo hagas hasta mañana que hoy tengo quirófano
--¿Qué tal te van las cosas?
-Bien, bien en lo laboral. En lo afectivo fatal; me acuerdo mucho de Irlanda. Bueno si no tienes nada más que decirte te voy a dejar que me tengo que marchar dentro de un rato. Llámame con lo que sea
-Descuida, así lo haré. Cuídate


El avión que conducía a Declan  hasta Irlanda  desde Estados Unidos, aterrizó  a primera hora de la mañana. No había podido dormir durante el largo viaje. La impaciencia, los nervios y la expectación le tenían nervioso y deseando llegar.  Era veintidós de Diciembre y la Navidad  ya próxima se notaba en el ir y venir de las gentes.  Tomó un taxi y le dio la dirección de su madre. Por las calles  pasaban los transeúntes portando paquetes de las compras realizadas para estas entrañables fechas.  . . Las luces de los adornos de, los escaparates de los comercios rivalizando a ver quién era el más original, todo olía a Nochebuena. Y todo le era tan familiar.  Al bajarse del coche, se quedó unos instantes en la acera contemplando el  paisaje de su barrio la panadería,  , el bar , el supermercado de la esquina, todo le era  querido. Hacía a penas un par de años que faltaba de allí, pero a él le pareció una eternidad. Llamó al timbre y una madre emocionada con los brazos abiertos recibió al hijo. Detrás venía corriendo la abuela, sus dos mujeres. Abrió los brazos y en ellos abarcó a la madre y a la abuela. A su madre la encontró guapa en su madurez al igual que a la abuela, que parecía que el tiempo no pasaba para ella  Los tres se sentaron en la sala y las preguntas se sucedían sin apenas darle tiempo a las respuestas

-¿Estás bien, hijo mío?
-Claro mamá ¿ no me ves?
-Claro que te veo, por eso te lo pregunto. Te encuentro algo más delgado  ¿ Trabajas mucho?
-Si mamá, eso si. Trabajo, estudio y practico. Es decir vivo en el hospital, pero no me importa porque el resultado final es muy bueno
-Perdona lo que te voy a preguntar. ¿Estás con alguien?
-No mamá, no tengo tiempo, pero además ... es demasiado pronto aún
-Bueno hijo mio, tú sabes bien lo que tienes que hacer.
-Me vais a permitir que llame a Flanagan  para decirle que ya he llegado. Enseguida vuelvo
-¿ Brendan ?
-Si ¿ quién llama?
-Soy Declan, que ya he llegado
-¡  Hijo ! ¿ cómo estás?
-Bien, muy bien y ¿vosotros?
-También bien. Oye estoy en casa de mi madre, después de comer me acercaré a veros ¿vale?
-Estupendo. Te esperamos para tomar café.  No cuelgues que  mi mujer  quiere saludarte
- ¿ Estás bien? tengo ganas de verte. Según he oído vienes después de comer, me alegro. Entonces hasta luego
-Hasta luego, . Cuídate. -  Su madre y su abuela estaban disponiendo la mesa para la comida. Entretanto la madre le preguntó

-¿Tienes buena relación con ellos?
-Excelente, son muy buenos y me tienen aprecio. Yo también les quiero. Brendan  me ayudó mucho
-No quiero herirte, ni que me lo tomes a mal, pero me preocupa vuestra situación. No sé lo que os ocurrió, ni quiero saberlo, pero...¿ qué es lo que vais a hacer?
-No te preocupes mamá. El divorcio está en trámites. Todo está arreglado
-¡Ay Señor, Señor ¡ Con lo contentos que estábamos todos!
-¿Te quieres callar? Regañó la abuela a su hija. Ellos ya son mayorcitos para saber lo que les conviene. Pertenece a su vida privada y si ellos no quieren contarlo, hay que respetarles. A nosotras no nos incumbe.


-Tienes razón, perdóname.
-No tengo nada que perdonarte, mamá. Discúlpame que no te cuente más, eso es cosa de ella y mío. Bueno y ahora venga ese guiso que es néctar de dioses.

El matrimonio Flanagan le recibieron con infinito cariño. Se fundieron en un abrazo y ella,  no pudo evitar que se le saltaran las lágrimas  Declan  no podía demorar más la pregunta; ansiaba saber de su mujer.

-Ciara ¿está bien?
-Si, está bien. Trabaja bastante dice que está mejor en el hospital que en casa, así que hace guardias y guardias. Me preocupa vaya a caer enferma. Hoy precisamente sale a las diez de la noche porque ha hecho el turno de una compañera que tenía a un chiquillo enfermo. ¿Vas a verla?
-Si claro, esa es mi idea. Tenemos que hablar un par de cosas. Lo haré lo antes posible para salir de una vez de esto.
-¿Tienes ganas de divorciarte?
-No, ninguna, pero es necesario solucionar nuestra situación. Por ella y por mi. Había pensado quedarme en América, llevarme a mi madre y a mi abuela
-Por  Dios hijo ¿lo has pensado bien?
-Si  Brendan , lo he pensado todo, lo he pensado todo...

Se despidió de ellos como a las ocho de la noche. Todavía quedaban más de dos horas para verse con ella. Decidió ir a dar una vuelta . ¡ Qué bonito estaba todo!  La gente  tan bulliciosa como siempre, . Todo era como nuevo para él, lo saboreaba. Entró en una cafetería y tomó un café caliente, pues hacía bastante frio  Consultó su reloj y vio que ya eran las diez.  Salió de la cafetería y se dirigió hacia el que debiera haber sido su hogar Miró hacia el balcón en dónde vivía Ciara y lo vio apagado. Esperó a ver si la veía llegar. Eran casi las once, pero su suegro  le avisó que regresaba andando,  por lo que llegaría sobre esa hora.  Se recostó en el quicio de un portal y al poco rato vio venir  una figura de sobra conocida.  Andaba despacio, se la notaba cansada. Con la barbilla dentro de una bufanda que llevaba al cuello. Buscó en su bolso la llave del portal sin percibirse de la cercanía de él.
Tenía un nudo en la garganta. Su recuerdo permanecía latente en su vida. Ni el tiempo ni la distancia habían amortiguado sus sentimientos. Esperó a que entrara y subiera a su casa. Estaba nervioso, expectante ante el encuentro. Esperó unos minutos y subió. Pulsó el timbre y allí estaba,  ante él con cara de asombro. Sin duda lo que menos esperaba es que Declan  estuviera frente a ella.


-Hola- dijo él
-Hola, eh...¿ que haces aquí?   ¿vienes a quedarte o por vacaciones?
-No, no,  por vacaciones. Unos días solamente. ¿ puedo pasar?
-Perdona, no me he dado cuenta. Pasa por favor. Ven a la sala ¿Has cenado?
-No, me he tomado un café
-Te prepararé algo en un momento
-No, no. No te molestes, no tengo apetito. Con el cambio de hora..  , Estoy con la de América
-Bien, pues tú dirás. ¿Quieres una copa o un café?
-Un café estará bien, gracias 



 Todo era muy frío, protocolario. Eran dos extraños frente a frente. Había cambiado.  Parecía haber envejecido.  Se había dejado barba y eso le hacía aparentar más edad de la debida.  Pero tenía que reconocer que estaba guapísimo.  Siempre había sido guapo y atractivo, aunque fuese ahora que le veía de ese modo.  En cambio ella, parecía cansada y descuidada; más delgada y con el semblante triste y cansado.  A Declan, le dolió verla de ese modo. Era preciosa, estaba preciosa, pero el refugiarse en el trabajo hacía que tuviera ese semblante.  El también tenía el trabajo como pantalla, pero su aspecto era más relajado que el de Ciara

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