sábado, 28 de enero de 2017

Keira y el Dr. O'Reilly - Capítulo 10 - Una propuesta interesante

Respondió a la llamada con voz insegura a sabiendas de que era él quién estaba al otro lado del hilo telefónico. ¿ Por qué estaba tan nerviosa? Después del tiempo transcurrido, seguía teniendo la capacidad para intimidarla, aunque fuera a través de un aparato tan impersonal como es el teléfono

- Dígame
- Te digo. Necesito verte.  Tenemos que hablar.  Tengo algo  que proponerte. ¿ Cuándo puede ser? - Hablas lo mismo que escribes una receta. ¿ Qué ha sido del cómo te encuentras? o ¡ Cuanto tiempo !.  Derecho al grano¿ verdad ?  ¿ Piensas acaso que estoy pegada al teléfono esperando tu llamada?


- Pues francamente si, lo creo. Porque algo debió extrañarte nuestro encuentro de anoche.  Bien es verdad que fue casual, pero es algo que tengo en mente desde hace bastante tiempo, y era la ocasión propicia para citarte.
-Bien, pues tu dirás. Es fin de semana, estoy libre
- Yo también, no tengo guardias, así que.. ¿ esta tarde? ¿ te parece bien ?
- De acuerdo. Dime hora y dónde
- Pasaré a buscarte, depuées de comer. Nuestra charla,  mucho me temo que va a ser larga, lo que nos llevará tiempo, así que... a las tres
- De acuerdo.  A las tres. Hasta luego
- Adiós Keira.

Y con máxima puntualidad, Aidan se personó en casa de ella. El pulso se le aceleraba. "Dominate, dominate ", se repetía mentalmente, pero al verle, después del tiempo pasado, no creía poder controlar la situación. Parecía que su recuerdo se había diluido con el paso de los días, pero era al contrario: su corazón quería saltar fuera del pecho.  La molestaba que él tuviera tanta influencia sobre ella, hasta perder el dominio. No sabía cuál era la proposición que iba a hacerla; suponía que volviese a ser tutora de la niña, no obstante, sea cual fuere le diría que si.  Estaba segura de ello.  El  tiempo pasado había sido más cruel sin verle que estar a diario con él, aunque no la hiciera caso.
- ¿ Quieres un café... una copa ?
- Un café, si no es mucha molestia
-Ya estamos con las indirectas- pensó.  Pero aún así se lo perdonaba.  Le dejó sólo unos instantes mientras iba a la cocina para poner  el servicio para dos.
- Y bien ¿ de qué tenemos que hablar ? ¿ Quieres que lo hagamos aquí, o prefieres que vayamos a otro lado?
- Creo que aquí será mejor.  Podremos hablar más abiertamente y no tendremos a nadie que nos escuche..., si es que nos gritamos
-¡Vamos a  gritarnos ? Cada vez me desconciertas más ¿ Por qué vamos a hacer tal cosa?
- No lo sé, pero siempre terminan nuestras conversaciones con una discusión
- Me estás impacientando.  Dí ya lo que has venido a hablar
- Hace un tiempo, te hice una proposición, y sigue en pie. ¿ Quieres casarte conmigo?
-Ja, ja, ja, - Las carcajadas de Keira eran casi catárticas - Después de un año, sigues en las mismas. Cuando nos vimos ibas acompañado de una mujer.  ¿ Qué pasa, no te soportan? Te dije en aquella ocasión, que en tu vida no cabe nadie más que tu hija y tu difunta esposa.  No comprendo porqué vuelves a las andadas.


- Ha pasado un año más. Mi hija está comportándose de forma extraña.  Se ha vuelto retraída,a penas ríe y siempre está triste.  Creo que es motivo suficiente para cambiar el sistema.  Después de ti, han desfilado varias nanys y otro tipo de mujeres, pero ninguna ha conseguido nada. Tú eres la única que la hacías feliz, y había pensado...
- Una locura, es lo que habías pensado. O sea, que quieres que siga siendo la tutora de tu hija, sólo que en otro estatus distinto, pero sin derechos.
-Tendrías todos los derechos del mundo, serías mi esposa.
- No entiendes nada. No son derechos materiales.  Son de otro tipo y tu no estás dispuesto a ello. El tiempo se  paró para ti. ¿ Es que no has vuelto a estar con ninguna mujer desde que te quedaste viudo?
- He de confesar que si, pero a ninguna la he metido en mi cama
- O sea, que el problema está en que nadie debe ocupar su lugar en la cama, pero si puedes acostarte con una mujer en otro lugar.  Perdona, pero me dejas alucinada con esa teoría tuya. Eres médico, y tú mejor que nadie sabe los secretos de la Naturaleza. Siguiendo tu teoría... por ejemplo, si te digo que si y nos casamos, si tengo necesidad de sexo tendría que ir a buscar fuera de casa.  Eso sería lo lógico, puesto que tu haces igual
- Ni hablar. Tu serías mi mujer
- Sería tu mujer, pero sin ese derecho porque sería faltar la memoria de la que verdaderamente es tu mujer, aunque esté muerta.  ¿ Crees de verdad que alguien puede aceptar eso?
- Espero que tú si. Sé el cariño que  tienes a mi hija y el que ella te tiene.  Yo te aprecio mucho, y sólo te pido tiempo y paciencia.

- Me estás planteando todo un reto, pero muy difícil.  Creo que no  No voy a aceptarlo.  No esperaba que fuera eso, o al menos que algo hubiera cambiado dentro de ti, pero ya veo que es inútil, eres un caso perdido.  Yo te quiero Aidan.  Te he querido casi desde el primer instante que te vi, pero ésto que me pides es demasiado.  No creo que soportaria la presión a la que me someterías. Ha sido un error plantearme lo mismo de hace un año.  Tu situación es la misma, pero la mía no. Seguiría siendo la tutora de tu hija, pero nada más y para eso están los colegios.  Yo aspiro a tener mi propia familia con alguien que me considere como mujer y esposa, no como una niñera solamente.  Creo que has perdido tu tiempo, mi repuesta es no. Eres muy egoísta; sólo peinsas en tu dolor, pero no en el que produces a los que te rodean
- No me eres indiferente.  Te estoy pidiendo tiempo y algo de paciencia, porque te necesito a mi lado. Me darías la fuerza que me falta algunas veces. Si,  salgo con mujeres, buscando algo que sólo he encontrado en dos: tú y mi mujer. Todas las demás vienen por sus propios intereses, y si a eso añadimos el rechazo de Stella, pues... no tengo opción
- O sea, soy una opción.  Un salvavidas para el que se está ahogando
- Por favor. Se lo que siento por ti, porque durante todo este tiempo, no ha habido ni un minuto en que no me arrepintiera de algo. Sé que contigo tendré paz en mi vida. Tú me has hecho cambiar, me has hecho ver las cosas de distinta manera. Por favor, di que si. En tus manos está la felicidad de dos personas que te quieren
-¿ Tú me quieres? - le dijo riendo
- Si, te quiero.  Quizá no en la forma que debiera, pero es el principio. Lo tengo claro. Cuando te vi en el teatro lo supe al verte cogida del brazo de ese chico, algo que la gente llama celos y que nunca había sentido.  Dame esa oportunidad y tu ayuda.  Se que contigo cambiará mi vida.


Keira se le quedó miando.  Su corazón latía alocadamente.  Había dicho que la quería, aunque habría que ver  la medida de él en ese sentimiento, pero era un principio. Un rayo de esperanza que tanto había  deseado.    Y entonces sin pensarlo dijo

- Si. De acuerdo. No obstante reflexiona sobre lo que me acabas de decir. no juegues con mis sentimientos.
- No estoy jugando.  Te he hablado con el corazón en la mano.  De verdad que no es difícil llegar a quererte y quiero y deseo que así sea.

Se acercó hacia Keira.  Las piernas le temblaban.  Sabía que iba a besarla y si eso ocurría, no respondía de su reacción.  Hacía mucho tiempo que había soñado con este momento, con él.  Y ahora ahí estaba tomándola en sus brazos y ¡ besándola !.  Se iba a desmayar al sentir sus labios aprisionados por los de él.  Y ese abrazo fuerte contra su pecho, rotundo, ardiente y anhelante a un mismo tiempo. ¿ Sería verdad que con el tiempo y paciencia tuvieran una oportunidad ?


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