Keira y el Dr. O'Reilly - Capítulo 6 - Despido improcedente

Tardamos cinco días en volver a verle.  Ni siquiera venía a casa para cambiarse de ropa. Morgan le llevaba mudas  a diario,  y hacía guardías en el hospital, muchas guardias  Hablaba con su hija por teléfono varias veces al día, durante los descansos.  Y al fin, en ese fin de semana se decidió a volver.  Todos estábamos extrañados de que se estuviera arreglando para ir al teatro. Saldría con Moira, pero lejos de verle contento, le notábamos mas taciturno.  Estábamos contentos por él, por ver si de una vez por todas se desbloqueaba y comenzaba a retomar su vida con aquella mujer.  La única preocupación era Stella, pero al ser tan pequeña, era de esperar que pronto se acostumbraría a ella y la viera como una segunda mama. Yo no veía aquella relación con mucho futuro, y me preguntaba si sería  preocupación por la niña o por el padre. Yo misma respondí  esa pregunta: los celos me estaban jugando un mala pasada.


 Tenía que reconocer que me había enamorado de él, y ahí tenía la respuesta, lo que en un principio creí fuera lástima por su desgracia.  Otro fin de semana que me quedaba en casa.  No me molestaba cuidar de la niña, lo que no quería era a esa mujer en sus vidas, pero era algo que no me competía.  Saldría en los siguientes días, si es que él se quedaba en casa.

Y se quedó, y yo pude al fin, disfrutar de mis días libres. Había quedado contigo  para ir al teatro aquella noche. No tenía fijada hora de entrar ni salir en mis festivos.  Después de la representación, fuimos a dar un paseo: era una noche preciosa y yo quería despejarme -  El caso es que se me hizo tarde y llegué a casa pasadas las doce de la noche.

Lo que menos podía imaginar es que me estuviera aguardando levantado, y por todo saludo me dijera:  "a mi despacho ".  En un principio me alarmé, pensando que podía haber ocurrido algún incidente, pero estaba equivocada, simplemente había llegado demasiado tarde.  Cundo entré en su despacho,. presentí que me iba a caer una buena,pero instintivamente recordé que habíamos llegado al acuerdo de que en mi día libre, tenía carta blanca para hacer lo que quisiera.  Bien, pues llegar tarde, era una prerrogativa que me correspondía

- ¿ Le parece adecuado llegar a estas horas? -.  Esa fue la recepción que me aguardaba y que yo no comprendía
- Es mi día libre - respondí
- Yo la necesito aquí, por eso la contraté

Estaba perpleja ¿ a qué venia todo esto?  No era la primea vez que llegaba a esas horas, que por otra parte tampoco era una hora descompasada

- Perdone, ese fue el acuerdo al que llegamos
-No estoy muy seguro de que así fuera.  Por tanto en vista de su incumplimiento del trabajo, dese por despedida.
-¿ Cómo dice ?
- Que la despido.  Ya no la necesito.  Creo que está siendo una mala influencia para mi hija
-¿ Qué estoy siendo una mala influencia para Stella ? Quiero pensar que algún plan le ha salido mal y por ello es que me está regañando
-La repito : está despedida.  Mañana mi administrador le dará la liquidación que le corresponde
- No señor  O'Reilly, guarde su dinero.

Dí media vuelta y salí del despacho hecha una furia.  Me parecía injusto y arbitrario.  El no era así, pero quizá le estuvieran malmetiendo alguien en mi contra.  Yo no soy una enemiga para nadie. Subí a mi habitación y cogiendo una maleta, metí en ella mis objetos personales y me iría de allí en ese instante.  No pasaría ni un minuto más en aquella casa.  No quise despedirme de la niña.  Tenía el corazón desgarrado por su actitud, y porque sabía como iba a reaccionar Stella cuando supiera que  no volvería.  Pero ese era un problema que debía afrontar su padre y no yo.  El llanto inundaba mi rostro.  Salí de aquella casa sin mirar atrás.  Nunca volvería a verles, a ninguno de los dos.

Y Keira terminó su relato a James cuando las primeras luces del día apuntaban por la ventana. Nada hacía presagiar aquel final de una noche que se presentaba normal.   James se sentía responsable porque fue idea suya el retrasar un poco más su llegada a esa casa que desde hacía tiempo había sido su hogar.  Pero era Stella, el motivo principal de su angustia.   Quería a esa niña y ni siquiera había podido explicarle el porqué de su marcha.

James era un buen amigo que al conocer su relato, le había ofrecido la hospitalidad de su casa.  Estaba desorientada y  furiosa.   Recurrió a él .  Hacía tiempo que estaba enamorado de ella, pero sabía que era una causa perdida, ya que su corazón, ahora destrozado, estaba prendido de unos ojos grises.  La ofreció su cama; él dormiría en el sofá.  Cuando se levantasen verían lo qué hacer para enfrentar la

situación creada e inesperada..
 Esa mañana se levantó desorientada.  No sabía bien lo que iba a hacer, tendría que empezar de nuevo, peto ¿ ¿por dónde ? Había estado mucho tiempo con  unas costumbres cuadriculadas pendiente de alguien, que posiblemente a estas horas, sabría que ya no iba a volver a verla..

Escuchaba a James trastear en la cocina.  Lo primero de todo sería buscarse un apartamento que le permitiera pagar y vivir, al menos hasta que encontrara un trabajo.  Le dolía haber  terminado de esa forma tan áspera, pero no era su culpa.  Lo mejor sería  desterrarle de su vida.  Y así lo intentaría.

Y volvió a contactar con la misma agencia de Nanys que le proporcionara su empleo en casa del médico, pero a pesar de conocerla, necesitaban acreditacione, documento que no había recogido. Decidió llamar a Felicity y pedirle que le hiciera el favor de hablar con el administrador para que le diera la referencia.  A Stella la habían matriculado en un jardín de infancia, por otra parte recomendado por Keira  cuando entró a trabajar en casa de O'Reilly.

Había ocasiones en que era su padre quién la dejaba en el colegio, otras era Felicity, y aquella mañana quedaron en verse a las puertas del jardín de infancia.  Echaba de menos a la  niña,; la quería de verdad y, aunque fuera a escondidas, trataría de verla.


Felicity se retrasaba. Estaba inquieta y tampoco había podido ver a Stella.  ¿Qué es lo que pasaría?  Sus dudas se despejaron cuando vio el coche del médico y a éste apearse de él.  Iba con el pijama del hospital y entraba deprisa en la escuela  .Un  presentimiento comenzó a tomar forma en su cabeza: Stella, algo le había ocurrido.  Corrió hacia la puerta de entrada, sin importarle si él la viera .  En ese momento salía dando la mano a su hija que lloraba desconsolada.


Se encontró frente  a frente con el médico, que sorprendido no acertaba a explicarse del porqué se encontraba allí.  El llanto de la niña, ceso en el acto al verla y soltándose de la mano del padre, corrió a abrazarse a sus piernas sonriendo feliz 

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