sábado, 26 de noviembre de 2016

Los O'Connor - Capítulo 8 - Una llega. Otro se va

Se sintió mal. Un dolor distinto a todos los que había sentido en su vida había comenzado de repente, y lejos de disiparse le aquejaba cada vez con más frecuencia.  Despertó a tia Susan y a Phillip.

 Pensó: "·llegó la hora, Victoria ya está aquí..."

. Rápidamente y con todos los nervios del mundo se metieron en el coche y con toda celeridad se encaminaron a la clínica. Había llegado el momento tanto tiempo esperado: la pequeña estaba llamando a la puerta.Ya en la clínica, salieron a su encuentro con una silla de ruedas y rápidamente la introdujeron en el paritorio. Todo venía bien. Tía Susan solicitó estar con ella en el momento de dar a luz. Iris, estaba asustada y agarrada de su mano, la pedía que no la dejara sola. Tenía los ojos llenos de lágrimas, y una oleada de ternura invadía a Susan compadecida por la situación de aquella chica, casi una niña. Se acordó de Brendan

- El tenía que estar ahora aquí- murmuró

Fuera del paritorio, Philip estaba nervioso e impaciente. Recordaba el día que Iris nació. Todo tan distinto a lo que estaban viviendo en ese instante.
Victoria tenía prisa por llegar y todo se aceleró. La niña nació preciosa y muy sana. Con poquito pelo, blanquita de piel y con un peso de 3.300 . totalmente normal.

Tardaron un tiempo en trasladarlas a la habitación. Phillip estaba impaciente por verlas y poder abrazar a las que consideraba hija y nieta, aunque no llevaran su sangre. Bueno la recién nacida sí la llevaba. Cuando tuvo frente a sí a la pequeña Victoria los ojos se le llenaron de lágrimas. Era emoción, alegría, tristeza, nervios, todo junto. Su mirada iba de la madre a la hija, mientras Susan derrumbada en una silla sonreía: era la primera vez que presenciaba la llegada al mundo de una persona.
Iris cansada tenía los ojos cerrados para no dejar escapar alguna lágrima y, con un susurro de voz para contener la emoción, pidió le trajeran a su pequeña, pues quería abrazarla. La acurrucó entre sus brazos besando su cabecita y mojando con sus lágrimas la carita tierna y bonita de aquella criatura que era su compensación a todo lo pasado.
Desde el teléfono móvil y aprovechando que Brendan estaría trabajando, Phillip llamó a su hermano y le comunicó el nacimiento de su primera nieta. Sean, con un nudo en la garganta, solamente pudo decir gracias. Iré a visitarla en breve

- Pretextaré algo- pensó Sean

Procuró que la emoción no le venciese y poder disimular delante de Brendan cuando le viera. Louise había ido a visitar a su familia a Canadá, Ese sería el pretexto, le diría a Brendan que iba ir a buscarla. Solucionado.
Todo transcurría con toda normalidad .Tia Susan se ausentó unos días y volvió a Nueva York. Philip e Iris regresaron de nuevo a Madrid y volvió a la universidad para proseguir sus estudios. La niña crecía sana , fuerte, preciosa, con el pelo castaño cobrizo y unos increibles ojos azules. Iris siempre tenía miedo de que alguien descubriera su secreto.

Clive, cansado de la intensa vida social que llevaba en Irlanda, pensó que en España se vivía bien y resolvió venir a vivir a ese pueblecito de pescadores que había conocido tiempo atrás y establecerse como médico y disfrutar de una vida tranquila y relajada, lejos de tantas fiestas protocolarias que su posición le obligaba a llevar.
Le gustaba la idea de volver a ver a Iris, quién sabe, quizás algún, día ella se diera cuenta de que siempre le había gustado. La había admirado desde que la conociera en su primer viaje a Irlanda, y fue el único que no apostó por la aventura de Brendan. Pero debió advertirla de lo que se proponían. No lo hizo, y cuando su amigo solicitó su representación en el enlace, y se enteró de la verdad, se recriminaba una y mil veces su cobardía de entonces. Comenzó a ver a la chica de otra forma, hasta darse cuenta de que siempre había estado atraído por ella.
El sobresalto fue grande, cuando al abrir la puerta, ante una llamada, y con la niña en brazos, Iris dio paso a un asombrado Clive que no paraba de mirarla . No se atrevía a preguntar nada, pero sacaba sus propias conclusiones.

-Esta niña... ¿ es hija tuya ?- la preguntó después de saludarla
- Si, lo es- respondió Iris
- Pero... ¿ entonces?
-Si, Clive... es de Brendan
- ¿ El lo sabe? No me dijo nada cuando me despedí de él para venir a España
- Naturalmente que no. Y te pido por favor, que nada digas. No se portó nada bien conmigo. Ni siquiera tuve una llamada para pedir perdón, o para saber cómo me sentía. Hasta la fecha no he vuelto a saber nada de él... ni siquiera una carta. Puse la condición que si me casaba, nunca supiera que su acto había tenido consecuencias. A regañadientes asintieron, pero al fin lo conseguí. Espero que comprendas mi actitud; no deseo que él se entere. La niña será mía únicamente. Dentro de poco nos divorciaremos y todo este embrollo será algo pasado
- No te comprendo Iris. Tiene derecho a saber que es padre
- No Clive, no lo tiene. Ha formado su vida con otra persona. Ni siquiera se acuerda de mi... Y yo le quería, Clive. De eso se aprovechó
- ¿ Le sigues queriendo?

- ¿ Crees de verdad que puedo olvidarle? Cada vez que miro a mi hija, veo sus ojos. Por eso te ruego que nunca le digas nada. Será nuestro secreto. Soy consciente de que si llegara a enterarse que tu lo sabías y no le informaste, tendrías un problema. Lo sé, pero es un favor personal que te pido. No soportaría la compasión de alguien que rompió, no solo mi honor, sino también mi corazón
- No sé, Iris. Creo que estás llena de odio y no ves las cosas con claridad. Pienso que tarde o temprano tendrás problemas. En lo que a mi refiere, no te preocupes... no diré nada
- Gracias Clive, eres un buen amigo. . El acepto y le brindó su apoyo incondicional.

Pasado un tiempo, ´Clive la ofreció casarse con él, pero ella sonriendo le dijo

-¿Casarnos?¡ si aún no tenemos el divorcio! ¿ Puedes creer? estoy cansada de pedirle los documentos, pero ni siquiera contesta a mi abogado, se niega. No lo entiendo, no creo que sea por "cariño" puesto que no nos hemos vuelto a ver. Seguramente será por fastidiarme, Oye, Clive, esto es un secreto profesional; eres mi médico y el de mi hija, de manera que no tendrás ningún conflicto ético.

Transcurrido un tiempo más, ella terminó su carrera. Consiguió terminar Bellas Artes; la niña ya iba a la guardería, pero tio Phillip llevaba varios días que no se encontraba bien. Apenas si probaba bocado y estaba siempre cabizbajo. Algunas veces le sorprendía mirándolas fijamente, como si quisiera decirles algo y no se decidiera. Tía Susan continuaba en América; había conocido a un señor maduro muy atractivo y de momento no pensaba soltar a su presa.
Una mañana el padrino no se levantó a la hora acostumbrada y golpeando su puerta, Iris, entró en la habitación y vio que  aún permanecía en cama. Extrañada se acercó a él y le preguntó lo que le ocurría

- No me encuentro muy bien, hija
-Ahora mismo llamo al médico

Se fue a buscar el número del doctor y de repente sintió un golpe. Corrió a la habitación de Phillip y le encontró con una expresión en la mirada que la inquietó.

-He ido a coger el vaso y se me ha caído. Fue toda su explicación. A renglón seguido se llevó la mano al pecho con un gesto de dolor.



Iris presa de miedo llamó a una ambulancia y le encargo a la muchacha que tenía para ayudarla con la niña, que se hiciera cargo de ella mientras llevaba al padrino al hospital.
La ambulancia llegó rápidamente y corriendo por los pasillos le llevaron directamente a la UCI. Al cabo de un rato salió el doctor que le atendía, pero por la expresión de su rostro, Iris adivinó que lo que le iba a decir no era bueno.

-Está extremadamente grave, creo que debería comunicárselo a la familia, no creo que pase de esta noche.

Aquello fue como un mazazo. Era imposible, el padrino no podía morir. No la podía dejar sola, no, era todo un error, era imposible, su padrino no podía fallarle, no, no, no era posible.
El médico solícito la dio a beber un poco de agua y entonces su cerebro reaccionó y pensó en Sean y en Susan, tan lejos. Quizá no les diera tiempo a verle con vida; les tenía que avisar ya mismo.
En una sala contigua se instaló con el teléfono móvil e hizo la llamada que nunca hubiera querido hacer. Ella no esperaba escuchar aquella voz

-¿ Quién habla?
-Por favor el Sr. O'Connor, es urgente.
 Yo soy O'Connor. Le repito ¿quién habla?
- Por favor póngame con Sean. Es urgente y es desde España´- Se hizo un breve silencio y la otra voz le contestó
- Un momento, por favor - Un Sean algo agitado se puso
- ¿Quién es, Iris?
- Sí, Sean soy yo; se trata del padrino. Por favor, ven rápido, rápido, se muere. Por favor date prisa
- ¿Qué, qué dices?. Ahora mismo me pongo en camino. Llegaremos en cuatro horas máximo. En cuanto el avión esté preparado salimos para allá. Iremos Brendan y yo; quizá Thomas nos acompañe, no sé. Louise no se encuentra muy bien, así que prefiero que se quede aquí. Bueno ya mismo lo preparo todo. Ya charlaremos cuando lleguemos y me contarás lo que ha ocurrido. No te preocupes, igual no es tan grave. Besos, adiós.

De madrugada Iris en vista de que no había cambios, pero las expectativas empeoraban, solicitó al médico fuera trasladado a una habitación para estar con él, puesto que no había esperanzas de recuperación. Llamó a María para ver cómo estaba su hija y se sentó a esperar que el padrino fuera trasladado.
Phillip estaba medio sedado, pero con alguna lucidez. Estuvo hablando con ella preparándola para el duro golpe que la vida le iba a asestar de nuevo. Trató de consolar a aquella joven que pese a su corta edad la vida le había obligado a madurar y sufrir muy deprisa. El padrino perdía las fuerzas por momentos.

-No van a llegar, Dios mio, no van a llegar- repetía Iris angustiada



Ella tomó una mano de Phillip la besó y reclinó su cabeza sobre ella para ahogar el llanto. No quería llorar delante de él para no apenarle más, pero era imposible reprimir un sollozo. Reclinada como estaba no percibió que la puerta se abría y una silueta alta y demudada entraba en la habitación, mirando alternativamente a Phillip y a ella con ojos de asombro y perplejidad. De repente a su memoria vino otra escena muy parecida ya vivida hace algunos años.
Recordó a una niña sentada en una escalera, llorando por la pérdida de sus padres y a un niño que tomándola de la mano le hizo reclinar su cabecita pequeña sobre el hombro de él. De nuevo aquella situación y las mismas personas¿ cómo lo había podido olvidar, cómo había olvidado aquella vivencia?.
Aquella niña era Iris y aquel muchacho era él. Una oleada de ternura inesperada le invadió. Allí estaba ella, su esposa, su desconocida y extraña esposa, ante una situación dolorosa que de nuevo se le presentaba. Ella en ese instante, levantó la cabeza y entre lágrimas vio aquel rostro tantas veces añorado y que nunca sospechó le volvería a ver en aquella situación. El dio un paso para acercarse a ella y abrazarla para darle su consuelo. Iris de un saltó se levantó retrocediendo y frenando de este modo el impulso de Brendan.
No pudo articular palabra, solamente le preguntó

- ¿ Y Sean ?


Sean entró en ese momento y la abrazó con fuerza, porque también él volvió a rememorar aquella escena, pero esta vez tenía entre sus brazos a la que podría haber sido su hija, a la madre de su nieta... Y aunque las palabras le asaltaban, las reprimió y ni siquiera preguntó por Victoria, por aquella nieta que apenas había visto una vez y ya tenía cuatro años. Se interesó por su hermano y lo ocurrido.

-Susan no llegará a tiempo, seguro- comentó a Iris

La noche fue larga, interminable, angustiosa. En un momento de lucidez Phillip puso su mano sobre la cabeza de Iris y tomando la de Brendan se unieron los tres. Mirando al muchacho , Phillip le dijo
- Te lo encargo, te lo encargo. Brendan supo a que se refería y le contesto
-Tranquilo, tranquilo

. Después Phillip dijo que le dejaran a solas con Sean: quería reconciliarse con él antes de la partida.
La charla no fue larga, puesto que las fuerzas cada vez eran más escasas, pero ambos hermanos se fundieron en un abrazo y posteriormente hicieron pasar a Iris y Brendan.

Y así silenciosamente, en paz, tranquilo, Phillip O'Connor, el eterno enamorado de Estela, el segundo padre de Iris, abandonó este mundo. Dejó encargado a Brendan que sus restos fueran enterrados en su amada Irlanda, en el panteón familiar, cerca de la montaña desde la cual se divisaba el mar. En el interior deberían poner la bandera irlandesa y un saquito con tierra española. Su segunda patria a la que amaba tanto como a Irlanda,. A esa tierra que le había dado el amor de su vida y la hija y nieta que nunca tuvo, pero que las circunstancias, le otorgaron. Sus deseos fueron cumplidos.
´Mientras cumplían los trámites, Brendan solícito, no dejó sola a Iris. La llevaba café, o agua, o simplemente la miraba. No se atrevía a preguntarla ni a decirla nada. Sólo la miraba y pensaba

- Dios mio ¡cómo ha cambiado!, es una mujer preciosa. Demasiado madura para su edad,.. es muy joven. ¿ Cómo la vida le ha hecho vivir tan deprisa? ¡ Qué estúpido fui ! ¿ Por qué creía tenerla rabia? ¿Cómo fue que me olvidé de aquél día de la muerte de sus padres? Ese mismo día en mi cabeza infantil me dije : la protegeré siempre, siempre la tendré a mi lado. Y voy y meto la pata, precisamente con ella. Ahora es mi esposa y somos dos extraños.¿ Por qué razón, y a pesar de habérmelo pedido en varias ocasiones, me resistí a concederla el divorcio... ¿ Por qué?  Su cabeza era un torbellino de preguntas sin respuesta. El silencio entre los dos se podía cortar. En los ojos de ella había dureza para él, no le miraba, no le hablaba, sólo había rabia. Contenida, pero mucha rabia.




No sabía si su frustración era motivada por la muerte de su padrino o por ver allí frente a ella a Brendan. Le daba ganas de abofetearle, pero en realidad no era por rencor hacía él, que con el tiempo se había aplacado. Era rabia contra la vida por haberle arrebatado a una de las personas que más le había querido y ahora se sentía sola y desprotegida. ¿ Qué iba hacer ahora, sin su padrino?. Y de nuevo comenzó a llorar. El se acercó a ella y suavemente la abrazó sin decir palabra, y ella angustiada reclinó su cabeza en el hombro de él como hiciera hace años, buscando consuelo

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