El día que te encontré - Capítulo 2 - Rosas para EvelynCopyright1996rosafermu)

La ambulancia partió desde el hospital hacia el domicilio de Evelyn. En su interior junto a ella, subió Thomas que la  miraba de soslayo, mientras que ella giró la cabeza en dirección contraria, para no verle la cara.
Al cabo de unos instantes llegaron y los paramedicos maniobraron la camilla para evitar las máximas molestias a la herida.  Empezaba a quejarse debido  a los puntos que le habían dado.  Unos instantes más tarde, llegó  Michael con cara de preocupación debido a los acontecimientos con los que se había encontrado,  él que solamente pretendía hallar la paz para su inspiración:

--La verdad es que el comienzo ha sido un poco agitado- masculló -  Salió del coche y golpeó la puerta de la casa para obtener permiso de entrada:
--¡ Adelante, pase !-  le invitó Evelyn al tiempo que se sentaba en un sillón del salón

La tensión se podía palpar con sólo ver los rostros de ambos prometidos. En vista de ello decidió que cuanto antes saliera de allí, sería mejor para todos:

--¿Está bien, siente molestias?-  preguntó a Evelyn
--Si, si, no se preocupe. Estoy perfectamente; molesta por el vendaje nada más. Vaya tranquilo, usted no ha tenido la culpa, ya se lo he dicho. No se sienta responsable por ello-  Y lo decía mirando a Tom, que a su vez bajó la cabeza.



--Bueno si es así, me alegro de que todo haya quedado en un susto. Ahora me voy para que descanse. Estaremos en contacto para interesarme por usted ¿le parece?
 --Oh si, desde luego. Cuando quiera, pero le repito que estoy bien.


 Michael, giró sobre sus pasos y salió de la casa, dejando solos a Evelyn y Thomas frente a frente, cuyo silencio ninguno de los dos se atrevía a romper. Pero se imponía una explicación y fué Tom, el que primero empezó  el relato de cómo había ocurrido todo:

--Verás- comentó Tom-  sé que toda explicación que te de será insuficiente porque no hay justificación. No sé cómo ocurrió, sencillamente me enamoré de ella, pero viendo tu entusiasmo me faltaron fuerzas para decírtelo abiertamente.
--¿Qué te enamoraste de ella, desde cuándo? ¿Qué pretendías que me enterase como ha ocurrido, que pasase el tiempo a ver si me cansaba de nuestra relación? ¡Por amor de Dios! ¿qué? Os habréis reido de mi  pensando en todos mis proyectos. No te ha importado que haya sacrificado mi profesión por estar a tu lado. Sabes positivamente, que valgo más que para hacer videos de bodas. Renuncié a ser corresponsal por tí. ¿Por qué no hablastes francamente conmigo en aquella ocasión? He hecho el ridículo más espantoso, pero tu has quedado como un cobarde. No te preocupes; sigue tu camino con quién has elegido. Yo olvidaré todo esto y conseguiré ser feliz como era antes de conocerte, y quién sabe si no se cruzará en mi camino alguien que merezca la pena  dejarlo todo por esa persona. 
Y ahora ..., por favor sal de mi casa.


--Se que tienes razones para estar ofendida, y lo comprendo. Yo te quiero, pero mi cariño es el de un buen amigo, no de amante, no como para atar nuestras vidas el uno al otro. No es esa clase de cariño la que siento por tí. Te ruego perdones el daño que te he hecho; tienes toda la razón del mundo para odiarme, pero créeme si puedes.  Daría cualquier cosa porque todo ésto no hubiera ocurrido. Deseo tener tu amistad, pero comprendo que ahora es imposible. Te deseo la mayor felicidad del mundo, te la mereces  Dentro de un par de días, vuelve al hospital para hacerte la cura, y no te preocupes si te molesta no seré yo  el que te la haga, pero no dejes de acudir.



Y salió de su casa y de su vida.  Se ´quedó mirando la puerta por la que se había marchado y entonces un profundo gemido salió de lo más profundo de su corazón. La frustración que sintió fué tan grande que tardo mucho rato en aplacarse.  Sólo pasado un ´tiempo, se dió cuenta de que estaba medio inválida. Sentada en una silla, no tenía ni siquiera unas muletas para poderse mover. No le dió demasiada importancia y arrimó una silla hasta donde estaba sentada, la giró y agarrándose al respaldo, sin apoyar la pierna en el suelo se incorporó, y haciendo un guiño con la boca pensó:  arrastraré la silla y así me manejaré...



Con esa "muleta" improvisada llegó hasta el teléfono y conectó con la farmacia. Les solicitó que la llevaran algo en lo que poderse apoyar , hasta que por lo menos le quitaran el vendaje y manejarse mejor.  A la mañana siguiente, hacia mediodía, alguien llamó a su puerta y se encontró de frente con Michael, que portando un ramo de flores venía a interesarse por ella.

--¡ Buenos días !,- fué el saludo de él.  Una Evelyn sorprendida, le correspondió con una sonrisa, y haciéndose a un lado , le franqueó el paso
--¿Cómo se encuentra? He de decirle que me tenía preocupado, pero veo que se maneja perfectamente. Es usted una chica muy valiente.
 --¿ Por qué lo dice? Esto no tiene importancia. Deje que me quiten la venda y verá si estoy metida en casa...
 -- Por cierto ¿ me haría un favor enorme?
--Por supuesto, dígame lo que desea y estará hecho al instante
 --Tengo que ir al hospital a que me curen ¿ me acercaría?. Por cierto ni siquiera nos hemos  presentado. Yo soy Evelyn, fotógrafa de profesión.
 --Yo, Michael, escritor en busca de ideas. Ja,ja,ja. y desde luego que la llevaré a que la curen. Dígame cuando. ¿Quiere ahora mismo?
 --Vale, ahora está bien. Por cierto las rosas son preciosas. Póngalas en el jarrón, por favor.



Se dirigieron hacia la cocina en dónde ella le tendió un jarrón de cristal que llenó de agua. Michael depositó las flores en el lugar elegido por Evelyn y con una sonrisa le dijo:

--Gracias, gracias por todo y siento el percance , el susto que le produje, aunqe sin querer, claro.

Ambos rieron y se dirigieron rumbo al coche en el que se trasladarían al hospital

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