miércoles, 2 de noviembre de 2016

El día que te encontré - Capítulo 1 -Percance en carretera ( copyright 1996rosafermu)

Evelyn se había desperezado al despertarse. Hoy no tenía trabajo que realizar, por tanto había quedado con su novio, Thomas.  Iría a recogerle al hospital al terminar su turno. Se duchó canturreando y cuidadosamente eligió un bonito vestido y se maquilló ligeramente. Estaba contenta pues iba a pasar un día entero y quién sabe si la noche con su querido Tommy.  Por sus respectivas profesiones era difícil que coincidieran durante todo un día para pasarlo juntos y divertirse. Pero hoy no ocurriría; hasta había imaginado una comida especial preparada por ella. Llevaba siendo novia de Tommy hacía más de dos años y a pesar de que tenían un proyecto futuro, no terminaban de concretarle.

Desayunó poco,  pues estaba deseando encontrarse con él. Se miró por última vez al espejo, se puso un poco de perfume y salió de su casa. En el garaje tenía la bicicleta y sacándola de allí, se encaminó hacia la carretera que la conduciría al hospital.




Michael, malhumorado salió del despacho de su editora, Katty. Habían tenido una agria discusión; la editora le exigía alguna creación en un breve espacio de tiempo. Hacía mucho que no entregaba ninguna obra para editar y se estaba impacientando: necesitaba otro best seller para que sus lectores no le arrinconaran en el olvido. Pero Michael estaba "seco" de ideas, no se le ocurría nada,  y es que su pensamiento estaba ocupado por la reciente separación sentimental con Katty.

Para ella había sido un romance pasajero, pero para él, hombre muy sensible, su relación había sido algo bastante más profundo y no se resignaba a que concluyera aquella historia, que le estaba trastornando.
Había decidido irse a vivir a otro lugar momentaneamente, hasta que recuperase las musas que le habían hecho ganar un  premio Pullitzer, pero que ahora su cerebro estaba totalmente vacío.
Bajó refunfuñando en el ascensor que le conduciría al aparcamiento   Enfilaría la carretera saliendo de la gran ciudad. En un pueblecito costero del estado de Nueva York, recobraría la imaginación que ahora le faltaba, una vez hubiera descansado, al cabo de un par de días.




Evelýn dejó la bicicleta en el aparcamiento y entró en la sala del hospital. Preguntó en el control de enfermeras de urgencias por el doctor Thomas Jackman, y la enfermera sonriente le indicó dónde podría encontrarle. Le extrañó que le indicara el lugar en el que se hallaba Tommy, pero no se dio cuenta de la pícara sonrisa con que le obsequió la enfermera.
Decidida Evelyn empujó la puerta del almacén de lencería indicado,  y a penas  había entrado, escuchó susurros, suspiros y chasquidos de besos que le extrañaron sobremanera.
Nombró a su novio y un Tommy asustado salió abrochándose rápidamente la chaqueta que llevaba a modo de uniforme.

--¿Pero qué ocurre, qué estás haciendo?
--¡ Evelyn, qué pronto has llegado!
--Tom ¿qué te pasa?. - preguntó una voz femenina al tiempo que se hacía ver
-- ¡ Oh Dios mio ! Sinvergüenza, canalla. Te has estado riendo de mi todo este tiempo. ¡ Claro ! ahora me explico muchas cosas. ¿Pues sabes lo que te digo? Que ahí te quedas, con tu preciosa enfermera. No me hacen falta fantoches como tú en mi vida. Adiós.

Dando un portazo y llena de rabia corrió pasillo adelante hasta llegar a la puerta, no sin antes dar las gracias a la enfermera que con malicia le había indicado dónde estaba el doctor.

No quería llorar, pero la furia que sentía era tan grande que le ahogaba en el pecho. Dando varios tumbos en círculo, consiguió dominar la bicicleta y emprendió el regreso a su casa.

Ya situada en la calle del pueblo, no se dio cuenta de que un coche venía detrás a gran velocidad. Al pasarla el viento que desprendió  y su propia inestabilidad,  hizo que diera con su cuerpo en el suelo.  Al ver la caída de la chica, el conductor del coche se detuvo un trecho más  adelante y corrió hacia la muchacha que permanecía en el suelo. Lloraba no por el dolor ni por el susto, sino por la escena que acababa de presenciar en el hospital; por la decepción e impotencia sufridas, por el engaño del que hasta ese momento creia fuera su novio.

--Perdón, perdón señorita. ¿Está bien, que daño le he producido? Llamaré a una ambulancia.-  Y sacando el teléfono comenzó a marcar un número.-  Ella le cortó en seco:




--No, no, no me ocurre nada. Sólo un raspón sin importancia; no hace falta que llame a nadie, estoy bien   Usted sólo no ha tenido la culpa, yo tampoco iba muy segura en la bicicleta.
--Insisto, debo llevarla  al hospital. No se mueva puede tener alguna fractura. Quédese quieta, traigo el coche y yo mismo la  trasladaré al hospital
--¿Qué dice? al hospital ni loca voy. No ni hablar.
--Pero es necesario. No sabe el lío que me puede buscar si no la llevo.

A regañadientes, Michael consiguió meterla en el coche y conducirla hasta urgencias. Entró con ella en una silla de ruedas, pues la herida que se había producido en la rodilla era profunda y con muy mala pinta.  Al encuentro salió el médico que a pesar de haber finalizado su turno, estaba demorando la salida del trabajo: se le había presentado un percance con su novia y no sabía qué explicación darle, ya que no era otro médico mas  que Thomas.

--¡ Dios santo !¿Qué te ha ocurrido?
--Nada, nada que un poco de agua oxigenada y mercromina no pueda solucionar. Así que me limpien la herida y me voy volando a mi casa.
--Lo siento, Evelyn, no es tan sencillo, Hay que hacerte radiografías; puedes tener la rótula rota y además la herida es profunda. Habrá que darte puntos.
--Muy bien que sea otro médico. Tú ya has terminado y no quiero que me pongas las manos encima.

Michael presenciaba la escena algo atónito sin comprender la discusión emprendida por ambos. Mientras ellos aclaraban la situación, a Evelyn la entraron en la sala de curas y él dio el informe de lo ocurrido.



Había pasado aproximadamente una hora, cuando Evelyn salía. No había rotura, pero si la herida era profunda y se la había vendado, lo que le impedía hacer el juego de la pierna.Fue trasladada a su domicilio en una ambulancia, seguida por el nervioso Michael que aún no comprendía muy bien todo lo ocurrido.

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