jueves, 29 de septiembre de 2016

Regreso a Sefarad - Capitulo 6 - Macarena

La estancia en Marruecos de las chicas tocaba a su fin.  Por distintos motivos, cada una de ellas, estaban alegres y bromeaban constantemente.  Tenían habitaciones contiguas, pero se habían hospedado dos en cada estancia.  Macarena y Lucía guardaban su ropa mientras charlaban animadamente.  Lucía se convertiría en mujer casada a poco más de diez días, y Macarena volvería de nuevo a primeros de Agosto,  a las rutas turísticas, que en verano eran verdaderamente duras. Sus vacaciones, o despedida de soltera, tocaba a  su fin, y sobretodo, Macarena, se enfrentaba a la temporada de verano, especialmente dura de trabajo par su profesión.  Pero lo habían pasado tan bien, que se enfrentaba a ello con optimismo y alegría.



Como personas acostumbradas a viajar, habían seleccionado la ropa perfectamente organizada encima de la cama, y aunque pareciese que imperaba el desorden, nada más lejos de la realidad.

- ¿ Vamos a ser capaces de meter todo esto en la maleta? - se preguntó Lucía
-¡ Claro que sí ! En cuanto empecemos a meter cosas verás que te cabe todo. Y eso que no hemos comprado ninguna chuchería- comentó Macarena
- Hagamos un paréntesis y charlemos un rato - pidió Lucía

Se dirigió a la nevera de la habitación y sacó dos botes de refresco. Dando uno a su amiga, hizo que se sentara junto a ella en la cama que estaba libre de paquetes.

- ¿ Te imaginas? dentro de unos días estaré ya casada. Estoy nerviosa y a medida que se acerca el día me siento insegura. Nos queremos mucho, muchísimo, pero la convivencia es distinta. Deberé dejar mi trabajo,  de lo contrario no vería a mi marido casi nunca. Queremos tener niños enseguida...
- No te preocupes, lo haréis bien. No he conocido a ninguna novia que en vísperas de su enlace no estuviera nerviosa y se sintiera como tú te sientes
- Cuéntame ¿ has sabido algo de tu chico?
- No es mi chico. Sólo salimos una noche a cenar. Ni siquiera sé dónde vive, ni tengo su número de teléfono-dijo riendo Macarena
- No te creo, es imposible que no os hayáis dado vuestros números
- No es de extrañar, sólo salimos una noche. Tuvo que irse rápidamente
- Pero te gustaba ¿ no ?
- Es muy guapo, ya le viste y si me agradaba, pero nada más. ¡ Eh ! vas a resultar una celestina, Ja, ja, ja,- y ambas rompieron a reír.


Macarena bajó un momento hasta la cafetería para ver si localizaba a Sarah, y efectivamente allí estaba junto a sus padres.  No sabía si era lo acertado, pero por fin se decidió






- Buenas tardes- dijo acercándose
- ¡ Hola Macarena! ¿ cómo estás?
- Pues bien, haciendo el equipaje. Mañana temprano partimos hacia Madrid
- Mira voy a presentarte a mis padres: Judith y Abraham
- Mucho gusto, soy Macarena una amiga de su hijo
- Si, nos lo contó Aaron, es la guía que tuvo cuando viajó a España

Los padres eran gentes amables y educadas de mediana edad. Se les notaba que eran de clase acomodada.  Sarah la pidió:

- Siéntate un poco con nosotros
- Si, siéntate, por favor- insistió Abraham- ¿ Qué quieres tomar?
- Un refresco estará bien, de naranja, por favor. Aquí son muy ricos

La madre observaba a Macarena con una sonrisa dibujada en su cara. Era una mujer muy guapa a pesar de haber pasado de los cincuenta. Su padre era un otoñal atractivo
" no me extraña que hayan tenido estos hijos tan guapos"-pensó Macarena




Sostuvieron una conversación amable y por fin Macarena se decidió a expresar el deseo de que transmitieran a su hijo que si alguna vez volvía por Madrid, no dejara de llamarla, y para ello les dio una tarjeta en la que estaba impresa su dirección y el número de su móvil

- Se fue tan rápido que ni siquiera nos dio tiempo a darnos los teléfonos.  Y ahora si me disculpan debo seguir con la recogida de todo.  He tenido mucho gusto en haberles conocido, y a ti Sarah cuéntame entre tus amistades y si alguna vez vas por España, no dejes de llamarme. Ha sido un placer, buenas tardes.

Los tres disimuladamente vieron como se alejaba y los tres a coro comentaron " es muy simpática, y muy guapa" recalcó el padre recibiendo un codazo de su mujer lo que le hizo reír.



Macarena había nacido en el seno de una familia acomodada. Su padre era director de una céntrica sucursal de banco y su madre trabajaba como secretaria en un bufete de abogados. Era hija única y una buena estudiante. Terminó el bachillerato, hizo su ingreso en la universidad y quiso estudiar Turismo e Historia, además de inglés y francés. Durante las vacaciones de verano pasaba los tres meses en Inglaterra para perfeccionar el idioma y  en algunas ocasiones, cuando los estudios se lo permitían, viajaba los fines de semana  y alguna vacación corta hasta Paris. El francés por haber sido idioma optativo y más parecido al castellano, le había resultado más fácil y lo dominaba más.

Le faltaban dos años para terminar su carrera cuando cayó gravemente enferma su madre y en pocos meses falleció, dejando sumidos en el más profundo dolor a su marido e hija.  El padre no encontraba consuelo y ella no sabía lo que hacer para ayudarle.  Encerraba en lo más profundo su dolor y simulaba delante de su padre un estado de ánimo que estaba muy lejos de sentir.  Su desahogo eran sus compañeros de facultad y en ellos encontraba el consuelo que en casa no podía sentir.  En el parque del campus se sentaba con alguna amiga y allí dejaba salir el llanto que algunas veces la asfixiaba de angustia.

Por su parte el padre se iba deteriorando; a penas comía, no salía nada más que para la oficina y más de una vez le había sorprendido enjugándose las lágrimas y hablando solo a su mujer, que en su imaginación estaba a su lado.  Ella decidió estudiar por las noches y buscarse algún trabajo por el día para ayudar a la economía familiar que se había resentido. La falta del sueldo de la madre y las bajas por enfermedad del padre, hacían que el presupuesto  fuera muy apretado.  No le importaba no estrenar vestidos y zapatos cada temporada. Suprimió los viajes al extranjero y tampoco salía a cenar con sus amigos.  Pero la situación anímica de su padre era lo que más le preocupaba.  Con frecuencia no se levantaba de la cama y por toda respuesta de parte del médico era que estaba depresivo, que no quería vivir, ni siquiera por su hija.


A Macarena se le partía el corazón. El deterioro era notable; ya no era aquel muchachote guapetón que gustaba a las amigas de su madre, a pesar de estar ya en la mediana edad.  Y una mañana sucedió lo que tanto temía: fue a darle el desayuno y le encontró sin vida.

El choque fue brutal para ella en poco tiempo había perdido a sus padres, que eran su brújula y su ejemplo en la vida.  Como pudo terminó ese año el curso y decidida se buscó un trabajo en Inglaterra.  Allí terminaría la carrera en la Universidad a distancia y de este modo completaría su conocimiento del idioma al tiempo que con lo que ganase podría vivir.

Fue duro, pero al fin lo consiguió y a falta de la revalida de título en la Uned, volvió a Madrid, a su casa, que había permanecido cerrada desde que partiera.  La primera noche no pudo dormir. Sólo lloraba con desesperación reprochando a sus padres que la hubiesen dejado sola.  Les echaba tremendamente de menos, pero también sabía que tenía que seguir adelante. Y ellos estarían orgullosos por lo conseguido, se lo debía,  ya que no pudieron presenciar el fin de su carrera.

Con su curriculum en el bolso. salió a la calle dispuesta a buscar trabajo.  No tenía prisa  le habían abierto una cuenta en la sucursal en la que trabajó su padre, y aunque no era mucho el dinero que contenía, si lo suficiente como para vivir durante una temporada si no encontraba dónde trabajar.

Recorrió varias agencias de viajes, fue al ministerio encargado del turismo y en todos recibía la misma respuesta: " ya la avisaremos".  Para ver el modo de trabajar sobre el terreno, ya que no tenía experiencia, se unía a los grupos turísticos que circulaban por el centro de Madrid, observando a los guías y fijándose en el modo de trabajar relatando los hechos históricos, o los monumentos que visitaban.

Habían pasado más de quince días desde que entregara los curriculums y aún no había recibido noticia alguna.  Llegó a casa y encendió el ordenador, buscaría por Internet. No deseaba salir de Madrid, pero tampoco rechazaría una oferta en el extranjero.
Al cabo de un rato encontró un anuncio de una agencia de viajes que le pareció interesante a primera vista " Viajes Celtiberia".  Tomó los datos y entró en su web.  Echó un vistazo y le agradó lo que en ella se reflejaba.  Tomó nota de la dirección y decidida salió a la calle para ofrecerse como guía o azafata.  Estaban las oficinas en los bajos del hotel Palace y  parando un taxi, le indicó su dirección.



El resultado fue que la admitieron de inmediato.  Tenía unas referencias académicas muy buenas, y tras someterse a una prueba de idiomas y de historia, quedó admitida con un buen sueldo.  A cambio tendría que viajar tanto dentro de España, como en salidas al extranjero

- No hay problema, no tengo familia a mi cargo, así que estoy disponible- fue lo que dijo al director con el que ultimaba su contrato
- En ese caso, todo solucionado. Enhorabuena y espero que se encuentre a gusto entre nosotros- le dijo el hombre que pulsando un botón llamó a su secretaria

Unos nudillos repiquetearon en la puerta pidiendo permiso para entrar

- Pase, pase Lucía. Le presento a una nueva compañera Macarena. Mañana se incorpora para trabajar con nosotros
- Encantada, soy Lucía y secretaria de don Damián

Ella será guía por Madrid, de momento hasta que tenga más experiencia, pero posiblemente tenga que salir fuera, así que la veremos poco por la oficina, pero  que ocupe la mesa de Carmela y su ordenador. Después ya veremos.

Salió del local muy contenta.  Le gustaba el ambiente que había observado en las oficinas. Al día siguiente por la mañana empezaría a trabajar.  A medida que transcurría el día se ponía más nerviosa .  Ya estaba despierta cuando sonó el despertador. Se arregló con esmero y dispuso su maletín de azafata por si acaso. Salió con tiempo suficiente para llegar pronto al trabajo. Era una delicia pasear por el Paseo del Prado y llegar hasta la Plaza de Neptuno. La primavera hacía que las hojas de los árboles tuvieran un brillo especial, y los tulipanes que adornaban las aceras del paseo en  distintos colores hacían que todo estuviera más alegre.  O es que ella todo lo veía radiantemente hermoso.


Y de esta forma comenzó a trabajar como guía turística, pero aún había de transcurrir más de un año hasta su encuentro con Aaron en un viaje hasta Toledo


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