Los errores que cometimos - Prólogo

James, con una copa en la mano, estaba sentado frente al ventanal de la habitación que empezaba a ser iluminada por los primeros rayos de sol, de un día otoñal, templado aún, que ofrecía resistencia a abandonar el pasado verano.  Dio un sorbo, y miró en dirección a la cama, en la que descansaba una mujer, sumida en un profundo sueño.  ¿ Qué hacía aquí ?  Convivía con ella desde hacía algún tiempo, pero no la quería, ni siquiera sentía atracción hacia ella.  Y sin embargo se acostaba todos los días y todos los día le hacía el amor, y la mayoría sin ganas, cumpliendo el expediente, pagando una factura muy alta de todo lo que había conseguido gracias a ella, a su intermediación en estudios y personas influyentes que beneficiaron su carrera.

Pero su pensamiento estaba lejos, en su mujer. Hacía tiempo que no se veian, y por su imaginación, pasaron los años que vivieron,  desde muy jóvenes, con las ilusiones intactas y todas por llegar en un futuro que se les anunciaba prometedor. Y sin embargo, todo se había ido al traste.  No sabía en qué momento sucedió el primer conato entre ellos, pero había ocurrido, y no supieron solucionarlo.

Ahora  estaba ligado a una mujer mayor que él y se sentía como su juguete sexual cada vez que ella requería  sus atenciones.  Había sido tolerante con James,; sabía que no la amaba, sin embargo ella estaba loca por él.  Transigía con todo: con sus malos humores, con las ausencias a cenar,  algunas veces, mal justificadas,demasiadas veces, quizá, pero a cambio gozaba de gran placer en la cama.  No quería pensar si en verdad sentía atracción sexual hacia ella, o era un mero compromiso.  Si así fuera, no la importaba.  Lo que  deseaba es que estuviera a su lado cada noche, y despertarse con él en la cama Y hasta ahora lo iba consiguiendo, aunque sabía muy bien, que no sería eterno.

James detuvo su mirada en el rosto de la mujer, que a pesar de ser madura, aún conservaba una belleza serena .  Y a su memoria vino el de  Emma.  Y no quiso seguir pensando. Era pronto para comenzar a beber, pero necesitaba otra copa.  Desnudo como estaba, se dirigió al salón y se puso otro whisky.  Sintió  un abrazo tierno en su espalda .  Se había despertado y no estaba junto a ella.  El se giró y la miró detenidamente; escudriñaba sus ojos buscando respuesta a algo, pero sólo encontró una sonrisa y unos bazos que tiraban de él en dirección al dormitorio.  Sabía lo que eso significaba, pero ni tenía ganas, ni le apetecía.  No después de tener aún en su retina, el hermoso rostro de Emma.  Pero tenía que pagar su particular deuda, así que cuanto antes comenzase el cortejo, antes terminaría.

Y la abrazaba, y la besaba, y sus caricias eran tiernas, pero ni una sola palabra cariñosa brotó de sus labios. Y en su imaginación estaba otro cuerpo, otra cara, otros labios, y a pesar de no estar con ella, con ella hizo el amor.  Y fue apasionado y excitante:
 Cuando cumplió con su cometido, se tumbó boca arriba mirando el techo de la habitación, de aquella habitación que no era la suya, ni aquella mujer  tampoco.  A ella la había perdido por una incomprensión de parte de quién  ¿de Emma, de él ? ¿ o de ambos ? Caros errores cometidos por los que tenía que pagar un alto precio.  Toda su vida había sido un continúo error, desde que él y Emma se separaron. Ahora era ademas de arquitecto, un adinerado gigoló. No sentía el más mínimo interés en rectificar su trayectoria.  Hacía tiempo que no la veia, ni siquiera de lejos, como había hecho en algunas ocasiones.  Cerró los ojos y ella creyó que estaba dormido, pero en realidad repasaba mentalmente el principio de su historia de amor con Emma.



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