martes, 27 de septiembre de 2016

Regreso a Sefarad - Capítuo 3 - Toledo

La Ciudad Imperial estaba frente a ellos luciendo en todo su esplendor a orillas del rio Tajo. Era de tal belleza que no hubo necesidad de explicación alguna. Comprendieron porqué era mundialmente famosa. Aaron estaba extasiado, sin pronunciar palabra.  Al fin habían llegado, allí, frente a él, estaba el motivo de su viaje.  Todo lo que habían visto hasta ahora, había sido muy bello, pero él deseaba ardientemente estar en Toledo.

Una ligera sonrisa se dibujaba en su rostro, y no pasó desapercibida para Macarena,  a quién extrañaba profundamente la veneración que sentía el muchacho.

A pie recorrieron la distancia que les separaba de la ciudad.  Todos estaban impacientes por llegar y frente a la entrada sacaban fotos sin cesar ante la magnitud de los monumentos que se abrían ante su vista.



Nadie comprendió porqué Aaron se despidió de ellos para visitar por libre aquellas callejuelas, que era en lo que estaba interesado.  Nadie entendia no le interesara visitar ni la catedral, ni la Casa del Greco, ni la Iglesia de Santo Tomé, en fin todas las reliquias existentes. Preguntó por la sinagoga y a continuación le dijo a Macarena que se encontraría con ellos a las siete de la tarde en el lugar donde estaba aparcado el microbús.

- Llévese mi número de móvil por si se pierde- dijo Macarena
- De acuerdo, gracias- dijo Aaron que a paso veloz emprendió su particular periplo.

Llevaba en la mano lo que parecía un plano de la ciudad y una agenda que había sacado de su mochila.  Se alejó mientras Macarena le observaba curiosa

- ¡ Qué extraño muchacho ! ¿ Qué buscará con tanto ahinco ?

En una de las callejuelas se detuvo frente a una fachada perfectamente conservada, pero que denotaba los años que tenía.  Se paró frente a ella y por primera vez sintió un nudo en su garganta que le impedia respirar. Había llegado, estaba frente al hogar de sus antepasados, estaba en casa.



Tardó un buen rato en reaccionar. Estaba totalmente abstraído ante la contemplación de aquellas antiguas piedras que tanto significaban para él y su familia.  Imaginaba que por aquel empedrado pavimento,  sus antepasados habían jugado como cualquier otros chiquillos.  Las mujeres de su familia habrían paseado por aquél lugar, siempre tan recordado.  De su mochila extrajo una caja de la que sacó una llave oxidada, grande,  y con avidez buscó la puerta en la que encajara aquella reliquia.  La encontró fácilmente dado que la calle era corta, pero a pesar de que la cerradura existía, como es natural,  ya no estaba en uso.  De repente se abrió la puerta dando paso a una jovencita que chocaba grandemente con el panorama que él tenía en su cabeza.  Vestía pantalones vaqueros y una camiseta de pequeños tirantes.  Sus cabellos eran cortos, pero a todas luces se notaba que era española. 

Amablemente la preguntó a quién podía dirigirse para averiguar algo sobre unas personas.  La joven no sabía indicarle y le dijo se dirigiera al ayuntamiento o a la iglesia cercana por si en sus archivos pudieran decirle algo.

Se encaminó al ayuntamiento, ya que al ser judíos  no creía que en la iglesia encontrara nada.  Quizás en los archivos de la ciudad también pudiera averiguar algún dato que le sirviera, por pequeño que éste fuera, y hacia allí se encaminó.  Durante todo el día estuvo indagando, tomando notas de todos los datos que conseguía, y por último en vista de que era complicada la gestión, tomó su teléfono marcando el número de Macarena

- Si  Aaron, dígame. ¿ Necesita que vayamos a buscarle ?
- No, gracias. He decidido no continuar el viaje .  Me quedaré en Toledo; tengo que hacer unos trámites y me van a llevar varios días, de modo de me despido de todos ustedes y les deseo que el viaje continúe tan feliz como lo ha sido hasta aquí.  Le agradezco todo lo que ha hecho para que estuviese a gusto , pero mi intención era recalar en Toledo, y ya estoy aquí...,  y muy contento.
- Bueno, pues le deseo que todo le vaya muy bien. ¿ Puedo preguntarle algo?
- Claro, dígame
- ¿ Por qué no vino directamente a Toledo ? podía haberlo hecho.  Pero bueno son cosas suyas. Que todo le vaya bien y resuelva pronto todo lo que haya venido a hacer
- Adiós Macarena, he tenido mucho gusto en conocerla
- Lo mismo digo Aaron. Adiós

Macarena transmitió los saludos al resto del grupo y de nuevo emprendieron sus visitas.

Los trámites debido a su antigüedad, resultaron complicados. En la época en la que vivieron sus antepasados, muchos se convirtieron por temor y otros emigraron.  En la sinagoga tratarían de averiguar algo en los archivos, aunque desconfiaban de poderlo lograr.  En el ayuntamiento también consultarían los más antiguos archivos, pero ello les llevaría varios días, si es que encontraban lo que Aaron buscaba.

- Creo que en la antigüedad los apellidos los daban según el oficio a que se dedicaran- dijo Aaron a la muchacha del ayuntamiento que le tomaba los datos a consultar en los archivos
- Es un buen comienzo. ¿ Sabe aproximadamente la época en la que vivieron ?
- Exacto  lo ignoro, pero seguro que fue por 1492 a 1500. Mis parientes salieron de aquí al ser expulsados.  Mi familiar era joyero, por eso se llamaba Amzalag, si es que eso le sirve de algo. O quizás por el apellido de mi madre: Stern . . .
- Algo, es algo - respondió amablemente la señorita de los archivos- Al menos podremos empezar por ahí.  Pero señor me va a llevar varios días, lo siento, pero son de hace muchísimo tiempo
- Lo comprendo, no se preocupe. Tómese el tiempo que sea necesario, no tengo prisa.  ¿Me puede dar una fecha aproximada para volver?
- Deme una semana. De hoy en ocho días vuelva a ver si tengo novedades. Si no estuviera a quién le atienda, de mi nombre: Mercedes.  Me buscará y ya le diré lo que sea, y ojalá lo consigamos.
- Muchas gracias por todo. Es usted muy amable.

La opinión que tenía de los españoles, había cambiado radicalmente desde que estaba en Toledo- En realidad son gentes amables- pensó.  En la ciudad se sentía a gusto, no extrañaba nada, estaba en casa. Se lo repetía una y otra vez  En la oficina de turismo se informó para buscar alojamiento y una vez instalado, decidió llamar a su familia para informarles de todas las gestiones

- Hijo mio - le repetía su madre - es muy difícil ¡ Han pasado tantas cosas, y tantos años !
- Bueno mamá voy a intentarlo, y si no lo consigo tomaré el plan B
- ¿ Y cuál es el plan B ?
- Comprar un apartamento , así de fácil.  Pero se lo prometí al abuelo y lo cumpliré
- Aaron, estás loco... Bueno y dime qué tal te va el viaje ¿ Has hecho amigos ?
- En realidad no.  Todos eran mayores que yo; la única la guía, y no me era muy simpática
- Ya es difícil.  Tienen  fama de ser simpáticos
- Y lo son. Quizás fuese yo el que no encajaba. Estaba impaciente por llegar...
- Y ¿ por qué no te fuiste directamente?
- Es curioso, eso mismo me dijo ella
- ¿ Quién es ella?
- Macarena, la guía
- ¡Y eso que no te caía bien !
- Ya te he dicho que igual era yo. Bueno mamá, te dejo. Estoy molido de caminar por estas calles. No te imaginas cómo es el pavimento
- Lo sé hijo, lo sé.  Recuerda que mis antepasados vivieron allí y me sé de memoria cómo es esa ciudad.  Duerme bien, cariño. Cuando venga tu padre le diré que has llamado. Que Dios te bendiga hijo
- Shalom, mamá
- Shalom hijo










Todo estaba resultando muy difícil; ningún dato aparecía por ningún lado. La señorita que le atendió en el archivo le dijo

-Señor, muchos de ellos ante el temor de ser denunciados, destruyeron la documentación que les acreditaba como judíos.  Pudiera darse el caso de que sus antepasados hicieran eso
- No ellos, emigraron a Marruecos y a Polonia. Reconozco que es difícil. ¿ Sabe dónde podría mirar más?
- ¿ Por qué no lo intenta en la Biblioteca Nacional, en Madrid? Allí acuden muchos eruditos para documentarse.  Quizás sea más fácil
- Muchas gracias, Mercedes. Se lo agradezco y perdone las molestias
- No, por favor. Lo que siento es no haberle podido conseguir nada

Descorazonado, Aaron decidió viajar hasta Madrid y seguir las instrucciones de la archivera.  Se hospedó en un hotel cercano a la Biblioteca.  Iniciaría las gestiones al día siguiente.  Se había desmoralizado al no poder solucionar nada, pero estaba decidido a seguir adelante.  Reconocía que la tarea era difícil, quizás su entusiasmo le había hecho concebir esperanzas de poder localizar a la familia de sus padres.  Si finalmente no lo conseguía, había decidido comprar un apartamento en algún barrio de la capital en donde en épocas remotas hubieran vivido los judíos.

Una vez se hubo instalado en el  hotel, bajó hasta Castellana para dar una vuelta.  Hacía calor, pero la temperatura al atardecer, se había suavizado y era agradable sentarse en una terraza con una cerveza fresca y disfrutar del ambiente que se respiraba en la calle.

De repente se acordó de Macarena ¿ por dónde andarían ?  Les suponía ya en Santiago y sin darse cuenta sonrió acordándose de Nélida, la parlanchina que siempre trataba de arrancarle una conversación que nunca consiguió.  La pareja japonesa sólo sonreía, a pesar de que se esforzaban por hablar algo en castellano, y Macarena siempre agradable esforzándose en que se divirtiera.  Quizás si él no hubiera estado tan obsesionado por Toledo, hubiera disfrutado más del viaje.

Al día siguiente, hacia las 11 de la mañana dirigió sus pasos hacia la Biblioteca y allí realizó las gestiones para hacerse con un carnet y poder consultar los libros que quisiera.  Era inmensa y pensó que si no encontraba algo allí, no lo hallaría nunca.  Pidió orientación a la bibliotecaria y ella misma le acompañó hasta el lugar donde podría encontrar referencia a lo que buscaba.



Al cabo de tres días de consultas intensivas, logró localizar algo referente al oficio de sus antepasados, pero nada que pudiera servirle.  Pensó que quizás el apellido no fuera el mismo. De lo que si estaba seguro es de que no encontraría ningún rastro de ellos y lo sintió por su abuelo Benjamin. No podía cumplir su promesa, pero algo le rondaba por la cabeza.  Cuando a la noche llamó a su familia les detalló su plan

En esta ocasión, fue su hermana quién atendió el teléfono.  Sarah era en edad menor que su hermano, extrovertida y con la mente más actual que Aaron

- ¿ Qué tal hermanito, conseguiste algo?




- No Sarah. Encontré un rastro del apellido de papá, pero nada de nuestros antepasados.
- Bueno, has hecho lo que has podido
-Anda, pásame con papá o mamá
- Aaron ¿ cómo estás?
- ¡ Hola mamá !  Estoy bien. Quisiera hablar con papá
- Ahora se pone.  Besos hijo, cuídate
- Besos madre
-¿Aaron?
- Hola padre ¿ cómo estás? el otro día no pude hablar contigo
- Ya, ya lo sé. Madre me lo dijo.  ¿ Por qué no lo dejas? es muy difícil, casi imposible. Si hubieran sido personas relevantes, quizás figurasen en algún sitio . Tampoco sabemos lo que fue de ellos. Sólo que llevamos viviendo en Marruecos desde hace siglos. Confórmate con eso
- Pero yo le prometí al abuelo que recuperaría la propiedad y es imposible
- Normal... sólo tu mente imaginativa lo concibió. ¿ Para qué quieres tener una propiedad si ni siquiera vives allí?  Seguro que Benjamín lo comprendería. Anda y regresa a casa.  Las vacaciones se acaban y a penas te hemos visto
- Está bien. Dame un par de días más y regreso a casa. Cuídate padre
-Tú también hijo. Cuídate.





Estaba disgustado por no poder cumplir lo prometido en el lecho de muerte de su abuelo. Aunque no utilizase la vivienda, sería como recuperar lo pasado.  Lo pensaría...

Volvió a la Biblioteca en un último esfuerzo, pero tampoco consiguió nada.  Decidió abandonar.  Salió del edificio y con una última mirada contemplo la magnificencia del edificio y emprendió un paseo Castellana abajo.

Sin darse cuenta, inmerso en sus pensamientos se encontró frente al museo del Prado y buscó entre los grupos de turistas alguno que llevase el emblema de la agencia de Macarena.  No había ninguno, pero si recordaba el nombre y pensó

- Entre ellos se conocen todos. Voy averiguar

Preguntó a uno de los guías por la dirección de la agencia, que como había pensado sabía de quién se trataba.  La agencia no estaba lejos de allí. Las oficinas estaban en los bajos del Hotel Palace y hasta allí se encaminó, con la esperanza de poder contactar con Macarena

- Lo siento señor, pero Macarena está de vacaciones durante todo el mes de Julio, pero podemos facilitarle a otro guía igualmente agradable
- Gracias, ya lo comprendo, pero tenía interés en despedirme de ella antes de partir. Es simpática y la recomendaré a mis amistades para cuando vengan de visita a España
- Muchas gracias señor. Nos alegramos que haya quedado satisfecho.

Estaba seguro que aquél no era su día. No volvería a ver nunca a Macarena. Le hubiera gustado pasar un rato con la muchacha sin la rigidez del cumplimiento de su misión. Ya no era un cliente, sino un amigo que deseaba cenar con ella.

Tomó un taxi y le indicó le llevara a Lavapiés y a la Cava Alta y Baja. Según Macarena esos barrios habían sido la judería de Madrid.  Echaría un vistazo como despedida antes de regresar a casa.

Lavapiés se había convertido en un barrio multicultural, lleno de vida. Marroquíes, senegaleses, chinos, hispanos, hindúes... Casi todas las razas del mundo convivían en perfecta armonía y libertad.  Se conservaban las casas que sus antepasados disfrutaron: las corralas, aunque con la misma estructura, como es lógico no eran los mismos edificios

- Así que aquí vivieron, también-comentaba para sus adentros



La emoción y la ternura le invadieron de nuevo; ´sentía lo mismo que cuando llegó a Toledo, se sentía unido a aquellas viejas casas.  Paseaba emocionado por las callejas del viejo Madrid.

- Nunca me lo hubiera imaginado, después de conocer la Castellana

Pero Madrid, es una ciudad de 2.000 años, y por consiguiente tiene mucha historia a sus espaldas.

 Quiso conocer la otra parte de la judería : las Cavas, la Alta y la Baja, y hasta allí se encaminó preguntando por ellas a los transeúntes que amablemente le indicaban, y hasta alguno le acompañó hasta ellas pues no distaban mucho de donde se encontraba.
Se enamoró inmediatamente de  ellas y sentado a la puerta de uno de los mesones, contemplaba el ir y venir de toda la gente que alegre transitaba por las calles.  Era un barrio modesto, de obreros,  pero de gentes honradas y trabajadoras, sin distingos de razas ni colores.  También algunos artistas y artesanos, habían instalado sus talleres en los bajos de cualquier local de Lavapiés, y las Cavas se caracterizaban por los mesones
y posadas que desde tiempo inmemorial, eran transmitidos de padres a hijos.








Una idea comenzó a calar en su pensamiento.  Allí se podía vivir feliz, entre iguales, sin problemas de razas,  nadie preguntaba a nadie de dónde era ni de dónde venía,  ni de qué religión, ni creencia era.  Se limitaban a vivir y dejar vivir.  Todos en perfecta armonía.    Decidió prolongar su estancia unos días más, pero cambiaría su hotel por otro de este barrio.  De repente se encontró alegre y miraba todo con expectación.

Los antepasados de Aaron por parte de madre, al ser expulsados de España, se refugiaron en el Norte de Marruecos, como ya explicamos " para estar más cerca de Sefarad", aunque nunca volvieron a ella.  Los antepasados por parte de padre, después de muchos avatares recalaron en Polonia, pero ellos, al menos de paso, volvieron a España por mediación de un diplomático español que les protegió del holocausto, por conservar aún su cédula sefardita.  Por un "extraño" decreto de Franco, todos los judíos sefarditas, se consideraron súbditos españoles, por tanto no podían ser deportados y,  por ese motivo retornaron a España, aunque desconfiados por la amistad con el régimen nazi, decidieron cruzar el estrecho y residir en Larache.  Luego las circunstancias unieron a las familias  Amzalag y Stern, contrayendo matrimonio dos de sus componentes, y de ellos nacieron Sarah y Aaron.  En realidad ahora es cuando comienza nuestro relato.



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