lunes, 19 de septiembre de 2016

Los errores que cometimos - Capítulo2 - Amor y sólo amor

Emma empezó a trabajar casi como becaria, pero pronto destacó por sus iniciativas y creatividad. Cada vez tenían en cuenta sus ideas y aportaciones de última generación, sus brillantes ideas y exitosas campañas.

Apenas habían transcurrido seis meses desde que consiguiera el empleo y ya contaban con ella en las principales campañas. El Sr. Crowford estaba encantado con aquella empleada con ideas muy revolucionarias para la publicidad, en un momento en que todas las agencias estaban faltas de talento innovador.

James comenzó su andadura como arquitecto en un estudio pequeño de un modesto contratista, pero la creación de nuevas estructuras para las casas modestas, le dieron fama entre todos los arquitectos. Había conseguido para las viviendas sociales un máximo de comodidades sin incrementar el presupuesto. Las casas se vendian con rapidez puesto que los precios eran asequibles, modernas, cómodas y con todas las necesidades que una familia de clase media requería. Pronto le surgieron ofertas de trabajo interesantes, pero no abandonaría a aquel constructor que confió en él. Le hizo socio de su inmobiliaria, y pasado un tiempo le expuso su deseo de retirarse de la profesión, por lo que le cedía el estudio y le daría cómodos plazos para amortizar el traspaso.

No se lo pensó dos veces: pediría un crédito al banco para afrontar los primeros gastos y después a medida que surgiera el trabajo vería la forma de ir ampliando horizontes. Y así hizo, y así se cumplieron sus sueños.

Emma ya tenía una acreditada reputación y James su estudio propio. Las cosas les iban bien, por lo que decidieron primero unir sus vidas y después vendría el matrimonio.
Y así lo hicieron. Habían convivido juntos más de un año, pero cuando se casaron en su noche de bodas fué como si acabaran de comenzar su relación. Se amaban profundamente, sin un sólo resquicio de duda. Desde siempre fueron el uno para el otro. Mientras intentaban dormir, Emma le dijo a James:

--Me da miedo tanta felicidad, el haber conseguido todo lo que queríamos. No hemos tenido que hacer ningún sacrificio y eso ...me da miedo. Pienso que tendremos que pagar nuestro tributo algún día, no puede ser todo tan fácil ni tan sencillo... -No pudo seguir hablando. Los labios de James, sellaron los suyos, al tiempo que le decía:

--No te atormentes, mi vida. Es nuestra noche de bodas, nos amamos, hemos conseguido lo que habíamos planeado ¿dónde está el delito, por qué hemos de pagar un tributo por ello? No mi amor, todo saldrá bien, no te angusties. Sólo piensa en que tenemos toda una vida por delante para pasar buenos y malos ratos, que nos llegarán, pero no pensemos en ello, no nos anticipemos a lo que ignoramos ha de ocurrir.- Y abrazados se quedaron dormidos.

Lo habían planificado absolutamente todo, quizá demasiado. Un día sentados a la mesa de un restaurante, James planteó algo que se iba demorando cada vez más:

--Cielo, hoy es nuestro cuarto aniversario de bodas. ¿Sigues siendo feliz?
--James ¡ qué cosas me preguntas !, naturalmente que lo soy. Más si cabe que el primer día. Mi amor por tí no es cuestión de tiempo ya que se incrementa con el paso de éste. Pero algo te ronda en la cabeza, dime ¿qué es?
--Creo que ha llegado la hora de tener un hijo.
--James, ahora no puede ser. Yo lo deseo tanto como tu, pero estoy metida en plena campaña de publicidad, de muchos millones de dólares. Quizás la más importante de mi vida. Por favor, dame una tregua, espera a que concluyamos y entonces iremos a buscar al bebé. Por favor, por favor.


James, se la quedó mirando fijamente a los ojos y esbozando una ligera sonrisa, pero no pudo dejar de pensar algo que le venía atormentado: " la importa más el trabajo que formar una familia".
Esta sola idea le atormentaba, porque el cariño que él sentía por Emma, era capaz de saltar todas las barreras del mundo, con tal de estar siempre a su lado. Comprendía que su trabajo no era tan estresante como el de ella. Siempre contaba con el tiempo justo, siempre los clientes querían ver la campaña plasmada en algo tangible, lo que les hacía trabajar a un ritmo desenfrenado.

Sin embargo el trabajo de James era más reposado, más tranquilo y tenía más tiempo libre. Había veces que no se veían apenas. Desayunaban juntos, pero ella salía siempre corriendo de casa; había días que no se reunian para comer y cuando se veian algunas noches durante la cena, Emma estaba tan cansada que se dormía apenas apoyaba la cabeza en la almohada.

Eso causaba tremenda frustración a James, que la observaba mientras ella dormía profundamente. Entonces la acariciaba la mejilla y la frente, suavemente, sin apenas rozarla para que no se despertara, pero al tiempo pensaba: "esto no puede continuar así".

Las primeras marcas comerciales de nivel universal solicitaban los anuncios de la agencia Crowford y a Emma como publicista. Su innovación y agresividad, llamaban la atención y las ventas de dichos productos habían aumentado desde que las vallas publicitarias exhibieran una determinada forma de vestir.





Aquel día James había dormido mal y se había levantado de malhumor, bajo a desayunar más pronto que de costumbre, pero cuando entró en el comedor en el sitio de Emma encontró una nota en ´la que se excusaba por no esperarle a desayunar, debía estar en el trabajo para la presentación de una campaña muy importante y debía revisarlo todo antes de presentarla a su cliente.

James, dió un puñetazo en la mesa: "esto era lo que me faltaba"... Al oir el ruido acudió Claire solícita por si había ocurrido algún percance:

--Disculpe Claire, se me cayó la silla...- es todo lo que se le ocurrió decir.

Aquella noche Emma llegó pasadas las once y encontró a James dando paseos por la habitación, como un lobo enjaulado. Ella nada más entrar se dió cuenta de que no estaba para bromas y trató de regalarle la mejor de sus sonrisas, pese a todo estaba muy contenta, todo había sido un éxito, pero....había un inconveniente del que aquella noche con aquella cara de James ni se atrevía a plantear: el cliente exigía que fuera ella la modelo de la campaña. Le había impresionado la perfección de sus facciones.

--Son más de las once..¿Se puede saber qué es lo que te propones? ¿crees que esta es la mejor forma de atender a una familia? ¿ de tener hijos? Desde anoche no nos hemos visto, y esto francamente raya en el abuso...


--James, - dijo mimosa. Dadas las circunstancias era la mejor forma que se le ocurría para salir del atolladero en el que estaba metida.

--James, deja que te explique. Ha sido un éxito extraordinario, nos han concedido la campaña por tres millones de dólares ¿ sabes lo que significa?, y además yo llevo comisión en ello. ¡ Oh, mi amor! estoy tan contenta...

Ella sabía que con un arrumaco "desarmaría" a su marido. Pero esta vez no fue así; las cosas habían ido demasiado lejos, y el planteamiento de tener hijos cada vez se veia más lejano. James suavemente, la apartó y la dijo trascendente:

--Esto no puede seguir así. Reclamo mis derechos como marido que me escamoteas día tras día. Apenas nos vemos, no hablamos, no nos comunicamos.¿Cuándo dijiste que ibamos a encargar un hijo? Te he dado de plazo dos campañas y ahora vienes diciendo que se prorrogará más¿Hasta cuando? Estás entrando en un terreno muy peligroso y cuando te quieras dar cuenta ya no habrá remedio. Entonces no habrá lugar para nada, tenlo en cuenta porque no querré ni reclamaciones, ni derechos, ni nada... Únicamente tú tienes la llave para que ese desastre no ocurra.
--¿Me estás amenazando?
--Noo, te estoy advirtiendo de lo que puede pasar. Hay muchas mujeres andando por la calle..Es igual, déjalo, no merece la pena. Pero ya estás avisada, luego no te quejes.

Y danto un portazo salió de la estancia portando una almohada y una manta. Iría a dormir a su estudio. Estaba furioso y no quería seguir discutiendo. Estaba tan enfadado que ni siquiera le importó el éxito alcanzado por su mujer. Emma no podía dormir. La charla con su marido, por primera vez la había alarmado, y pensó:

--Tiene razón, pero él no será capaz de serme infiel, me ama demasiado.


Solamente cuando oyó un portazo se dio cuenta de que había estado jugando con fuego y se había quemado. Corrió tras él, pero no le alcanzó. Salió el coche del garaje a toda velocidad y a pesar de que le llamó, James siguió su camino.

Apuntaban las primeras luces del día cuando regresó a casa. Ni siquiera entró en la habitación, se dirigió al estudio y cerró la puerta. Mientras, Emma, había reflexionado y pensó que por un trabajo no merecía la pena perder el amor de un hombre tan leal y sincero como era su marido, al que amaba más que a nadie.
Se hizo el propósito de hablar con su jefe: renunciaría a su trabajo y se quedaría en casa. Pero lo primero era hacer las paces con James y contarle lo que había decidido.

Pero James ya no estaba en el estudio. Había entrado en el baño y se estaba dando una ducha. Emma le llamó tratando de que abriera la puerta. Cuando lo hizo vio en su rostro un gesto huraño que la paralizó: Nunca le había visto de aquella forma; estaba muy enfadado con ella. Al tratar de explicarle, James le cortó en seco:

--Emma, no me cuentes nada. Yo se que ahora prometerás todo, pero mañana cuando nuestro malhumor se haya pasado, volveremos a nuestra vida rutinaria y desafecta. Ya no creo lo que me digas, se que es inútil, que tu trabajo es lo más importante para ti, que ya no eres la Emma de la que me enamoré perdidamente cuando apenas era un niño.

--Por favor, James, escúchame. Tienes razón y he tomado una decisión muy importante que nos atañe a los dos...
-Querida, ya es tarde. Tengo que irme, perdona. Yo también tengo clientes. Quizás no con tanto relumbrón como los tuyos, pero a mi me es suficiente. Además no tengo ganas de jugar...ya me entiendes...ahora no
Se vistió y dándole un ligero beso en la frente, cogió su portafolios y salió de su casa, se metió en el coche, pero antes gritó a Emma que estaba en la puerta:

--¡A h ! se me olvidaba, no vendré a comer. Hasta la noche, mi amor.- Y arrancando el coche desapareció por la calle arriba.
James desde antes de graduarse tenía en su cabeza el diseño que realizaría para su futuro hogar, el que habría de compartir con Emma y con los hijos que llegaran. No le había dicho nada a su mujer, quería darle la sorpresa en su quinto aniversario de boda, pero las cosas no andaban muy bien entre ellos desde la escapada de James.


Ella había tomado una decisión, quizá de las más importantes que habría de tomar, pero quería a toda costa rescatar su matrimonio y por ello haría cualquier cosa. Desde aquel día las cosas con su marido habian cambiado mucho. El ya no estaba tan cariñoso con ella, estaba distante y sonreía poco. Apenas hablaban mientras desayunaban. Muchos días a la semana no se reunían para comer; se lo impedían sus respectivos trabajos. Eso al menos es con lo que se justificaban, pero las noches tampoco eran demasiado efusivas. Apenas si hablaban mientras cenaban y sus conversaciones eran cortas, breves e intrascendentes. James no le volvió a preguntar por las campañas y eso la dolía grandemente a Emma pues para ella su trabajo era muy importante. Aquella noche Emma le dijo:

--James, tenemos que hablar

--Después de cenar, si no te importa, mientas tomamos el café. Presiento que no me va a gustar lo que vas a comunicarme y prefiero que la cena me siente bien.
--No, no. Es algo positivo y bueno, verás he pen....
--Querida, te he dicho que después de cenar, por favor.

Era tan frio y tan cortante el tono de voz, que Emma no se atrevió a replicar, ni tampoco le dijo nada tomando el café de la sobremesa.

--Cuando me vea siempre en casa, supongo que me preguntará algo..

Aquella noche se puso su camisón más sugerente, se cepillo el cabello y se perfumó cuidadosamente buscando los sitios más estratégicos. Se metió en la cama y con un libro esperó a que James subiera, pero James no subía y ella al fin cansada de esperar se quedó dormida. De repente la apertura de la puerta bruscamente la despabiló de su sueño. Un huraño James y malhumorado entraba en la habitación:

--¿Qué te ocurre, qué ha pasado?
--¿Acaso te importa lo que me ocurra?
--Naturalmente que si, y lo sabes. ¡ Pero si hace rato que te dejé y estabas bien! ¿ por qué el cambio?
--Querida en cinco minutos te puede cambiar la vida, no es de extrañar que te cambie el humor.
--James ¿ has bebido?

--¿ Que si he bebido, que si he bebido? - y soltó una carcajada. -.  Naturalmente que he bebido, el vino en la cena y una copa con el café. Pero a ti te da igual, ya ni siquiera te acuerdas de mis costumbres.
--Eso no es cierto sabes de sobra que me preocupo. Te quiero James, aunque tú ahora apenas si me dirijes la palabra.
--¿ Qué es lo que pretendes de mi? ¿Jugar? Pues no estoy para juegos, o quizás si. Eres mi mujer y creo que eso me permite tener ciertos derechos que he perdido en los últimos tiempos, por eso tengo que salir de madrugada cuando mi señora esposa está dormida porque viene cansada del trabajo y no le interesa si su marido esa noche quiere hacerle el amor...
-James, sabes que eso no es cierto. Pero creo que deberías darte una ducha y acostarte. Indiscutiblemente no te encuentras bien
--¿Que no me encuentro bien? ¿ Quieres saber lo bien que me encuentro? Ya he visto que te has puesto un bonito camisón y te has perfumado. Todos esos detalles¿ son para tu maridito?

James se acercaba hacia ella y Emma empezó a sentir que las cosas no iban a ser como había planeado. James estaba algo bebido y de mal humor. Ella al ver que se acercaba con no muy buenas intenciones, saltó de la cama y con un brazo intentó frenarle, pero él tenía más fuerzas y más deseos. La agarró por la cintura acercándola y ella percibía su aliento con olor al alcohol que le molestaba. Le rehuía, lo que más enfurecía a James.

--¿Qué pasa, te molesto? Pues lo siente mi amor, porque esta noche no te van a valer excusas.
--No por favor, James de esta forma no. Te lo pido por favor, se razonable. No estás en condiciones...

Por mucho que forcejeó no pudo evitar que James la besara con rabia y de un tirón rasgara su camisón. No fue una relación como las que habían mantenido en tantas ocasiones con el amor que se tenían, ésta fue violenta y desgarradora que no gustó a ninguno de los dos. Emma se sintió como una mujer de la calle.  Nunca la había tratado de esa forma; hacía valer sus derechos torpemente, bruscamente. Sólo le faltaba poner en su mesilla unos dólares. Estaba ofendida y  avergonzada se acurrucó en la cama en oposición fetal llorando desconsolada. James no paraba de mirarla sin comprender lo que había sido capaz de hacer a su propia esposa. La palabra violación resonaba en su cerebro y no paraba de repetirse ¿ por qué, por qué?

Aquella noche se volvió a marchar, pero Emma no le llamó ni le esperó. Pasó toda la noche llorando sin terminar de creerse lo que había ocurrido. Ya nada sería igual



Volvió a casa al ser de día, cuando ya el sol apuntaba alto. Emma ya estaba vestida. Durante toda la noche había estado pensando en la decisión que iba a tomar: ni siquiera le había contado que se había despedido del trabajo y que había dejado a su jefe montado en cólera. Se había quedado sin trabajo pero eso no le preocupaba, la situación con James y lo que había decidido era lo que la angustiaba. Una llamada suave a la puerta hizo que dejara de pensar por unos instantes en su problema para decir:

--Adelante, pase Claire
--No, no soy Claire-  le dijo James.

Tenía una pinta horrible. Le había crecido la barba, tenía muchas ojeras y una inmensa tristeza en su rostro. Entro en la habitación que compartía con su mujer y mirándola de frente, se abrazó a ella y rompió en sollozos pidiéndole perdón.


Emma era la primera vez que le veía de aquella forma y un nudo en la garganta le impedía pronunciar palabra, pero su decisión era firme y no había marcha atrás.

--Quiero el divorcio

Fueron sus cortas y escuetas palabras. James se apartó mirándola a la cara incrédulo por lo que acababa de escuchar:

--¿Qué, qué dices?
--Que quiero el divorcio. No voy a permanecer bajo este techo ni un minuto más, no lo soportaría. La escena de anoche la tengo clavada a fuego en mi cerebro. Anoche fuiste un salvaje, un bruto. No tenías necesidad de hacerlo, yo estaba preparada para recibirte y fuiste tan torpe que ni siquiera me miraste. No podría volver a dormir contigo nunca. Has destruido todo lo hermoso que había entre nosotros. Ni siquiera quisiste escucharme cuando lo que te iba a comunicar es que había dejado el trabajo y me iba a quedar en casa y concebir nuestro hijo, no me diste lugar a nada, a nada.
--Pero... no puede ser que me dejes. Eres todo para mí, eres mi vida entera siempre lo has sido. Por favor, perdóname dime lo que quieras que haga y lo haré sin rechistar, pero no me abandones no lo resistiría. Mi amor, no te vayas por favor. Esto es una pesadilla, esto no puede estar pasando.
--Mi decisión es irrevocable. Ahora voy a ver al abogado y más tarde vendré a recoger la maleta con mis cosas. Cuando haya encontrado un apartamento recogeré el resto. Y a tí te deso lo mejor, que seas muy feliz y encuentres lo que estás buscando que seguramente será una mujer que te llene de hijos y que te ame de la forma que tu quieres. Adiós James -. Y ante la perplejidad de él ,Emma cogió su bolso y salió de la habitación

James recordó con amargura que precisamente en ese día se cumplía el quinto aniversario de su enlace matrimonial y tenía preparada para regalarle la escritura de la casa que con tanto entusiasmo y secreto había construido como hogar. De repente se dio cuenta de que lo había perdido todo, porque en ella se condensaba su vida y sabía que cuando tomaba una decisión era muy difícil que se volviera atrás.

Abrió un cajon de su armario y sacó un sobre portando la escritura . La miró y llorando como un chiquillo la arrugó hasta casi destruirla. Tanta era la rabia que tenía que acabó rompiéndola en mil pedazos. Ya nada le importaba, todo su mundo se había venido abajo como si fuera de barro.


El abogado amigo desde la universidad, no salía de su asombro, no podía creer que aquella pareja envidiada por todos, que eran novios desde niños, se destruyera en apenas cinco años de haberse casado. Escuchó el relato de lo sucedido y aconsejó a Emma que lo pensara bien antes de dar ese paso.

--Habiendo amor se perdona todo, Emma. Por favor no lo destruyáis por una discusión. Eso ocurre entre las parejas, me refiero a la discusión, lo otro no estuvo bien, pero seguro es que llegó al límite.
--Si,si, yo todo eso lo comprendo pero no puedo volver a creer en él. Tengo el miedo en el cuerpo y pienso que siempre hay una primera vez para todo y quizá si se vuelve a dar la ocasión la escena se repita. Y luego está lo de su amante; sé que es fija y sabe Dios desde cuando la tiene. No me hará sentir culpable por querer prosperar en mi trabajo, no señor.
--Está bien, prepararé la documentación y cuando la tenga le enviaré la solicitud a su abogado. Me has dado un disgusto de los que hacen época, francamente de vosotros no lo esperaba.

Transcurrieron unos minutos más y Emma se despidió de su abogado saliendo a la calle desconcertada. Miraba a un lado y otro como si fuera la primera vez que pisara aquellas calles. Debería haber sido un día especial, y a cambio fue el fin de una gran historia de amor.


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