domingo, 25 de septiembre de 2016

Los errores que cometimos - Capítulo 8 y último - Reencuentro

El juez dictaminó que como la criatura era muy pequeña debería estar con su madre, si bien al cumplir los tres años podría pasar un fin de semana cada dos con el padre.Tendría también el derecho a verla cada vez que él dispusiera y la madre no podría oponerse, pero para ello tendría el padre que desplazarse hasta el hogar que en la actualidad sea morada de la niña. Estaban presentes ambos padres, pero ni siquiera se miraban aunque ambos lo deseasen con todas sus fuerzas. Maggie se quedó fuera de la audiencia con la pequeña Rosalyn que crecía ajena a todo cuanto sus padres litigaban.



Al salir James se acercó a Maggie que tenía en brazos a Rosalyn tratando de distraerla. Emma a propósito se había quedado rezagada para facilitar el encuentro del padre con la niña.  El bebe le extrañaba y rompió a llorar extendiendo los bracitos hacia su madre que se encontraba cerca.

El desaliento se reflejaba en el rostro de James. A  Emma le dió pena ver la manera con que miraba a su hija y el rechazo que ésta sentía inconscientemente, por el padre.

--Tendrá que acostumbrarse- le dijo.-  Es muy pequeña y no te ha visto nunca. Tienes que tener paciencia y verla con frecuencia para que ella te vaya asociando a su vida. Yo no me opondré, si eso es lo que te mortifica. Comprendo el deseo que sientes por tenerla, pero yo no puedo hacer nada, eres tu , y tu calma el que tiene que labrar el terreno...
--Lo sé, lo sé. Te prometo que tendré toda la paciencia del mundo y que conseguiré que me quiera.

Se pusieron de acuerdo en que para limar tensiones, cada vez que quisiera visitar a la niña, le avisase y se encontraran  en un sitio neutral, por ejemplo en casa de Maggie. De esta manera no tendrían ocasión de verse ni de intercambiar reproches, ni de regañar nuevamente.  James aceptó y quedaron en el día y la hora en que sería la próxima visita.

Emma cedió en que para pasar más tiempo con la niña aquella tarde, fuesen a tomar un cafe. James cambió el semblante y de pronto se  iluminó: pasaría un rato más con ellas, con las dos... Tomó a la niña en sus brazos después de pedir permiso a Emma y aunque un poco retrasada de James, se encaminaron los tres hacia una cafetería cercana.


--¿Te vas esta misma noche?, le preguntó James a Emma una vez estuvieron acomodados en el bar
--No, Maggie se quedará conmigo en un hotel y mañana temprano partiremos.

No hablaron más. Se miraban de soslayo. James dialogaba con su hija en el idioma de los niños, con sonidos guturales que solamente ellos entienden.  Era ya de noche; las horas habían pasado rápidas y Rosalyn tenía que tomar su baño, su cena y después dormir.  Emma rescató a la pequeña de los brazos de su padre y se despidió de James

--¿En que hotel estáis? os acompaño hasta él

Sin darse cuenta, James le había tomado por un brazo protegiéndola de los empujones de la gente que ajena a todo transitaba, pues era la salida de oficinas y comercios.  Era como si el tiempo hubiera retrocedido y a Emma el corazón le daba saltos al sentir la mano del hombre sobre su brazo.

--¿Te pesa la niña, quieres que la lleve yo?- Emma sonrió al darse cuenta que era una excusa para tener un rato más a la  pequeña en los brazos.

James entró hasta el vestíbulo del hotel y allí frente a ella devolvió a su madre a Rosalyn que por fin se había abrazado al cuello de su padre.

--Pese a todo,- dijo James,- ha sido uno de los días más felices de mi vida.


Dió un beso en la cabecita a la niña y en la frente a la madre, que quedó sorprendida por la repentina  muestra de cariño. Ella solamente le miraba, le miraba y notaba que todo su rencor había desaparecido quedando únicamente el inmenso amor que siempre le había tenido.  Pero ya era tarde, y pensó" lo que puede cambiar tu vida al tomar una mala decisión."  Fueron unos segundos lo que duró la intensa mirada que ambos se dirigieron; en ella se dijeron todo lo que sentían y que habían callado durante tanto tiempo. Ahora ya no había lugar, pero no podían evitar el seguir queriéndose.

No hubo ninguna comuicación entre ambos durante mucho tiempo. El veia a la niña todas las semanas, pero ella no estaba nunca presente.
No hubo ninguna llamada de teléfono que perturbara la vida de Lissa y de James. No se mezcló nunca en su unión, pero no hizo falta, estaba permanentemente presente en sus vidas.
El volverla a ver, había avivado de nuevo el amor que siempre sintió James por su mujer y aunque nunca lo mencionase, la sensibilidad de Lissa le avisaba de que ya nada sería igual, que nunca había estado enamorado de ella. Le había respetado cortesmente, es muy posible que le hubiera tomado cariño, pero por las noches él soñaba con su mujer y la nombraba, y se desesperaba tratando de alcanzarla. Estaba  desvelado casi siempre y ella fingía dormir cuando él se levantaba de la cama y se ponía a ver el paisaje a través el ventanal de la habitación, pensando en sabe Dios qué cosas.

Lissa quería profundamente a James, le había visto sufrir cada vez que Emma aparecía en sus vidas, pero debía  reconocer que nunca interfirió en su relación nada más que con los carteles de publicidad y de eso ella no tenía la culpa. Veía que James estaba cada vez más triste, no se comunicaba y un rictus amargo comenzaba a marcar la comisura de su boca. Le dolia tener que tomar la decisión  de plantearle dejar su relación. Por nada del mundo lo deseaba, pero precisamente porque le quería, era necesario que hablaran de su futuro.

Aquella noche James llegó especialmente cansado, no por el trabajo sino porque poco a poco el desánimo iba ganando terreno. No sabía cómo enfocar la situación; le costaba muchísimo aparentar ante Lissa  unos ánimos que estaba muy lejos de sentir. Al entrar en el salon en dónde solían esperar la hora de la cena  tomando un aperitivo, se dejó caer en un sillón. Lissa le observó y supo que el momento había llegado, era  propicio. Con toda la calma del mundo, que estaba muy lejos de sentir, le contó que ya  era hora de que de nuevo él, la niña y Emma volvieran a ser una familia. Por el bien de Rosalyn.

--Yo se, que nunca has dejado de amarla y ha sido una tortura para ti el no poder verla. He de agradecerte que me has respetado y cuando hemos estado juntos me has hecho la mujer más feliz del mundo, pero tu no lo has sido, y es necesario que recuperes  de nuevo la alegria de vivir junto a tu mujer y tu hija. Habéis estado divorciados porque un papel así lo asegura, pero anímicamente habéis permanecido unidos siempre.  Yo iré a un crucero largo, de meses y a buen seguro que encuentro a otro hombre que alivie mis horas de soledad. Creo que mañana mismo debes solucionarlo.  He leido que la agencia en la que trabaja ha conseguido el premio a la mejor campaña publicitaria y justo mañana se lo entregan al director. Averigua con tu informante si ella estará aquí mañana . Ve a verla y háblale de cuánto la necesitas, de cuánto la quieres y que fue un tremendo error por parte de ambos el separaros, porque no podéis vivir el uno sin el otro. Sin reproches, sin acusaciones, eso ya ha pasado y no se puede dar marcha atrás. Pasad página, empezad de nuevo con vuestra hijita y quereros , quereros mucho por vosotros y por todos los que hemos estado a vuestro alrededor presenciando vuestro sufrimiento por no estar juntos.

James no podía articular palabra. Solamente la abrazó fuertemente, la beso y con un" gracias" se alejó definitivamente de allí


El hotel estaba en todo su esplendor. El ir y venir de grandes limusinas, coches de alta gama, mujeres resplandecientes y señores muy satisfechos. Crowford salió de uno de los coches tendiendo la mano a Emma que lucía muy bella. La niña había quedado en el hotel al cuidado de Maggie. James tocó a la puerta y una sonriente Maggie le franqueó la entrada

--¿Está dormida?
--No aún no. La estoy dando el biberón. Pasa. Emma ya ha salido para el hotel Lo siento.
--No lo sientas quería hablar contigo primero y claro ver a mi niña que cada día está más preciosa.


 --Bien, pues tu dirás. Si no te importa mientras charlamos termino de vestir a la niña
--Por supuesto, yo te ayudo

James relató a Maggie todo lo sucedido con Lissa y le explicó los planes que tenía para con Emma y Rosalyn

--¡ Claro que me parece bien!  Habéis tardado mucho tiempo. Te diré que Emma bebe los vientos por ti, y no es que no haya tenido ocasión de volver a casarse. Sin ir más lejos Crowford se lo propuso, pero ella no tenía pensamientos nada más que para tí. Así que anda, ve al hotel y en la primera oportunidad que tengas, cógela, abrázala y todo vendrá por si solo.


 La ceremonia ya había comenzado. En una mesa todos los integrantes de la Cñía Crowford estaban sentados, incluido Lewis, que estaba irreconocible con smoking. De espaldas a James se encontraba Emma.
Estaba radiante, totalmente transformada aunque con un brillo de melancolía en su mirada.

El maestro de ceremonias leyó los premios concedidos y el nombre de la empresa ganadora. Al nombrar a Crowford, una explosión de aplausos resonó en la estancia y el Jefe salió a recoger el premio.


--Agradezco enormemente este reconocimiento a nuestra labor, pero no sería justo si en él no admitiese que un porcentaje muy alto de éxito, se lo debemos a la modelo que lo inspiró,  a la señora Emma Bogarde, sin su rostro y colaboración seguro no habríamos ganado.

Emma nerviosa se puso de pie y entonces le vió, allí parado en un rincón de la estancia, sin querer interrumpir. Era su gran noche, algo por lo que había luchado tanto.  Vió que James le aplaudía también y que una amplia sonrisa iluminaba su cara, como las de antes, y sin más no se lo pensó dos veces. Se dirigió hasta donde estaba su marido y cogiendo su cara con ambas manos le dió un beso largo, largo que hizo las complacencias y vítores de todos los allí presentes. 

--Por una vez, que me perdone Lissa. Voy a ser yo quién falte a mi palabra  por unos instantes .- James en un casi susurro, emocionado, le dijo:
--Tengo que hablarte. En cuanto puedas nos vamos, es importante.

Ella supo que algo iba a cambiar en su vida aquella noche mágica.  En cuanto le fue posible y nada más empezar el baile se reunió con James que la aguardaba impaciente.


--Ah, ya estás aquí.¿No quieres bailar?
--No, quiero saber lo que tienes que decirme.
--Pero para eso tendremos que irnos a un lugar tranquilo en donde charlar sin tanto alboroto. Así que despídete de todos y vámonos.

Emma dió un abrazo a sus compañeros y buscando una excusa se marchó en busca de  James. Iban callados, no se atrevían a hablar se miraban y sonreian de vez en cuando.

-- Debemos regresar al hotel Rosalyn estará ya dormida, pero no quiero abusar de Maggie, ella también tiene a su novio premiado y querrá disfrutar con él.
--Es cierto, no me había dado cuenta, entonces cuando ella se marche hablaremos. Tenemos que hacerlo largo y tendido. - Entraron en la habitación  y se encontraron a Maggie dándo los ú.ltimos toques a su vestimenta
--La niña está dormida y si no hacéis ruido y no se despierta, podréis hablar todo cuato queráis.
--Bueno, bueno vete ya,  sino se acabará la fiesta y Lewis me matará. -  dijo Emma empujando a su amiga hasta la salida.
--Y bien, ¿ qué es lo que tan urgentemente tenías que decirme?...

Es todo lo que pudo decir. James le contó todo lo ocurrido, sus planes y ella le escuchaba cada vez con una sonrisa más amplia aceptando todo lo que le decía.  No hubo reproches ni dudas, era como si nunca hubieran existido los errores que ambos cometieron. Fueron  hasta donde su hija dormia la contemplaron durante unos minutos y el resto de la noche fue exclusivamente para ellos.

A la mañana siguiente cuando se despertaron, la felicidad reinaba en sus caras se abrazaron deseándose buenos días como en los viejos tiempos. Unos sonidos guturales provenientes de la habitación contigua les hizo ver que la pequeña estaba despierta y reclamaba su desayuno. Saltaron ambos rápidos de la cama y Emma indicó a James

--Cógela mientas  preparo el biberón


Vistieron a la niña, se vistieron ellos y como dos novios cogidos de la mano salieron del hotel en dirección al coche de James. Este llevaba en brazos a la niña y Emma de vez en cuando reclinaba su cabeza en el hombro de él.

--¿Dónde vamos, a dónde nos llevas?
--Te voy a enseñar, o mejor a hacerte entrega de algo que tenía reservado para tí desde hace tiempo, esperando este momento.-.  Enfilaron la calle y entraron en una urbanización alegre, llena de árboles y flores y James paró el coche frente a una casa
--La diseñé hace tiempo pensando en nosotros, y la construí para que fuera nuestro hogar. Luego las cosas se torcieron, y bueno.. Yo sabía que llegaría el momento,  y ha llegado. Esta es nuestra casa la que pensé cuando aún era estudiante, la que idealicé para ti: nuestro nuevo hogar.



EPILOGO:

Rosalyn creció sana y feliz en aquella casa acompañada de dos hermanos más uno rubio como ella y otro de pelo castaño y con pecas como su padre.  Se juraron nunca más tener reservas y hablar mucho para no volver a cometer los errores del pasado. Nunca más.  Y fueron felices. Emma siguió haciendo su trabajo desde casa y James siguió construyendo las casas que siempre había imaginado: baratas para que la gente pudiera poseerlas. De vez en cuando para compensar los beneficios construia alguno a gran escala que le permitía conservar su estudio holgadamente. Vivian bien, cómodamente, sin agobios, pero inmensamente felices. Se tenían el uno al otro; habían recibido una lección difícil de olvidar.  De Lissa supieron por los ecos de sociedad que se había casado con un viudo mayor que ella y vivian en Bahamas.  Al  leer la noticia ambos rieron , al tiempo que Rosalyn entraba en la habitación peleándose con el pequeño James y un bebe con pequitas, David, jugaba en su corralito bajo la mirada de sus padres que sonreian.

                                                       F   I   N 

Autoria:  1996rosafermu
Editado:  Octubre de 2012
Fotografías:  Archivo de 1996rosafermu
RESERVADOS DERECHOS DE AUTOR

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