Los errores que cometimos - Capítulo 6 - San Francisco

El gran vestíbulo del hotel estaba lleno de gente ataviada para las grandes ocasiones. Las damas con traje largo de noche y ellos con smoking. En un lado del mismo había un corrillo de gente en torno a un hombre alto, guapo y que parecía ser el merecedor de tanta expectación. Le acompañaba una mujer de edad mediana muy atractiva que se encargaba de presentarle a todas las personalidades asistentes a la reunión.

De frente al grupo, Maggie observaba a las personalidades. Lewis no podía acompañarla puesto que era el encargado de filmar el video del acto, pero ella con traje largo , también pensaba asistir a la entrega con la mayor curiosidad. No se equivocaba, aquel rostro lo había visto antes en casa de Emma: se trataba de James.

Se dirigió a recepción y pidió le facilitaran el número de habitación, cosa que no hicieron. Entonces ella se dirigió a las cabinas de teléfono y pidió avisaran al arquitecto galardonado, por nombre James...Un botones voceó el nombre al que respondió el interesado y se dirigió al teléfono que tenían en Recepción


--Si, dígame
--Usted no me conoce, pero me urge hablar con usted
--Lo siento, si es una periodista hablaré con todos ustedes en la conferencia de prensa de mañana
Siento me interprete mal , pero no puedo atenderle ahora. Como puede comprender tengo que atender a todas las personas que han venido, y me parecería una descortesía ausentarme
--Le aseguro que se trata de algo que le interesa mucho
--Por favor no insista. Mi mujer me está llamando; va a comenzar el acto, perdóneme
--Emma, ¿ le suena de algo?
--¿ Cómo dice? repita ese nombre
--Creo que será mejor que hablemos personalmente. Estoy en la 510. Creo que deberá hablar conmigo lo antes posible. De verdad que le interesa.

James terminó la recepción feliz por el reconocimiento demostrado. Lissa estaba radiante de felicidad y de orgullo. No le había defraudado, toda la confianza depositada en James la había sobrepasado. Había alcanzado el máximo galardón en su profesión. Ellos estaban felices, a pesar de la cara melancólica que durante toda la noche había podido observar en el rostro de James

--Deben ser los nervios y la emoción- pensó

Nunca imaginó el motivo real de esa impaciencia. Se acostaron muy tarde, pero a pesar de ello James no pudo conciliar el sueño. Deseaba con todas sus fuerzas que amaneciera pronto para poder hablar con aquella misteriosa y desconocida mujer que le hablaría de Emma, ¿de qué? Hacía mucho tiempo que ni siquiera habían cruzado una palabra, no se habían visto desde que salieran del despacho del juez y por ello no podía imaginar lo que le diría.


 Salió de la habitación para no despertarla.  Deseaba que amaneciera cuanto antes.  Se sirvió un vaso de whisky y se sentó frente a la ventana por la que se veian las luces de la ciudad.  Bebió un sorbo y dirigió su mirada hacia la habitación, en donde dormía ella.  Sólo la mención del nombre de su mujer, había conseguido  intranqulizarle ¿ Estará enferma ? Si es así, debería estar a su lado, junto a ella y no en la cama con otra mujer casi desconocida.  No,.., desconocida no Hacía tiempo que convivían juntos, pero ninguno de los dos conocían a fondo la realidad en la vida de cada uno de ellos.  Hacía rato que habían hecho el amor, como cada noche antes de dormir, pero fue como cumplir un trámite.  Le estaba agradecido por las ayudas y amistades importantes que había logrado gracias a su influencia, pero había pagado un alto precio y se había convertido en el querido de Lissa ¿ Querido ?Ni siquiera eso. La apreciaba, pero no la amaba, ni  se sentía atraído por ella.  Al fin rendido de cansancio, volvió a la cama, siquiera para dormir un par de horas.  Después de desayunar James se excusó con Lissa argumentando que querían hacerle una entrevista

--Pero ¿ tan pronto?...
--Vuelve a dormir, espero terminar rápido

La besó en la frente y ella volvió a quedarse dormida. James se dirigió a Recepción y solicitó la comunicación con la habitación 510. No tuvo necesidad, Maggie se aproximó a él presentándose.

--Creo que debemos ir a un rincón tranquilo en donde podamos hablar sosegadamente. Es muy importante lo que tengo que decirle
--Como quiera, me tiene en ascuas¿Le ha pasado algo?
--Quiero advertirle que ella no sabe ni que usted está aquí, ni que voy a contarle algo que ella no me ha autorizado, pero creo que estoy obrando correctamente
--Si no le importa no ande con tantos preámbulos, por favor. Como puede comprender estoy impaciente.-
-Primero, para llegar al día de hoy, tenga paciencia y le explicaré cómo llegué a conocer a Emma.

Maggie hizo un relato pormenorizado de cómo llegó hasta el pueblo que ahora era su hogar. Por fin llegó al momento en que ambas mujeres establecieron su entrañable amistad:

--Emma llegó al pueblo embarazada y quiso tener a su hijo en un lugar en donde nadie pudiera localizarla, no por vergüenza porque ella no había tenido la culpa de que usted en determinado momento ejerciera violencia contra ella. Se enteró del embarazo después de que se divorciaran, y a pesar de que la insistimos para que se lo comunicara, ella no cedió. Una vez le llamó por teléfono delante de mi a instancias mias, fué justo el día que salió de la clínica después de dar a luz. La persona que cogió el teléfono le anuncio "que los señores" habían salido de viaje, por lo que ella interpretó que se había casado, y no quiso mezclarse en su matrimonio. Tiene una hija preciosa de nombre Rosalyn y se parece a su madre.


La palidez del rostro de James era alarmante. No podía ser verdad lo que aquella mujer le estaba contando. No podía ser verdad que la crueldad de Emma hubiera llegado al extremo de ocultarle que era padre, sabiendo que era lo que más ambicionaba, no podía ser verdad. Estalló en una cólera contenida y sujetando fuertemente el brazo de Maggie, le suplico:

--No me mienta, no puede ser verdad. Ella sabe que todo empezó precisamente...
--Si, porque ella quería que esperasen para ser padres. Si también lo sé. También la he dicho que cometió el error más grande de su vida y que había perdido al hombre que amaba, pero ella no quería destruir su vida con esa confesión. Cree que usted la ha rehecho y está felizmente casado.
--Dígame cómo se llama ese lugar, por favor. Tengo que ir a verla, tengo que ver a mi hija. Pero no puedo perdonarla que me lo haya ocultado, no debió hacerlo aunque estuviese casado. ¿Lleva alguna foto de la niña?
--Si, desde luego. Tómela
--¿Qué tiempo tiene?
--Seis meses--  le dijo Maggie mientras sacaba el pequeño álbum que llevaba en el bolsillo.

Ante él estaba aquella carita igual a la de su madre, con sus mismos ojos, su mismo cabello. Era un bebé precioso y era su hija.



Dos lágrimas resbalaban por sus mejillas. La emoción más grande le embargaba y no podía articular palabra. La pidió un vaso de agua; tenía que aclarar la garganta y aquella congoja que le impedía hablar.

- No sé hasta dónde conoce la verdad de todo este embrollo tan desagradable que ha truncado mi vida, y presiento que también la de ella. Pero no he dejado de amarla ni un sólo minuto de mi vida. Ella lo ha sido todo, y la perdí por un momento de  desespero, de furia, de no lo sé exactamente.  Anteponía el trabajo a nuestra vida, a nuestros planes, y eso no era el amor que ella decia tenerme.  Cuando nos separamos creí volverme loco. Emprendí un camino, y me convertí e algo que no deseaba, pero el dolor, la rabia, el ansia de demostrarla,  no sé qué cosas, me hizo convertirme en lo que soy ahora: el consentido de una mujer, buena, que me ha ayudado mucho, pero a la que no amo. Ella me prestó ayuda y yo a cambio le pagaba con una expresión de amor que estaba muy lejos de sentir. Quiero que sepa que no me he casado con ella ni con nadie, porque siempre Emma está en mi vida permanentemente, siempre, hasta en los momentos más íntimos.  Y ahora me dice que de aquel momento de ofuscación, ha nacido una niña, que tengo una hija, que ni siquiera conozco y que no tengo la más mínima oportunidad de poder disfrutarla. Ella ¿ ha unido su vida a alguien ?
- Por supuesto que no.  Ella le sigue amando, ni pot un sólo momento ha dejado de quererle, ni de recordarle. Pero es muy cabezota, y la casualidad hizo que interpretara que había rehecho su vida y ya no había oportunidad para ella.

Ambos guardaron silencio durante unos momentos, y al fin James dijo:


--Deme,  por favor la dirección. Iré a verla lo ates posible. ¿Debo decirle que usted me ha informado?
--Haga lo que crea oportuno, de todas maneras ella va a saber que he sido yo la persona que le ha contado todo. Nadie más que yo sabe lo ocurrido, ni siquiera Crowford, que goza de toda su confianza.

Se despidió de Maggie agradeciéndole la noticia. Ella,  al ver alejarse a James exhaló un suspiro profundo de alivio. Sabía que había obrado como debía, aunque le costase un disgusto con Emma.

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