El susurrar del viento - Capítulo 2 - El encuentro

Enlutada, se personó en el velatorio de la que fuera su suegra. A la mayoría de las personas las conocía, habían sido sus vecinos, ,entre  los que se encontraban las mujeres que murmuraron en el supermercado.  Resultaron ser íntimas amigas de la madre de Moira.  Se paro en la puerta de entrada y vió que su hija estaba sentada junto a su padre y Moira en la primera fila del velatorio. La dio un vuelco el corazón al ver el rostro de Sean.  Se le veia muy abatido, como si hubiera envejecido en poco tiempo.  Carmen se secaba alguna lágrima cada vez que alguien se paraba frente a ellos para dar el pésame. Al otro lado de Sean estaba Moira, erguida, pero su rostro no denotaba mucha afectación.  Nunca se llevó bien con Nancy; a menudo reprochó a su hijo la convivencia que tenía con ella.

Con paso decidido se encaminó en su dirección. Tenía que pasar ese trago y cuanto antes lo hiciera, antes pasaría la violencia del momento. Al estar frente a Carmen, la niña se levantó rápido para abrazar a su madre, y fue entonces, con ese brusco movimiento, cuando Sean levantó la cabeza y se encontró frente a frente con los ojos de su mujer.



- Sean...  lamentó lo ocurrido. No podía imaginar algo así. Tan fuerte, tan serena, tan buena...- Y no pudo seguir hablando porque el llanto oprimió su garganta.  Sean apretó la mano que ella le brindaba, pero fue incapaz de articular palabra.

Con una inclinación de cabeza, se dirigió a Moira, sin mediar palabra,  que tampoco salía de su asombro al verla.  Hecho ésto, se dirigió al catafalco en donde reposaba Nancy con rostro sereno, como dormida.  Allí se detuvo unos momentos y bajito, muy bajito para que sólo ella pudiera  escuchar, dirigió unas palabras al cadáver . Y su llanto silencioso se incrementó cuando la mano de su hija tomó la suya, y vio la presencia de Sean que se puso a su lado.  No hablaron, no dijeron nada, simplemente se miraron.  Después dio media vuelta y salió de allí.  Le asfixiaba la tensión y la emoción acumuladas. Tenía la necesidad de respirar aire; eran demasiadas cosas, demasiadas emociones contenidas.  Carmen salió detrás de ella pensando que se había desvanecido.  Y allí en la soledad de la calle, se abrazaron madre e hija, bajo la mirada de Sean que observaba la escena desde la puerta.

A las pocas horas de su llegada, procedieron al entierro de Nancy.   Lucía , en un taxi, iba la última del cortejo, y en la última fila de los asistentes, se colocó lejos de la mirada de Sean y de Carmen, que buscaba incesantemente a su madre.  No quería ser vista por nadie, ni sentir la curiosidad de los asistentes.  No se acercó a dar el pésame a nadie, sino que cuando la ceremonia del responso terminó, se dirigió hacia  donde había dejado el taxi.  Carmen la localizó y salió corriendo en su busca

- Pero ¿ dónde vas ? - la preguntó
- Hija, tengo que irme
- No mamá, por favor no te vayas aún. Ven a casa
- Cielo, sabes de sobra que no puede ser. Ya te he explicado todo.  Si fuese crearía una tensa situación, sobretodo para tu padre, y no tiene los ánimos para más problemas.  No puede ser cariño.  Vine en homenaje a tu abuela, pero yo aquí no pinto nada.  Además salgo esta tarde para Madrid y he de recoger las cosas del hotel
-Pero yo quiero pasarlo contigo. ¿ Qué voy hacer ahora sin la abuela ?.  Por favor mami, no te vayas
- Carmen, por favor, no me hagas esto.  Sabes que no puede ser. Tu debes estar ahora con papa. Él te necesita -.  Enfrascadas como estaban en la discusión no se dieron cuenta de que Sean se acercaba hacia ellas
- ¿ Ocurre algo ? - preguntó preocupado
- Papá, mamá se marcha
-¿ Por qué te vas tan pronto ?
- Creo que es obvio ¿ no ?. Tienes que atender a toda esta gente y yo me siento extraña entre todos ellos.  Además he de tomar el avión esta tarde.  He de ir al hotel y recoger mis cosas... en fin... He de irme


Sean no decía nada, pero comprendía el razonamiento de su mujer, y aunque él querría estar a solas, sin tanto protocolo, debía cumplir con todos aquellos que habían presentado  sus respetos a la familia.  Entonces, para calmar a su hija, decidió intervenir en favor de Lucía

- Hija, mamá tiene razón.  No podríamos atenderla como es debido.  Se me ocurre una idea. ¿ A qué hora tienes el vuelo ?
- A las ocho, pero he de estar dos horas antes en el aeropuerto.  Saldré del hotel a las seis
- Bien, pues iremos a buscarla y la llevaremos al aeropuerto ¿ te parece?
- De verdad que no hace falta. Un taxi me trasladará desde el hotel. Vosotros debéis descansar; tenéis gente en casa y habéis pasado mala noche.  Es mejor que vaya por mi cuenta
- Insisto. Si tengo fuerzas para atender a mis vecinos, también tendré fuerzas para acompañarte. No se hable más. ¿ Te quedas más conforme ? - dijo dirigiéndose a su hija
- Si no hay más remedio... ¿ Podría al menos comer contigo ?
- Se lo tendrás que pedir a papá. Estás en su visita- la chica dirigió la mirada hacia su padre, que movió la cabeza afirmativamente
- Bien, pues asunto zanjado: comeremos juntas.  Y ahora vámonos, y tú sigue atendiendo a tus amigos.  Ya te hemos entretenido bastante
- Lucía... yo...Nada,.. de acuerdo

Se introdujeron en el coche y salieron rumbo al hotel . Y en la cafetería almorzaron madre e hija, y por unos momentos olvidaron el porqué de su estancia allí. Muy sutilmente Lucía preguntaba a Carmen cómo se llevaba con Moira. Le importaba mucho conocer la relación entre su hija y la que quizás algún día llegaría a ser su madrastra

- Oh.. - respondió la chica - sencillamente no nos llevamos.  Ella me tiene manía y yo se la tengo a ella, así de simple.
- Niña, no tienes que ser tan radical. Ella no te conoce , ese es el motivo; y tú debes poner también algo de tu parte, porque es en  beneficio de todos y en especial para papa
- No mami, no son apreciaciones mías : no nos tragamos.  Procuro no crear problemas y por eso me quedé en casa de la abuela. Tienes que entender que no puede sentarme bien que esté en nuestra casa, en donde hemos  vivido los tres.  Ella es una intrusa en nuestras vidas
- No digas eso. Sobretodo porque crearías un problema a tu padre, y él está enamorado de ella, la ha elegido y debes respetarla.  No te estoy diciendo que la quieras como a mi, sino que seas cortés con ella y educada, más que nada por consideración a  papá.  Tienes que prometérmelo
- ¡ Mamá ! Procuraré que así sea, pero no te hagas muchas ilusiones, porque igual ella me contesta mal, y por mucho que me contenga, tu sabes que tengo mi genio...
-Pues si eso ocurriera, da media vuelta y márchate de donde estés.  Tienes que procurar no crear problemas.  Total es un mes lo que estás aquí
- Si, pero luego viene Navidad y Semana Santa, y...
- Ya Carmen, por favor. Me voy muy preocupada.  No quiero hablar de ésto con tu padre. Ahora, en estos momentos, no. Así que ten paciencia. Y ahora subamos a la habitación a recoger todo.  Parpa estará al llegar y la hora de la marcha se acerca
- Mama, llévame contigo
- Carmen ahora no.  No es el momento: papa te necesita aquí.



Subieron a la habitación a terminar de recoger el poco equipaje que había traído. Se arregló un poco y esperaron a que Sean llegara.  No se hizo esperar. Apenas diez minutos después de terminar de recoger, oyeron unos golpes en la puerta característicos de Sean. Abrió Lucía y nuevamente sus ojos se encontraron

- ¿ Por qué tiene que mirarme de esa forma ? - se repetía al ver que su marido impasible la miraba de arriba abajo sin pestañear - Ya estoy lista ¿ nos vamos ?
-Cuando quieras - fue su respuesta

Ella se dirigió a Recepción para pagar el hospedaje.  El conserje la dijo que ya había sido abonado, lo que la incomodó bastante

- ¿ Por qué lo has hecho ?
- Todavía eres mi mujer. Hiciste el viaje por mi, por mi madre.  Es justo que así lo hiciera
- Precisamente porque vine en memoria de tu madre, debí ser yo quién corriera con ello. No necesito esta ayuda.  Tengo más que suficiente con lo que gano con mi trabajo
- Perdona, no lo he hecho con esa intención. Ya sé que no quieres nada de mi, pero pensé que al hacerlo no sería motivo de disgusto. Veo que las cosas no han cambiado

Lucía se arrepintió de sus duras palabras; no era oportuno en un día como el que estaba viviendo, pero ya no tenía arreglo.  Lo dicho, dicho estaba.  Llegaron al coche, y la abrió la puerta para que entrara, pero se sentó en el asiento trasero.  Estaba violenta. No sabía que la ocurría, pero su mal humor se acrecentaba por momentos.  Por más que intentaba comportarse mejor, era superior a ella.  Su carácter no era ese ¿ qué la estaba ocurriendo? ¿ Sería el haberle visto junto a Moira, sentía celos?  En silencio llegaron al aeropuerto. El momento de la despedida, había llegado; pronto llamarían para el embarque.  Carmen les miraba y guardaba silencio, a la par que ellos.  Ninguno de los tres hablaba.  Se miraban de reojo, pero no articulaban palabra.  Fue el altavoz avisando de que debían ir entrando para el avión, cuando Lucía rompió el silencio

- Bien..., ya es la hora
- Mamá...
-Carmen, por favor. Ya hemos hablado de esto. ¿ Me harás ese favor ?
- Está bien mami. Así lo haré
- Sean.. te ruego  disculpes mis palabras de antes.  Estoy nerviosa, triste y de muy mal humor. Perdóname, lo he pagado con quién menos debía
- Lucía no tengo nada que perdonar. Es un día raro de muchos nervios, y de sentimientos encontrados.  No te preocupes

Lucía abrazó a su hija, y después tendió la mano a Sean a modo de despedida, pero él la agarró fuertemente y la atrajo hacia sí, besándola en los labios con angustia.  Ella sorprendida ni siquiera trató de desasirse de él, sólo se le quedó mirando cuando la soltó



- Yo... francamente no esperaba ésto- dijo bastante azorada
- Lo sé, pero ha sido un día duro y lo necesitaba
- Será mejor que entre. Cuídate
- Gracias- respondió escuetamente

No quería separarse de ellos.  Les veía muy perdidos, y la reacción de él, la dejó inquieta. Hacía tiempo que ni siquiera se habían visto, entonces ¿ por qué ?  Con la cabeza baja caminaba por el túnel para el embarque, pero antes de entrar, se giró y les vio que miraban por donde ella estaba, levantó la mano a modo de saludo y ambos la respondieron.  Carmen no cesaba de tirar besos al aire, lo que la partía el corazón. Veía el semblante demacrado y triste de su marido y una punzada de angustia le atenazó la garganta.  Creía haber superado su separación, pero estaba más viva, si cabía , que al principio.  Volvería a ver a su hija en unos días, pero a él...




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