El susurrar del viento - Capítulo 10 - Enfrentarse a sus demonios

No sería  fácil ni sencillo para Sean, hablar con Moira, a pesar de que ella imaginaba a qué se refería y lo que iba a decirla.  Acababa de regresar de España, había visto a su mujer, y en consecuencia dedujo que la iba a plantear acabar con su relación.  Pero no se rendiría tan fácilmente como él creía.  Sabía que tenia la batalla perdida, pero aún le quedaba la guerra, y no le iba a poner las cosas muy fáciles. Su mujer le había abandonado y ella tuvo que recomponer su destrozada vida, pero había de reconocer que siempre la amó a pesar de que viviese con ella, de que durmiera con ella, y de que su intimidad fuese placentera, pero también estaba segura que cuando le hacía el amor, era en ella en quién pensaba.  No era algo nuevo para Moira, pero sentía tanto odio y desprecio por Lucía, que le plantaría cara; no iba a entregársele tan fácilmente. Pensaría en algo para, a poder ser, volver a separarles.



No pudo dormir aguardando la llegada de Sean a la que hasta hace poco había sido su casa, aunque en verdad era la casa de Lucía.  Sean la había construido para ella, para que fuese su hogar una vez casados y en esa casa fundar su familia.  Pocos años la había disfrutado, pero era su hogar, el hogar que ella había deseado y que ahora tendría que abandonar por esa estúpida chica que llegada de lejos le había robado al hombre del que siempre estuvo enamorada, aunque su relación era de amante más que de otra cosa.  Y aguardó la visita, en esta ocasión, no deseada de Sean.

Durmió poco y mal. Pero nada más despertar, su recuerdo voló hacia Madrid, e imaginó lo que a esa hora podría estar haciendo su mujer.  Hablaría con ella más tarde, después de hacerlo con Moira.  Necesitaba estar tranquilo y sereno; calculaba en su mente lo que habría de decirla.  No quería violencias, a pesar de que sabía serian inevitables.  Conocía lo suficiente a Moira para saber que no se daría por vencida.  Que esgrimiría todos los argumentos habidos y por haber para tratar de que la separación no se produjera.  Pero el rostro de Lucía, permanecía en su imaginación constantemente, y lucharía con todas sus fuerzas para  que fuera una separación todo lo amistosa que fuese posible, aunque lo dudaba.

Pulsó el timbre de la puerta, a pesar de que tenía las llaves en su bolsillo.  Pero las circunstancias habían cambiado y no deseaba ejercer su derecho a entrar y salir de su casa cada vez que le apeteciera.  No en esta ocasión; creia ser un caballero y dar espacio a Moira. Iba a ser muy desagradable para ambos, pero estaba resuelto a solucionarlo aquella misma mañana.



- ¡ Vaya, si que has madrugado ! - fue el saludo de ella al franquearle la entrada - ¿Acaso te has dejado las llaves en casa ? - le dijo irónica
- No Moira, las tengo aquí, pero no me parecía oportuno hacer uso de ellas
- Ya.  ¿ Y desde cuando eres tan mirado? Esta es tu casa. La que sobra aquí soy yo ¿ no ?
- Mira Moira, vengo en son de paz. Ya es bastante difícil lo que tengo que decirte, como para que aún lo pongas más duro.
- ¿ Y qué tienes que decirme que no sepa ya ? Vas a volver con ella  ¿cierto ?
- Si. No te equivocas, y te recuerdo que ella es mi mujer, que esta es su casa, y que el motivo de que ella se fuera y viviéramos juntos, fuiste tú.  De manera que deja las ironías aparte, porque no te van a servir de nada.  Siempre has sabido que la amaba más que a nada.  Que tu y yo nunca nos casaríamos, y que vivíamos juntos por pura conveniencia de ambos
- Pero no eras tan puntilloso cuando nos acostábamos y me hacías el amor. ¿ De verdad crees que me lo trago ? Disfrutábamos como locos.  Nuestra unión sexual era apasionada, desenfrenada, y perdona, pero no creo que con ella fuese igual que conmigo


-No sabes nada de nada. No te atrevas a decir nada de mi vida íntima con mi mujer, porque no te lo voy a permitir.  Es cierto, nuestra relación en la cama, era buena, quizá porque eres experta en desatar pasiones en ese terreno, pero no había amor, al menos por mi parte.  Pero no he venido para oir ni decir reproches en cuanto a mi vida sexual.  Contigo no, y quiero zanjar este enojoso asunto de una vez.  Lucía vendrá en unos días y quiero y deseo dejar solucionado lo nuestro
- ¡ Lo nuestro !. Como si fuera un paquete que se queda en el apartado de correos. Entérate bien, tengo mis derechos; durante todos estos años hemos sido más que amantes ocasionales. Hemos ido a fiestas juntos, los vecinos me aceptaron como compañera, casi como tu mujer.  Teníamos una vida resuelta y en paz, y ahora me vienes con esas. A la niña se le ha antojado que quiere volver, sin importarle nada los destrozos que pueda ocasionar en nuestras vidas.
- En mi vida no, Moira. Ya la tenía destrozada cuando ella me dejó. Tu te las arreglaste muy bien para darme consuelo, y yo fuí un estúpido que lo acepté, en lugar de ir en su busca y solucionar el problema.  El origen de tanto desastre está en tí, en aquella noche que discutí con ella, y te encontré en el bar, y te las arreglaste muy bien porque había bebido demasiado, y cuando quise darme cuenta estaba en tu cama y teníamos relaciones sexuales, algo que nunca debió ocurrir. No le eches la culpa a ella, porque no la tiene; la tuvimos tú y yo, especialmente yo por imbécil.  Luego te las seguiste arreglando al decirme que te había dejado embarazada, cosa que era absolutamente mentira. Y nuevamente fuí cobarde, porque en lugar de reaccionar cuando lo descubrí, decidí olvidarme del tema.  Pero el día del entierro de mi madre, al verla nuevamente, todos los reproches que yo mismo me había hecho durante esos años de nuestra separación , afloraron nuevamente.  No lo esperaba, ni siquiera la avisé a pesar de que sabía que mi madre y ella sentían profundo cariño.  Pero al verla apartada de todos como si fuera una visita no deseada, me di cuenta que la seguía amando con desesperación, que precisamente en ese momento la necesitaba, a ella, y no a ti.  Lo siento pero así son las cosas; luego todo vino por si solo.


- ¿ Te has acostado con ella en Madrid ?
-No voy a decirte nada de mi vida . Tú ya no estás en ella, Moira, y cuanto antes te des cuenta, será mejor para todos, especialmente para ti, porque yo te olvidaré en cuanto salga por esa puerta.  Sé que estoy siendo duro, pero es algo que ya sabías, aunque pensases que nunca se produciría.  He decidido pasarte una pensión para que vivas cómodamente hasta que algún día te  cases  o decidas unirte a otro hombre.  Entonces por deferencia a él, te lo suspendería.  Creo que estoy siendo muy claro, a pesar de la dureza de mis palabras, pero esto es lo que hay, y tuya es la decisión de si lo tomas o no, porque no hay marcha atrás. Y por último te agradecería que te trasladaras a tu apartamento, lo antes posible.  No deseo verte por aquí cuando ella haya llegado.
- Eres duro y despiadado. Para nada tienes en cuenta todo lo que yo te he dado
- ¿ Hablas del amor que me has dado? Te lo agradezco enormemente, porque pasé por momentos difíciles y es cierto, tu estabas ahí, pero también has vivido como una reina, y has figurado en todas las fiestas que has organizado como si fueras la primera dama.  Nunca te hice reproche alguno, simplemente te dejaba hacer. Eran los honorarios que debía pagar por tenerte.
- Basta.  Basta ya de humillaciones  y desdenes.No te conozco; tu no eras así. Ha sido ella la que te ha cambiado; seguro que te ha llenado la cabeza de grillos en mi contra
- Moira..., no tengo nada más que decirte. Es volver una y otra vez a los reproches.  Y si estoy siendo duro y claro; no quiero que en el futuro tengamos ningún resquicio en donde agarrarnos.  Ya no Moira, ya no. Sigue tu camino, y de verdad deseo que encuentres la felicidad que yo no he sabido darte. A partir de mañana, tendrás en tu cuenta en el banco, la asignación que he dispuesto para ti.  El resto corre de tu cuenta. Con estas palabras doy por zanjado nuestro asunto. Adiós Moira.

Y dando media vuelta, salió de la casa.  Había sido cruel con ella, con duras palabras, pero ella era una persona a la que había que tratar con cuidado, porque su ambición no tenía límites, y cuando deseaba algo, no paraba hasta conseguirlo, y a él le consiguió con bastante facilidad. Fue un total idiota al no darse cuenta de que cambiaba el oro por el cobre, pero cuando lo supo, ya era demasiado tarde.

Al encontrarse de nuevo al aire libre, respiró profundamente. No le había gustado la forma en que la dijo que se fuera, las duras palabras que le había dirigido, pero también sabía que era la única forma de acabar con aquella relación; si hubiera sido más suave, ella se agarraría a él u no soltaría la presa.  Necesita regularizar su situación cuanto antes, pero sobretodo verse libre de ella antes de que Lucía llegase.  Fue una relación, la suya con Moira, que nunca debió producirse, ni siquiera debió tener contacto con ella, y mucho menos meterla en casa. ¿ Cómo no se dió cuenta de ello? La única excusa que se le ocurría, era su aturdimiento y dolor por la ausencia de su mujer.  Por su intención de vengarse de la forma que más a ella pudiera dolerle: siéndola infiel; pero no calculó, que al irse a España, no tendría oportunidad de enterarse de nada de su vida ¿ Cómo no se dió cuenta ?.  De nada servírían  los reproches, era demasiado tarde.  Nunca debió producirse este encontronazo como el de hoy, pero no había solución.  Entró en el coche y se alejó rápidamente de allí.


 Estaba nervioso y molesto con él mismo por la crueldad mostrada.  No controló su sinceridad, pero tampoco creia pudiera hacerlo de otra forma, para que todo quedase claro y diáfano.  Llegó a la oficina y se sumergió en el trabajo; más tarde hablaría con Lucía, y trataría de olvidarse del tema de una vez, si es que podía.

Moira se quedó mirando la puerta por donde había salido Sean. Todo se había consumado. Largo tiempo esperando que llegase el día de su separación, no obstante, a pesar de saberlo, nunca imaginó que ocurriría, al cabo de tanto tiempo. Había sido brutal con ella, y creia no merecerlo. Las lágrimas pugnaban por salir, pero ella inspiró y con furia a penas contenida, le gritó como si aún él estuviera frente a ella:

-Esto no ha terminado, querido. Soy yo la que tiene la última palabra, y puedo asegurarte que vas a arrepentirte de todo lo que me has dicho .  No voy a dejaros en paz, hasta conseguir mi propósito. Sé que no volverás conmigo, pero voy a amargaros la vida. Ya lo veréis.


Y conteniendo su furia, se dirigió a la habitación que había compartido con Sean hasta hacía poco tiempo, hasta el día del entierro de Nancy.  Abrió el armario y del maletero extrajo una maleta.  La llenó apresuradamente con su ropa y efectos personales.  No quería permanecer en esa casa ni un minuto más. La humillación sufrida hacía que su sangre hirviera en sus venas. Tiró las llaves encima de una mesa, y sin volver la vista atrás salió, se metió en su coche y partió hacia su apartamento.  Deseaba borrar de su imaginación la imagen de aquel hogar que había sido el suyo durante algunos años.

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