viernes, 10 de marzo de 2017

Edelweiss - Capítulo 5 - No me olvides

Durante tres días Cyntia tuvo en su bolso el pisa papeles sin decidirse a sacarlo. No terminaba de convencerla el plan que había ideado la señora Perl.  Veía a su jefe muy a menudo, pero ni una sola palabra, ninguna mirada se cruzaba ente ellos. Pensaba que sería absurdo poner en marcha lo ideado por su patrona, sería ridículo.  ël no estaba interesado en ella, quizá la invitación a cenar, fue simplemente algo de cortesía, y nada más.


<Después de aquel encuentro en el parque, estuve reflexionando y comprendí que la chica me gustaba, y que estaba pisando un terreno muy resbaladizo; debía andar con cuidado si no quería resbalar de nuevo.  Lo mejor sería seguir con nuestro papel de empleada y jefe.  Ella tenía razón, era muy complicado comenzar una amistad estando trabajando juntos y en unos papeles a distintos niveles.  Pero el caso es que Cyntia me gustaba a rabiar, y era extraño porque cada vez que la veía en mi cabeza se formaba el caos de tener una conversación, una situación ya vivida.  Era raro, pero me ocurría y no sabía el porqué.

Simplemente saludaba: buenos días, buenas tardes, y se acabó, así no habrían malos entendidos.  Mi mala fama me precedía, pero no hacía mal a nadie.  " Soy joven, vital, soltero y sin compromiso ¿ a quién hago daño ?.  La gente debería ocuparse de sus cosas y dejar al prójimo en paz "  Sin embargo, en más de una ocasión estuve tentado de volver a insistir con alguna cita, pero me arrepentía en el último momento>

<Un día llegó la hora de la salida.  Por debajo de la puerta de mi despacho se veía luz en el de al lado.  Alguien estaba haciendo horas extras.  Lo que menos podía imaginar es que fuera ella.  Después de recoger mi escritorio, salí y comprobé que efectivamente Cyntia estaba trabajando>

- ¿ Aún trabajando ? Es tarde.  Debía haber salido hace tiempo
- Lo sé, pero no quería dejar a medias este documento; es cuestión de unos minutos más y mañana lo tendrán listo.
- Muy bien, si sólo son unos minutos, la esperaré
- No es necesario, de verdad
- No se preocupe.  No tengo nada que hacer hoy. Tanto me da esperar aquí que en casa
- Termino enseguida- respondió ella.


< Giré la cabeza y encima de su escritorio vi algo que me sorprendió : un pisa papeles no muy común. Ella se dio cuenta y se  quedó mirándome, con esa mirada inquisitiva, como queriendo saber todo.  Al fin con una media sonrisa me dijo:>

- Edelweiss
- ¿ Edelweiss ? O sea, No me olvides- Y de repente una luz se abrió en mi mente y no era Dejavú. Hubo un tiempo en que regalé a una chica otro igual
- ¿ Dónde lo ha comprado?
- No lo he comprado, me lo regaló un amigo -.  Entonces volvió a mi memoria una imagen, una escena que tenía guardada en un rincón de la memoria
-¡ Eres tú ! - Ella no dijo nada, simplemente bajó la cabeza y siguió con lo que estaba haciendo. Puse mi mano encima de la carpeta en la que guardaba los documentos
- Dime ¿ Eres tú ?
- Si, soy yo. Ha pasado mucho tiempo... éramos unos críos...hemos cambiado.  Yo he cambiado
- No, no has cambiado.  Sigues teniendo los mismos ojos abrasadores, el mismo rostro, no tan infantil, pero precioso. ¡ Por Dios ! ¿ Como no te he reconocido antes? ¿ Por qué no me lo has dicho ?
- Porque si no te acordabas, era señal de que no te interesaba.  Por otra parte estas siempre muy ocupado
- Deja ahora mismo lo que estás haciendo, y vayámonos.  Tenemos que hablar. Vamos a un lugar tranquilo donde nadie nos interrumpa.  Te diría que a mi casa, pero no me atrevo a proponértelo


- ¿ Por qué ? ¿ Vas  hacerme daño acaso ?
- Ni siquiera lo pienses. Pero como el otro día...
- Ah, ya : la cena fallida
-No supe nada de ti en todos estos años, pero debí darme cuenta cuando escuché...
- Escuchaste ¿ qué ?
- Nada, fue sin querer.  Algo que le contabas a una compañera, en la cafetería.  Ni siquiera me enviaste una carta, ni una llamada, nada.  Fue como si te hubiera tragado la tierra.  Te fuiste sin despedirte siquiera.  pregunté en el instituto a ver si alguien sabía algo, y nadie supo decirme nada.
- Ya. tienes razón.  Fue todo muy inesperado; además si escuchaste la conversación sabrás el porque´
-¡ Cómo iba a imaginarme que se trataba de ti ! Ni siquiera había visto tu rostro hasta el día que subiste a esta planta.
- Pero ese día ¿ no te recordé nada? Creo que no querías recordar, es decir: no tenías mucho interés en mi. Yo sin embargo  nunca te olvidé.  Pero era una cría que se creyó todo lo que la dijiste. Ahora he crecido, a la fuerza, es cierto, pero ya no me creo las cosas tan fácilmente.  Creo que así deben ser las cosas.  mejor que se quede todo como está. Un recuerdo de juventud, simplemente.  Como hay miles. Y ahora, si me disculpas... se me está haciendo tarde.
-Espera. No puedes irte así
- ¿ Así como ?  Me voy como cada día. Tu eres mi jefe y yo una empleada.  esa es la pura realidad. Tu tienes tu vida y yo la mia
- Por favor al  menos déjame que te invite a cenar. Tienes que contarme mucha cosas, y ahora no seremos empleada y jefe, sino dos amigos que fueron algo más que eso.
- Tu lo has dicho: fuimos, al menos para mi.
-Para mi tampoco fue fácil. Yo te quería, significaste mucho en esa etapa de mi vida
-Está bien, pero todo eso ya pasó. Y creo que será mejor que la invitación la dejes para otro momento.  estoy cansada y deseo llegar a casa y acostarme.
- Está bien, sea una vez más como deseas.


< La acompañé hasta su casa.  Aún estaba impactado por el descubrimiento.  Era cierto cuanto le había dicho: la quería. Pero cuando se marchó me dejó destrozado y quise olvidarme de ella cuanto antes. Tardé en conseguirlo a fuerza de salir con unas y con otras, hasta que llegó un día en que el rostro de Cyntia, se desdibujó completamente en mi memoria. >

La llevó hasta su casa y se bajó del coche diligente para abrirla la puerta.  Ella sonrió, porque la recordó que ya entonces tenía esa costumbre. Le pidió la llave de la casa, y gentilmente abrió la puerta para que ella entrase.  Antes de darse las buenas noches, él la retuvo por el brazo y depositó un beso en su boca, pillándola  desprevenida.

- - Buenas noches Cyntia- Ella a penas podía responder. La había besado como aquél día, sólo que entonces acababa de decirla que no le olvidase, y en éste había sido él quién primero se había olvidado del " no me olvides " Se miraron a los ojos, y sin mediar palabra, ella entró y él la vio marchar. Al día siguiente en la oficina fue como un día normal, como si nada hubiera ocurrido entre ellos, pero en los labios de Cyintia, aún le quemaba el beso que le dio Alistair en su despedida, la noche anterior.

Junto a Martha, fueron requeridas por él para revisar el documento en el que había estado trabajando la noche anterior. Cuando entró en el despacho, sólo una breve, pero intensa mirada, se cruzó entre ellos, pero nada trascendió a los demás.  Su trato sería como el de cada día, aunque les costase un gran esfuerzo seguir la comedia.  Ya nada podía ser igual, todo había quedado al descubierto. ¿ Podrían trabajar codo con codo y que no se notase?  Sus miradas les delatarían, aunque sólo ellos pensaban  que eran algo más que Jefe y empleada.


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