Nadie hablará de mí cuando ya no esté - Capítulo 12 - Confidencias

Anderson volvió sobre sus pasos hasta llegar a donde había dejado a Sara con la palabra en la boca.  Ella le vio llegar, y en su rostro se marcaba un mohín de desagrado

- Qué ¿ algo inesperado ?- le increpó bruscamente
- Tú la conoces también. Es la guía de cuando estuvísteis en el Lago
- ¡ Ah, claro ! Ya decía yo que su cara me era conocida
. ¡ Somos amigos ! ¿ por qué te enfadas ?
- No me enfado, lo que ocurre es que no me gusta que me dejen con la palabra en la boca
- ¡ Se marchaban ! Hacía tiempo que no nos veíamos.  Ni siquiera la he llamado por teléfono en todo este tiempo.  Además ya lo hemos hablado muchas veces. Lo nuestro fue bonito, pero nada más. Creo que te lo dejé claro ese mismo día
- ¿ Por qué estamos discutiendo?- dice ella con malhumor
- Yo no discuto, eres tu la que te has enfadado. Mira Sara, te lo voy a repetir por última vez. Me gusta tu amistad, lo pasamos bien juntos, pero eso es todo.  No pienso en otro tipo de relación , sólo amistad. Sin compromiso de nadie,  ni tuyo ni mio.  Créeme, mi trabajo no es nada propicio para tener una relación
- Pero alguna vez lo dejarás, pienso yo. ¿ No decías que tu padre te había propuesto te hicieras cargo de los negocios?, pues házlo
- Por favor, Sara. Déjalo ya. Además... Nada..., olvídalo.  Creo que será mejor para ambos que la próxima vez que venga a Madrid, me hospede en un hotel.  Pienso que tu vas por un lado y yo por otro.  No quiero hacerte daño, pero no es posible.
- No es posible porque tu no quieres, y creo que conozco la razón.  Antes de encontrarte con esas chicas, estabas jovial y divertido, y después de eso, míranos..., nos estamos peleando
- Yo no diría que nos peleamos.  Simplemente no deseo que tengamos malos entendidos. Mañana he quedado para comer con ella, te lo aviso.  Si quieres puedes acompañarnos.
- Sabes que no puedo. Aún tengo que ir al colegio. Falta tiempo para las vacaciones, pero gracias, por decirlo.  Me voy a casa. Estoy cansada ¿ vienes ?
- No, no...  Me apetece pasear un poco. Hace un día muy bonito. Comeré en cualquier sitio. Nos vemos por la tarde.
- De acuerdo. Que te vaya bien



Con paso ligero se alejó del café, mientras Anderson abonaba la cuenta. La dejó en la parada del autobús, y él emprendió un largo paseo por Recoletos en dirección a Cibeles.  Mientras caminaba, pensaba que había sido un error aceptar la hospitalidad de Sara.  Habían tenido sexo en un par de ocasiones, pero estaba claro que ella lo interpretaba como el inicio de una relación, y nada más lejos de lo que pensaba Anderson.

El encuentro casual con Adela, había removido antiguos pensamientos, que había rechazado en repetidas ocasiones, pero no olvidados.  Le atraía esa chica triste y el verla de nuevo habían vuelto. Se encontraba en una encrucijada entre ella y Sara.  No se atrevía a proponerla ningún tipo de relación que no fuera amistosa.  Sabía que ella tenía un secreto amoroso, y confiaba que  en  algún momento se lo contara y lo que es más,  se olvidará de ello.  Deseaba que llegase el día siguiente para volver a verla de nuevo.

El sentimiento que sentía hacia ella, era más que amistoso.  Lo veía claro.  El,   que había viajado por medio mundo, que había conocido en todos los sentidos a infinidad de mujeres, se había enamorado de una persona que ni siquiera le prestaba atención, nada más,  que como a un buen amigo.  Una idea empezó a rondarle por la cabeza

- Si ella me aceptara, sería capaz de dejarlo todo...  Volvería a Escocia y aceptaría mi nuevo papel de empresario hotelero.  Pero no se dará el caso.  Ella me ve de muy distinta manera que yo a ella. ¿Quién le habrá hecho tanto daño, como para evitar una relación ? ¡ Por Dios santo, es muy joven ! No me extrañaría que un día dijera que se metía a monja. No por Dios.  Debo estar loco ¿ a qué viene todo esto ? Déjalo ya, Anderson.  Piensa en que mañana vas a pasar unas horas con ella. Consuélate con eso

Llegó a Cibeles y se paró en la acera sin saber muy bien a dónde ir. A su izquierda estaba el Palacio de Linares, hoy casa de América.  Frente a él, el ahora Ayuntamiento, y a su derecha el Ministerio del Ejército y la calle de Alcalá.  Encaminó sus pasos por esta calle.  Miraba sin ver los hermosos edificios de un lado y de otro de la calle.  Se detuvo frente a la fachada del Instituto Cervantes, y siguió andando sin rumbo fijo, tratando de despejar su cabeza de la imagen de Adela, sin conseguirlo



- ¡ Vaya cambio que ha dado ! La encuentro más... no sé... madura. Está preciosa.  Sus oscuros ojos, siempre me han llamado la atención.  La lucecita que se le forma en la retina cuando sonríe. ¡Dios !.   ¿ Por qué he tenido que verla ?

Entró en una cafetería y sentado en una mesa junto a un ventanal, pidió para comer un plato combinado.  No tenía apetito, le daba igual lo que comiera.  A través del cristal veía el ir y venir de la gente.  Muchos turistas subían, sin duda irían a parar a la Puerta del Sol, que se había hecho famosa a raíz del famoso 15 M, de repercusión mundial.  El la recorría a diario mientras estaba en Madrid.  Le gustaba la vitalidad de esa plaza tan emblemática en Madrid. Allí se juntaban turistas, lugareños, y gentes que iban de compras a las próximas  calles comerciales.  Tenía una gran vida y se podía ver de todo.

Llegó tarde a casa de Sara, que veia la televisión mientras degustaba una tarrina de helado

- ¡ Qué tarde llegas !  Tu paseo ha sido largo ¿ Has cenado ?
- No, no lo he hecho, pero no te preocupes, no tengo apetito. Voy acostarme estoy cansado.  Hoy me he dado una paliza  a andar.  No he parado desde que nos separamos- la dijo sonriendo para suavizar el malhumor de ella- Me voy a dormir. Hasta mañana Sara, que tengas dulces sueños
- Hasta mañana Anderson, y tu igual

Anderson estaba en verdad cansado, pero quizá por eso mismo, le costaba coger el sueño.  Repasaba mentalmente su encuentro con Adela y el posterior y largo paseo que siguió.  Y lentamente, sus párpados se fueron rindiendo al cansancio.



Se despertó temprano.  Estaba acostumbrado a ello, pero se quedó en la cama para dar tiempo a Sara que ella saliera rumbo al colegio.  Se hizo el dormido cuando sigilosamente ella abrió la puerta y miró por si estaba despierto.  Estaba arreglada para salir, lo que hizo, al comprobar que su amigo dormía plácidamente.  Al sentir que la puerta se cerraba, Anderson cambió de postura y mirando al techo pensó que era una situación violenta la que se había creado entre ellos dos.  Estaba deseando marcharse, lo que haría no tardando mucho y no volvería a hospedarse en esa casa.  No, ahora que había descubierto lo que sentía por Adela.

Puntual a la hora fijada,  llegó a Sol para encontrarse con Anderson.  El llevaba un rato, impaciente por encontrarse nuevamente con la chica.  Desde la ventana de la cafetería en que aguardaba la llegada de ella, miraba  el ir y venir de la gente con curiosidad. Gentes variopintas: vendedores y vividores que se buscaban la vida como mejor podían con carteles anunciadores, o dentro de algún muñeco de Disney, con la esperanza de que los padres de algún chiquillo les diera alguna moneda.  Loteras vendiendo la suerte y gente paseando, simplemente.

- ¡ Hola , qué puntual !- la dijo sonriendo mientras se daban besos en las mejillas
- Tenemos fama de impuntuales, pero eso no es cierto. La mayoría de las veces llegamos antes de la hora fijada. Eso es parte de la leyenda negra, sin duda- le respondió ella mientras acercaba su rostro para besarse- ¿ No viene Sara ?
- No. Trabaja.  Aún  no tiene vacaciones.
-¡ Claro ! es maestra. Bien pues cuéntame ¿ qué es de tu vida ?
- Nada de particular, siempre lo mismo: viajes, hoteles, reportajes y a casa. No varía
- ¿ No te cansas?
- Es mi trabajo, y me gusta. Pero hay veces que echo de menos la estabilidad:  menos viajes o al menos más espaciados. Se ve que me voy haciendo viejo- dijo riendo
- Tienes un trabajo apasionante, pero claro,  difícil y pesado.  Así es como yo lo veo, pero ,  para ti no es lo mismo
- ¿ Vamos a seguir hablando de mi trabajo ? Cuéntame ¿ qué has hecho en todo este tiempo?
- Pues al igual que tú, nada de particular. Ahora estoy con un paréntesis, esperando a ver qué hago con mi vida. Estoy algo desorientada.  Mis padres quieren que me matricule en la universidad, pero yo no tengo ninguna gana de volver a estudiar. Estoy pensando en trabajar
- Mi padre me ha pedido que me haga cargo de los negocios, ya que mi hermano está en otra onda. Por un lado me apetece, pero no se si me acostumbraré a estar en una oficina y no danzando por esos mundos de Dios
- Te entiendo. A mi me pasa igual.  He estado demasiado tiempo campando por mis respetos y ahora tengo la rigidez de papá y mamá. Pero ¿en qué puedo trabajar?



Anderson se quedó callado por unos instantes, mientras en su cabeza se abria paso una idea

- ¿ Y por qué no en lo mismo que hacías en el hotel?  Si acaso me hiciera con el negocio, ¿ no te vendrías conmigo?
- ¡ Noo ! Acabo de llegar
- Y ¿ por qué no? ¿ Tan mal te tratamos ?
- No es eso.... malos recuerdos, ya sabes
- ¡ El chico que te rompió el corazón ?
- Algo así
- ¿ Aún sigues pensando en él ?
- No de la misma forma, pero aún me acuerdo a veces de él. No quiero tentar a la suerte. Ni por lo más remoto pienso en una relación.  El está casado, pero no quiero volver a pasarlo mal.  Daría cualquier cosa por olvidarle de una buena vez y volver a estar enamorada de alguien más asequible
- Creí que tu amor era de aquí y no escocés
- No, le conocí allí y además cerca... demasiado cerca.  No, ni hablar no quiero volver a pasarlo mal
- ¡ Bueno, pues ahora comprendo tu negativa !
- Lo siento, Anderson. De verdad que me encantaría, pero me da miedo, ahora que me voy centrando
- Está bien, está bien.  No insistiré
- ¿ Cuándo regresas a casa?
-Seguramente mañana.  Llevo mucho tiempo fuera de allí.  Me preocupan mis padres.  Mi madre no anda muy bien y mi hermano, aunque les atiende, no lo puede hacer todo el tiempo.  Me estoy planteando la proposición de mi padre.  Me da mucha lástima que les ocurra algo y no estar cerca de ellos.
- Eres una buena persona, Anderson.  Estás dispuesto a renunciar a lo que te apasiona por no abandonar a tus padres
- No sólo por ellos.  También me gustaría formar mi propia familia y mientras tenga este trabajo, dudo que lo consiga
- ¿ Sara ?
- ¿ Crees que estoy liado con ella?
- Pues la verdad si. No es ningún delito. Ella es guapa y convivís juntos
- ¿ Crees que tengo una relación con ella?
-¡ Claro !
- Pues estás rotundamente equivocada. Al principio... ella quería algo más que una amistad, pero yo lo tenía claro: nada de amoríos mientras viaje.  Pero en realidad es que aunque me gusta físicamente, no hasta el punto de unirme a ella definitivamente.  Mi idea va por otro lado
-¡ Vaya, eso si que es una novedad!



Siguieron apurando su aperitivo, mientras charlaban y se contaban las muchas anécdotas que cada uno de ellos habían vivido desde la última vez que se vieron.  Tomaron un taxi y se dirigieron hacia el restaurante.  La comida fue amable.  La camaradería existente entre ellos, hacía  que poco a poco sus conversaciones fueran derivando el algo más íntimo.  Quizá estimulada por el aperitivo, el vino de la comida, y la copa de la sobremesa, hicieron que ella comenzase a soltar la lengua, y sin decirlo abiertamente, Anderson comprendió que la persona de la que estaba interesada, era ni más ni menos que su hermano Aleck

- ¡ Vaya ! Otra vez ha vuelto hacerlo. Pero esta vez él no ha intervenido- pensó

No dijo nada, no dio a entender, siquiera, que había comprendido su secreto.  Guardaba silencio escuchándola atentamente.  Supo de  la situación sentimental en la que se encontraba.  Le sguía recordando, pero dejaba abierta una rendija para que entrara nuevamente el amor en su vida.  Y si eso ocurría,  él quería estar cerca.  No la confesó sus sentimientos.  Creia que si lo hacía la alejaría de él.  Todavía no era tiempo. Aguardaría un poco más, pero insistiría en que fuera su ayudante.

-Si pudiera conseguir que retornara a Escocia... quizá ...  Bueno, no seas loco y no te anticipes.  Ten calma- dijo para sí

Salieron del restaurante bien entrada la tarde.  La sobremesa había sido larga, repleta de confidencias por ambos. El quería que ella conociese cómo era su vida. Quería que supiera que no era un angelito y que no desperdiciaba una oportunidad de conquistar a alguna mujer, pero también olvidarla a los cinco minutos de haberla dejado.  No quería dejar huella en ninguna.  Eran simplemente pasatiempos de solterón solitario.  Ella no tenía anécdotas de ese tipo que contar. Había salido con algún chico, pero sin más repercusión, simplemente una forma de pasar el rato en alguna cena o algún baile en discoteca.

Anderson la miraba fijamente a los ojos, como queriendo penetrar en su cabeza y averiguar más cosas , más de sus sentimientos, de su estado de ánimo.  Tenía que distanciarse, no atosigarla, porque de otra manera la espantaría, y deseaba todo lo contrario.  Lo deseaba con todas su fuerzas.  Salieron del restaurante y sin darse cuenta emprendieron un largo paseo por las calles. Caminaban despacio.  Se reian, estaban a gusto y dilataban al máximo la hora de despedirse.

- Es pronto todavía ¿ tienes algún compromiso? - la preguntó Anderson
- No ninguno.  No tengo ninguna prisa
- Estupendo. ¿ Qué tal si seguimos paseando y esta noche nos divertimos en alguna discoteca? ¿ O prefieres ir al cine, al teatro ... ?
- No,  está bien. Vamos a algún lugar en que la música no nos impida charlar tranquilamente.  Deseo que me cuentes las cosas y los lugares que has conocido.  Me apetece mucho saber cosas...
- Ya te lo he contado todo ¿ Qué más quieres saber ?- respondió él sonriendo
- En todo este tiempo ¿ no te has enamorado? ¿ no has tenido alguna relación que te haya hecho pensar en formar una familia?
- ¿ Me lo preguntas en serio ? Sabes que no, aunque ...
- ¿ Qué ?
- Si, tengo a alguien en mi cabeza por la que haría cualquier cosa, pero...  de momento no puede ser
- ¡ Vaya par que somos !  Quizá por eso tenemos tanta complicidad, porque ambos padecemos de la misma dolencia
- Pero yo espero que algún día ...- dijo Anderson, mientras de su rostro se borraba la sonrisa
- A mi también me gustaría encontrar a alguien por el que sintiera mariposas en el estómago. De verdad que lo deseo
- Inténtalo - dijo ésto mientras apretaba una mano de la muchacha




Una especie de latigazo  recorrió su espalda.  Nunca había sentido algo así. También ella dejó de sonreír, y miró a Anderson fijamente a los ojos.  Se dio cuenta que tenía unos hermosos ojos azules, que no le recordaron otros ojos, que su rostro no le recordó otro rostro, por más que tuvieran señas en común.  No retiró su mano.  Con la que tenía libre bebió un sorbo de la Cocacola que tenía frente a ella.  Mientras él analizaba su reacción.  Había sentido algo distinto en ella, pero se negaba  a reconocer que aquello pudiera significar algo.  No debía concebir esperanzas.  No había ningún signo que le hiciera concebir alguna remota esperanza.  Debía mantener la calma y esperar.
¿ Podría ? Partía al día siguiente y ¿ cuándo volverían a verse? Quizá cuando ello ocurriera, ella se habría alejado nuevamente de él.

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