miércoles, 8 de marzo de 2017

Edelweiss - Capítulo 3- Un cambio de trabajo

<Y siguiendo mi instinto, procedí a llamar al departamento correspondiente para que se presentara en mi despacho. Instantes más tarde la tenía, por primera vez frente a frente.  Todos mis anteriores encuentros con ella, habían sido por la espalda, en la cafetería, pero nunca la había podido observar detenidamente como en aquel momento. Y sin ningún disimulo, examiné su rostro. De mirada inteligente y penetrante, rasgos bonitos y a todo eso acompañaba un dulce sonrisa y una bonita figura. Lo que se dice una mujer atractiva, mejor diría guapísima.  Fingí analizar su expediente y,   al cabo de un rato, le propuse cambiar de departamento; no sólo mejoraria su sueldo, sino también sus perspectivas profesionales.>.


<Ella me miraba y parpadeaba con frecuencia.  Su inquisitiva mirada, parecía decirme " Y eso ¿ a qué se debe ?, y la verdad es que no sabía qué excusa poner y se me ocurrió decir que Martha necesitaba ayudante y que ella me parecía la persona adecuada para ocupar ese puesto.  Pareció que esa era la razón, y con una amplia sonrisa aceptó.>

<Y me acostumbre a su presencia viéndola a menudo  por los despachos, y cada vez me sentía más atraido por ella, y por primera vez sentía que los vaticinios de Martha pudieran ser verdad. Era una continua contradicción conmigo mismo. ¿ Qué me estaba pasando ? ¿ Era sólo mi afán de protegerla, de compensarla de alguna manera lo mal que la vida le había tratado?  Pero eso nada iba conmigo.  No fui yo el causante de su desgracia, de sus terribles pérdidas, y sin embargo quería resarcirla, en lo que yo pudiera, con  una pequeña compensación.>

<Era eficiente, y Martha estaba encantada con ella. A su profesionalidad se unía la inteligencia que poseía para ver la posibilidad de alguna adquisición que nos fuera rentable. Un día la miraba fijamente, pero era de esas veces que fijas tu mirada en algo, pero no lo estás viendo, porque tu imaginación vuela hacia otras cosas, otros lugares, y eso me ocurrió a mi, sin darme cuenta, que ella levantó la mirada de lo que estaba haciendo y se fijó en que la miraba con fijeza>


- Señor Macpherson ¿ ocurre algo ?
- No, perdóneme . la cabeza se me fue hacia otro día, otro lugar, sin apercibirme que quizá la estuviera molestando.  Aunque a usted la mirase, no era a usted a quién veía

<Y es que hizo un gesto,  que me recordó otro lugar, a otra persona.  Se puede decir que viví un Dejavú, como si eso mismo lo hubiera vivido con anterioridad.  Me sacó de mis reflexiones la voz de ella>

- Entonces...  ¿ puedo seguir con ello ? La señorita Martha me dijo que se lo consultara
- Si ella ha dado su aprobación, continúe con ello.

<Y entonces sin poder controlarlo me escuché pidiéndole que saliera conmigo el sábado a la noche. La estaba invitando a cenar en un restaurante. ¿ Qué demonios me estaba pasando ?.  Ella comenzó a ponerse nerviosa; retorcía sus manos y hasta tartamudeaba un poco al responder:

-No creo sea lo más acertado.  Le agradezco su amabilidad, pero, lo siento.  No puedo aceptar- Y me ví rebatiendo su argumento
- ¿ Por qué no puede aceptar? Se trata simplemente de una cena
- Lo sé, y se lo agradezco, pero es usted mi jefe superior y no creo que estuviera bien
- De acuerdo. Si es que su conciencia la dicta que no debe ser... está bien, pero ¿tiene prejuicios ?
En otras ocasiones lo he hecho con otras subalternas y aquí siguen intactas
- No me mal interprete, solo que... hace poco que trabajo para usted.  Si fuera un compañero no lo dudaría, pero usted es mi jefe, y hay una diferencia.
- Mi jefatura termina cuando dan las seis. Entonces me convierto en una persona sin jerarquía que está invitando a cenar a una señorita que me agrada, simplemente eso.  Nunca quise molestarla ni intimidarla. Dejémoslo así.  Olvide que la he invitado y yo haré lo mismo.  Que tenga un buen fin de semana  señorita Morgan.


<Presiento que cuando salí de allí clavaría sus ojos en mi nuca, como no entendiendo mi enfado. No estoy acostumbrado al rechazo femenino, y quizá fuera ese el motivo de mi contrariedad.  Pensándolo mejor, posiblemente tuviera razón. Esa chica a pesar de ser muy joven, tiene vividas experiencias que la han hecho madurar muy deprisa, y contempla las cosas desde otro punto de vista muy distinto al resto de los mortales.  Tardé cinco minutos en olvidarme del pequeño contratiempo y me dispuse a pasar mi fin de semana lo mejor posible, es decir como acostumbro. Saqué mi teléfono y pulsé la techa de Maureen, seguro que ella no me rechazaría. Y no me rechazó y estuvimos cenando y después de bailar durante un rato en una discoteca, fuimos a mi casa , y como en otras ocasiones había ocurrido, disfrutamos de un buen rato de sexo y nos quedamos dormidos hasta el día siguiente, en que la llevé a su casa.>

<Al regresar a la mía, me detuve en Central Park.  Era un bonito día y las gentes disfrutaban del sol tendidos en la hierba. Paseaba tranquilamente disfrutando del paisaje, y a lo lejos vi a una chica que sentada en un banco leía el periódico.  Me di cuenta que era la buena de la señorita Cyntia.  No vivía cerca de allí.  Me acerqué despacio sin que ella se diera cuenta, hasta que estuve a su altura. Se asustó un poco al verme, pero enseguida esbozó una de esas sonrisas que te hacen pensar en otra cosa.>

- ¡ Qué sorpresa, señorita Morgan !- la dije a modo de saludo
- Hace una mañana tan bonita que tomé un autobús y decidí pasar un rato en el parque.
- Me parece una idea espléndida. Ya casi es mediodía ¿ Aceptaría que la invitase a tomar un aperitivo ?
- De acuerdo - dijo riendo y moviendo la cabeza. -Y de nuevo el Dejavú volvió a mi recuerdo.

<Fuimos a un pub y sentados en una mesa, iniciamos una charla, diría que simpática, porque ella lo era, pero a veces, en la oficina, se mostraba demasiado rígida, como queriendo guardar un protocolo que ahora, digamos de "compañeros" no había necesidad de guardar.>



<Transcurridas un par de horas de amena charla, dijo que tenía que irse, que esperaba visita de una amiga por la tarde. A mi me sonó a excusa, pero no dije nada.  Me limité a llevarla en mi coche hasta su domicilio en el Soho, y allí nos despedimos hasta el lunes, en la oficina.  Mientras la vi entrar en su casa, pensaba que hubiera estado bien que en lugar de Maureen, hubiera sido la tímida señorita Morgan la que hubiera pasado la velada conmigo, pero inmediatamente  me recriminé mis lascivos pensamientos. Cyntiia era una chica para tomársela en serio, y no como una conquista de una noche de sábado.>

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