lunes, 4 de julio de 2016

La carta - Capítulo 6 - James

Introvertido, silencioso, con una exquisita educación, James,  se mostraba abatido cuando al finalizar el curso, perdió el contacto con sus compañeras, más exactamente con  Meredith .  Sabía su número de teléfono, pero quería dejarla espacio. Ella tenía una intensa relación con su mejor amigo, Jack, y no se interpondría entre ellos.  Su esperanza era el coincidir en la misma universidad.  Para entonces su amigo,  estaría cursando la suya, en otra diferente, y el contacto con Meth no sería tan  habitual.
Cada uno se fue de vacaciones a lugares diferentes.  Deseaba ardientemente, que se acabara el periodo estival y volvieran a reanudar las salidas con los amigos de la pandilla.



Era ya Octubre cuando comenzaron las clases y parte de los amigos se dispersaron por distintos lugares, pero Meredith  y James , coincidieron.  Encontró a la chica más desmejorada y la dulzura de su cara se había tornado en melancolía.

  Habían pasado unos días desde que se iniciara el curso, cuando  se atrevió a preguntarla el motivo de su tristeza

- He roto con jack y no volveremos a vernos nunca más
- Eso es demasiado tajante.  Cuando regrese reanudaréis vuestra relación, ya lo verás
- No, no.  Es definitivo...  Ni siquiera sé dónde está

Sintió como campanillas dentro de sí.  Aún podía conquistarla, pero debía tener calma, que ella se acostumbrara a su presencia

- Si deseas hablar, sabes que puedes contar conmigo
- Gracias, Jim. Lo sé y así será.  Gracias -.  Quería darla tiempo, no debía apresurarse, pero cada vez estaba más impaciente.  El contacto con ella se le hacía insufrible.  Pero debía esperar a que olvidara ese amor roto.

Comenzaron a salir los fines de semana, cuando sus estudios se lo permitían.  Preparaban los exámenes juntos y reían juntos.  Poco a poco Meth iba superando la ausencia de Jack, y comenzó a seguir la recomendación que le hiciera en su carta de despedida. " Vuelve los ojos a James"...  Comenzó a mirarle de otra manera. Era agraciado aunque algo mayor que ella, pero cada vez que la miraba, podía adivinarse que estaba loco por esa muchacha.  Pasó ese curso, llegó otro  verano,  y comenzaron  el segundo año de carrera.  Él  estaba a punto de perder las esperanzas.   le trataría siempre , como a un amigo.

Una tarde, mientras estudiaban en la biblioteca de la facultad, a ella  se le cayó el bolígrafo .  Ambos se agacharon a recogerlo a un tiempo.  Por unos segundos sus rostros permanecieron  muy cerca.   Sin poderse contener, juntó su boca a la de ella en un largo beso.  No quedó sorprendida.  Conocía desde hacía mucho tiempo los sentimientos que le inspiraba.  Puso su mano en la nuca de él y devolvió el beso, suavemente.  Jim la miraba a los ojos, buscando una respuesta a lo que acababa de suceder, y la halló en la dulce sonrisa de Meth..


Cerraron los libros y salieron de la biblioteca.  La condujo hasta su coche y dentro se besaron apasionadamente.  Estaba en Babia.  No podía creerse que ella le amase. No le importaba si no era de la misma forma que a Jack. El estaba allí, en el momento oportuno,  recogiendo los pedazos del corazón que le había roto.  No podía dormir pensando en el beso de ella. Lo había deseado tanto y desde tanto tiempo, que ahora al ocurrir, no lo creía.  Siguieron su relación, y cada vez ella se sentía más a gusto con en su compañía. Sabía que la protegería de todo, que la amaría por encima de todo.  Y James   la pidió que formalizaran sus relaciones, a lo que ella  contestó:

- Verás .., , es algo complicado.  Yo te quiero, y mucho, pero no debo engañarte. Mi amor no es igual al que sentí por Jack.  Éste es más reposado, más tranquilo, sin inquietudes.  No debo guardar ningún secreto.  Has sido demasiado bueno y has tenido tanta paciencia, que ahora me es doloroso decirte lo que debo contarte, pero es necesario... No quiero secretos entre nosotros.  Si después de esto decides otra cosa, lo entenderé y mi cariño no cambiará y seguiremos siendo buenos amigos. Escucha, yo ...- 
Bebió un sorbito de agua.  Tenía la boca seca y no podía casi hablar, pero siguió adelante:

-  Yo tuve relaciones con él ...,  una vez...- no pudo seguir, James la interrumpió
- ¿ Crees que no lo imaginaba?  Lo supe siempre, no porque alguien me lo dijera, sino porque amándote como me consta que él te quería era lo más lógico.  Yo en su lugar hubiera hecho lo mismo
- ¿ Y ?.... Te repito que entendería tu rechazo. Sé que eres muy conservador, y de los que piensan que se debe ir virgen al matrimonio, y yo no lo soy
- Soy conservador, pero vivimos en el siglo veintiuno y eso ya no tiene tanta importancia.  Yo te quiero igual, y así será hasta que me muera. Sé que tu también me quieres y con eso me basta.  Has sido muy valiente al decirlo.  Otra en tu lugar se hubiera callado
- Pero has sido tan bueno conmigo, que no podía ocultártelo
- Entonces ¿ quieres casarte conmigo?- le preguntó ansioso el muchacho- Nadie tiene necesidad de saberlo, si es que eso te incomoda. Es nuestro secreto, nos pertenece sólo a nosotros
- Jim  ¡ eres tan bueno !
- No amor, ¡ te amo tanto !


El enlace se realizó tres años más tarde.  Quería terminar la carrera, y para ello estudió noche y día.  Realizaba dos cursos al mismo tiempo.  Estaba impaciente porque se convirtiera en su esposa, y cada vez le resultaba más difícil contener sus deseos de tenerla.  Las ideas respecto a eso, eran chocantes.  Católico de misa los domingos, no admitía las relaciones pre-matrimoniales, sin embargo   disculpó el romance con su mejor amigo.

Compraron un chalet en una urbanización de alto standing, a las afueras de la ciudad . Meredith  le pidió tiempo para tener hijos.  Deseaba disfrutar con él  al menos los dos primeros años de matrimonio.  Él  no podía negarle nada, y eso tampoco se lo negó.

Se casaron  y sus invitados eran de alto copete.  Después del banquete de bodas,  en la primera oportunidad,  se escaparon. Irían directos a su casa, allí pasarían su noche de bodas.  Lo mantuvieron en secreto para que nadie les molestase.  Todos creían que irían a un hotel

 Solos en la habitación, Jim  sentía el azoramiento de ella, y trataba por todos los medios que se sintiese menos incómoda. La desabrochó el vestido, besando su cuello y su espalda.  Ella entornaba los ojos recordando otras caricias en una situación semejante. La ´despojó de la ropa, la tumbó en la cama y agarró las manos de ella que había puesto encima de la almohada, sobre su cabeza.  De sus labios brotaban ardientes palabras de amor, y sus besos primero fueron suaves, después  más persistentes, al tiempo que consumaban su matrimonio.  La noche fue larga y la mañana del nuevo día, pero ella supo, que lejos de molestarla, recibía con agrado las caricias de su marido.  Le quería, y por fin olvidó a Jack.


James  adivinaba lo que su mujer sentía. La entrega de ella era total, sin reservas y respondía a las caricias que él propiciaba.   Había cumplido su sueño y era correspondido de igual manera por ella.  Agotados, se quedaron dormidos al mediodía.

Se querían, Jim más, que ella a él, lo sabía, pero le bastaba. La había conquistado, se había casado con ella y eran felices.  Tenían una vida tranquila y feliz. El,  cada vez que tenían intimidad, aventuraba el deseo de tener un hijo, y ella mimosa le respondía

- Es muy pronto, mi amor. Dentro de unos meses, por favor-.  Ante los mohines de ella no podía resistirse y besándola, decía

- De acuerdo cielo, de acuerdo.  Pero no esperemos mucho, por favor

Menos de tres años, les duró la felicidad. Un aciago día,,  contó a su mujer las muestras de sangre en su orina y la dificultad que tenía para realizar la función fisiológica.. Pruebas, biopsias, lavados, revisiones dolorosas, etc....  James  murió de un neoma vesical , dejando a su mujer sumida en la más absoluta desesperación.  Había tenido la suerte de ser amada por el hombre más generoso y bueno que existía, y la orfandad que le dejó, la sumió en una fuerte depresión.  No volvería a querer a nadie más, nunca más podría amar a otra persona.  Él permanecería dentro de su corazón por siempre.  Un hondo pesar la invadió.    Se había ido  con las ganas de haberla engendrado un hijo... ella no lo deseó y ya no podía ser.

Cuando recordó esto, corrió a la mesita de noche del lado de su cama, y abrió con tanta fuerza el cajoncito que cayó al suelo.  En el contenido del mismo, había unas cajas de anticonceptivos.  Los cogió con desesperación y tirándolos al suelo, los pisoteaba con furia, con una rabia que nunca había sentido.  Rota de dolor y desesperación se acurrucó en un rincón cubriéndose la cara con las manos.  Lisabetta,  acudió presta a su lado y la abrazó dándole golpecitos en la espalda como si se tratara de un niño.  No sabía qué hacer para calmar tanto dolor.  Estuvo llorando largo rato, o quizás horas. Sólo llamaba a su marido con desesperación. 




 No quería ver a nadie, ni siquiera su madre pudo verla.  Tom,  el hermano mayor de su marido, fue quién la hizo reaccionar. Al llegar a casa y verla en ese estado, se sentó a su lado en el suelo y rodeó su hombro con el brazo.  Ella, sin dejar de llorar, reclinó su cabeza, mientras él suavemente acariciaba su mejilla empapada por el llanto.  Permanecieron en silencio. Comprendía la desesperación que sentía su cuñada.  Habían sido un matrimonio ejemplar, siempre juntos, felices y amándose.   Pero el destino cruel sintió envidia de ellos, llevándose a Jim prematuramente.  No les dio tiempo a celebrar su tercer aniversario de bodas. Ella tenía en mente darle una sorpresa: tendrían ese hijo que tanto deseaba , pero no llegó a tiempo, y ese pensamiento martillaba su cerebro constantemente.


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