domingo, 24 de julio de 2016

Historia de dos familias - Capítulo 11 y último - Algo casual

Perla tenía la serenidad que los años perfilan en los rostros de las personas, en sus pensamientos. A pesar de tener treinta y tantos años, había ganado en belleza. Ya no eran sus rasgos tan agresivos, ni sus ojos tenían tanta luz, ni sonreia con tanta frecuencia

--Soy una solterona amargada, como diría mi abuela. . .   menos mal que tengo a mis cachorros.

Dos de los que ella llamaba "sus cachorros" habían envejecido también y sus hijos se habían convertido en perros adultos. Canela y Swetty permanecían tumbados uno junto al otro la mayor parte del tiempo, y  Perla les miraba con infinito cariño pensando que ojalá las personas sintieran un amor tan fiel como el que ellos sintieron siempre.  Había conseguido que María viviera con ella también en Avila y se convirtió en una entrañable amiga y confidente de Perla.  Había llegado la primavera, aunque en Maello aún se notaba el frio .  Su pensamiento voló hacia el Jerte.

-- ¡ Qué bonito estará el valle !

Decidió darse una vuelta por Madrid. De vez en cuando sentía nostalgia del lugar donde nació. Dejó a María al cuidado de los perros. . .Pensó en vender su piso. Estaba siempre cerrado y cada vez se deterioraba más.  De momento no regresaría a Madrid, y si acaso lo hiciera y quisiera volver a vivir en la capital, ya vería la forma de ir a un hotel o alquilar algún apartamento no muy grande. En fin, ya vería lo qué hacer.  Y decidida, encargó a una agencia inmobiliaria se encargasen de la venta.  Y no pasó mucho tiempo, cuando le avisaron que la compra se iba a realizar, y requerían su presencia para los trámites ante el Notario. Sería un viaje relámpago; en unos días solucionaría todo y regresaría a Maello. No obstante, pidió a María si quería acompañarla..


-- No señorita, yo no quiero ir a Madrid. Estoy a gusto aquí -..    Y es que María había encontrado a un joven que la rondaba y que posiblemente se casaría con él.
-- Regresaré en unos días, en cuanto solucione los trámites de la venta..  Cuídate María, adiós -. Subió al coche y se perdió por la carretera rumbo a la capital.

Esa mañana tenia cita en la Notaría ; la venta estaba realizada y eran puro trámites lo que restaba por completarla.   A la salida,  daría un paseo. El Notario tenía su despacho, no lejos de donde había vivido antes de ejercer en el medio rural, pero también cercano al apartamento que ocupó David mientras vivió en Madrid. . Le encantaba esa zona del barrio, era un  paseo señorial y muy agradable.    Iba despacio, recreándose en la calle,   cuando al pasar frente a una  cafetería  le apeteció tomar algo   Se sentó en una mesa junto a un ventanal.  Se dirigía al hotel .  No le apetecía comer  en él , por lo que decidió tomar un plato combinado.  No tenía mucho apetito.

Frente a ella había una mesa ocupada por una pareja.  Observando sus rostros cualquiera sabría que acaban de tener una fuerte discusión, y sin embargo no era así, era su modo habitual de comportarse.Entre ellos no había conversación.  Ella era una mnujer bella de unos cuarenta años y él algo mayor que ella, muy atractivo, permanecía con la mirada fija en la taza de café que tenía delante. Habían llegado a Madrid , de paso para visitar una finca .  El levantó la cabeza y entonces la vió. Su rostro se quedó lívido, tanto que su mujer se extrañó al verle

--¡ Robert ! ¿ qué te pasa, te encuentras bien ?-.  No contestó, no podía. Una inmensa emoción invadía su garganta. La tenía frente a sí   Perla , como si algo llamara su atención, dirigió la mirada en su dirección, pero sin fijarse en él.  Robert dijo a su mujer
--Discúlpame, ahora vengo. He visto a una persona que conocí hace tiempo. Voy a saludarla

Sheila, , aceptó con la cabeza sin importarle mucho. Estaba cansada y le aburría estar en una cafetería sentada frente a su marido mirando a su alrededor. Tenía ganas de llegar a su casa .  Robert le había propuesto salir a cenar en la noche y después acudir a algún sitio a divertirse, pero ella no aceptó. Puso la excusa de hacerlo al día siguiente. Robert tembloroso se acercó a la mesa en donde Perla  almorzaba .  Ella al ver que una persona se situaba frente a ella, miró sin imaginarse a quién correspondía esa silueta

-- ¡ Oh Dios mio ! ¿ qué haces aquí? -.  Robert no acertaba a decir palabra alguna; sólo la miraba, la miraba profundamente sin dar crédito a la casualidad que les había reunido al cabo de tanto tiempo.
--¡ Perla! ¡ Perla! . . . Nunca me hubiera imaginado verte de nuevo...  Estamos sentados ahí enfrente . -. .Perla giró la cabeza  en la dirección que Robert la había indicado


-- ¿Tu mujer?
--Si, Sheila
--Es muy guapa. Enhorabuena
--Luego te la presento ¿quieres?-.  Perla recordó la promesa hecha a Ralph y con la mayor naturalidad del mundo, respondió
-- ¡ Claro !  Estaré encantada de saludarla
Ambos se dirigieron a la mesa en donde aguardaba Sheila.  Perla se mostró encantadora tendiéndole la mano, que estrechó suavemente. Su conversación giró en torno al tiempo y a la hermosa primavera que había en Madrid.  Nadie conversó de tiempos antiguos, no querían siquiera rozar ese tema.
No sabían cómo cortar aquella conversación,   fué Perla la que lo decidió:

--Bueno, pues me tengo que ir. Se ha hecho muy tarde
-- Me ha encantado verte de nuevo. He rejuvenecido ¿cuántos años? ja,ja,ja. No me has dicho lo que haces por Madrid- dijo a Robert
--¡ Oh ! es largo de contar. Estomos de camino a la finca
-- Ah, ya. Bueno ya si que no me puedo quedar más tiempo.

Ella  tendió la mano al matrimonio. Se comportó frívolamente y lamentó jugar ese papel que estaba muy lejos de sentir, pero no quería hacerle más daño.  Se alejó a paso ligero no quería que la viera llorar, que ese encuentro la había dejado roto el corazón.

A finales de la primavera decidió ir a pasar unos días con sus amigos.  Podía disponer de unas mini vacaciones antes del verano. Al llegar,  tanto David como Jenny se miraron entre sí, pero Perla no percibió la mirada.

--Pasa, pasa. ¡ Que alegria nos has dado ! ¿Cuánto tiempo hace que no vienes por el Valle?.-Bueno, dinos ¿qué es de tu vida? ¿Arreglaste lo de tu piso?

A cuenta de ello, Perla relató el encuentro con Sheila y Robert,  y lo duro que había sido fingir una frivolidad que estaba lejos de sentir. La pareja se miró y no dejeron nada.

--Anda ahora ve a dormir. El viaje ha sido largo y estarás cansada.
--Si, lo estoy. Buenas noches, hasta mañana -. Les dió un beso y se dirigió a su habitación.



Siguiendo su costumbre se levantó temprano y pidió a David prestado un caballo para ir a dar una vuelta y recordar tiempos más felices.

--Ten cuidado, quizás te extrañe...
--No te preocupes, sé cómo tratarles.

Y partió a paso ligero. Paseó por  el camino tantas veces recorrido rememorando su anterior vida que creia segura y que ahora con todo lo que había vivido la pareció que se preocupaba por tonterías en relación a lo que ahora la ocurría. Sin apenas darse cuenta llegó hasta la poza y el recuerdo de lo sucedido aquella noche la hizo reflexionar:

--¡ Qué tonta fuí !. Ya le quería y perdí una magnífica oportunidad... En fin, eso ya no tiene arreglo-.  Sonrió al recordar, giró el caballo,  y cogió otra dirección.



Sin saber porqué el caballo se encabritó asustado, otro caballo apareció no se sabe de dónde ante ellos. Era Black, pero ¿qué le pasaba?. Por mucho que gritaba a uno y a otro,  ninguno de los dos le hacian caso. Perla se abrazaba al cuello de su cabalgadura por temor a caerse, pero por mucho que tirase de la brida , no la obedecía. Por fortuna otro jinete venía detrás y se hizo con Black

--¡Eusebio ! menos mal creí que me mataban entre los dos
--¿ Está bien señorita, le han hecho daño?
--No, no ,tranquilo, estoy bien. Menudo susto me he llevado. ¿Qué es lo que ha pasado?
--Estaba el señorito Robert preparándose pasa montarle, y sin saber porqué se escapó y no pudimos controlarle. He venido yo por no perder más tiempo. Detrás mio venía el señorito.
--Bueno Eusebio me alegro de que todo haya sido sólo un susto. Ahora me tengo que ir. Mis amigos estarán preocupados...
--No se preocupe Eusebio, yo me encargo. Cuando llegue a la finca llame a los amigos de la señorita y dígales que está conmigo que no se preocupen, y que no la esperen . Te invito a comer... tenemos muchas cosas de las que hablar

Perla no sabía qué decir. Lo estaba deseando pero al mismo tiempo sentia un miedo atroz. No le quería mirar, no quería hablarle. Tenía miedo de no ser lo suficientemente fuerte para rechazarle

--Esta vez no podré. Es demasiado, ya basta por favor -.  Y lo dijo dirigiendo la mirada al cielo, en una súplica.

Una vez que Eusebio se separó de ellos, Robert cogió las riendas de la cabalgadura de Perla y lentamente, sin decir palabra, la encaminó de regreso a la poza.. Allí descabalgó y ayudó a Perla a bajar del caballo; sólo la miraba. Desmontó la silla  y sacó la manta que había debajo de ella, la tendió en el suelo.Robert comenzó a relatar todo lo ocurrido después de su encuentro en la cafetería, perdiendo la noción del tiempo

-- Ya nada fué igual, no podía ser igual después de verte. Nuestro matrimonio llevaba años fracasado y cuando llegamos al apartamento, Sheila intuyó lo nuestro. Se puso hecha una furia y en ese momento decidí que el divorcio era la más conveniente,   que teníamos que haber cursado hace tiempo.  Ella estuvo conforme y nos divorciamos.  Yo decidí volver al Jerte. Al menos estaría más cerca de tí, aunque estuviéramos a kilómetros de distancia.   David me avisó de que venías y no tienes idea de lo largo que se me ha hecho el día. Me daba miedo verte; no sabía si te habías casado, o tenías tu corazón ocupado, no sabía nada. Esperaba tener la suficiente calma cuando te tuviera delante, y ya ves, todo ha sido de lo más normal.  Sólo queda preguntarte si eres libre . . .
-- Si lo soy. Nunca ha habido nadie en mi vida más que tú, desde siempre.  Fuí torpe, orgullosa, egocénbtrica, no sé lo que fuí al rechazarte. Me moría de angustia cuando supe que te habías casado, pero nadie más que yo había tenido la culpa de ello.

Se miraron largamente, expresando en sus miradas el cúmulo de sentimientos que les embargaban.  Sobraban las palabras. Sus labios se sellaron en un beso profundo y se abrazaron  sin decir nada, no hacía falta. Contemplaron el cielo el uno junto al otro, pero entre los ramajes de los árboles a Perla le pareció ver los rostros de Almudena y Rafael que les sonreían y después se cogían de las manos.  Ella se quedó muy fija mirando esa visión, y fue entonces cuado Robert le dijo

--¿Has visto eso?
--Si. Ya están felicies como nosotros. Al fin se han unido y nos han unido.

Se casaron enseguida y enseguida tuvieron su primer hijo,luego tuvieron más. Se instalaron en la mansión Villanueva. Robert se hizo cargo de la hacienda y la hizo próspera, al igual que la de Jenny. Todos ellos delante de una chimenea contaban sus anécdotas a unos hijos ya adolescentes que les oian sonriendo y pensando.


--Son sus batallitas, cómo si todo eso ocurriera en la vida real. - Robert mirando a su mujer decía:
- No tanto, hijos. Es vuestra historia. La de nuestra familia., la de ambas familias.


                                                       F    I     N

Autora:  1996rosafermu
Editado:   Junio 2011
Fotografías:  Archivo 1996rosafermu

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