viernes, 22 de julio de 2016

Historia de dos familias - Capítulo 9 - Nuevos horizontes

Ninguno de los dos pudo dormir aquella interminable noche. Robert había preparado su maleta. Hablaría por la mañana con su padre y volvería de nuevo a América. No podía verla, no quería verla, pero al mismo tiempo sabía que si se alejaba de aquel lugar rompería para siempre la posibilidad, aunque sólo fuera cruzarse con ella por la calle, y necesitaba verla, pero tenía que irse...
Padre e hijo se encerraron en el despacho y Robert contó a su padre el fracaso con Perla. Ralph, le miró disgustado. No sabía qué podía aconsejarle; de nuevo la historia se repetía, de nuevo un Villanueva se iría a América por un desamor, pero le daba miedo que Robert volviera a las andadas, ahora que por fín había enderezado su vida. Pero la decisión era firme y ese mismo día David le llevó de regreso a Madrid y allí cogería el avión que le devolvería a Nueva York, con las ilusiones rotas.


Perla vió el coche de Robert aparcado delante de la mansión, pero de él no había vuelto a saber nada. Llevaba a su lado a Sweety. Lo devolvía a su lugar y como se había temido,  dejó preñada a Canela.
Pasaron los días y el parto de la perra se presentó de improviso, mientras David estaba visitándola

--¡Oh Dios mio ! ya están aquí. Canela está pariendo. Ayúdame David, por favor

Se dirigieron hacia donde habían instalado a la perra. Tumbada poco a poco empezó el parto. Era una maravilla de la naturaleza. Siempre les asombraba el nacimiento de un animal. Les maravillaba la forma en que ellos solos se las arreglan para cortar el cordón y lavar a sus crias. Canela tuvo varios cachorros con lo cual se les hizo de noche. Cuando terminaron , David hizo algunas confidencias a Perla referente a Jenny.



--¿Sabes Perla? lo mío con Jenny va muy en serio. Ella me contó lo ocurrido con su anterior novio: le pilló con otra y rompió su compromiso. Hirió su orgullo más que su corazón. Parece que está muy recuperada y poco a poco estoy consiguiendo que se olvide de aquello. Hemos empezado una relación y hemos decidido que si todo camina como hasta ahora, nos instalaremos en  el Jerte. Compraremos un terreno para cultivar frutas y entraremos en la cooperativa. Yo seguiré de veterinario y con el tiempo crearemos una familia

--David,¡ me alegro tanto por vosotros!. Jenny es una chica excelente y a ti te quiero mucho. Te conozco desde hace tiempo y sé que la harás feliz. Os lo deseo de todo corazón
--Y tú ¿ qué pasa con tu vida? ¿Por qué rechazaste a Robert?
--David, tu conoces la razón. El es como es. Está acostumbrado a otro tipo de vida que no es la de un pueblo. Necesita salir por las noches, necesita rodearse de mujeres. La finca le asfixiaría e iteriormente me reprocharía el haberle hecho vivir de esa forma. Nuestra relación es imposible. Debo vivir el destino de mi familia
--Eso es una tontería. Los tiempos han cambiado.  Se que te gusta, me consta, entonces¿cuál es el problema? Lo que sí te digo es que él lo está pasando muy mal. No se centra. Ni siquiera llama para interesarse por la finca. Tendrías que pensarlo
--Por favor, David. la decisión está tomada.

Al día siguiente a solas en su paseo diario, reflexionó y creyó que sería mejor poner tierra de por medio. Quizá fuera mejor irse de aquel lugar. Presentaría su dimisión y volvería a Madrid, pero hacer ¿ qué? Desde que se licenciara no había hecho otra cosa que trabajar en el campo. No se veía en una clínica. Pero quizá pudiera irse a otro pueblo.   Sí, se iría a otro lugar,  a empezar de nuevo, partir de cero.



¿ Y los perros?  No podía meterlos en el piso de Madrid. Eran cuatro, así que decidió dejar a los cachorros al cuidado de David hasta que tuviera una nueva casa en algún pueblo.

--Jenny, David, os vengo a pedir un favor...
--Dinos ¿ qué deseas?
--Tengo que irme de aquí. No me siento cómoda viviendo tan cerca de los Villanueva y he decidido instalarme en otro lugar. De momento me vuelvo a Madrid, pero no me puedo llevar a todos los perros.¿Podríais quedaros con los cachorros? Será provisional, hasta que encuentre otro lugar.

Le dolió dejarlos. Sweety enseguida se hizo cargo de ellos, pero no dejaba de llorar por la ausencia de su pareja, de Canela.  Cuando volvió a su casa Canela estaba llorando, buscaba a sus cachorros. A Perla se le partía el corazón y se prometió abrazada a la perra que sería por breve tiempo. No estarían separados indefinidamente.

Llegó a Madrid a media tarde. Recordaba el tiempo que hacía que había salido de allí con tantas ilusiones, con tantos proyectos y ahora regresaba con un vacio enorme en el corazón y la soledad más absoluta.  Al deshacer el equipaje, sacó la foto de su madre y de su abuela. Almudena estaba jóven y bonita.

--¡ Abuela ! ¿ por qué? De nuevo tu historia se repite. ¿Qué debo hacer ?  Esa noche durmió intranquila. Soñaba con los seres de su  familia que había perdido, pero fue Almudena la que le hablaba:




--"Hija mia, no cometas el mismo error que yo cometí. Tú no tienes que obedecer a nadie, eres libre. Si le quieres,  búscale. No destroces el corazón de alguien que te adora, porque nunca más encontrarás a otra persona que te quiera igual. Yo fuí afortunada porque encontré a un hombre bueno en mi camino, y fui feliz, a mi manera, pero nunca, nunca,  olvidé a Rafael y ahora sé que él tampoco se olvidó a mi. Ve y búscale."

Se despertó por la mañana con una sensación extraña. ¿Todo había sido un sueño?, o quizá no..

--¡ Dios mio qué debo hacer !  -.  Había pasado mucho tiempo y quizá Robert se hubiera olvidado de ella. Sin pensarlo dos veces llamó a David:

--David, dame por favor el número de Robert, necesito decirle algo
--Perla no creo que debas hacerlo...
--Por favor, dámelo.-.    No le dejó terminar lo que David le decía, y se lo facilitó..  Nerviosa marcó el número de teléfono

--Hello...
--Por favor , ¿se puede poner el señor Robert? es desde España
-- Un momento -.  Pero no fué la voz de Robert la que escuchó, sino la de Ralph
--¿Quién llama, eres tu David?
--No, señor Villanueva. Soy Perla y querría hablar con Robert -.  La voz de Ralph se oyó cortante, seca
--¡Ah, Perla! creo que va a ser muy difícil que puedas hablar con él. Partió la semana pasada en viaje de luna de miel-.  Perla se quedó callada, no podía decir nada, las palabras no salían de su garganta, y sólo atinó a decir
--Comprendo. Siento haberle molestado. Buenos días señor Villanueva.

Canela intuyó que algo pasaba. Su ama tuvo que sentarse, se abrazaba a ella y lloraba con un llanto incontenible que no comprendía, y decía unas amargas palabras:

--Demasiado tarde, demasiado tarde.

Pasó dos días sin salir de casa, nada más que para pasear a la perra. Entonces decidió que cuanto antes reanudara su vida sería mejor. En definitiva sólo había sido la influencia de un sueño.
De nuevo se vio haciendo la maleta y con la fotografía de Almudena en la mano

--Abuela, ahora si que es imposible. Se ha casado, se ha casado. De nuevo vivo lo que tu viviste hace tantos años-.  Y de nuevo un sollozo se escapó de su garganta.  Cerró la maleta. Emprendería un nuevo camino, algún lugar que no le recordase la vida que había tenido hasta hace poco tiempo.





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