Miranorte - Capítulo 10 - Noche de estreno

Nerviosa se agarró al asiento cuando el avión se deslizaba por la pista elevándose hasta alcanzar la altura requerida.  Abandonaba Madrid, y fue entonces cuando fue consciente de que todo lo que había planeado comenzaba a ser realidad.  Un nudo en el estómago, no de miedo al despegue, sino nervios ante la incertidumbre que ´sentía. ¿ Qué la aguardaba a su llegada a Londres?  ¿ Por dónde debía empezar?  Era toda una aventura emprenderla sin conocer a nadie ni tener perspectiva de trabajo.  Estaría sola, para bien y para mal.  Tendría que desenvolverse ella sola, valerse por si misma.  No tenía el cobijo de sus amigos.  Estaría en una ciudad inmensa, con distinto idioma, con costumbres distintas, muy diferentes a las nuestras.  Cuando el timbre anunció que ya podían quitarse el cinturón, y las azafatas comenzaron a repartir bebidas y revistas, entornó los ojos y echó el asiento hacia atrás buscando dormir, aunque sólo fuera para no pensar más en nada,  ni en nadie.

Aproximadamente tres horas, son las que habían transcurrido desde su partida de Madrid, hasta su llegada a Londres.  Una vez recogido el equipaje, miró en rededor buscando una oficina de turismo. Una vez localizada fue hacia el mostrador.  Tenía que encontrar un sitio en donde hospedarse, y esa fue la pregunta que realizó a la señorita que la atendió con amabilidad..  La facilitaron dos o tres tarjetas de pensiones económicas y no distantes del centro de Londres.  Como desconocía totalmente la ciudad, decidió cerrar los ojos y tras barajarlas, eligió una al azar.


Tomó un taxi y le dio la dirección de la tarjeta elegida.  Estaba en un barrio agradable con muchas tiendas de todo tipo, e inclusive algo bohemio.  Fotógrafos, artistas plásticos, se habían establecido en aquel barrio al norte de la ciudad.

La pensión estaba regentada por un matrimonio de mediana edad.  La mujer de origen hindú, y su marido un clásico escocés.  Era la representación perfecta de la fusión existente en esa gran ciudad. No importan las razas ni las religiones, y todos conviven perfectamente.

Amablemente , el señor McGregor la condujo hasta su habitación, situada en el primer piso.  Era una pensión media, más bien pequeña, de pocas habitaciones, pero según la comentaron, de personas  educadas y responsables.  Nunca se daban escándalos ni alborotos.  Quizá porque todos eran de edad más que media, y sus oficios solían ser de representación de diversos productos.  La informaron los horarios de los desayunos, comidas y cenas.  Alba en principio comentó que de momento sólo desayunaría, puesto que debía buscarse un trabajo y para ello se trasladaría por toda la ciudad, y quizá no la coincidiera con el horario del almuerzo.  El señor Mc Gregor asintió con la cabeza y sonrió amablemente. Una vez instalada en la habitación, recreó la vista por el entorno, abrió la ventana y se asomó al exterior para conocer el lugar.  A simple vista la gustó.  Se sentó en la cama y mirando al frente, sin ver, comenzó  a planificar el siguiente paso.  Ese día comería allí, después saldría a dar una vuelta para conocer el vecindario.

El día era frio, gris y hasta lluvioso. No faltaba de nata.  Plano en mano comenzó a andar, no distanciándose de la pensión.  No quería perderse el primer día. Debía ser una de las calles principales del barrio, porque estaba compuesta de comercios de las más diversas mercancías. Había bastante trasiego de gentes.  Se paró delante de los escaparates, y comprobó que eran comercios  agradables, pero no de lujo.  Cansada de dar vueltas, decidió regresar a la pensión, y hacer algunas llamadas a Mila, a sus amigas, y a Marta que no se había despedido de ella porque estaba en Los Angeles.  Esos trámites la ocuparían casi toda la tarde.  Se tumbó en la cama , y una tras otra realizó las llamadas.  La última sería Marta.  comprobó la hora y teniendo en cuenta la diferencia, pensó que estaba bien para llamarla, aunque estuviera trabajando.




-¿ Eres Marta?- preguntó tímidamente
- Si ¿ Quién me llama ?
- Soy Alba ¿ Te acuerdas de mi?- respondió casi con temor a ser inoportuna
- ¿ Alba ? ¡ Vaya !  Claro que me acuerdo ¿ Por dónde andas?
- Estoy en Londres
- Y ¿ qué haces allí?
-He venido buscando trabajo
- Pero ...  No entiendo nada
- Es muy fácil...  A mi regreso de Nueva York, comprendí que teníais razón.  Miranorte es un pueblo precioso, pero después de haber pasado unos días en la ciudad, creo que en mi cabeza se abrió paso la idea de un cambio. Y me decidi por Londres.  He llegado hoy, esta mañana
- Imagino que aún no tendrás nada... ¿ O has ido con trabajo ya?
- No, nada de eso.  Mañana muy temprano compraré el periódico y veré si encuentro algo.  De momento tendré que trabajar en lo que me salga.  Mis ahorros son escasos y no puedo permitirme el lujo de vivir de las rentas por mucho tiempo.
-Yo salgo mañana para España. Volvemos al trabajo.  Aún estaremos por allí bastante tiempo.  Podías haber esperado a que yo llegase. ¿ Te interesaría trabajar aquí?
- Aquí ¿ dónde, en los Angeles ?
- O en Nueva York.  Mi productora tiene oficina en ambas ciudades.  No tenemos más remedio que tenerlas.  Las celebrities viven a caballo entre ambos lugares.  Creo que te podría encontrar un hueco en algo
- Pero yo no se nada de tu trabajo
- Pero podrías estar en documentación.  Eso es más fácil y enseguida conocerías el sistema.  Te advierto que pagamos bien, y podrás conocer a bastante gente del cine
- ¡ Oh ! es muy tentador, pero ...  no sé...  me quería distanciar un poco de ...
- ¿ De qué ?
- De nada, no me hagas caso.  Estoy algo confusa.  Demasiados viajes en poco tiempo.
- Oye, tengo que colgar.  Mi jefe me mira con mala cara
- Dime a qué hora es buena para localizarte
- Por la noche.  Salgo a las seis, si no surge algo urgente,. claro.  Cuando llegue a España te llamaré.  ¿Sigues teniendo el mismo número?
- Si, si.  Nos será más fácil.  Con Londres, España sólo tiene una hora de diferencia. No te entretengo más.  Un abrazo
- Un abrazo Alba. Te llamaré, no te preocupes.

Y colgaron ambas amigas.  En el rostro de Alba se dibujó una sonrisa que al poco tiempo desapareció de su cara, como si algún recuerdo hubiera vuelto a su memoria

- ¿ Cómo me voy a ir a Estados Unidos? Además no tengo dinero para el pasaje y por otro lado  ¿Estará Paul cerca? Dios mio ¿qué debo hacer?  Por un lado me encantaría, pero por otro...

Pasaron más de quince días hasta que Alba consiguió un trabajo de camarera en un pequeño restaurante no lejos de la pensión.  Marta había vuelto a llamarla y habían charlado largamente. Habían reanudado el rodaje y tenían bastante trabajo porque por dos ´días habían tenido que suspenderlo por una fuerte nevada caída en Miranorte.  Alba no había hecho alusión a Paul, ni Marta le había mencionado.

- ¿ Has pensado ya lo de venirte?- preguntó Marta
-Aún no..., lo estoy pensando, pero ahora no puedo ir.  No tengo dinero suficiente. He encontrado un trabajo y ahorrando...  quizá..., pero tardaré un tiempo.  La verdad es que debería  volver a mi país. Aquí no creo que pueda trabajar en algún instituto, y aunque no me importa trabajar en lo que sea, creo que camarera no es lo mio. Tengo un horario descabellado y además tengo que aguantar las bromas de algún patoso, que cree que no le entiendo. Tendrías que oir las burradas que me dicen.
- Alba, lo siento, pero creo que deberías plantearte en serio lo de venir, Aquí tendrás más oportunidades, pero claro...  tienes que ser tu quién lo decida.  Te volveré a llamar otro día porque ahora con la interrupción de las vacaciones y de la climatología andamos bastante retrasados. Cuídate amiga. Un beso
- Un beso Marta. Cuídate tu también.

Al despedirse Alba se quedó pensativa.  Necesitaba el consejo de alguien, y nadie mejor que Mila, pero ella aún estaba de luna de miel.

- ¿ Por dónde andarán?  Hace tiempo que no me llama. ¡ Ay, si pudiera darme su opinión !.  En fin, voy a acostarme.  Estoy molida.  - Y tras un bostezo, se acurrucó en la cama y se quedó dormida.  Soñó con pizzas, con aviones y con Miranorte.

El despertador sonó a las seis de la mañana. Tenía un largo día por delante, otro más.  Estaba contenta por haber encontrado el trabajo, aunque no fuera su ideal.  Tenía unos compañeros agradables y su jefe no parecía muy severo, aunque no le conocía aún.  Ella se esforzaba por cumplir con su trabajo y hasta creía que lo estaba consiguiendo.  La recordó otros días y otro lugar de cuando fue camarera en el bar de Juan.  Lo de ahora no era muy diferente a aquello.  Sonrió nostálgica, e inevitablemente su memoria registraba un rostro.  Una cara por la que había dejado todo tratando de olvidar, pero estaba claro que no lo conseguía.  Pensó en la proposición de Marta

- A fin de cuentas...  tanto me da recordarle aquí como en Nueva York o en cualquier otro lugar.  Difícilmente vuelva a verle, como no sea en un cine, en alguna de sus películas.  Instintivamente abrió un bote de té a modo de hucha que tenía guardada en el armario, y contó los ahorros que había obtenido en su trabajo

- Humm, no está nada mal.  Las propinas han sido buenas. Con lo que gano me da para pagar la pensión y la locomoción.  Me ahorro la comida, puesto que como en el restaurante...  la cena basta con cualquier sandwitch o unas galletas con leche.  Puedo ahorrar un poco del sueldo más las propinas.  Pero tardaré una eternidad hasta que tenga el suficiente dinero para el pasaje y vivir durante algún tiempo. Dios mio esto es una locura.

Una vez arreglada, miró el reloj y comprobó que iba con retraso.  Bajó corriendo al comedor, y sin siquiera sentarse, tras dar los buenos días a los huéspedes que desayunaban, tomó un vaso de leche caliente y cogió unas galletas que comería por el camino

- Señorita, debería desayunar con calma - la dijo Monsieur Pierre, un representante francés que cada semana cruzaba el Canal y pasaba un par  de días en Londres
- Monsieur Pierre, lo sé...  pero hoy voy tarde. Que tengan todos un buen día- y salió como una tromba en dirección al underground.


Y el tiempo pasaba lentamente para Alba, para la realización de sus proyectos.  Al cabo de unos meses, había cambiado de trabajo. Ahora lo hacía en el centro de Londres, cerca de Picadilly Circus, en una pizzería.  No había perdido el contacto con Marta, y por ella sabía que terminado el rodaje de la película, todos habían regresado a Estados Unidos.  Ella seguía en Los Angeles.  Todo volvía a la normalidad.  La película que les había llevado a Miranorte, estaba en post-producción y aún tardaría casi un año para su estreno.  Nunca la mencionaba al actor, a pesar que sabía que ocupaba el pensamiento de Alba, pero precisamente por ello, no le nombraba.

Por estar tan céntrica la pizzería tenía siempre bastantes clientes, lo que hacía que la jornada transcurriera veloz.  Tenía poco tiempo para dedicárselo a ella misma.  Llegaba tarde y cansada a la pensión.  El día libre lo dedicaba a dormir, y a pasear. El día de libranza no madrugaba, y se levantaba tarde, aún a sabiendas de que no desayunaría, pero no la importaba con tal de recuperarse del cansancio acumulado durante toda la semana.. Uno de esos días pasaba cerca de un cine, que estaba acordonado y había muchas jovencitas gritando desaforadas tras las vallas metálicas que las separaba de los que iban a desfilar por una alfombra puesta a tal efecto, y por la que pasarían algunas celebrities.  Era el estreno mundial de una película.  No tenía tiempo de ir al cine, por lo que no estaba muy puesta en los estrenos cinematográficos.

Curiosa se puso detrás de unas jovencitas que nerviosas gritaban y agitaban sus blocs tratando de llamar la atención de los que pasaban a paso ligero y,  que los guardaespaldas impedían se acercaran a las fans que emocionadas les reclamaban.  Alba sonreía al verlas tan exaltadas

- ¿ Quién vendrá que las tiene tan locas?- se preguntaba así misma

No tuvo que esperar mucho tiempo para averiguarlo. Giró su cabeza en una determinada dirección cuando los gritos y los llantos de las jovencitas, arreciaron  El color de su cara desapareció, cuando comprobó de  quién se trataba

- ¡ Paul ! - sólo pudo pronunciar su nombre.

No podía moverse de allí, estaba totalmente rodeada de gente que la apretujaba para poder estar más cerca de su admirado actor, que cada vez se acercaba más al lugar firmando sonriente las fotografías y hojas de papel que le tendían.  Sonreía, pero a penas levantaba la vista de lo que le ponían delante para estampar una firma apresurada.  Y llegó hasta donde estaba Alba.  Trataba de encogerse para que no la viera, pero todo fue inútil. Quizá fue un grito  que sobresalió entre los demás, o algún movimiento extraño, o quizá la casualidad, él levantó la vista y se encontró de frente a los ojos oscuros de la chica del "hamon".




En un principio él  se quedó mirándola.  Su rostro le resultaba conocido.  Fue cuestión de un segundo, e inmediatamente pronunció su nombre

- ¡ Alba ! ¿ Qué haces aquí?

Alba no atinaba a pronunciar palabra.  Seguía lívida, sin hablar...., no podía hacerlo

- ¡ Eh ! ¿ qué te ocurre, no te acuerdas de mi ? - Alba abrió más sus ojos ante la pregunta de él

- Yo... si, si... ¡ claro que me acuerdo! Miranorte
- Exacto ¿ Qué haces en Londres, estás de visita?
- Señor, por favor, tiene que continuar...- Interrumpió un vigilante
- Un segundo por favor- respondió Paul malhumorado ante el requerimiento del guardaespaldas- Tráigame a esa señorita.  Alba ven conmigo
- Pero yo...- Alba no sabía qué decir, pero sintió que un brazo se extendía frente a ella apartando ligeramente la valla y tirando de su mano la hizo pasar cerca de Paul-. El seguía firmando,  sonriendo.  El guardaespaldas la condujo al interior de la sala y la dijo



- Por favor aguarde aquí.  El señor vendrá enseguida. Yo tengo que ir con él
- Claro, claro. No se preocupe, yo esperaré aquí

Pasaron unos instantes que a ella le parecieron eternos, pero por fin le tuvo frente a ella,  y recibió dos besos en ambas mejillas, por lo que sería odiada y envidiada por todas aquellas fans que seguían gritando para tratar de llamar la atención del actor -. Paul la tomó del brazo y se acercó a otra chica que tomaba nota en una agenda.

-Helen, necesito entrar con esta señorita. Es una amiga y no tiene  pase Colócala a mi lado
- Paul, no puedo. Los asientos están ya distribuidos y a tu lado está el director
- Bueno, pues búscala un sitio cerca. Haz lo que sea, pero la quiero cerca
- Está bien.  Veré qué puedo hacer

Revisó nuevamente la lista y encontró un cambio dos filas más atrás, con alguien que aún no había llegado.  Indicó el lugar a Paul y a Alba, que sonrojada asistía a la conversación entre ambos sin apenas poder decir nada

- Paul, de verdad no es necesario...  Yo puedo esperar fuera hasta que termines
- Ni hablar. Está todo arreglado.  No estarás sentada a mi lado, pero antes de salir, espérame en el vestíbulo.  Allí me reuniré contigo en cuanto pueda y nos iremos a cualquier lugar donde podamos hablar.
- Está bien.  Ahora ve a cumplir con todo este protocolo. No te preocupes por mi. Estaré bien

Paul tuvo que ausentarse reclamado por la prensa y Alba se situó en un rincón.  Se sentía fuera de lugar. No conocía a nadie ni tampoco iba vestida para la ocasión, en donde las damas lucían lujosos vestidos, mientras que ella llevaba su sencillo traje de chaqueta.

- ¡ Alba !-  una voz pronunció su nombre sobresaltándola- ¿ Qué haces aquí...  y sola?
- Oh señor  Douglas- respondió ella aliviada, al menos conocía a alguien-  Es una larga historia
- Espero conocerla, pero ahora no puedo ¿ Has visto a Paul?
- Si, si... por eso estoy aquí.  Me reuniré con él luego, a la salida.
- Pues luego nos veremos. Diviértete muchacha
- Eso espero, señor

Y lentamente fueron entrando todos a ocupar sus asientos.  Helen se acercó hasta ella y amablemente la condujo hasta el asiento que debía ocupar.  Al llegar vio que Paul ya se encontraba en su entrada y de pie, miraba para poder localizarla.  Al hacerlo sonrió y la saludó con la mano, y ella correspondió antes de sentarse en la butaca.

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