Miranorte - Capítulo 1 - La gran noticia

DEDICATORIA:  Para todas aquellas personas que dejando volar su imaginación, son capaces de crear mundos de los que ni siquiera han oído hablar. Para los   que viajan   a través de un libro, a paraísos que quizá nunca conocerán


NOTA ACLARATORIA:  Los personajes, los lugares, y las situaciones, son ficticios.
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  Miranorte, es un pueblecito de un valle de alta montaña, de muy pocos habitantes, en cuyo lugar nunca pasa nada, y con la única distracción de vivir pendientes unos de otros, y como extraordinario, los sábados y domingos acudir al único bar situado en plena carretera, por la que apenas pasan coches. Nieva mucho en invierno y las más  de las veces, queda incomunicado de los otros pueblos cercanos.  Sus habitantes son  en su inmensa mayoría,  gentes de pasada la mediana edad, y algún que otro joven que ha instalado allí su modo de vida, buscando tranquilidad y sosiego, lejos de la agitada vida ciudadana.



La secretaria del alcalde y amiga de nuestra protagonista, Sara. Había nacido en el pueblo, y lo más lejos que ha viajado ha sido  a Madrid a ver un musical en el teatro Rialto.  Esa  novedad, le sirvió de tema de conversación para un mes.  Estudió  el bachillerato y aprobado la única  oposición, de la única plaza, y la única solicitud para ocupar la secretaría, a las órdenes de don Enrique, el alcalde de Miranorte, perteneciente al partido Obrero Agricultor , a pesar de que era un pueblo ganadero, y la agricultura brillaba por su ausencia.

Sara (secretaria del alcalde

La farmacéutica, Celia,  era una mujer rondando los cuarenta que había recibido en herencia la farmacia de la que se había hecho cargo, después de conseguir su licenciatura, a pesar de que hubiera querido ser abogada, pero era tradición familiar seguir con el  establecimiento, desde que su abuelo se instaló en ese pueblo perdido en los Picos de Europa.

Celia ( la farmaceútica)
Estaba el alcalde, Enrique,  de mediana edad que había nacido alli, se había casado con una lugareña y había tenido dos hijos, pero a diferencia de sus padres  ellos  se habían instalado en la capital


Don Enrique ( alcalde de Miranorte)
El sacerdote, don Aquilino, a punto de jubilarse, pero se quedaría a vivir allí, y allí quería ser enterrado cuando le llegara la hora.  Salió del seminario y esa fue su primera y última parroquia. Había conocido a las generaciones anteriores y a las presentes. Don Aquilino era una roca más de esa montaña que formaba Miranorte.

Don Aquilino ( párroco )
El médico, don Alberto, era un joven recién terminada la carrera y que se instaló allí después de hacer oposiciones a la Seguridad  Social, y le había tocado Miranorte como destino.  Estaba soltero y vivía con una tía, Maria Teresa,  de  unos setenta años que le había criado al morir su madre, viuda.  Ella  estaba soltera, por lo que al quedar huérfano el muchacho, se hizo cargo de él, ya que no tenían más parientes.

Don Alberto ( el médico )

Y también estaban Marcelino, Agueda, Pilarita, María, Nemesio, Patricio, Pura,  etcétera,  etcétera... todos los vecinos que componían esa comunidad que no llegaban a un total de doscientos.

He dejado para último lugar la presentación de Alba, una joven de unos veinticinco años que había estudiado Magisterio, y cursaba Periodismo en la Universidad a Distancia,   la UNED , ya que su mayor ilusión era la de ser periodista,  pero debido a las necesidades hogareñas, había optado por sentar plaza de maestra en aquel pueblo sin niños,  aunque daba clases en los más cercanos,  reunidos todos los niños de esos lugares,  en un mismo sitio y que distaba a veinte kilómetros de Miranorte, por lo que tenía que desplazarse todos los días hasta allí, y cuyo nombre es  Las Mimosas.  Pueblo un poco mayor  en su población, que constaba de muchos matrimonios jóvenes que habían ido hasta allí buscando una vida mejor y  más tranquila.

Las Mimosas

Se ayudaba con una vieja Vespa, con más años que Matusalén, y que había dejado la última profesora que diera clase en el colegio de Miranorte, antes de que lo cerraran por falta de infantes.

Creo que he hecho las presentaciones de los más destacados personajes que protagonizan esta historia, aunque irán saliendo más,  a medida que avancemos en el relato.

Mediaba el mes de Octubre y en el valle comenzaba a hacer frio. El viento seco de la montaña se colaba por las rendijas de la casa que ocupaba con Milagros, una vieja  mujer que no tenía más cobijo que el que le diera Alba, y ella a cambio se ocupaba de mantenerlo todo en orden y de que la comida estuviera dispuesta para cuando llegara de dar clase.  Ambas se tenían cariño.   Para Milagros, Alba,  era como una hija a la que cuidaba y mimaba en exceso.  Para Alba, la mujer era como esa tia-abuela que hay en la mayoría de las familias de esa generación.   Aunque todavía  no se le podía llamar anciana; pasaba de los sesenta y no llegaba a los setenta. La respetaba y la cuidaba cuando cogía algún catarro que la obligaba a guardar cama.


Alba


Milagros ( la señora de compañía de Alba)

Estaba guardando la muchacha su moto en el zaguán,  cuando vio que se acercaba corriendo la farmacéutica, Celia, llamándola

- Alba, Alba.  Espera, espera
- ¿ Qué te ocurre?- la preguntó alarmada
- ¡ No sabes el notición !- respondio Celia
- Oye, hace frio, termina de una vez o entra en casa- le contestó Alba
- No, que tengo la farmacia sola. Van a rodar una película los de Hollywood
- ¿ Cómo..., aquí ? ¿ Cómo lo sabes ?  Te han tomado el pelo- la dijo riendo Alba
- Que no, que no. Me lo ha dicho en secreto Sara.  Por lo visto el alcalde ha recibido una llamada de una agencia de Madrid y van a llegar mañana para ver si el pueblo les sirve y si no les cobramos mucho dinero, claro
- No te hagas ilusiones, Celia. ¿ Ahora con lo que aquí nieva? Quiá, ya lo verás
- Que si, mujer, que si.  Que precisamente por eso. Necesitan un pueblo montañoso, con nieve. Estarían unos dos meses.  Así que don Enrique está como loco por que salga. Creo que ha hablado con los del albergue para saber con cuantas habitaciones contaba.  En fin que va en serio. Mañana lo sabremos, y ahora me voy.  Llama a Sara para que te cuente más cosas. Se me ocurre que ¿ por qué no nos reunimos después de salir de trabajar en el bar y charlamos?
- Me parece bien. Llamaré a Sara para quedar con ella.
- Chao Alba, me voy corriendo.  Caray ¡que viento mas frio corre! - y  Celia se perdió rumbo al pueblo.


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