Cosas de abuelos - Capítulo 4 - No pasarán

Durante los tres años de la guerra no se movió de Madrid, a pesar de que le ofrecieron refugiarse en Méjico,.   Respondió al ofrecimiento: < " no he hecho nada malo. No tengo nada que temer; no me muevo de mi pais, ni me separo de mi familia.  Gracias,  pero no voy a salir de Madrid > ". Lo mismo ofrecieron al hijo mayor, que también rechazó la oferta: <"yo no estoy en política, sólo soy afiliado al partido. No,  tampoco acepto ">.

Había que dar ejemplo a la población civil, de que lo más acertado, para librar a los niños de los bombardeos de Madrid, era que se evacuaran a Levante.  Aquella era zona republicana y serían bien acogidos.  Pero para que la gente colaborarse, había que comenzar por la propia familia,  y a regañadientes, los primeros fueron su mujer, Maria,  con el pequeño José. Rosa la  esposa de su hijo mayor, con el niño de corta edad. Y agregaron a Angeles con sus tres hijos, pequeños también. A los tres meses de ser evacuados en Murcia, Rosa y su pequeño hijo, regresaron a Madrid, para estar con su esposo  María con su hijo José,  y  Angeles, con sus hijos Angelita ,  Eduardo y Fausto, se quedaron en Levante.   Rosa, no quiso dejar solo  a su marido : <" lo que sea de uno, que sea lo de todos>",  es lo que respondió, ante la reclamación de Antonio hijo, por haber dejado un "refugio " seguro, ya que Madrid, estaba asediada por las tropas franquistas.

Muerte de un miliciano de Robert Kappa
Antonio hijo,   hacía carteles a favor de la República que alguien hizo llegar hasta Cuba. Por las noches, patrullaba con un compañero, por las calles del barrio de Chamberí, donde vivían, con el fin de que algunos descontrolados, no se desmandaran. Álvaro combatió en el frente del Cuartel de La Montaña, en donde resultó herido, y evacuado a un hospital.  No tuvieron la misma suerte algunos parientes y amigos que cayeron en la batalla.

Mi abuelo, diputado, veía que la situación de la guerra iba a ser larga y cruenta. Su inteligencia y don para la política,  le hacían  tener una visión real de lo que pasaba y veía que a pesar de todo, la guerra estaba perdida. Visión que compartían muy pocos y , quizá fuese uno de los  motivos de lo que al final ocurrió .  Al descontrol de la situación, se unió el hambre por la falta de alimentos, los bombardeos..., en definitiva el sitio a Madrid, que duró tres largos y angustiosos años.  Pero todos tenían la moral muy alta.  Las arengas de Pasionaria, la ayuda de las Brigadas Internacionales, hacían que en ningún momento decayera la voluntad de que Franco no pasase de la Ciudad Universitaria, y un lema que aún se recuerda es el de " No pasarán "



 Franco entró en Madrid y la guerra fue ganada por él.. Las primeras medidas que tomó fueron  anular todo el dinero en curso legal.  El   pueblo se quedó sin un sólo centavo ni para comprar pan. Y la  segunda encarcelar a todas las personas con ideas de izquierdas. que había que eliminar a como diera lugar. Las venganzas, envidias, ansias de poder, o simplemente supervivencia,  hacían que la gente denunciase a sus vecinos, e incluso  a parientes.

Mi abuelo fue detenido inmediatamente de terminar la guerra por  ser diputado por el partido socialista, y a su hijo mayor,  por ser eso: su hijo.  Le metieron en la cárcel y a mi padre, le retuvieron en un campo de concentración durante siete meses, y aún ahora , dada la situación irregular de entonces, no nos explicamos por qué le pusieron en libertad.

El abuelo encarcelado en Alcalá de Henares, y sin juicio, fue condenado a muerte " por socialista, por rojo ". No le fue conmutada la pena, hasta un año después, pero día a día le sacaban al patio de la cárcel para ejecutarle, y día tras día, le retornaban  a la celda;,  y así sucesivamente a lo largo de ese año.  Mi padre pudo recaudar  algo de dinero al cabo de los meses, y  sobornando  a algunos desaprensivos, pudieron retirarle la pena de muerte, pero no la cárcel, en la que estuvo durante diez largos años, peregrinando de un lugar a otro de España: Alcalá de Henares, Murcia, San Simón, en Vigo... etc. etc.
 En ésta última,  como era un hombre culto y con don de gentes, se granjeó la simpatía del director que le hizo el encargo de instruir a presos y carceleros, y tuvo mayor consideración con él, quizá comprendiendo el motivo injusto de su detención.   Pero su salud se había quebrantado, y había envejecido, a pesar de no tener edad para ello.  La alimentación era muy deficiente por escasear los víveres, así que las cárceles estaban llenas de hombres y mujeres hambrientos y enfermos. Mi padre encomendó a su hermana Aurora, la mayor de las chicas, que siguiera a mi abuelo a donde quiera que le destinaran, pues le cambiaban de cárcel con frecuencia, y que permaneciera en el mismo lugar que él, y le llevara comida para alimentarle mejor, a fin de  que no empeorara su salud.  Y así lo hicieron. En el lugar que le destinaran, mi tía buscaba un trabajo de lo que fuera y gracias a eso y al escaso dinero que podría enviarles mi padre, pudieron vivir ambos.

A los dos años de terminar la guerra, María murió de muerte natural; quizá fuese la pena de ver a su familia en esa situación  de ver a su marido en la cárcel y a sus sobrinos sin trabajo y sin dinero. Delicada de salud, durante la contienda, falleció sin ver a su marido libre, ni a su hija Inés, de dieciocho años, casada con un compañero enfermero del hospital en el que ambos trabajaban.  Una vida triste y solitaria la de esta mujer, insuficientemente reconocida por el sacrificio que hizo por amor a sus sobrinos.





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