Lucía - Capítulo 4 - Sean, un extraño en mi vida

Sobresaltada, Lucía escuchaba el nombre de aquel desconocido, cuyo rostro le recordaba a otro sobradamente conocido y querido por ella.  Después de presentarse,  le hizo pasar  a su casa. Algo  alarmaba por momentos.  Había dicho que era hermano de Peter, y alguna que otra vez éste le había citado en sus conversaciones con ella. Según su novio le había confesado, estaba muy unido a él.  Era  dos años menor que Peter.

- Verá señorita, lo que me ha traído hasta aquí, no es nada fácil para mi. Me explicaré.  Al regreso de mi hermano a casa, tuvo que presentarse inmediatamente a sus superiores.  Lo de Vietnam tenía muy mala pinta y debía partir hacia allí inmediatamente. Tenían órdenes expresas de no comunicar más que a sus más allegados parientes el próximo destino, y ese fue el motivo de que no se comunicara con usted. Nosotros pudimos hablar con él al cabo de una semana de su permanencia allí. Luego no volvimos a saber más de él hasta que un oficial llamó a nuestra puerta anunciándonos el fallecimiento de Peter.  Mi hermano había caído en una incursión, cuando el régimen estaba dando los últimos estertores hacia el final, pero no fue lo suficientemente rápido como para evitar la pérdida de tantas vidas, entre ellas la de mi hermano

Lucía no escuchaba más.  Los oídos le pitaban, la cabeza le daba vueltas y sentía que el suelo iba a devorarla.  Sean llegó a tiempo de recogerla en sus brazos, antes de que cayera al suelo.

Acababa de conocerla físicamente.  El rostro de Lucia le era familiar por la fotografía que en una ocasión envió Peter para que la conociera su familia.  Desde entonces se sintió atraído hacia aquella muchacha de cabello y ojos oscuros, que vivía a miles de kilómetros de distancia.

Hoy había tenido que darle una noticia que jamás pensó hacer, y por ello, la tenía abrazada, desvanecida.  Una mano apoyada en su nuca y el otro brazo rodeando su cintura.  Podía contemplar de cerca la cara pálida y desencajada de aquella mujer de la que se había enamorado sin conocerla.  Ahora la tenía frente a él, pero no era así como en sus fantasías estaba. Era inalcanzable para él.  El recuerdo de su hermano se interpondría siempre entre ambos.

Suavemente la condujo al sofá y allí la reclinó sin saber qué poder hacer para  que se le pasará el desmayo.  No la conocía y la casa tampoco.  Miro a su alrededor y vio una especie de mueble bar. Lo abrió y buscó entre el par de botellas que contenía, algo que la hiciera reaccionar.



- Esto servirá - y echó un poco de coñac en una copa, dándoselo a beber

Lucía lentamente, abrió los ojos, clavandolos en el rostro que tenía delante y no entendiendo muy bien la circunstancia que estaba viviendo. No podia ser verdad.  Peter no había muerto. ¿ Quién era aquel desconocido que intentaba hacerla beber aquel líquido abrasador? Y se fijó en los ojos que tenía delante y que eran iguales a los de su amor ¿ muerto?  Un desgarrador sollozo, brotó de su garganta al tiempo que trataba de deshacerse de aquellos brazos que la retenían levantada.

El trataba de calmarla mientras recibía los puñetazos que ella propinaba en su pecho, negando lo que acababa de conocer. ¿ Quién era ese hombre que osaba decir tamañas mentiras?  Peter no se hubiera ido sin hablar con ella, sin decírselo a ella.  De repente asumió toda la verdad, la tremenda verdad y buscó cobijo en aquel pecho que se le brindaba como refugio.

El la dejó llorar y cuando se hubo calmado un poco, prosiguió con el encargo que le había llevado hasta España

- Se por lo que estás pasando.  Yo mismo estoy conmocionado a pesar de que hace días que hemos conocido la noticia, pero he de cumplir el último deseo de mi hermano.  Antes de partir, me hizo prometer que te entregaría esta carta si a él le ocurriese algo.

Extrajo de su bolsillo un sobre blanco escrito a mano .  Reconoció inmediatamente la letra escrita en él, y acercándoselo a los labios depositó un beso.  Le daba miedo abrirlo.  Presentía que eran sus últimas palabras, sus últimos deseos, y no quería conocerlos.  Era como si demorase la confirmación de la fatal noticia.  Sean proseguía hablándola aunque ella no le escuchaba.  Con la cabeza baja, y fija la vista en aquel sobre, dejó que hablara todo cuanto quisiera.  nada le interesaba más que Peter.  No le importaba el dolor de esa familia, ni la triste misión del hermano.  Ni siquiera preguntó cómo se encontraba su madre.  De repente se había vuelto egoísta.  La vida le había arrebatado todo cuanto tenía.  Le había quitado a su madre y ahora a Peter, el que iba a ser su marido...  y ahora estaba sola, absolutamente sola.  Prestó atención cuando le escuchó decir  la última frase



- Así que ya está todo preparado para cuando llegues. Tendrás un hogar en nuestro hogar y un lugar en nuestra familia. Es el deseo expreso de mis padres y también el mio

- ¿ Cómo ? - respondió no entendiendo lo que estaba diciendo al no haber prestado atención
-Era el deseo de mi hermano casarse contigo, y supimos que hace poco perdiste a tu madre.  Por eso pensamos que vinieras a vivir con nosotros en  América.  Para mi madre sería tener cerca a Peter, puesto que él te amaba locamente.  Si no te importa me quedaré contigo esta noche.  No voy a molestarte, pero creo que no debes estar sola.  Tengo reservado un hotel, así que si no lo deseas me iría.  Tu decides
- Perdona..., estoy con la cabeza algo ida.  Claro que puedes quedarte aquí.  Y lo otro de América ¿ qué me has dicho ?
- Que es nuestro deseo te vengas conmigo a vivir allí, en nuestra casa.  Estarías acompañada y seríamos como tu familia.  Todos lo deseamos.
-Si no te importa, hablaremos de esto mañana.  Ahora quiero quedarme a solas y leer lo que Peter escribió.  Tengo que asimilar todo cuanto me has contado-.  Cuando ya salia, se volvió y dijo - Esa puerta de enfrente es la cocina, allí encontrarás algo de comer y café si deseas tomar algo.  Yo...
-De acuerdo.  Entiendo que estás deseosa de conocer lo que en ella escribió.  No te preocupes por mi, me las arreglaré.  ¿ Deseas tomar alguna pastilla para que puedas dormir?
- ¿ De verdad crees que quiero dormir? - y nuevamente un sollozo afloró a su garganta
-Eh, eh, eh...  Lo se, lo entiendo.  Haz lo que creas debes hacer.  Yo estaré aquí..., siempre... podrás contar conmigo. Adoraba a mi hermano.  Ya me costó un disgusto cuando se alistó en el ejército, así que imagina ahora... Pero hablaremos mañana , más calmados. Anda ve a tu habitación y haz lo que quieras. O ¿ deseas que me vaya ?
- No, no.  Está bien.  No soportaría estar sola, no lo aguantaría. Discúlpame
- No hay nada que disculpar - y dándola un beso en la frente la vio perderse en su habitación


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