Destinos cruzados - Capítulo 5 - Conflicto de intereses

´Mathew pasó todo el día dándole vueltas en la cabeza a una idea. Paseaba por la playa una y otra vez. Miles de dudas asaltaban su mente. Se decidió por volver a Londres. Llevaba en "su "refugio mucho tiempo y no había conseguido aclararse; luchaba entre sus recuerdos pasados y presentes. Decidido hizo su equipaje y se dirigió al aeropuerto.  Llegó de noche y lo primero que hizo fue llamar a su hermano y a su padre para notificarles que ya estaba en casa. A Clive le preguntó cómo iban las cosas y ya, al terminar la conversación, le preguntó muy de pasada por los trabajos en Providence

- Muy bien, a punto de terminar. Posiblemente la semana próxima Christine esté de regreso. Están amueblando las oficinas y según su criterio ha quedado todo muy bien. Bueno ¿algo más? Si no te has dado cuenta es muy tarde,- dijo riéndose y mirando el reloj.


Mathew colgó el teléfono pensando en lo que haría a la mañana siguiente. Se despertó temprano.Bajo al garaje y cogió el coche dirigiéndose a un pequeño cementerio de las afueras de Londres.

Lentamente se encaminó hacia el lugar en donde reposaban los restos de Margaret. Pasó largo tiempo mirando sin pestañear la placa que indicaba que allí reposaba Margaret Ryan. No sabía cómo empezar el monólogo que debía tener con la que fuera el amor de su vida.
Se inclinó depositando un ramo de rosas, sus preferidas, y sin pensarlo empezaron a salir las palabras .Primero con emoción contenida en su garganta, después más fluidas. Le pedía perdón por haber fijado su vista en otra mujer; le hablaba de empezar una nueva vida y de que nunca la olvidaría, pero se había interesado por otra chica y quería formar una familia. Lamentó que la vida hubiera sido tan cruel con ellos y finalmente se despidió . Lentamente regresó a donde había dejado su coche y se sintió aliviado y en paz.

Llegó a la oficina muy pronto. Entró en su despacho y revisó todo lo que encima de la mesa tenía depositado, que no era mucho ya que Clive se había hecho cargo de su tramitación.  Se sirvió una taza de café dispuesto a dar forma a la idea que le venía rondando. A la hora en punto pulsó el teléfono interior para comprobar si su hermano había llegado ya. La voz de Clive le respondió
- ¿ Si ?, ¡ Hola, qué temprano has llegado ! Claro, baja. Te mostraré las fotos que ha mandado Christine, está entusiasmada con el resultado, y yo también. Francamente esa chica ha hecho un trabajo impecable.

Bajó  en el ascensor y saludando a las empleadas penetró en el despacho de su hermano, mirando el cartel que anunciaba que Christine trabajaba allí. Se saludaron los hermanos con un fuerte abrazo. La ausencia de Mathew había sido más prolongada de lo deseada. Estaba más delgado y su rictus más pronunciado. Clive notó que algo en su interior no le dejaba tranquilo, que a pesar de haber abandonado la ciudad, no encontraba la tranquilidad que necesitaba. Una vez le hubo puesto al corriente de todo, sin pronunciar palabra revisó todo lo que su hermano puso a su alcance. De repente dijo:

-Voy a ir a Providence. Creo que sería bueno que los empleados nos vieran para la inauguración de las nuevas oficinas ¿ no crees? Yo creo que estaría bien. Anúnciale a Christine, que pasado mañana llegaré y estaré el fin de semana.
-Podríais veniros juntos. Ella tiene previsto regresar el lunes o el martes.


Cuando Christine recibió la noticia,  se quedó preocupada. Había estado más tranquila todo el tiempo que estuvo sola, pero ahora con la llegada de él volvía a tener las mismas dudas. Le esquivaría todo lo que pudiera, se mostraría fria y distante para evitar el máximo roce. La situación no le agradaba, pero no podía impedirle que fuera; por otra parte era una actitud normal.

- Espero, deseo con todo mi corazón que se haya olvidado de mi. - Lo deseaba efectivamente, pero al mismo tiempo le dolía.
- Estás loca, no sabes ni lo que quieres

Christine llegó al hotel tarde, había estado dando los últimos retoques ya que al día siguiente sería la inauguración. Estaba cansada y expectante. Se dirigió a Recepción y allí le entregaron una nota

-Deseo verla en cuanto llegue al hotel, por favor llame al número interior.Mathew

Había ocurrido, estaba allí y debía llamarle. Subiría a la habitación se arreglaría un poco y posteriormente haría la llamada.

-¿Christine?, hola buenas noches ¿cómo está?
- Bien, no me tutea, ¡ menos mal !- pensó 
- Tenemos que vernos para concretar lo de mañana. No la entretendré, lo juro. Se que está cansada y es tarde. ¿ Ha cenado ? yo tampoco. ¿ Que le parece si cenamos en la cafetería y ultimamos todo?
-Bien, me parece bien. Enseguida bajo

Cuando bajó Christine, él ya estaba sentado a la mesa. Tomaba un Martini y pidió otro para ella.  Christine llevaba en la mano una carpeta con toda la documentación de las obras realizadas. El se levantó cortés y le tendió la mano a modo de saludo. Iniciaron la conversación con temas intrascendentes, sin importancia, y por fín ella le tendió la carpeta para mostrarle todo lo que en ella había archivado.
Detenidamente Mathew vió toda la documentación y aprobó la gestión felicitándola. Ni una palabra referente a otro tema que no fuera las nuevas oficinas. El la miraba algunas veces fijamente a los ojos y ella bajaba la mirada o la dirigia a otro lugar. Empezaba a ponerse nerviosa: se les había terminado los temas de conversación y la situación se puso violenta. Estaban terminando de cenar cuando alguien exclamó su nombre

-¡¡¡ Crisitine, no me lo puedo creer !!!

Ella giró la cabeza viendo frente a sí a un hombre bien parecido que le sonreia abiertamente.



- ¡ Denis !, no es posible, ¿ qué haces tu tan lejos ? La última vez que te vi estabas en Africa
- Si, pero de eso hace mucho tiempo. ¿Cuánto, tres años ?, No se.  Mucho. Ahora vivo en Londres
- Oh, perdona. Soy una mal educada. Voy a presentarles : Mi jefe Sr. Hutchinsons y Denis un amigo de hace mucho, mucho tiempo.

Ambos hombres se estrecharon las manos saludándose. Mathew le dijo si quería cenar con ellos. Denis manifestó

- Muchas gracias, yo ya lo he hecho, y además están terminando. Christine ¿ te veo mañana?
- No, lo siento, mañana tengo un día un poco complicado. Tengo temas de trabajo pendientes. ¿Hasta cuando vas a estar aquí?
-Mañana por la noche tomo el avión para Inglaterra.¿En Londres?, porque supongo que vives allí, al menos esa es la última dirección que tengo
-Claro, vivo en Londres. Verdaderaente hace mucho tiempo que no nos hemos visto.Bueno, pues llámame y nos veremos. - Ella le dió su número de teléfono personal y se despidieron, quedando en verse en breve espacio de tiempo.

-¿ Era su novio?, le preguntó Mathew.

Ella de repente sintió en su pregunta un interés que no le pasó desapercibido, y sonriendo le respondió

-Pues, no. Era un compañero de Universidad, muy querido, eso sí. Le tuve siempre a mi lado ayudándome cuando le necesitaba. Después de graduarnos él entró a formar parte de una ONG para Africa y estuvimos largo tiempo sin vernos. Le recuerdo siempre con mucho cariño, fue muy especial para mí.
-¿Estaba enamorada de él? - La pregunta la dejó algo pensativa
- ¿Qué narices le importa ?, pensó. Pero al tiempo una satisfacción interior le hizo levantar la cabeza, mirarle fijamente y sonreir, dejando la pregunta en suspenso.


Ella procuró vestirse adecuadamente para la ocasión: elegante, con un vestido que se había comprado para la función que iban a desempeñar al cabo de un par de horas. Era juvenil, pero no en exceso y a la vez muy elegante. No se maquilló mucho y se  peinó cuidadosamente. Se encontraba favorecida y pensó

-¿ Se dará cuenta de que existo? ¿Pero qué te pasa? estás deseando  perderle de vista y al mismo tiempo te vistes para coquetear con él. ¡ Estás loca !, Si lo estoy , y me sigue intimidando, pero me gustaría enormemente no ser una "muesca más en su cinturón". ¡ Ah , si las cosas fueran distintas ! Si no fuera mi jefe, si no tuviera los recuerdos que tiene, si consiguiera olvidarse de ella, si... Anda, date prisa o llegarás tarde- se dijo

Bajó y al ver que Mathew aún no había llegado decidió ir al vestíbulo y comprar el periódico. Allí en una de sus páginas venía la fotografía de Denis. Había llegado a Providence a un congreso para ayudar a Africa.  Sonrió moviendo la cabeza, y exclamó en voz baja: " Denis, sigues con lo tuyo, no tienes arreglo. "

Se dió cuenta que Mathew la observaba, serio como aguardando a que ella terminara de contemplar la fotografía del periódico. Al fin, la dijo:

-Buenos días,¿ ha descansado bien?
-Oh, si, muy bien gracias.
-Ya veo que su amigo es toda una celebridad. Viene en el periódico -.  Lo dijo señalando la foto.
-Si, es una gran persona que se desvive por sus semejantes. Yo estuve a punto de formar parte de su ONG pero me dió  miedo. Sentí pavor por ir a un lugar desconocido para mí y lejos de ejercer para lo que me había estado preparando toda mi vida. Ser abogada era toda mi ilusión, y fíjese ahora trabajo en todo menos en eso. Aunque no pierdo la esperanza de dedicarme a la gente sin recursos y tenga  que defenderse de los "tiburones" que les asfixian.
-¿Insinúa que empresas como la mia sometemos a la gente más pobre?
-No, no he dicho eso. Tiene que reconocer,  que si existen y que con mayor frecuencia de la debida abusan de las pobres gentes que no saben cómo defenderse. Y ¿sabe? ellos también tienen derechos. A eso es a lo que me quiero dedicar; es la asignatura que tengo pendiente y se que algún día cumpliré.
-¿Piensa abandonarnos?  El trabajo que ahora realiza es totalmente distinto de lo que quiere hacer...
-Ya lo sé, por eso me gusta estar libre, sin ataduras para hacer lo que crea conveniente.
-O sea, que nos va a dejar. Quizás ahora que ha visto a su entrañable amigo se integre en su organización y se nos vaya a Africa.
-No, de momento.

Dieron por finalizada la conversación y se dirigieron a tomar un taxi para ir a la inauguración de la empresa remodelada.

La inauguración fue todo un éxito. Los empleados estaban felices. Las oficinas era bonitas, cómodas y modernas. Las mejoras realizadas en la cafetería gozaban del beneplácito de todos, pero lo que más entusiasmo generó por beneficioso, fue la creación de la guardería. Fue un día intenso y emocionante. Todos estaban contentos, hasta Mathew se mostró alegre y simpático.

Mezclados entre los empleados, Christine y Mathew tuvieron pocas oportunidades de estar juntos, sólo al terminar el acto sonrieron satisfechos del trabajo bien realizado.

- Ha estado bien, ¿verdad? comentó Mathew mientras aguardaban el taxi que les llevaría al hotel
-Si, ha sido magnífico. Solamente por ver la cara de satisfacción que tenían, compensa todo el trabajo y las dificultades surgidas.
-¿Se quedará unos días, o volverá inmediatamente a Londres?
-No, pasado mañana tengo la reserva en el avión. Saldré a primera hora de la mañana.
-Muy Bien, pues iremos juntos en el mismo vuelo.

Llegaron al hotel y ella se encaminó hacia el ascensor. El la detuvo y le dijo

-¿Le apetece tomar un café antes de retirarse?
- No, gracias. Estoy muy cansada y  deseando meterme en la cama. Buenas noches, hasta mañana.- Y  dando media vuelta llamó al ascensor. El la vió marchar cabizbajo
-Va a ser más difícil de lo que pensaba. Luego está ese Denis. ¿Qué habrá representado en su vida? Se les ve muy unidos. ¿Estás celoso?-  se preguntó.



Al día siguiente Christine no quiso madrugar, quería evitar encontrarse con Mathew. Quería eludir al máximo otro encuentro. Descolgó el teléfono por si le llamaba y se dió otra vuelta en la cama dispuesta a seguir durmiendo. Verdaderamente estaba aún cansada de los nervios y ajetreo del día anterior.
Casi a mediodía decidió levantarse, se arregló y salió a la calle dispuesta a pasar el día fuera, apurando las horas que le quedaban de estar en Providence. No le apetecia andar deambulando por las calles simplemente por el hecho de poder encontrarse con Mathew, así que optó por meterse en un cine y pasar unas horas comiendo palomitas. Cuando salió ya había pasado la hora de comer. Le dio igual pues no tenía apetito debido a la cantidad de palomitas que había ingerido.

- Iré de compras. Le llevaré algo a Carmeen y a Coraleen. ¿Qué tal estará Puky, me habrá echado de menos? ¡ Puky, mi entrañable perrito!

Se compró unos pantalones, unos zapatos y dos foulares para sus amigas. Ya eran casi las siete y pensó

-Me canso de dar vueltas, es absurdo. Me iré al hotel, tomaré algo en la cafetería y me pondré a preparar las maletas.

Llegó y entró derecha a la cafetería pidió un café y un bocadillo de jamón y queso. Mientras le servían giró la mirada descuidada pensando en el tiempo que había pasado en aquella ciudad, y en un rincón le vio. Estaba observándola, pero no hizo ninguna señal de saludo . Al comentario del camarero volvió la vista al frente dispuesta a degustar el bocadillo y marcharse cuanto antes. Salió y al pasar frente a Mathew, efectuó una leve inclinación de cabeza a modo de saludo y se marchó. Yendo hacia el ascensor, exhaló un profundo suspiro de alivio. Por fín se había acabado el día y no había tenido contactos con él.

-Lo malo será mañana, aunque como yo tengo la reserva hecha con anterioridad ,  nos tocarán asientos distintos. Con un poco de suerte me dormiré.

El avión salía a primera hora de la mañana mandó recoger su equipaje y fue a abonar su cuenta. Una vez realizado el trámite aguardo a que el portero del hotel le localizara un taxi que la llevaría al aeropuerto. Estaba esperando cuando apareció Mathew en la puerta. Le saludó y se dispuso a entrar en el taxi.
Mathew no hizo ningún movimiento para aproximarse, entonces ella tomó la iniciativa y le preguntó:
-¿Va directo al aeropuerto? Si quiere podemos aprovechar el taxi.
-De acuerdo, creí que no me lo iba a ofrecer.
-¿ Me cree tan mal educada?
-No, líbreme Dios, pero como últimamente parece que me rehuye...
-¿Yo?, por supuesto que no, simplemente no hemos coincidido.
-Humm, será por eso, -dijo Mathew irónicamente.


Hicieron todo el camino en silencio, era como si sus mentes se quedaran en blanco.
Como ella había imaginado el asiento de él estaba dos filas delante del de ella, lo que hizo que respirara aliviada.

- No me pienso mover de mi asiento, no vaya a ser que nos veamos en la cafetería. Echaré el asiento hacia atrás y fingiré dormir.

De soslayo, vio que él pasó en dirección a la cafetería y la dirigió una rápida mirada, pero no la dijo nada.
Pasó en la cafetería la mayor parte de la travesía y cuando retornó a su asiento venia acompañado de una bonita chica y con una amigable charla. Ella ya había incorporado su asiento y se disponía a prepararse para cuando dieran la orden de aterrizar, tenerlo todo dispuesto. El aterrizaje se produjo sin dificultad alguna y no tuvo que preocuparse de más. Mathew continuaba en alegre charla con la desconocida. Ella tomó un taxi y él junto con la chica se introdujeron en el coche de la compañía que había ido a buscarles.
Habían pasado dos días de su regreso a Londres, cuando una llamada de teléfono le sorprendió.
-¿ Christine? hola soy Denis
-¡ Ah Denis ! ya te he conocido ¿cómo estás?
-Bien, te llamé hace unos días y me dijo tu amiga que aún no llegarías. Oye, necesito hablar contigo lo más urgente posible. ¿Podemos vernos mañana? ¿Después del trabajo?
-¿Ocurre algo?,¿ Que te pasa?
-No a mi no me pasa nada, pero sí a la organización que dirijo. Se trata de unos pobres emigrantes que les echan de su casa y quiero que les defiendas.
-Pero yo no puedo hacer eso, Denis, estoy contratada en una compañía que no me permite hacer trabajos que no sean para ellos.
-Por favor, Christine. Lo comprendo pero sólo lee el expediente. Esa gente necesita ayuda. ¿Dónde están tus pensamientos altruistas de otros tiempos? Te has vendido al vil metal ¿verdad?. Claro vives muy bien, manejas dinero y te has olvidado de los que no tienen nada, sólo un trabajo mal remunerado.
-Está bien, dame el expediente lo veré y ya te dire. Nos vemos ¿dónde?
-Dime la direccion de donde trabajas y yo iré a buscarte. Comeremos juntos y leeremos la documentación
- Pero no tengo apenas tiempo para comer. Mejor será que me lo dejes y al día siguiente te contesto. Dame tu móvil y te llamo.

Así lo hicieron. Comieron en la cafetería de la compañía y a los postres, hizo su entrada Mathew. Iba a tomar el café de la tarde después de comer. Les vió nada más entrar y se dirigió a ellos, más para saludar a Denis que para hablar con Christine, a la que no había vuelto a ver desde que regresaran.
Por la noche en su casa, examinó la documentación detenidamente y de repente quedó paralizada en un nombre "Inmobiliarias Hutchinsons". Era la empresa propietaria de las casas sociales, las que iban a desahuciar para construir un centro comercial de lujo.Dió marcha atrás en una hoja y volvió a leer detenidamente por si se había confundido, y no, no se había equivocado.
-Pero yo no puedo intervenir en esto. ¿Cómo,? ¿ Qué puedo hacer? - Llamó inmediatamente a Denis y le dijo:
-Urgentemente ven a mi casa. Me has planteado un conflicto muy grave, del que no puedo ayudarte. Ven todo lo rápido que puedas. Estoy nerviosísima.



Denis tardó escasamente media hora. En su semblante había preocupación y alarma. Llamó a la puerta y agarrándole del brazo Christine le metió dentro de casa. Se movía inquieta, nerviosa, y le dijo

-¿Sabes en el lio que me has metido? Yo no puedo ayudarte en esta ocasión, y además me pones entre la espada y la pared.¿Sabes quienes son los propietarios de la inmobiliaria? ¡ Son mis jefes !, es donde yo trabajo¿te das cuenta?  - Denis,sin pronunciar palabra se la quedó mirando como si no entendiera lo que ella le estaba diciendo.
-¿Que crees que debo hacer? No puedo ayudarte y además por ética debo hablar con ellos de lo que pasa. Me dieron muchas oportunidades, estoy muy bien considerada, les debo lealtad. No puedo callarme este conflicto. Espero que lo entiendas. No puedo hacerme cargo de este caso.
-¿Qué no puedes hacerte cargo? Puedes intervenir para que no ejecuten el desahucio. Eso si lo puedes hacer
-Voy a intentar hablar con ellos, pero,  con  la persona adecuada,  no gozo de sus simpatías precisamente.
-¿No es tu jefe?
-Noo, ese no es mi jefe directo, pero si es el responsable de dar el visto bueno, es el director general
-¡ No será el tipo con el que estaba en Providence!
-Si ese mismo y créeme me dirá que no, y entonces ¿qué hago yo?
-Vete de la empresa
-¿Qué dices? ¿Que me vaya? ¡ Por el amor de Dios, es mi trabajo! tengo que pagar mi casa, tengo que comer
- Y vivir como una reina, mientras otros pobres tendrán que dormir en la calle o si tienen suerte en un albergue. Mientras tus ricachones jefes piensan en el crucero que van hacer a la semana que viene ¿no?. ¡ Claro eso es más justo ! Además ese tío está colado por ti. No hay más que ver el modo con que te mira. Hará lo que tú quieras
-Estás equivocado, no puede verme ni en pintura. Con decirte que hemos regresado en el mismo avión y no nos hemos hablado. Menos mal que no es él con quién debo tratar a diario, de lo contrario hace siglos que ya no trabajaría alli
- Pues eso, vete a otro lado en que no interfiera para nada tu ética profesional.
- Bueno ahora debes irte. Tengo que madurar lo que voy a hacer. - Y dándose un beso en la mejilla se despidieron

La noche fue larga, interminable. Se acostaba, se levantaba. Nerviosa no paró de leer el informe tratando de buscar un resquicio por el que salvar a los emigrantes y su puesto de trabajo. Pero no era su trabajo solamente lo que le preocupaba. El desasosiego se lo producía Mathew

-Se va a poner hecho un basilisco. Los gritos se van a oir en el fin del mundo, y tendré que ser yo quién  le de la noticia.Señor, señor. ¿ por qué me pasan estas cosas, precisamente con él?

Deseaba que amaneciera y llegar a la oficina cuanto antes. Tenía la necesidad imperiosa de soltar aquella "bomba" y quedarse tranquila. Llegó pronto, aún no lo había hecho la secretaria de Mathew, pero esperó sentada en la sala para visitantes. Cuando llegó la secretaria, con los nervios del momento le pidió que antes de nada la dejara entrar pues tenía que hablar con su jefe inmediatamente.

-¿ Te ocurre algo?, te noto muy alterada.
-No, no. Se trata de un asunto de suma urgencia. Tengo que hablar con él rápidamente.

Apenas había terminado la frase, cuando Mathew entró en la estancia y dando los buenos días preguntó a su secretaria, haciendo caso omiso a la presencia de Christine.

- Sr. Hutchinsons, la señorita May tiene que hablar con usted y parece que es urgente.
-Muy bien, que pase por favor.

Christine fué avisada y dando unos golpes en la puerta preguntó

-¿Puedo pasar?
-Adelante, pase. ¿ Quiere un café, un zumo, agua?
-No, no. Gracias pero sólo quiero hablar con usted de un caso muy grave del que me he enterado anoche.
-¿Le ha ocurrido algún  accidente a alguien?
-No. No se trata de nada físico, bueno, según se mire. Se trata de las viviendas sociales que quieren derribar para construir el centro comercial
- ¡ Ah, eso ! Me había asustado. ¿Es eso grave?
-Pues si, para las personas que van a echar a la calle, lo es y mucho.
-¿Qué interés tiene usted en eso?


-Denis, mi amigo, ya sabe el de Providence, dirige una organización dedicada a asistir a emigrantes. Les buscan trabajo, les regularizan, les buscan un hogar donde vivir, en fin les ayudan. Y justamente han recibido la notificación de que tienen que dejar sus hogares porque los van a derribar.
-Bueno eso ya lo se.
-Pero es que no tienen a dónde ir. Me han pedido ayuda y yo vengo como intermediaria para buscar una solución que sea factible para todos.
-Será factible para ellos. Usted, por si no lo sabe, pertenece a esta compañía. Trabaja aquí y se debe a nosotros. Siento mucho lo que les ocurre a esas personas, de verdad lo siento, pero ya se encargará su amigo de buscarles otra vivienda.
-Pero....
-Señorita creo que ya hemos hablado todo. Es impensable y además lo tendría que aprobar la junta directiva en un pleno y ya no hay tiempo. Le repito usted se debe a su trabajo y a nada más. Creo que la pagamos bien y suficiente como para que se dedique en exclusiva a nosotros. Además fue una cláusula del contrato que usted firmó y si no le iteresa...
- Si no me interesa, ¿qué? me voy a la calle, ¿verdad?

La conversación se iba tornando cada vez más agria y violenta. Las voces sin gritar iban subiendo de tono, y Mathew pulsó un timbre. A su llamada entró la secretaria y le dijo:
-Acompañe a la señorita May, ya se marcha.Buenos días.

Christine no le respondió, giró siguiendo a la secretaria y salió de la estancia. Mathew dió un puñetazo en la mesa apretando las mandibulas, dijo para sí:

-Esta mujer me va a volver loco...



Llamó a su hermano por el teléfono interior pues quería exponerle el problema planteado. Ya sabía lo que debía hacer, aunque ello le causara un gran disgusto.

-¿ Qué es lo que me pasa? ¿ por qué la rechazo de esta forma, cuando es todo lo contrario lo que yo deseo? Tiene un carácter fuerte, está segura de si misma y sabe lo que quiere. Mucho me temo que la perdemos.

Clive después de saber la solicitud de Christine se derrumbó apesadumbrado en el sillón. No lo podía creer. Era su mano derecha pero si ella insistía no había otra salida que el despido. Salió del despacho de su hermano y ´al llegar al suyo, pulsó el interior del ordenador para que Christine hiciera acto de presencia.
Ella entró sabiendo a lo que iba, pero después de lo hablado con Mathew tenía muy claro lo que debía hacer.

-¿ Me ha llamado?
-Si Christine, pasa. ¿ Qué ha ocurrido, qué te propones?

Ella volvió a repetir el relato y esperó a que él hiciera algún comentario. Simplemente dijo:

-Christine,Christine, Christine.

Ella ya supo que la salida de la compañía no tardaría en llegar. Solamente era cuestión de pocos días.


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