Destinos cruzados - Capítulo 7 - Gestión fracasada

A la hora acordada, con puntualidad extrema, Mathew llamó al timbre de la puerta de Christine. Ella ya estaba preparada. Vestía informalmente y con zapato bajo. A él le extrañó esa indumentaria tan poco frecuente en ella y dirigió su mirada hacia los zapatos.

- Es la primera vez que la veo con zapato bajo y ¡ con vaqueros !
-Si me pareció oportuno, para no destacar demasiado en aquel lugar. Pero usted también va informal...-y sonrió.


Al cabo de un rato llegaron a las casas sociales, y efectivamente, Mathew pudo comprobar que no era exagerado el panorama que Christine le había dibujado. Había zonas donde el barro todavía permanecía en la calle aunque habían pasado varios días desde las últimas lluvias. Tardó en salir del coche paseando su mirada por el entorno. Ella ya estaba fuera y esperaba delante del coche.
El la siguió hasta entrar en el portal de las viviendas. Subieron a l primer piso, en donde el representante de la comunidad de vecinos tenía su hogar.

-Señor . Morales, soy yo Christine. Abra por favor. - Mathew miró a Christine extrañado de que tuviera que avisar para que les abriesen la puerta, a lo que ella respondió:
-Sencillamente, tienen miedo, miedo de que vengan y les dejen sus trastos en la calle y a ellos sin vivienda. Le tienen miedo a usted, . Hutchinsons.

El no dijo nada, se limitó a esperar les fuese franqueada la entrada.La estancia estaba limpia, ordenada, abigarrada. Era deprimente, sin apenas luz exterior y en un lado de la habitación una pequeña cama en la que dormitaba un niño con fiebre alta.

- Oh, ¡ buenos dias señorita ! No la esperábamos. ¿ Desean tomar un café?,- dirigiéndose a Mathew le preguntó:
-¿ Es usted el abogado que nos va a defender? La señorita no quiere hacerlo, dice que no puede, que le es imposible. Yo se que si pudiera ella lo arreglaría. ¿Es usted? - Agradeció Mathew, que Christine cortara la conversación
- No, no, no Pedro. Este señor viene a inspeccionar las viviendas. Es un puro trámite.

El hombre miró con ojos de asombro a Mathew, y éste afirmó con la cabeza. Se interesaron por el pequeño que estaba en la cama y Christine llamó a la mujer de Pedro Morales a un aparte, y le susurraba en voz baja lo que a Pedrito le ocurría. La mujer entre sollozos entrecortados la explicó que de nuevo la garganta le estaba dando la lata. Christine abrió su bolso y depositó unos billetes en las manos de la mujer, que se inclinó hacia ella abrazándola y dándola las gracias.

-Chsss, no, no. Vaya a la farmacia y de al niño los medicamentos. Es un asunto entre nosotras dos. Vaya, no tarde.

Mathew se dió perfecta cuenta de lo que Christine acababa de hacer y una oleada de ternura y admiración le invadió. No conocía a aquella mujer, que era capaz de dejar su magnífico trabajo por socorrer a unas personas necesitadas porque defendía a ultranza en lo que creía. Lástima que él pudiera hacer poco por solucionar aquella mala situación. Hablaría de nuevo con la Junta Directiva, pero creia firmemente que primarían los intereses económicos.

Al cabo de un rato salieron del inmueble sin pronunciar palabra. El iba muy impresionado, ella deprimida. Siempre la ocurría cada vez que venía a este lugar. Se imaginaba cuán distinto sería aquel barrio remodelado, con gentes sin miedo, contentas con lo poco que tenían pero que posiblemente fuesen más felices que ellos que tenían todo.  Las gentes que vivían en las pobres casas, se ayudaban y se amaban. Los jóvenes se enamoraban y casaban y eran felices, mientras que ellos en lugar de acercarse, cada vez se alejaban más enzarzados en cualquier pelea, por insignificante que fuese. Entraron en el coche, y ella se atrevió a formular una pregunta viendo lo afectado que Mathew había salido

-¿ Qué opina, he exagerado?


-No, lamentablemente la situación la describió perfectamente. Tratare de intermediar y buscar una solución, pero repito: yo sólo poco puedo hacer.
-Bien, pues si usted no consigue nada, es de esperar que nadie lo haga. Quiero anticiparle que si no se avienen a una solución que ampare a estas gentes, iremos a juicio. Lo siento, usted no tiene toda la culpa, pero quiero advertirle que le sentaré en el banquillo como representante general y ejecutivo de la Hutchinsons e hijos.
-¿Serias capaz?¿Lo harías?
-¡Por supuesto que sí!¿Cree que mi conciencia después de ver esto, admitiría otra componenda que no fuera el amparo de estas gentes? ¿Qué opinión tiene de mi? Soy abogada por lo social. Así entré en su empresa, aunque mi trabajo derivó por otros derroteros. Afortunadamente, digamos, que he vuelto a mis orígenes, a lo que quería ser.
-Debo haberme vuelto loco. Estoy aquí tratando de ayudarte y tú sin embargo me pagas llevándome a los tribunales. ¿Hasta cuando vas a jugar conmigo, hasta cuando? Sabes de sobra lo que siento por ti y tú sin embargo cada vez das una vuelta de tuerca más. ¿Se trata de una venganza, disfrutas viéndome plegado a tus salidas de tono?
-Ja,¡salidas de tono! porque defiendo a gentes que no tienen medios por hacerlo ellas mismas.No le entiendo  Hutchinsons. dice apreciarme. ¡ Qué clase de aprecio ! apenas si me dirige la palabra. No se me ha olvidado cuando regresamos de Providence en que usted salió del avión con una chica que acababa de conocer y me dejó tirada en el aeropuerto. Se alegró de que me fuera de su empresa, se había quitado una molestia de encima. ¿A eso lo llama aprecio?
-Yo no he dicho nunca que te apreciara, te he dicho que has puesto patas arriba mi vida. Has vuelto loca mi cabeza y has conseguido que te eche de menos y desee a todas horas poder tener una excusa para verte y pasar contigo aunque sean cinco minutos, porque te has hecho con mis sentimientos de una manera que hasta me cuesta respirar cuando estoy frente a ti. Porque esa coraza de indiferencia es mi defensa contra ti, porque a la menor ocasión aunque sea sin intención, consigues herirme. Porque quisiera tener una relación contigo pero lo haces imposible; siempre salimos discutiendo, siempre. ¡ Por el amor de Dios ! ¿ es que no te das cuenta de nada? ¿ es que no ves que me muero por estar a tu lado?... - Ella se le quedó mirando y avanzó hacia él depositando un ligero beso en sus labios.


-¡ Qué ciego estás ! ¿ Cómo es posible que no reconozcas al amor, que no te des cuenta de que mi timidez, mi nerviosisimo es por tí? Me miras con una frialdad extrema, te muestras indiferente respecto a mi, no me miras, no me hablas. Procuras pasearte delante mía cuando estás con otra chica, ¿qué quieres que haga? Solicité volver a Providence porque quería alejarme de ti, porque eres algo inalcanzable, porque estás ¡tan alto! que no puedo aspirar a tener algo contigo. Y ahora mucho menos¿ es que no te das cuenta?. Crees que puedes llegar a tu familia y decirle: ¡ hola ! ¿sabéis? la chica que me va a llevar a los tribunales es mi novia... ¿De verdad crees que me van a admitir? Mejor seguimos como estamos, aunque nos sea doloroso y tratemos de olvidarnos uno del otro. Organiza tu vida fuera de mi; mereces ser feliz, mereces ser amado y proporcionarte una vida tranquila. Crea tu familia y sé feliz, demonios.

Ella se alejó por la calle, en aquellos momentos sin niños, rápidamente. No quería que Mathew la viera que iba llorando. Acababa de renunciar al amor de su vida.

Mathew convocó con carácter urgente una reunión de la Junta Directiva. Expuso ampliamene la situación y la impresión que le había causado las malas condiciones de vida de aquellas pobres gentes. Todos le escucharon pero al ver el semblante de los asistentes, comprendió que no conseguiría nada. Argumentó proporcionarles otra vivienda semejante, pero ninguna de las soluciones que promovía era aceptada. Dirigió la mirada a su hermano pidiéndole ayuda, ya que era el único entre los presentes que demostraba alguna duda. Hicieron una pausa y aprovechó para hablar con él reclamando su ayuda. Clive trató de ayudarle, pero ninguno de los dos hermanos consiguieron nada.  El señor. Hutchinsons estaba muy enfadado con Christine

-¿ Pero qué es lo que quiere esa chica ? Se va a meter en juicio que de antemano va a perder y empeorará la situación. Ella mejor que nadie debía saber que tenemos los mejores abogados del pais, y que ella no deja de ser una idealista aprovechada.
-No deberías hablar así, le replicó Mathew-. No tienes ningún derecho,  ni la conoces para juzgarla tan duramente.
-¿Qué pasa te has encaprichado de ella? Pues habrás de tener cuidado; esa clase de gente persigue algo más. Siempre tratan de sacar beneficio y no precisamente iría a parar a las gentes que pretende defender.


- No la conoces, no la conoces.- Replicó Mathew
-Ten cuidado, hijo. Te veo muy impresionado con ella. Decidido, este tema lo damos por concluido. Que nos lleve a los tribunales, si se atreve.

A la salida Mathew se dirigió al domicilio de Christine, quería hablar con ella y ver la forma de que las cosas no se desmadraran. La conversación fue dura para ambos. Ella trataba de poner en los tribunales la gestión del hombre del que se había enamorado, y él luchaba contra ella y contra su padre que no daba opción a ningún cambio. Después de agrias discusiones Mathew dió por terminada su visita con un:

-Está bien, he hecho todo lo que estaba en mi mano. Sientame en los tribunales, pero piensa que la Junta va a esgrimir todos los argumentos a su alcance. ¿Has pensado si pierdes el juicio?
-Naturalmente que lo he pensado.Confío en la Justicia y si tengo suerte, el juez comprenderá mis argumentos. Lo que más siento es que tengas que ser tú. Delega en otra persona, vete de viaje, desaparece. No me pongas en esa situación, por favor te lo pido. Sería muy duro para mi tenerte que hablar con dureza, mirarte y al mismo tiempo atacarte...Yo no tengo otra alternativa, no me tienen más que a mi, no puedo renunciar, pero tu si. Por favor, hazlo, hazlo por mi.- El sonrió y le dió un beso en la frente, y argumentó:
- A partir de ahora no podremos vernos ni siquiera estar en la misma habitación. No sé lo que va a salir de todo esto. Lo siento; siento que todo haya resultado así, cuando es más sencillo. Yo te quiero, tu lo sabes y va a ser muy, muy dificil que yo frene a los abogados para que no te ataquen, porque se que lo van a  hacer. Perdóname por la cantidad de problemas que te he traido desde que nos hemos conocido. Será mejor que me vaya. Buena suerte. Nuestro futuro depende de todo este lío, porque una vez que pase... Yo no renuncio a ti, en absoluto. -  Y dando media vuelta salió de la vivienda.

Chistine, con la cabeza ente las manos, pensaba en lo injusta de la situación ¿ por qué habian tenido que enamorarse siendo tan distintos, perteneciendo a mundos tan dispares? ¿ Cómo iba a resolver esa situación? Sabía muy bien que en el juicio tendria que atacarles duramente, con todos los argumentos a su alcance, y precisamente tendría que atacar a quién menos culpa tenía y había trtado por todos los medios de arreglar aquel maldito embrollo.  Apoyó la cabeza en la mesa y se puso a llorar desesperada por la situación.


Mathew, dentro del coche, poyó la cabeza en el volante sin comprender cómo se había enredado todo.  Y lo más difícil de solucionar era el empecinamiento de los accionistas, pero sería él quién tuvieaa que sentarse allí, frente a ella, y escuchar todas ls arbitrariedades del mundo que esgrimiría, porque era la única defensa que tenía. ¿Y si perdía el juicio ? algo más que probable, dado la calidad de abogados que les asistían  ¿cómo haría frente a  la indemnización que le pedirían?  Pero eso era lo menos importante; Sabía que ella no tenía medios económicos para hacerlo frente, pero él si. Y la ayudaría no sabía aún cómo para no ofenderla, pero no consentiría que se viera aún más involucrada que lo que ya estaba.  Puso en marcha el coche, y dando un última miada al entorno, salió de all sin ninguna dirección.  No sabía donde ir; acudiría a casa de su hemano, quizás él le diera algún consejo, o cuanto menos escucharía sus problemas.


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