Destinos cruzados - Capítulo 11 y último - Savoy

 No tenían rumbo fijo, no sabían donde ir.  Ni siquiera se daban cueta de ello, pero  tenian todo el tiempo del mundo. Había  algo que a Mathew le intranquilizaba, y tenía que echarlo fuera cuanto antes, esa misma noche.  Tenian mucho de que hablar, pero lo de él era mas extenso y la zozobra le embargaba, de manera que tomú la primera ruta que les conducía al hotel Savoy, y   se confesaría con ella.  Sabía que esta era una noche especial, pero antes deseaba que supiera toda la verdad, cerrando un capítulo ó abriendo otro más amargo.



Reservo una suite y subieron a ella.  Al entrar, Mathew la miró de reojo, con temor, pero aún no iba a ocurir lo que ella imagibaba.  Si después de hablar  quería marcharse, lo entendería aunque de nuevo se le rompiera el corazón-  Ella contaba con que pasarían la noche juntos, no sólo lo deseaba, sino que sería lo lógico.  No obstante, se mostraba tímida.   Desde aquel día con Mathew no había estado con nadie, y él seguia intimidándola. Le veia la mitad jefe, y la otra mitad el amor de su vida.  Era todo muy confuso.  Pero notaba que algo en la cabeza de Mathew no estaba claro.

- ¿ No vas a sentarte? - la dijo él muy serio - Antes de nada, quiero hablar contigo.  Confesarte todo lo que he hecho durante todo este tiempo.
- ¿ Tienes a alguien... algún hijo ?... Lo entendería, no te culpo por ello, pero si es así las cosas serían muy distintas entre nosotros - le dijo ella con tristeza temiendo tuviera alguna barrera
-¡ Nooo !, No por Dios; no tengo  ingún hijo por ahí escondido, pero si he tenido mujeres en mi vida, y bastantes. No las he amado, simplemente las he utilizado. Cuando te marchaste, me cosumía la desesperación, porque te quiero con todas mis fuerzas, y perderte, así, tan de repente, me volvió loco. Me fui lejos.  No quería saber nada de nadie.  Rumiar a solas mi angustia y desesperación.  Bebi, mucho. Me emborrachaba por ver si la inconsciencia me nublaba la mente y dejaba de pensar en ti.  Pero no lo conseguía. Por las noches, soñaba, soñaba sin parar cosas horribles.  Te veia en sueños y te reias.  Te reias sin parar señalándome con la mano y te convertías en alguien espantoso.  Había veces que me despertaba en la cama que más que cama, ea un camastro sucio y con una mujer al lado que ni siquiera conocía, desnudos los dos. Puedes imaginar lo que había hecho.  Pero no con  deseo, ni siquiera necesidad,.  Era venganza, rabia, desesperación.  Hasta que un día una de esas chicas después de tener sexo, escuchó mis tristezas y me aconsejó que no me diera por vencido, que te buscara .  Que si tu me amabas tarde o temprao volveríamos a venos.  Entonces me vestí y miré mi ropa sucia , oliendo a  alcohol, arrugada, impresentable.  Y pensé que con esa pinta nadie me querría, y decidí volver a casa.


  Pero odiaba la empresa, porque ella había sido la causante de todo ese desastre y presenté mi renuncia.  Viviría con el dinero que tenía y si se terminaba, buscaría un trabajo, pero allí no volvería.

Mi hermano me recibió en su casa, y poco a poco dejé de beber y de salir con prostitutas. No salía con nadie.  Me encerré en mi casa y seguiia sin querer ver a nadie.  Mi padre me confesó lo ocurrido entre tu y él, y la causa de tu marcha.  Me abalancé sobre él y estuve a punto hasta de pegarle.  Él ni siquiera se movió, no hizo ningun ademán de frenar el puñetazo que estaba dispuesto a darle, y en ese momento le odié con toda mi alma.  Le eché de casa y tardé mucho días en volver a verle.  Me llamaba casi a diario pidiéndome perdón, y nuca me ponía al teléfono.  Pero un día vino y de rodillas llorando pedía que le perdonara, y le levanté del suelo y nos abrazamos y ambos lloramos durante un largo rato.

Ella no tenía palabras ante todo lo escuchado.  La ruina en la vida de aquel hombre le dolía enormemente.  Había pasado por un infierno, pero ninguno de los dos tenían  culpa de ello. Pero una idea rondo por su cabeza ¿ por qué le confesaba todo esto? Podía simplemente  haberle dicho " te he echado mucho de menos" , " te quiero y nunca te he olvidado"...  Peo el hecho de que le hablara de ésas mujeres en su vida, le hacía temer que algo más había  que ni siquiera deseaba imaginar. Pero tenia que saberlo, y tajante le hizo la pregunta



- ¿ Tienes algún problema y por eso me cuentas ésto?
- ¿ Problema ? No se a qué te refieres
-¿ Tienes alguna enfermedad? Si has estado con mujeres... dudosas... Pues,hubiera sido lógico
-No, ni siquiera lo pienses. Me hice un chequeo cuando mi cabeza comenzó a regir.  Todo está perfecto, no hay nada. Sólo quería que lo supieas. Que estuve con varias, pero no significaban nada, ni siquiera obtuve placer en ello. Ya te he dicho que era una pueril venganza no se de qué ni por quién. Creo que era una válvula de escape de la ira, el rencor y la rabia que sentía.
- ¿ Hay algo más que deba saber?
- ¿ Te parece poco?
- Y ahora,  me toca a mi. No he regresado por ti, quiero que lo sepas.  Fue Denis quién me llamó diciendo que tenía una grave enfermedad y me quería a su lado.  Por eso vine; de no haber sido por ello, creo que nunca hubiera regresado, aunque te amaria durante toda mi vida. No he estado con nadie. Sólo una noche contigo en Providence.  Creo que recordarás todo lo que vino después. Así que si has calmado tu conciencia, demos por terminada esa etapa y comencemos otra más amable. ¿ Qué tal si me sirves una copa?  Creo que la necesito
- Pero sólo ua
-¿ Por qué sólo una ?
- Quiero que estés consciente de lo que ocurrirá esta noche, porque imagino que ...
- ¿ Cómo en Providence?- El afirmó con la cabeza, y agregó
- Nunca te obligaré a nada. Lo que ocurra aquí esta noche, será libre por parte de ambos. Toda la conversación tenida se debe a que no quiero secretos entre nosotros, que nada se interponga. Si no lo deseas, nada ocurrirá, y yo te seguiré queriendo y esperando a que llegue el día en que me aceptes.  Simplemente es eso.

Christine,selló su boca con un beso,que él respondió de inmediato. Empezaba su historia de amor Y todo vino rodado.  Había pasado mucho tiempo amándose y sufriendo por ello.  Ahora era su turno no lo dejarían pasar.  Y la ternura y el amor tanto tiempo acumulado en su vida, salió a flote en aquella noche, en aquella suite, pero distinta a Providence, porque lejos de salir corriendo, le abrazaba más y más como si fuera a escaparse, y él hacía lo mismo con el mismo pensamiento..

Se casaron al cabo de tres semanas en la iglesia pequeña de las casas sociales. No estuvieron las grandes amistades financieras, solamente la familia y las amigas de confianza de Christine.Se apartaron a un lado y ella susurró al oido de su ya marido:

-Deseo ir al cementerio, Vamos por favor, ahora.

Se encaminaron hacia la tumba de Margaret y allí tomados de la mano ambos esposos, . Cristine , se dirigió a la fallecida:

- No tuve oportunidad de conocerte, pero gracias a ti ahora somos marido y mujer. Quiero que sepas que te ha querido más que a su propia vida, que puso en peligro cuando te fuistes muy a tu pesar. Hemos pasado por muchas dificultades, pero la firmeza de nuestro amor ha sido grande y nos ha permitido llegar hasta aquí. Nos amamos, Margaret , y yo se que tú has estado pendiente de Mathew. Desde donde quiera que estés, se que le has cuidado y le has conducido hasta mi. Nuestros destinos se cruzaron en un ascensor. Le quiero mucho, muchísimo y nunca, nunca dejaré de amarle. Te prometo ser la esposa que él se merece; descansa tranquila Margaret nunca más volveremos a separarnos.



Mathew estaba emocionado y rodeó con su brazo el hombro de su esposa y la besó en la mejilla. Luego Christine se inclinó para depositar en la tumba su ramo de novia.Y susurró.

-Vendré más veces. Nunca te olvidaremos.

Después se apartó para que Mathew se despidiera de aquella joven que había representado tanto en su vida . Ahora tenía un nuevo amor, un amor profundo, sincero y único, capaz de derribar todas las barreras que la vida o el destino les pusiera en su camino.
Lentamente abandonaron el cementerio y se reunieron con sus familiares que les aguardaban para celebrar el enlace.

Y aquella si fue su definitiva noche de bodas. Se quisieron se amaron, se pertenecieron y se idolatraron con sus cuerpos  a lo largo de toda la noche.  No había sombras en su horizonte, sí un sol diáfano y un arcoiris que había salido, como siempre hacía, después de la tormenta.   Pero aún quedaba algo más que solucionar, pero no sería esa noche.  El momento era su momento, el de ellos tan largamente deseado.

Por las mañanas Mathew preparaba el desayuno y ella recogía el salón que la noche anterior había quedado desordenado por el festival de amores de los esposos.  Ella se reia mientras lo hacía, recordando lo sucedido en aquella alfombra, en aquellos cojines, en definitiva en aquella modesta vivienda en la que reinaba un amor pleno.


- Matt- le dijo una mañana mientras desayunaban
- Cuando me llamas Matt, tiemblo ¿ lo sabes ?
- Lo sé, pero también sé que te gusta te lo diga, y que sea mimosa contigo porque después...

Él se atraganto con la risa que le produjo la intención de su mujer.  Sabía perfectamente a  lo que se refería.  Pero también pensó que en algo estaba pensando y no sólo en tener sexo después del desayuno.

- Debemos volver a trabajar. Tú debes volver a la oficina y ocupar tu puesto, el que tenías antes
- No hablemos del tema, por favor
- Pero tenemos que hacerlo. Te corresponde
- No, ya no. Runcié ¿ recuerdas?
- Pero ¿ por qué ?
-Me trae malos recuerdos.  Horas amargas allí vividas, y además todo está cursado y hay otra persona en mi puesto. Buscaré trabajo en otro sitio.
-Pero tienes un determinado nombre, muy conocido.  No va a serte tan fácil como piensas.  Por otra parte Clive estará encantado en cederte su lugar. Tiene demasiado trabajo y poco tiempo para disfrutarlo con su chica. Ya he hablado con él y estaría deseando hacerlo.  Por ora parte nunca curso tu dimisión. La tiene guardada en la caja fuerte de vuestra casa.  Simplemente dijo que estabas enfermo y solicitabas una excedencia
- ¿ Has sido capaz de hacer todo eso sin consultarme?, la dijo algo airado.  Pero Christine conocía bien a su marido y sabía cómo contrarrestar ese arrebato.
-Si, he sido capaz, Y soy capaz de otras muchas cosas ¿ quieres verlo?

Mathew se dejó llevar de la mano hasta el dormitorio y allí se terminó su arrebato.  Estaba seguro que volvería a la planta novena.



Christime, montó un pequeño despacho  junto a las viviendas sociales y se dedicaría a lo que realmente le gustaba, aunque pocos pleitos tenían.  Por eso por las mañanas era la ayudante de Clive, y por las tardes acudía a su despacho.  Procuraron que nunca volvieran a cruzarse los intereses de ambos.  Si surgía algún problema, amigablemente lo solucionaban.  Peter Hutchinsons, acudía con frecuencia al domicilio del matrimonio, que ahora ocupaban el antiguo piso de Mathew.  Era mayor en tamaño;que  el que habían ocupado al casarse hasta hacía poco tiempo. Iban a necesitarlo ya que Christine  estaba en el hospital junto a Mathew trayendo al mundo a su primer hijo.


                                                    F    I    N

Autora:  1996rosafermu
Editada:  Octubre 2012
Fotografía: Archivo de 1996rosafermu
RESERVADOS LOS DERECHOS DE AUTOR

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