Volver a los diecisiete - Capítulo 8 - La renuncia

Carmina comenzó a preparar la mesa despacio, como retrasando el momento de enfrentarse a sus hijas. Las conocía bien, sobretodo a Raquel, y sabía que tenía que renunciar a  una de las dos partes, ambas las más importantes de su vida.   Por un lado su familia, la por ella creada, y por otro al amor de su vida, al hombre que le había devuelto  la ilusión por vivir..  De antemano sospechaba que Raquel no sería fácil de convencer y su hermana la apoyaría sin fisuras.  Tenía a su favor a los maridos de éstas y a Manoli, pero temía el chantaje emocional.  Estaba triste, como antes. Cabizbaja y observada por Manoli terminó de organizar todo, esperando a que llegaran...

A la hora acostumbrada llegaron todos en tropel. Ramón al saludar a Carmina la dio un cariñoso abrazo y sigilosamente la dijo:  Luis y yo estamos contigo, te vamos a apoyar... La comida fue normal, como en cada ocasión. Se mostró alegre y contenta de tenerlos a la mesa, sobretodo a los niños.  No le notaron nada, todo transcurrió como siempre.  A la hora del café, en la sobremesa,  pasaron  al salón contiguo y les hizo sentar, ella en el centro.  Manoli se hizo cargo de los niños y les entretuvo en el cuarto de juegos, para que pudieran hablar con tranquilidad.

-- Veréis...  Hoy...  no ha sido una comida normal; tengo que hablaros de algo que atañe muy directamente a mi vida... a mi futuro
-- Mamá ¿ qué ocurre ?  Preguntó Alicia, la hija menor
-- Tranquila, cariño. Ahora lo explicaré todo
-- He  conocido a un hombre, nos queremos y vamos a casarnos

Lo soltó todo a bocajarro, dejando pasmadas a sus hijas, y sonrientes a sus yernos que por lo bajo la dijeron " bien hecho "

Ninguna de las dos se esperaba una confesión así. Tardaron en reaccionar. Alicia miraba a su madre y a su hermana como no comprendiendo lo que acababa de escuchar.  Raquel se puso de pié y plantándose delante de su madre, con una mirada fria y acerada le dijo

--¿Quieres repetirme lo que has dicho ? ¿ Que te vas a casar de nuevo?  Ni hablar, no con mi permiso. En el puesto de mi padre no habrá nunca otro hombre
-- Raquel, por favor cálmate- suplicó Carmina-.  Tu padre siempre estará ahí. Compartí con él años de mi vida, os tuve a vosotras, eso no se puede ni borrar ni olvidar. Pero creo que aún tengo tiempo de vivir la vida. Me siento vital, con ganas de vivir.  De nuevo ha vuelto la ilusión a mi vida. Amo a ese hombre y él me ama. Tenemos derecho a ser felices, a pensar en un futuro feliz juntos.
-- ¿ A volver a vivir mientras mi padre está sepultado?
--Pero no puedo hacer nada por evitarlo. Durante muchos años he guardado luto, pero estoy viva  y tengo nuevas ilusiones.  Puedes creerme que mi vida de casada no fue fácil...
-- ¡ Lo que me quedaba por oír ! ¿ que no fue fácil ?  No te faltaba de nada... Era un esposo amante de su familia!  Yo alucino contigo... Bueno pues haz lo que quieras, pero si ese hombre entra en esta casa, ni yo ni los míos volveremos a ella y eso incluye a los niños
-- ¡ Raquel ! no puedes hablar así a tu madre- le increpó  Ramón-.  No es justo. Carmina es una excelente madre y no tienes derecho a meterte en su vida - Raquel ignorando a su marido, se dirigió a su hermana
-- Y tú  Alicia ¿ qué opinas ?


-- Pues no sé...  Reconozco que mamá aún es joven y tiene derecho a vivir como a ella le plazca, pero por otro lado me duele que otro hombre ocupe el lugar de mi padre
-- Pero por amor de Dios, hijas mias.... No olvido a vuestro padre, pero ha sido una etapa en mi vida que pasó.  Estoy en la  cuesta abajo, pero aún tengo algunos años para poder disfrutar. He encontrado un hombre que me quiere, me mima y me valora. Soy feliz a su lado, eso es todo. Vosotros sois mi familia...
-- Yo no tengo nada más que decir. O tu familia o el hombre con el que te acuestas, elige
--Eres cruel Raquel.  No sé de dónde te sale tanto rencor, tanta dureza. Te eduqué en el respeto a los demás.  Francamente no te reconozco
-- Creo que lo que teníamos que saber, ya lo sabemos.  Ramón vamonos de esta casa, no me siento a gusto en ella  -  Ramón tomando del brazo a su mujer, la llevó hasta una habitación contigua y trató por todos los medios de hacerla entrar en razón. Discutieron como nunca lo habían hecho, y la advirtió
-- Pues has de saber que yo sí vendré a verla siempre que ella quiera,  y que la apoyo firmemente. Es su decisión y tú deberías hacer lo mismo.  Si tú supieras ...
-- ¿ Qué es lo que tengo que saber?  Que mi padre se mataba a trabajar para que nosotras fuéramos a la universidad, para que ella pudiera brillar con esplendor en las reuniones en las que acudían, que la adoraba.... ¿ es eso lo que tengo que saber ?
-- Nooo, pero no me corresponde a mi decírtelo. Eres testaruda y cruel con tu propia madre. No te conozco.  Eras amorosa con ella ¿ qué te ha pasado?...
--¿ Nos vamos ? Esta casa ya no es la mía
Alicia

Raquel

Manoli escuchaba la discusión que mantenían Ramón con Raquel y Luis con Alicia. Esta última más calmada.  Carmina permanecía en silencio mirando a través del balcón a la calle, sin verla.  Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas silenciosamente; esperaba esta reacción de sus hijas, pero no por eso dejaba de ser más dolorosa.  ¿ Cómo explicaría a Adolfo lo ocurrido ?  Le citaría en algún lugar y se despediría de él.  Deberían seguir caminos diferentes.  Probablemente, pasado un tiempo, él volvería a su vida anterior a ella, pero ... ¿ qué camino tomaría ella sin Adolfo?  Agitó su cabeza para desechar los pensamientos que la angustiaban al oír el llanto de los niños que forzados por sus madres no podían despedirse de su abuela como siempre:,  dándola un beso.

La puerta se cerró tras ellos y entonces Carmina estalló en un profundo sollozo refugiada en los brazos de su querida Manoli, la única persona que realmente sabía todo de su vida.  La acurrucaba como si de una niña pequeña se tratara; no había forma de calmarla y ella misma se emocionó acompañándola en el llanto.  Fue a la cocina cuando Carmina  se hubo calmado y preparó una cargada infusión de tila.  Necesitaba tranquilizarla  como fuera. Estaba preocupada por ella.  La condujo hasta la cama, la hizo tomar una pastilla y la arropó para que conciliara el sueño.  Ella se quedaría velando hasta dejarla dormida.

A primera hora de la mañana sonó el teléfono. Adolfo la llamaba desde su despacho, estaba impaciente por saber cómo había ido todo el día anterior



-- Manoli ¿ se ha despertado Carmina ?
-- ¡ Ay señor ! ...
--Todo fué mal ¿verdad?
--Si, muy mal
-- Ya... Carmina lo sospechaba.  ¿ Qué vamos hacer, Manoli?
--No lo sé, pero sospecho que tendrán que renunciar a sus planes
-- Por favor, no me diga eso. Hablaré con ellas, haré cuanto esté en mi mano. Todo menos renunciar a ella
--Carmina está mal, señor. La tuve que dar una pastilla para que pudiera dormir. Cuando se despierte la diré que la ha llamado
-- Hágame el favor, cuídela
-- Para mi es como una hermana, pero es tonta, y perdóneme. Fue incapaz de contar a su hija la faena de su padre, mientras sufría en silencio una cantidad enorme de reproches que le hacía esa desconsiderada.  Hasta la amenazó con no dejar ver a los niños nunca más-  Manoli rompió a llorar...
-- Manoli cálmese. La necesito fuerte y a su lado.  Nos espera una temporada muy dura. Sé que ella no renunciará a su familia, pero...   yo también la necesito.  Ha traído a mi vida la estabilidad e ilusión que había perdido... Seguir el camino sin ella va a ser imposible...


--Por favor, no pierdan las esperanzas...De su parte están los yernos y casi,  casi Alicia, que es más dócil
--Dígame el domicilio de ellas, o los números de teléfono. Hablaré con los cuatro. Tengo que hacer todo lo necesario para aclarar esta situación-.  Apuntó los datos. Estaba decidido a pactar con las hijas de Carmina, 

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