El brigadista de la Lincoln - Capítulo 13 y último - Misma fecha, otra época

Desde su regreso de España, el abuelo no era el mismo. A menudo se le veia más decaido de lo nomal, y ya ni siquiera la compañía de los bisnietos, le sacaban de su introversión.  Le gustaba hablar con Perla. Con ella tenía especial afinidad, y ella era la depositaria de sus vivencias, relatadas una y ota vez. Ella le escuchaba con paciencia, a pesar de tener la historia más que sabida, pero la embargaba la ternura sentida por aquel anciano, que al igual que hiciera Dolores, vivian de sus recuerdos. Pasó la primavera y nuevamente llegó el verano.  Por expreso deseo de Jeffrey, se había trasladado a vivir  con el joven matrimonio; estaba muy unido a ellos, especialmente a Jeff, su nieto más querido.


No vivian lejos de la casa de su hijo, los padres de Jeff, y a visitarle acudía a diario Gena. Sentados en el porche se reunian todos los atardeceres, cuando el sol decaia, el abuelo, Gena, Perla y algunas veces se les unía Jeff.

Estas charlas animaban a Jeffrey, que algunas veces se evadía de la convesación y miraba a lo lejos del horizonte buscando algo que no se veia..  Pero fue en el  mes de Agosto, cuando una mañana ya no se levantó. En un principio creyeron que era pereza, pero dos días más tarde el médico les confirmó que su corazón estaba fallando y que en cualquier momento se pararía definitivamente.

- Sencillamente, no tiene ganas de vivir - les dijo el médico y viejo amigo de Thomas Jeffrey

Perla se abrazó a Jeff ocultando el rostro y el llanto que ahogaba su pecho.  Estaba llegando al final del camino.  Todo lo había dejado arreglado, facilitando los tráites que habrían de venir después.  Permanecía lúcido, asi que se cuidaban mucho de manifestar cualquier sentimiento de pena delante de él.   Habló con Perla, a solas, referente a todo lo que deseaba se cumpliera cuando él hubiera partido.  Con un nudo en la garganta, ella asintió, y él sonrió y se quedó dormido. Por la tarde quiso reunir a toda su familia; sabía que era la despedida, todos lo sabían, pero organizaron una especie de merienda, para aliviarle en lo que se pudiera el amargo trance del adiós. Disfrutó al verlos todos contentos y felices, y hasta bebió una copa de champán y degustó la tortilla de patata que Perla había hecho especialmente para él y que recordaba de su paso por España.

Se encontraba fatigado, por lo que decidió que ya era hora de irse a dormir. Jeff y Perla le ayudaron a ir hasta su habitación y le dejaron acostado; no tardó mucho en dormirse.  Había recuperado el color de sus mejillas, y se durmió son una sonrisa de satisfacción en el rostro.  Un rato más tarde, todos se despidieron, quedando el matrimonio a solas, abrazados, sin hablar, , pero presintiendo que les aguardaban horas amargas.
Perla explicó a su marido, lo que había sido un secreto entre Jeffrey y ella.  La escuchaba atentamente y asentía con la cabeza. Se cumplirían  los deseos del abuelo, por penosos que fueran.



Amaneció un día espléndido de mediados de Agosto, en que el verano hacia  una  pausas y una ligera brisa daba un respiro al calor persistente.  Perla entró en la habitación del abuelo esa mañana, muy temprano. No había dormido bien y se despertaba muchas veces, y lo mismo ocurria a Jeff.  Tenían un presentimiento de que la hora estaba cerca.  Como cada día hacía , al entrar, le dió un beso en la frente, pero el abuelo ya estaba despierto

- Abre la ventana de par en par - la dijo
- Te va a entrar mucha luz. ¿No deseas seguir durmiendo?
-No No tengo sueño - Perla fue hacia la cama y se sentó en el borde
- ¿ Cómo te encuentras?
- Estoy bien, hija. Estoy bien.  Gracias por la fiesta de ayer; estuvo fantástica ¿no crees?
- ¡ Ya lo creo !.  Lo pasamos todos muy bien. Lo repetiremos más veces ¿ Estás de acuerdo abuelo?


Pero el abuelo ya no contestó. Estaba como dormido con la mano de Perla entre sus manos.  Ella comprendió que el alma de Thomas Jeffrey Spencer, había tomado el vuelo hasta prados más verdes y coloridos..  Avisó a su marido, y ambos se abrazaron ante el cuerpo del abuelo brigadista.

Dos días después su cuerpo fue incinerado y recogidas sus cenizas en dos urnas. Una fue depositada en la tumba junto a su esposa Margaret, la otra fué guardada en la que fuera su habitación en casa de los padres de Jeff, hasta que pudiera viajar a España, para cubrir el último acto de esa historia.


Una semana después, Jeff y Perla, estaban subidos en un avión rumbo a Madrid, pero esta vez no era un viaje de placer y alegre.  En una bolsa, llevaban la urna conteniendo las cenizas del abuelo.  Cubrirían de ese modo la primera parte del viaje, hasta su destino último

Decidieron hospedarse en un hotel y descansar al menos un par de días. Dejaban atrás muchas emociones contenidas y aún les quedaba la última parte del viaje, quizá la más dolorosa.  Habían tenido múltiples dificultades  hasta que les concedieran el permiso para enterrar las cenizas en una sepultura de hace tantos años, Pero dado al reombre que Jeff  había adquirido, y a las influencias que había conseguido en determinado partido político, les fue permitido el enterramiento.

Como las otras veces, estaban ellos dos frente a la tumba de Lolita.  La última vez, no hacía tanto tiempo, les había acompañado Jeffrey, ahora también, pero en esta ocasión se quedaría allí para siempre.
Fue un momento duro al depositar la urna en el hueco que los operarios del Ayuntamiento, habían hecho en la vieja sepultura. A la placa existente, ya borrosa, agregarían otra en la que decía:

" Aqui yace para la eternidad Thomas Jeffrey Spencer, un brigadista de la Lincoln "
  Agosto 25 de 1937  / Agosto 25 de 2006


Quiso la casualidad,,  o el destino,  que ese enterramiento ocurriera un día 25 de Agosto, el mismo día, pero años atrás en que Lolita fue abatida por las balas de una guerra fraticida y a la que acudió,un joven brigadista, como otros tantos,  para salvaguardar la democracia  que un pueblo había elegido como forma de vida, y que se vio truncada por un cruento golpe de estado.

Para todos vosotros, fuérais de donde fuérais, eternamente GRACIAS
Terminada la triste ceremonia, ambos esposos se abrazaron y Jeff apretó contra su pecho, la cabeza de Perla que sollozaba insistentemente.

- Descansad en paz y para siempre juntos. El vuestro fue el más hermoso amor jamas existido.

 Fue  la plegaria que Jeff  dedicó a su abuelo, que a buen seguro estaría sonriendo, y hasta pareciera ver los rostros sonrientes de dos adolescentes que cogidos de la mano correrían  felices por la calle Mayor de Belchite.




                                         F   I   N

Autoría:    1996rosafermu

Editada:     Abril de 2015

Fotografias:  Archivo de 1996rosafermu                

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