jueves, 18 de agosto de 2016

El brigadista de la Lincoln - Capítulo 2 - Un escritor de éxito

La editorial tenía mucho ajetreo. El otoño se había echado encima y había que preparar todas las ediciones posibles con vistas a las ventas de Navidad.  Los nuevos lanzamientos deberían estar en las librerías a mucho tardar a mediados de Noviembre.
Perla había terminado las adaptaciones más urgentes y se había liberado un poco de la tensión que las prisas le producían.  El señor Olmedo,  el director de la editorial,  la llamó para que se presentara en su despacho urgentemente.


-- Perla tenemos un problema y muy serio
--¿Qué ocurre ?
-Una de las adaptaciones que has hecho nos la han rechazado.  Dicen que no  tiene nada que ver con  el texto  original y hay que rehacerlo de nuevo.
-- ¿ Cómo dice ¿ De qué texto se trata ?
--Es el del americano: "Encuentro en la nieve "
--¿ Encuentro en la nieve ?, pero si es perfecto, es fiel cien por cien a la narración
-- Pues eso dicen. Llegará el autor en unos días para tratar de arreglarlo.  No te quiero contar si no llegamos a tiempo, la cantidad de dinero que vamos a perder.  Si en Navidad no se vende, ya no lo hará hasta la Feria del Libro. Eso si con suerte el autor accede a la demora.
-- No entiendo nada ¿ Qué es lo que encuentra mal ?
-- No lo sé exactamente, pero insiste en que la traducción es mala, que no se ajusta al escrito.  Es todo lo que puedo decirte.  En un par de días saldremos de dudas; viene para acá.
-- Estoy muy preocupada por lo ocurrido.  Nunca nadie se había quejado de mis traducciones, muy al contrario, siempre han comentado que las adaptaciones en algunos de ellos habían beneficiado al original.  Ya sabe, por las acepciones que los distintos países tienen en su idioma.  Francamente no sé qué pensar.
-- Ahora no nos queda más que esperar, así que hagámoslo cruzando los dedos hasta que llegue.

El autor americano se presentó en la editorial al cabo de tres días. Llegaba de bastante mal humor, y acto seguido se hizo anunciar al director.  Estaba decidido a solucionar el problema lo antes posible.  Tenía otros compromisos y estaba de paso hacía Francia.

-- Sr. Douglas ¡ qué sorpresa !  Me alegro de que esté aquí , a ver  si de una vez averiguamos dónde está el error cometido.
-- Francamente elegí esta editorial porque me garantizaron su prestigio y deposité mi confianza en ustedes, pero lo que ha ocurrido no tiene nombre.  Han hecho de mi libro un relato extraño e incomprensible.  Lo tiene que rehacer pero esta vez limitándose al original, exactamente al original, pero además en tiempo record.  En América es un éxito de ventas y el elegir su editorial fue para combinarlo perfectamente y el lanzamiento hacerlo, al menos, en tres países al mismo tiempo.  Ahora eso ya no podrá ser.  Pasado mañana se presenta en París y dos días después en Londres.  Tenía especial interés en que fuera Madrid la primera ciudad, pero eso ya no es posible.  ¿ Me puede presentar al traductor que ha realizado la adaptación ?


-- Puedo garantizarle que es nuestra mejor traductora, la más inteligente y solvente.  Francamente no se qué ha podido ocurrir.-.  Acto seguido, Olmedo pulsó el timbre del interfono y una voz respondió
-- ¿Si ? , dígame señor Olmedo
-- Perla ¿ puede venir a mi despacho ahora mismo ?
-- Desde luego. Ya voy -.  Golpeó con los nudillos en la puerta y la abrió
-- Buenos días señor Olmedo. Señor Spencer
--Bien Perla.  Como ya le anuncié tenemos un grave problema.  Jeff se queja de la traducción, y como ya le comenté dice que no se adapta al texto original.
-- Pero eso no es cierto.  Es cien por cien fiel con lo escrito.
-- Pero está mal.  Dice cosas que en el original no figuran.  Reconozca que se ha equivocado ó que busca una fama que no le corresponde.
-- Pero ¿ qué dice ? No busco fama ni me interesa. Sencillamente cumplo con mi trabajo.  Pero dígame dónde está el error.  Necesito saber dónde me equivoqué, para arreglarlo o rebatirlo.

Por momentos Perla se impacientaba  y el escritor estaba de peor humor.  La discusión iba en aumento y empezaban a oírse voces en el despacho del director.  No se ponían de acuerdo, por lo que Perla cortó la conversación.

-- Está bien. Quiere una rectificación y la va a tener.  Será exactamente punto por punto y coma por coma. Arreglaré el texto
-- Pero deberá ser en tiempo record, de lo contrario romperé el contrato con ustedes
-- Señor Olmedo, le ruego me conceda excedencia de una semana.  De hoy en siete días tendrá encima de la mesa "su versión ".

El director no sabía qué decir, pero concedió el plazo a Perla.  Trabajaría en su casa, noche y día.  En una semana Jeff tendría su nueva adaptación.  Y dicho y hecho.  A la siguiente semana se personó  de nuevo en el despacho de su jefe, con la nueva traducción que depositó encima de la mesa, junto con una carta de dimisión.

--¿ Qué es esto ?-, dijo Olmedo
-- He cumplido exactamente con el texto original.  Le ruego se lo haga llegar y solicito que lo lea delante de mi.  Si está conforme asunto zanjado, pero le presento mi dimisión.  Sigo insistiendo que mi trabajo ha sido impecable y por ética profesional, no puedo permitir que se me cuestione.  Por tanto a partir de este momento, he dejado de trabajar para esta editorial.  Espero me avise cuando llegue este señor.   Mientras tanto, iré recogiendo mis cosas.
-- Pero Perla, no puede ser.  Lleva mucho tiempo trabajando con nosotros a plena satisfacción, y  un error no puede dar al traste con nuestra relación
-- Lo siento pero esas son mis condiciones.


Dió media vuelta y procedió a recoger sus pertenencias, como fotografías, fetiches, agendas...  Sus compañeros estaban atónitos con lo ocurrido.  Perla era una magnífica profesional y nunca había tenido ningún problema con nadie. A media tarde llegó Jeff a la oficina, y revisó someramente la nueva traducción

-- Pero ¿ qué es esto ?  No sé mucho castellano, pero ¡¡¡ no se entiende nada !!!  Es ilógico.  Esta mujer debe estar loca.  Olmedo, esto no puede ser, o ¿ se están riendo de mi ?  Nunca me ha ocurrido una cosa semejante.  Quiero hablar con ella .  Le garantizo que de mi no se va a burlar.
-- Jeff, permítame decirle que es una profesional como la copa de un pino.  Nunca pensó en burlarse de usted.  Espere a oir su explicación

Jeff  daba vueltas por la habitación como un león enjaulado.  Las aletas de su nariz se inflaban de vez en cuando, conteniendo la rabia que le embargaba.  Al cabo de media hora, Perla, hizo acto de presencia en el despacho del que hasta ese día había sido su director.  Segura de sí misma y sabedora de lo que allí iba a ocurrir, llamó a la puerta pidiendo permiso para entrar.  En su rostro dibujaba una ligera sonrisa que enfureció aun más al escritor.

-- Pero usted ¿ de que va ?,-  increpó a Perla lleno  de rabia
-- He traducido al pié de la letra.  ¿ No era ese su deseo ?
-- No se entiende nada.  Fíjese en este párrafo- dijo a Olmedo, leyendo a continuación
-- " llegó chica Lolita una "
-- ¿ Puede leer mi primera adaptación, por favor ?... " llegó una chica: Lolita "  ¿Se da cuenta ?  Si conociera más nuestro idioma, sabría que es tan rico en léxico, que por cada palabra de ustedes nosotros tenemos al menos cinco, lo que nos permite una mayor expresión al traducirlo , una que mejor se adecúe.  A eso es a lo que me refería cuando le comentaba que lo enriquecía, no que mi traducción fuera extraordinaria   Hacemos las oraciones de distinta forma que ustedes, por tanto para que sea comprensible  hay que alterar el texto.  ¿ Me entiende ?


 Jeff comprendió en ese momento que ella tenía razón.  Releyó unas páginas más . Tenía razón, no sólo era legible, sino que comprendía perfectamente lo que el escrito original quería relatar. Había un silencio tenso.  Ninguno de los tres hablaba, pero Perla seguía sonriendo segura de que Jeff comprendía que no había tenido razón al formar el alboroto que había organizado.  Al fin levantó la vista de los folios y como justificación dijo:

-- Bueno, lo leido está bien, pero claro, tengo que leer el resto.
-- No encontrará fallo alguno, eso suponiendo que tenga el suficiente conocimiento del  idioma para que comprenda el texto.  Y ahora si no quieren nada más, me retiro.  Buenas tardes, señores.
-- Perla, llamó el director, no se vaya. Tenemos que hablar
-- No señor Olmedo, ni un paso atrás.  Hasta la vista- Salió de la habitación con su ego satisfecho.  Jeff pidió al director el significado de las palabras de Perla.
-- Ha dimitido esta mañana. Se ha marchado de la editorial
-- Pero...  necesito hablar con ella de todo este jaleo.  Si el resto del texto es como lo que he leído, es muy bueno.  Necesito disculparme.
-- La llamaré y veré si quiere volver, pero no le garantizo nada.  Es muy orgullosa y cuando alguien no tiene razón, va a por todas.
-- Bien, deme su dirección.  Iré personalmente a disculparme. Debo hacerlo, es justo rectificar cuando la razón no está de nuestra parte.

Llamaron al timbre de la puerta del domicilio de Perla. El encargado de una floristería dejó en sus manos un magnífico ramo de rosas blancas, increiblemente bellas. Buscó la tarjeta con curiosidad. No tenía amistades masculinas que le pudieran enviar flores y sus amigas las veia casi a diario, con lo cual el envío no provenía de ellas.  No era su santo ni cumpleaños. No había ninguna fecha señalada... ¿ quién podría mandarle flores?

-- ¿ Seguro que no es una equivocación ?-- preguntó al mensajero
-- Pues no sé, no creo.  ¿ Es usted la señora Cifuentes ?
-- Si, soy yo. La dirección coincide; espere un momento, por favor,. A ver si encuentro la tarjeta. No debo hacerme cargo si no es para mí
-- Si le sirve de ayuda, lo encargó un señor extranjero apellidado Spencer
-- ¿ Cómo dice,  Jeffrey Spencer ?
-- Exacto
-- Bien pues es cierto.  Son para mi

Firmó la nota de entrega y cuando se quedó sola, buscó de nuevo la tarjeta que encontró "enterrada" entre las rosas.

" Sé que le debo una disculpa por mi metedura de pata.  ¿ Cenamos juntos ?  Deseo disculparme personalmente y explicarle algo.  Llámeme, por favor, para quedar.  Un saludo Jeff "


No sabía qué hacer.  Aún le duraba el enfado. Estaba muy dolida por la pérdida de prestigio que había sufrido por el altercado, pero no podía dar marcha atrás.  Había renunciado a un trabajo que le entusiasmaba.  Jugando con la tarjeta entre sus dedos, descolgó el teléfono y marcó los números que en ella había anotado el escritor.

-- Hello
-- Señor Spencer soy Perla Cifuentes.  Acabo de recibir sus rosas y francamente estoy muy desorientada.  No sé a qué se debe ésto
-- Pues es muy sencillo:  intento hacer las paces con usted.  Reconozco que me equivoqué y deseo sellar la paz.   Se me ocurre, dada mi corta estancia en España, que cenemos juntos esta noche ya que mañana parto para Francia.  ¿ Le parece bien ?
-- Quiero que sepa que estoy muy disgustada por lo ocurrido..., pero está bien, acepto.  Pase a buscarme como a las ocho.  Bueno.., pues entonces hasta luego.
-- Hasta luego Perla.  Supongo que le puedo llamar por su nombre
-- Oh, desde luego, claro que si
-- Bien. A las ocho iré a buscarla. Adiós.

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