domingo, 8 de mayo de 2016

Los O'Connor - Capítulo 15 - Cumpleaños feliz

Había tirado la toalla. Brendan daba por perdida su batalla con Iris.  Ella seguía impertérrita en su convencimiento; por lo menos tenía el consuelo de tener a Victoria cerca.  Pero también le atormentaba tener tan cerca a su mujer, y ser sólo un extraño para ella.  La jugada le había salido mal.  Estaba seguro de sus sentimientos, pero no así de los de ella, que se mostraba más esquiva y distante desde que vio a la puerta de la mansión el coche de Daisy, y no terminó de creer la explicación que Brendan le dió.  Le había dicho la verdad, pero ella, escamada, pensó que sólo era una excusa para salir del paso.  Decidió inventarse un viaje innecesario, pero necesitaba poner distancia entre ellos. Cada día amaba más a su mujer, pero también le atormentaba saber que ella era indiferente a sus sentimientos.  Con todo dolor por no ver a su hija, preparó la maleta y partió rumbo desconocido. Sólo si hubiera algo urgente, se pondrían en contacto con él desde la oficina.  Había dado órdenes extrictas de que no le molestasen.



A pesar de que estaba intrigada, Iris, se cuidó muy mucho de preguntar nada.  Nadie tenía necesidad de saber lo que ocurría en su casa, ni de averiguar las relaciones frías y extrañas que ambos mantenían.  Sólo les unía su amor por Victoria. De no ser por ella, hubiera regresado nuevamente a Madrid.  Pero tenía que reconocer, que la mortificaba que ni siquiera la hubiera dicho que se iba de viaje y a qué lugar se dirigía.  Estaba claro que ella era un puro trámite para él, por mucho que asegurara que la amaba.  Pero... ¿ qué sentimientos albergaba ella ?  Sabía que nunca había dejado de amarle, ¿Entonces ?¿ Era cabezonería lo que hacía que se comportara de esa forma hacia él? ¿ Y si cambiara de táctica ?  Igual, si ella se mostrara más transigente, las cosas fueran mejor.  A veces tenían una situación insostenible, la que ambos sufrían, aunque nada dijeran.

Recordó, que en una de sus discusiones, la echó en cara que había perdido la infancia de su hija, y entonces ideó el regalo que le haría.  Quizá de esa forma la tensión se relajase.  Tendrían que hacerlo en cualquier momento, por el bien de Victoria.  Buscó entre sus objetos más preciados, unas cintas que grabó al nacer la niña: " su infancia, niñez, sus primeros pasos, sus primeras palabras".  Las acarició sonriendo con nostalgia, y las envolvió en un papel de regalo con un gran lazo.  Era una buena idea; eso suavizaría las aristas y al mismo tiempo le daría una gran alegría. Decididamente era estupendo.  Se las daría la niña con ella presente. Vería qué reacción tendría al ver el contenido del paquete.

Celebrarían el cumpleaños de Brendan por primera vez en mucho tiempo. Ahora estaba toda la familia reunida, aunque habían faltas entrañables, pero su espíritu flotaba en el ambiente.

Desde el día de los dibujos, no dejaba de dar vueltas en su cabeza la declaración de Brendan. Posiblemente se estaba pasando de la raya; le trataba con frialdad y dureza, y él sólo deseaba amarla, que fuera su mujer definitivamente.  Reconocía que estaba teniendo mucha paciencia con ella, y la constaba que permanecía fiel, sin andanzas,  ni juergas que la hicieran dudar.  Estaba segura de sus sentimientos por él, y creía que había llegado la hora de que todo estuviese en su lugar. Pero ¿cómo hacerlo sin tener que doblegarse?.   Desde aquel día de su confesión, no había vuelto a lanzar ninguna indirecta, y estaba dudosa de si aún él estaría enamorado de ella. ¿ Era ese pique el que ahora sentía? ¿ Y si en ese viaje misterioso se hubiera ido con alguien que no era la secretaria? ¿ Sería  con Daisy, ó con cualquier otra amistad femenina?  No quería pensar en eso. Si así hubiera ocurrido, estaba segura que él, de alguna manera, se lo diría, o simplemente su intuición femenina  lo averiguaría. Tendría que dar su brazo a torcer, insinuársele, si Brendan no volvía a mencionar nada de su amor.  ¿Pero cómo hacerlo ? Nunca había tenido experiencia con ningún  hombre, sólo con Brendan, y ya conocemos cómo resultó. Se dejaría llevar según viera el ambiente...

 Y Brendan regresó dos dias antes de su cumpleaños, pero tampoco la buscó, ni la llamó por teléfono.  Siguió su vida como si nunca hubiera salido de casa.  Esa actitud la desilusionó, y se planteó el cambiar de táctica; era seguro que él se había cansado de esperar, y probablemente habría conocido a alguien, en el supuesto caso de que no se la hubiera llevado desde aquí, y ahora tuviera otra ilusión.

Pero decidió jugar su última baza.  Necesitaba saber si todo seguía igual respecto a ella, o en cambio ya no le perturbaba en  sus sueños.  E ignorándose uno y otro, llegó el día del cumpleaños.  Iris se sentía frustrada; había ido muy lejos en sus cálculos.  Había hecho el cuento de la lechera, pero la realidad era que Brendan no le hacía caso.  No obstante, siguió adelante con su regalo, que además le pareció justo.  Fue en busca de la niña y con ella y el regalo, se dirigió a la mansión.

-Paul ¿ se ha levantado Brendan ?
- Está en su despacho - le indicó el mayordomo
- Anda Viky. Ve y da el regalo a papá, junto con un abrazo y un beso muy grandes.  Yo te espero aquí
-¿ Por qué no vienes?
-Yo iré después. Cuando le entregues el regalo
-¿ Dónde tienes tu regalo ?
-Le felicitaré  de palabra. Le he hecho una poesía y se la recitaré. Anda ve

La niña salió corriendo, y corriendo entró en el despacho extendiendo los brazos hacia Brendan que la recibió con un abrazo

- Felicidades, papi
- Gracias tesoro . ¿ Has venido sola? ¿ Y mama ?
- Ahora entra. Abre tu regalo- dijo Victoria.  Lentamente, Brendan desenvolvió el regalo que le había preparado Iris.  Se quedó mirando emocionado lo que contenía el paquete, y dando un beso a la niña, la dijo

- Gracias, cielo. Es el mejor regalo que me han hecho nunca- La tomó de la mano y salió en busca de Iris, que aguardaba expectante cerca de la puerta.

Se miraron intensamente. Iris estaba nerviosa, por contra, Brendan muy sereno, expresando en su mirada la admiración y amor que su mujer le inspiraba, aunque ella no lo entendiera.  Por fin, emocionada, pronunció unas palabras

- Dijiste que habías perdido toda la infancia, y pensé que sería el mejor regalo de cumpleaños que podría hacerte.  Yo..., lo siento. Nos equivocamos los dos.  No debimos unirnos, no debimos aceptarlo. Yo...- No pudo seguir. La emoción inundaba sus ojos y salió corriendo mientras Victoria preguntaba a su padre

- Papi, ¿ por qué llora mamá ?
- Está contenta porque es mi cumpleaños. Los adultos somos muy extraños; a veces lloramos cuando estamos alegres.  Dejémosla que se tranquilice.  Luego iremos a buscarla- respondió a la extrañada Viky


Iris salió corriendo hacia su casa y por el camino vio cómo llegaban los primeros invitados, Thomas, Maureen con tía Susan que había regresado de América con su nuevo pretendiente para que la familia le conociera.   Sean y Louise se reunieron en el vestíbulo con ellos.; ya no esperaban a nadie más. Sería una comida extraordinaria, pero familiar.  Brendan particularmente tenía mucho que celebrar.

- Tengo que ir a buscarla - pensó.   Pensó zafarse de las visitas en cuanto tuviera ocasión,

  Iris se le adelantó. Buscó en su armario su mejor y más bonito vestido. Se cepillo el pelo y se maquilló discretamente; era un día especial. Si Brendan quería, derribarían todas las barreras, que desde hacía tiempo se tambaleaban. ¿ La seguiría amando  ? Tampoco le extrañaría que hubiera dejado de hacerlo; había recibido muchos desaires de su parte, y posiblemente se hubiera cansado de esperar.  Pero jugaría sus cartas; tenía que saber con qué contaba: si con Brendan y su rendido amor, o con un Brendan desilusionado y distante.  Tenía que averiguarlo, y esa era una buena ocasión para hacerlo.

Entró en la sala donde se habían reunido para tomar un aperitivo antes de la comida, y como ocurriera en otra ocasión ya lejana, causó sensación ante todos.  Unos penetrantes ojos azules, la miraban fijamente, y recorrían su figura con ansiedad.  Ella también le miró y le sonrió con dulzura. Se adelantó hacia donde él estaba, y besándole en la mejilla, le deseó un feliz cumpleaños. Todos estaban expectantes, y el que más Sean,  que sonreía a Louise con picardía.

Sean ,  dispuso  los sitios de los comensales, y puso a Brendan e Iris,  uno junto al otro, con toda intención, sonriente y guiñando un ojo a Susan, y a Louise, que también rieron.  Ni Brendan ni Iris, se percataron de la jugada. Él no dejaba de mirarla, interrogándola con los ojos. ¿ Sería posible que al fin pudieran estar juntos? Ella bajaba la cabeza algo cortada. No había calculado esta situación; pensaba que tendría que seducirle, y sin embargo era Brendan quién lo hacía constantemente con sus ojos.

La comida transcurrió con la alegría de todos. Brendan estaba feliz como hacía tiempo no le habían visto, y hasta Iris había perdido su timidez, y hasta se atrevía a contar algún chiste picante  ayudada por alguna copa de vino de la comida.  Durante la sobremesa y aprovechando que todos estaban distraídos, la llamó aparte para darle las gracias por el regalo.  No quería insinuar nada más.   Que fuera ella la que diera el primer paso si es que ocurría lo que imaginaba. Ella se atrevió a preguntarle por su viaje, y él dio pelos y señales de dónde había ido.  Al parecer sin compañía alguna, porque Iris,  indiscreta,  se lo preguntó abiertamente

- No Iris.  No he ido con nadie. Sólo yo y mis pensamientos.  Tenía mucho en lo que pensar y para eso no necesitaba compañía. Sólo una persona, hubiera sido la indicada, pero no pudo ser. Aunque no pierdo la esperanza de poder hacerlo algún día.  Quién sabe... a lo mejor no está tan lejos ese momento.

El sonido suave de una cucharilla sobre una copa, llamó la atención de todos. Era la ocasión de brindar por el homenajeado, y todos a un tiempo, alzaron sus copas dirigiéndose a Brendan y a Iris.


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